Información general

Descripción
pP@)

Es difícil imaginar una persona sin hacer algo, a no ser que esté en coma. La mayoría de las actividades están relacionadas con el trabajo y la diversión, que pueden ser fuente de sensación de vitalidad, bienestar, dignidad y reconocimiento. A través de estas actividades, el individuo interacciona con objetos y personas, lo que produce siempre resultados de índole material, intelectual y afectiva, como desarrollar habilidades, construir objetos, elaborar proyectos, adquirir conocimientos y experiencias y descubrir o reafirmar sentimientos de afecto o aprecio.

 

El trabajo es el esfuerzo personal, la tarea o el deber, físico o intelectual, remunerado o no, que tiene como finalidad satisfacer necesidades materiales o aportar recursos para la vida individual y de grupo. Constituye un conjunto de tareas obligadas, sometidas a reglas aceptadas, con fines distintos a los de la propia actividad. Así, por ejemplo, en el caso del empleo, la finalidad es obtener dinero; en el caso de las actividades productivas no remuneradas, como las tareas domésticas, la finalidad es cubrir las necesidades de alimentación, vestido y protección de la familia, y, en el caso de la formación, la finalidad es adquirir conocimientos y desarrollar actitudes y destrezas.

El ocio, también denominado recreación, esparcimiento o diversión, es el conjunto de actividades dirigidas a olvidarse de las preocupaciones y a obtener satisfacción, descanso, tranquilidad, autorrealización y gratificación. Estas actividades se llevan a cabo en el tiempo libre o tiempo de ocio, cuando la persona se siente liberada de obligaciones y responsabilidades. El ocio es una ocupación elegida libremente, que se hace de manera gratuita y tiene como meta la acción en sí misma (por ejemplo, pasear por el gusto de pasear) y procurar placer a uno mismo. Incluye actividades de creación, acción, transformación y sosiego, y son fruto del propio deseo, pero están condicionadas culturalmente y por el acceso a los recursos, como es el caso del juego o de las aficiones o intereses.

Aunque las actividades de trabajo y ocio pueden parecer opuestas, cabe destacar que las tareas relacionadas con el trabajo pueden ser gratificantes y enriquecedoras para muchas personas. De todos modos, mientras que el trabajo, siendo una tarea valiosa y socialmente útil, no siempre es percibido como algo positivo y satisfactorio, la diversión siempre es percibida como placentera. En cualquier caso, aunque la selección de la actividad en que una persona ocupa su tiempo tiene que ver con intereses dispares, en general, es preferible lo que resulta agradable y se busca algo que concuerde con las necesidades propias. Trabajo y ocio o diversión tienen como punto de partida el reconocimiento de las posibilidades de uno mismo y, en muchas ocasiones, el deseo y el compromiso personal para desarrollarlas al máximo.

Toda persona tiene una tendencia innata al placer y a interactuar con eficacia en el medio; estas dos características intervienen en la elección de actividades. Así, pues, las acciones relacionadas con trabajar y divertirse comprenden, además de actos dirigidos a obtener recursos para satisfacer necesidades, actividades para estructurar el tiempo, evitar el aburrimiento, liberar tensiones y ganar en habilidades, así como dar respuesta al deseo de progresar. Las actividades de ocio, el aprendizaje y el trabajo intervienen en la construcción de la autoestima, que conforma la identidad y da sentido de pertenencia de la persona. Cuando las personas desarrollan positivamente estos aspectos, son capaces de mantener relaciones interpersonales cordiales, se permiten dar y recibir cariño y están más preparadas para afrontar las dificultades, los cambios y las decepciones. Distribuir armónicamente las actividades productivas y de ocio es muy importante, ya que el equilibrio entre ellas favorece la salud.

p Leer más...

Capacidades biofisiológicas y psicológicas
pP@)

La persona lleva a cabo actividades de trabajo y de ocio porque cuenta con la capacidad física, cognitiva, emocional y con la disposición necesaria para elegir, reflexionar y comprometerse en la ejecución de actividades concretas. Estas actividades deben ajustarse a las propias capacidades, de manera que la persona pueda hacerlas autónomamente. Desde una perspectiva más amplia, entendiendo las actividades de trabajo y de ocio como una oportunidad de expresión y de logro del desarrollo personal, requieren, además, que la persona se conozca y se respete, para que estas actividades puedan ser compatibles con un proyecto de vida que permita expresar en plenitud el propio potencial. La variedad de posibilidades permiten a cualquier persona consciente ejercitarse en alguna actividad, incluso cuando hay algún tipo de limitación que merma las capacidades físicas o mentales.

