Información práctica

Finalidad del tratamiento
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La radioterapia se utiliza para evitar la propagación de las células cancerosas destruyéndolas. Se puede emplear como única opción de tratamiento, pero lo más habitual es que se combine con otras terapias.

El tipo de tratamiento radioterápico viene definido por su finalidad:

 

  • Radioterapia con intención curativa o radical. Existe una clara opción de curación y se utilizan los medios disponibles para conseguir este objetivo. Suelen ser tratamientos agresivos con aplicación de dosis altas. 
  • Radioterapia con intención paliativa sintomática. El objetivo no es tanto la curación, sino el control de algunos síntomas que provocan un claro malestar (dolor, hemorragia, ciertos síntomas neurológicos, etc.). En definitiva, se trata de ayudar a mantener una buena calidad de vida de la persona en aquellos casos en los que no es posible un enfoque curativo.
  • Radioterapia profiláctica. Se administra después de seguir un tratamiento oncológico principal, en aquellas zonas anatómicas donde existe un riesgo alto de lesiones metastásicas a distancia. Es el caso de la irradiación cerebral en el cáncer de pulmón.
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Cómo se administra
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  1. Radioterapia externa 
  2. Radioterapia interna o braquiterapia

 

1. Radioterapia externa

Se administra mediante un acelerador lineal, que es una máquina emisora de radiaciones de alta energía, necesaria para aplicar el tratamiento y asegurarse de que sea efectivo. Las radiaciones suelen administrarse en breves sesiones diarias, durante la semana y con un descanso en el fin de semana. El número de sesiones vendrá determinado por la dosis total y el tipo de fraccionamiento que haya prescrito el médico especialista en radioterapia (oncólogo radioterapeuta). La primera visita al oncólogo radioterapeuta servirá, por lo tanto, para realizar un estudio preciso y personalizado de cada caso. Estudiará los beneficios que pueden obtenerse del tratamiento y también sus posibles inconvenientes. También valorará, junto con oncólogos y cirujanos, la necesidad de asociar otros tratamientos a la radioterapia.

Dado que la radioterapia externa se administra en varias sesiones, la colocación de la persona es básica para poder realizarla diariamente con garantías. Esta posición ha de ser cómoda, reproducible -es decir, capaz de repetirse a lo largo de todas las sesiones- y tiene que garantizar la máxima inmovilidad. En la posición de tratamiento, la persona suele estar tumbada (decúbito) sobre la camilla de la máquina, pero en algunos casos muy especiales esta colocación puede variar.

La zona del cuerpo que se ha de tratar permanecerá sin ropa durante las sesiones, y es probable que se realicen algunas marcas sobre ella con el fin de poder colocarla siempre en la misma posición.

El tratamiento tiene una duración total diaria de unos 10 ó 15 minutos, aunque la radiación sólo dura unos pocos segundos. El resto del tiempo se emplea para colocar correctamente la persona y llevar a cabo las comprobaciones previas de seguridad.

Durante todo el periodo de tiempo (días o semanas, según en cada caso) que dura el tratamiento, tanto el médico como la enfermera realizan visitas con el fin de valorar y controlar las posibles molestias que puedan aparecer. Al acabar el tratamiento se realizan revisiones periódicas para controlar el estado de salud de la persona y la efectividad del tratamiento.

 

2. Radioterapia interna o braquiterapia

La braquiterapia se administra mediante la colocación de una fuente radiactiva (agujas o semillas especiales) dentro del tumor. Siempre que es posible se aprovechan las cavidades naturales para conseguir el contacto con la zona que requiere tratamiento, pero, cuando esto no es factible, se recurre a la implantación quirúrgica de la fuente radiactiva o se usan unos catéteres (tubos de plástico) que servirán de entrada y salida del material radiactivo.

La persona deberá permanecer ingresada un periodo de tiempo que varía desde unas horas hasta varios días, dependiendo del tipo de tratamiento pautado. Estar ingresado en una unidad especializada de braquiterapia no supone necesariamente mantener un contacto constante con la fuente de radiación: el tiempo que permanecerá en el cuerpo de la persona depende del tipo de implante.

A partir de la primera visita, al igual que en la administración de radioterapia externa, el oncólogo radioterapeuta decidirá el tratamiento óptimo en cada caso, después de considerar sus ventajas y sus posibles efectos secundarios.

El tipo de implante (material radiactivo) colocado en la persona sometida a braquiterapia condicionará las pautas de actuación. 

  • Implantes de baja dosis. Son los que, por su energía, actúan más lentamente. Suelen dejarse fijados en el cuerpo de la persona durante un periodo que varía entre 1 y 7 días. Es muy probable que la persona que reciba este tratamiento permanezca ingresada en una habitación especial y con las visitas limitadas. Una vez retirado el implante, podrá reanudar sus relaciones sociales. 
  • Implantes de alta dosis. Son los que utilizan catéteres o guías que se fijan en el interior del tumor. En cada tratamiento el material radiactivo se introduce a través de estas guías, se mantiene en su interior durante unos minutos y después se retira. Según los casos, la persona puede recibir el tratamiento de manera ambulatoria (acudiendo cada día al hospital) o bien permaneciendo ingresada. 
  • Implantes permanentes. Son los que colocan las fuentes radiactivas en el cuerpo. Con el paso del tiempo la radiación se va haciendo más débil y no es necesario extraerlos. En este caso deben observarse unas medidas de seguridad hasta que desaparezca la actividad del material radiactivo.

 

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Efectos secundarios
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Los efectos secundarios (efectos no deseables) de la administración de radioterapia no se dan en todas las personas ni en la misma intensidad. Suelen aparecer al cabo de varias sesiones y varían según las personas, el tipo de enfermedad y su localización. La mayoría de los efectos son temporales, aunque algunos pueden durar varios días o semanas después de los tratamientos. 

 

Son causa de malestar o falta de confort en la persona que recibe tratamiento y en todos los casos se intenta reducirlos al máximo durante todo el proceso. 

 

Es importante saber que la aparición de estos efectos secundarios no significa que el tratamiento no esté funcionando bien o que esté siendo poco efectivo. En este sentido, el equipo de salud controla y da soporte a la persona para reducirlos todo lo posible. 


Los efectos secundarios pueden dividirse en dos grupos: 1. Efectos secundarios comunes a la mayoría de los tratamientos, 2. Efectos secundarios específicos dependiendo del órgano o de la zona tratada.

 

  1. Efectos secundarios comunes a la mayoría de los tratamientos 
    • Fatiga. Es la sensación subjetiva de cansancio que aparece como consecuencia del tratamiento. Su aparición es progresiva y remite una vez que acaba el tratamiento. Esta fatiga, entre otras causas, se debe a la cantidad de energía que el cuerpo destina a combatir la enfermedad y a reparar los tejidos sanos. En caso de ser muy intensa, el equipo de salud estudiará si pueden existir otras causas que la puedan producir.
    • Radiodermitis. Es una reacción de la piel en la zona tratada parecida a la ocasionada por la exposición excesiva al sol: enrojecimiento, picor y peladura (descamación). La afectación depende de diversos factores como el tipo de piel, el tipo de tratamiento que se sigue y la zona donde se aplica. La radiodermitis puede ser: 
      • seca, con eritema y descamación seca, picor, dolor moderado y aumento de la temperatura de la piel;
      • húmeda, con descamación húmeda, dolor de moderado a intenso y pérdida de la integridad de la piel, que puede progresar hasta ulceración dérmica y, en casos excepcionales, la necrosis cutánea.
    • Falta de apetito. Es uno de los problemas habituales en las personas con cáncer. Es importante explicar a la persona la importancia de una alimentación correcta durante el tratamiento. 
    • Efectos en el estado anímico. Comprender el cáncer, aceptarlo y aprender a convivir con él, así como disponer de la información necesaria para afrontar el tratamiento, son medidas que ayudan a atenuar sensaciones o emociones negativas que pueden tener lugar durante la radioterapia como la ansiedad, la ira, la tristeza o la desesperanza. Los profesionales de la salud, especialmente las enfermeras, ofrecerán apoyo emocional e información sobre los tratamientos, los cuidados y los efectos de la radioterapia y, si fuese necesario, orientarán a la persona hacía una ayuda más especializada, con el fin de afrontar con fuerzas todo el proceso oncológico.   
  2. Efectos secundarios específicos dependiendo del órgano o de la zona tratada 

    En la mayoría de los casos, la radioterapia se aplica localmente. Por lo tanto, los efectos secundarios que puedan aparecer y su intensidad dependen en gran medida de las características del tratamiento y de la parte del cuerpo donde se aplica, así como de las características de cada persona.  