La elección del tipo de actividades que realiza la persona, la actitud que se adopta ante ellas y la satisfacción que se obtiene están condicionadas por distintos procesos que son inseparables de la biología, de las aptitudes y las destrezas, de la experiencia y de la personalidad. Por todo esto, en este apartado se desarrolla la constitución física, el temperamento, el carácter y los rasgos de personalidad, la inteligencia, la autorregulación, la autoeficacia, el locus de control, la autoestima y la identidad como elementos interrelacionados estrechamente que participan en la elección, la actitud y la valoración del resultado de las acciones.

1. Constitució física, 2. Temperamento, carácter y rasgos de personalidad, 3. Inteligencia, 4. Autorregulación, 5. Autoeficacia, 6. Locus de control, 7. Autoestima, 8. Identidad.

 

1. Constitución física

Cada persona tiene un cuerpo diferente. No hay dos individuos exactamente iguales. La estructura corporal y su funcionalidad influyen en las tareas que se desempeñan. En el ámbito del trabajo, por ejemplo, se precisa una potente masa muscular y una cantidad importante de energía para poder levantar pesos, mientras que estas cualidades no son necesarias para trabajar con un ordenador. Con respecto a las actividades recreativas, por ejemplo, quienes disfrutan con el alpinismo requieren un cuerpo con unas condiciones distintas de quienes gustan hacer excursiones.

 

2. Temperamento, carácter y rasgos de personalidad

 

El temperamento es la base biológica del carácter y está determinado por factores genéticos y por los procesos bioquímicos del funcionamiento neuroendocrino que llevan a la persona a tener un tipo de conducta, una forma de reacción, una capacidad emocional, un nivel de actividad, una sociabilidad y una impulsividad características. Todo ello constituye el punto de partida de la personalidad. El temperamento, entre otras funciones, modula la cantidad y el tipo de estímulos que la persona percibe como deseables y placenteros.

Los rasgos del temperamento predisponen a interactuar con el medio de una forma u otra. Según el temperamento, hay quienes tienden a evitar lo nuevo (inhibición), quienes expresan emociones negativas extremas frecuentemente (emocionalidad negativa), quienes se adaptan con rapidez a los cambios (adaptabilidad), quienes suelen llevar a cabo actividades físicas fuertes (actividad) o quienes se implican mucho en la realización de alguna tarea (persistencia).

Según el nivel de activación cortical, se puede diferenciar entre personas extrovertidas e introvertidas. Una persona introvertida no disfruta con las mismas actividades que una persona extrovertida. La persona extrovertida presenta un nivel bajo de activación cortical en reposo, lo que le conlleva a manifestar aburrimiento con más facilidad y a buscar actividades estimulantes y variadas. Por el contrario, la persona introvertida tiene un nivel alto de activación cortical en reposo, lo que la conduce a seleccionar actividades en las que la estimulación externa es más baja y repetitiva. Las personas introvertidas aprenden más fácilmente y son más persistentes y los extrovertidos planifican menos sus tareas, soportan mal las rutinas y controlan menos su conducta. En el trabajo, el temperamento influye en la percepción de algunos factores del ambiente laboral; por ejemplo, las relaciones interpersonales pueden ser una fuente de tensión para la persona introvertida.

Otra característica relacionada con el temperamento es la búsqueda de sensaciones. Ésta refleja una tendencia a explorar el ambiente y a aproximarse a estímulos nuevos; implica deseo de aventura y riesgo, desinhibición y susceptibilidad al aburrimiento; conlleva impulsividad y el acercamiento tanto a personas conocidas como a desconocidas, lo que favorece las actividades sociales. Las personas que puntúan alto en este rasgo del temperamento suelen elegir actividades laborales o de ocio que pongan a prueba sus posibilidades, que las sitúen en el límite; se sienten vivas viviendo peligrosamente y eligen actividades asociadas al riesgo y al desafío. Las personas que puntúan bajo en este rasgo presentan características opuestas.

El carácter modela el temperamento a través de la interacción con el entorno y se refiere a la manera como una persona percibe todo lo que le rodea. El carácter es producto de la combinación de las funciones psicobiológicas, de los valores, de los sentimientos y de las actitudes, influenciados por los factores culturales. Por ejemplo, hay personas que no desean explorar lo nuevo, porque tienen un temperamento inhibido, pero, a medida que se socializan y se comprometen consigo mismos, se esfuerzan a probar y aprenden a disfrutar de la novedad, de modo que se vuelven menos inhibidas. El carácter conforma, en les persones, una manera particular de reaccionar y enfrentarse a la vida.

Los rasgos de personalidad son predisposiciones que llevan a la persona a actuar de una manera característica y parecida en situaciones distintas. Estos rasgos son importantes en cualquier tipo de actividad, pero, sobre todo, en las laborales. De acuerdo con el modelo de Costa y McRae (1992), hay cinco rasgos básicos de la personalidad, cada uno de ellos con dos polos opuestos:

  • Estabilidad emocional. Es característica de las personas seguras, sosegadas, estables y firmes. En su polo opuesto, el neuroticismo se refiere a la tendencia a experimentar emociones negativas y denota una persona insegura, preocupada, impulsiva, susceptible, inestable y temperamental. 
  • Concienciación (o responsabilidad). Se refiere a personas eficientes, formales, prudentes, minuciosas, organizadas, planificadoras y con determinación. En su polo opuesto, la irresponsabilidad, se refiere a una persona con cualidades contrarias.