    • Abdomen y pelvis 
      • Enteritis aguda por radiación, con vómitos, náuseas y dolor tipo cólico. 
      • Dolor abdominal, retortijones o pinchazos en el vientre. 
      • Molestias anales o perianales parecidas a las que producen las hemorroides. 
      • Rectorragias (sangrados por el ano). 
      • Alteraciones vaginales que pueden dificultar las relaciones sexuales, como escozor, dolor, estrechez vaginal y pérdida de fluidos. 
      • Alteraciones en la eliminación intestinal: cambios en la frecuencia y en la consistencia de las heces (diarrea, estreñimiento). 
      • Alteraciones en la eliminación urinaria: urgencia miccional, aumento de la frecuencia urinaria, escozor al orinar y nicturia (micción frecuente por la noches); y, en algún caso, hematuria (sangre en la orina), circunstancia que requerirá que el equipo de salud lleve a cabo un control más estricto de la persona. 
      • Edemas en las piernas. 
      • Esterilidad en la mayoría de tratamientos, tanto en mujeres como en hombres. En las visitas con los profesionales de la salud se valora la posibilidad de acudir a un servicio de reproducción para conservar los óvulos o los espermatozoides para futuras fecundaciones. 
    • Mama y axilas 
      • Durante las dos primeras semanas de tratamiento no suelen surgir efectos secundarios. 
      • Entre la segunda y la tercera semana aparece picor y enrojecimiento de la piel en la zona tratada. 
      • Entre la tercera y la cuarta semana puede aparecer eritema (enrojecimiento de la piel) y los primeros síntomas de astenia o cansancio. 
      • Entre la quinta y la sexta pueden aparecer molestias y tirantez de la piel en el pecho y axilas.
    • Pulmón, mediastino y esófago 
      • Disfagia (sensación molesta de detención del bolo deglutido en algún punto del esófago) y odinofagia (deglución dolorosa). 
      • Tos. 
      • Pérdida de peso. 
      • Alteraciones cardiacas leves. 
      • Radiodermitis (enrojecimiento de la piel en la zona tratada). 
      • Cansancio.
    • Boca, faringe, laringe, tráquea y cuello 
      • Disfagia (dificultad para tragar/deglutir) y odinofagia (deglución dolorosa). 
      • Xerostomía (disminución de la salivación y sequedad de boca), que origina dificultad para masticar y tragar la comida 
      • Pérdidas parciales del gusto y olfato. 
      • Pérdida de peso como consecuencia de la dificultad para comer. 
      • Cambio del tono de voz 
      • Caries dentaria. 
      • Mucositis bucal y/o esofágica (inflamación de la mucosa de la boca y del esófago).
      • Radiodermitis (molestias y tirantez de la piel en el cuello).
    • Cabeza 
      • Cefalea (dolor de cabeza).
      • Somnolencia (pesadez y torpeza de los sentidos).
      • Astenia (cansancio), sensación de sueño.
      • Caída del cabello.

 
La mayoría de los efectos secundarios tienen lugar durante el tratamiento, después del cual se va recuperando poco a poco la normalidad. El equipo de cuidados indicará los consejos de salud más adecuados para controlar y aliviar los síntomas. 

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Control de la situación de salud
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Durante el tratamiento con radioterapia se producen alteraciones adaptativas que se deben, entre otras cosas, a la respuesta del cuerpo a las radiaciones. Son cambios normales que ocurren en la mayoría de las personas, aunque existen factores que pueden hacer que sean más o menos acusados. Estos factores se relacionan con el tipo de tratamiento de radioterapia diseñado (zona de tratamiento, dosis total administrada, fraccionamiento, etc.) y con la combinación con otros tratamientos oncológicos. Existen algunos recursos que pueden favorecer un mejor control de la situación de salud.

1. Control de la alimentación, 2. Manejo de la energía / fatiga, 3. Organización de la vida cotidiana laboral y familiar, 4. Terapia psicológica y talleres grupales, 5. Terapias complementarias, 6. Organizaciones no gubernamentales, grupos de ayuda mutua, fundaciones y asociaciones.

 

 

1. Control de la alimentación

Es importante seguir las recomendaciones para una alimentación saludable que contenga todos los nutrientes que el cuerpo necesita y que facilite la tolerancia de los tratamientos que sean precisos.

No obstante, es frecuente observar alteraciones de la nutrición en las personas que se someten a radioterapia, especialmente en aquellas cuyo tratamiento incluye la irradiación de alguna parte del aparato digestivo.

En estos casos es conveniente seguir los consejos específicos relacionados con la alimentación en cada fase del proceso oncológico. Las personas que presentan molestias más acusadas (dificultad al tragar, inflamación de las mucosas, sequedad de boca) pueden necesitar un control nutricional por parte de dietistas especializados en oncología. 

 

 

2. Manejo de la energía / fatiga

La fatiga es habitual, sobre todo en la parte final del tratamiento, y la persona debe aprender a reconocer sus síntomas como normales. Esto ayudará a evitar estados de ansiedad y de desesperanza.

A la hora de emprender las tareas diarias que requieren energía, es importante que la persona obtenga ayuda de amigos y familiares o que recurra a la asistencia que prestan diferentes instituciones. En esta situación, dejarse ayudar, ser dependiente, no ha de verse como una merma, sino como una oportunidad para reservar energía para otras actividades que proporcionen bienestar.

Como norma general, es necesario que la persona dedique tiempo a las actividades que le resultan agradables. 

 

 

3. Organización de la vida cotidiana laboral y familiar

El cáncer suele conllevar un conjunto de repercusiones en el ámbito personal, familiar y social. La planificación de la vida diaria debe hacerse de manera personalizada y atendiendo a la valoración de la propia enfermedad y al estado de energía de cada persona. En este sentido, la persona que recibe tratamiento puede continuar con su vida laboral siempre que no requiera grandes esfuerzos. El equipo de salud debe considerar los beneficios para la salud que pueda proporcionarle mantener esta actividad. 

En cualquier caso, la enfermedad oncológica suele conllevar visitas, controles y tratamientos que obligan a replantear y reorganizar la actividad y la convivencia diaria. Por tanto, la persona y su propio entorno familiar han de entender y priorizar esta atención sanitaria.

 

 

4. Terapia psicológica y talleres grupales

La radioterapia puede generar emociones que forman parte del proceso de adaptación a la terapia oncológica. La tristeza, el miedo, la irritabilidad y el nerviosismo son sentimientos habituales en el transcurso del tratamiento.

La concurrencia de factores de vulnerabilidad psicológica, como, entre otros, ser joven, tener hijos pequeños, ver alterada la propia imagen corporal o perder la autonomía, puede potenciar la presencia de emociones negativas.

Las unidades de oncología cuentan habitualmente con psicólogos especializados para atender las necesidades de las personas que padecen cáncer y las de sus familiares.

En algunos centros de radioterapia, existe la posibilidad de realizar sesiones junto con otras personas que reciben el tratamiento, con el fin de compartir experiencias y emociones personales, algo que contribuye a mejorar su estado emocional y la autoestima. 

 

 

5. Terapias complementarias

Cada vez es más frecuente el uso de terapias complementarias para reducir los efectos secundarios del tratamiento. En el caso de la radioterapia, se suelen emplear diferentes productos o cremas con el fin de prevenir o aliviar los efectos del tratamiento sobre la piel. También es habitual usar infusiones de manzanilla o tomillo por sus propiedades antiinflamatorias y antisépticas.

Es importante que el equipo de salud conozca las terapias alternativas o complementarias que sigue la persona tratada; de ese modo podrá asesorar y observar las posibles interacciones o efectos indeseables. 

Consejos de salud: Terapias complementarias

 

 

6. Organizaciones no gubernamentales, grupos de ayuda mutua, fundaciones y asociaciones

Todas las personas que pasen por un cáncer pueden beneficiarse del apoyo que ofrecen algunas ONG, fundaciones o asociaciones. La mayoría de estas entidades promueve la creación de grupos de ayuda mutua con personas que comparten el mismo problema de salud o con sus familiares o cuidadores.

 

 

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Consideraciones ante las diferentes situaciones de vida
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Las variables que afectan a las personas que reciben tratamientos de radioterapia son diversas. Factores como la edad de la persona, el rol familiar que desempeña, la presencia de hijos pequeños, la pérdida de autonomía y también el nivel de recursos económicos, pueden generar necesidades sociales y emocionales, cuya intensidad dependerá, en gran medida, del entorno familiar de cada persona. 

Algunas actividades de la vida diaria pueden verse alteradas debido a los efectos secundarios de la radioterapia y a algunas características propias del tratamiento (su duración total, que puede ser de 10 a 40 días, la distancia entre el hospital y el domicilio, etc.).

 
Unos de los objetivos de la persona es mantener en la medida de lo posible su actividad cotidiana y sus relaciones familiares y sociales.

 

En general, la etapa del ciclo vital de cada persona condicionará la manera de vivir el tratamiento y las estrategias que el equipo de salud aplicará (por ejemplo, el tratamiento en niños se plantea con actividades y juegos que mejoren su nivel de confianza y su control de la situación). 

En la mayoría de casos, la persona debe apoyarse en los profesionales de la salud, muy especialmente en la enfermera, para obtener la ayuda necesaria, para despejar sus dudas, resolver algunas situaciones que parecen insalvables y afrontar sus miedos.

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Última modificación: 20/03/15 09:37h

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