  
Estos dos primeros rasgos (estabilidad emocional y concienciación), se asocian a personas que actúan de manera adecuada en la mayor parte de acciones. Las relaciones interpersonales de estas personas son mejores. Además, tienen una mejor actitud ante la formación, que emprenden forma cuidadosa y comprometida, son más persistentes y se autorregulan mejor. La persona que puntúa bajo en estabilidad emocional tiende a presentar una baja satisfacción laboral y disfruta de menor bienestar.

  • Extroversión. Se refiere a personas positivas, enérgicas, sociables, aventureras y locuaces. En su polo opuesto, la introversión, señala a una persona tranquila, reservada, retraída y callada. Si el trabajo implica en buena parte interaccionar con otras personas o exige trabajar en equipo, es probable que las personas extrovertidas se adapten mejor. Asimismo, la persona extrovertida acostumbra a sacar más partido de la formación, ya que interacciona más. 
  • Cordialidad. Define a personas compasivas, cariñosas, cálidas, generosas, serviciales, corteses, cooperativas y gentiles. En su polo opuesto, el antagonismo, hace referencia a personas desagradables, hostiles, insensibles, mezquinas y desagradecidas. Las cordialidad se valora positivamente en trabajos donde las relaciones interpersonales son el centro de la actividad. 
  • Apertura a la experiencia. Denota personas creativas, curiosas, de intereses amplios, originales, perspicaces, imaginativas, ingeniosas y ocurrentes. En su polo opuesto, el cierre a la experiencia, se refiere personas de pocas miras, simples y superficiales. La apertura a la experiencia se asocia a un mayor interés por el aprendizaje y por la búsqueda de retos.

 
Tomando en consideración la manera cómo la persona interacciona con el ambiente laboral, se han identificado seis tipos de personalidades en relación con el trabajo (Holland, 1997):

  • Práctica. La persona posee habilidades manuales y prefiere trabajar con objetos y tener objetivos concretos. 
  • Inquisitiva. La persona tiene habilidades para el análisis y la solución de problemas, lo que la lleva a centrar su interés en el análisis de ideas o datos. Prefiere trabajar analíticamente con ideas o números, valora lo intelectual y los logros científicos y carece de propensión al liderazgo. 
  • Artística. La persona tiene habilidades literarias, artísticas o musicales. Prefiere trabajar con abstracciones o de manera innovadora antes que someterse a reglas o estándares definidos. 
  • Social. La persona posee habilidades para las relaciones interpersonales. Prefiere trabajar con personas a trabajar con cosas. 
  • Emprendedora. La persona valora tener una posición y los logros económicos. 
  • Convencional. La persona tiene capacidad de organización. Le gusta trabajar con reglas y mantener el orden establecido.

  
Las personas se sienten más cómodas y satisfechas si su ambiente de trabajo es acorde con su personalidad.

Hay algunos estilos de comportamiento que tienen especial trascendencia en la actividad laboral, es el caso de quienes presentan el llamado patrón de conducta Tipo A.

Estas personas se identifican intensamente con las tareas que realizan y están muy implicadas con el trabajo, algo que consideran muy importante; la posición social, el prestigio y el logro económico son los objetivos centrales. Las relaciones interpersonales ocupan un lugar secundario; son personas competitivas, hostiles —suelen responder con irritación ante los obstáculos—, impacientes y casi nunca disponen de tiempo. Esta actitud tiene efectos positivos para el trabajo y negativos para el propio bienestar; pero el entorno laboral promueve este tipo de conductas. Es un patrón frecuente en determinadas profesiones y entre quienes desempeñan puestos de responsabilidad.

Las exigencias del ambiente laboral pueden ser más o menos complejas y se pueden afrontar de diferente manera según el tipo de personalidad. Los rasgos de personalidad influyen en los motivos, las actitudes, las creencias y los intereses, y condicionan las relaciones con las otras personas e, incluso, la imagen de uno mismo (autoconcepto).

 

 

3. Inteligencia

La inteligencia está condicionada biológicamente por el funcionamiento cerebral, en el que intervienen factores genéticos y hereditarios, así como ambientales. La inteligencia es necesaria para aprender de la experiencia, para resolver problemas, para usar los conocimientos disponibles y para proyectar objetivos.

El conjunto de capacidades que constituyen la inteligencia son necesarias para elegir, planificar y llevar a cabo las distintas acciones y alcanzar algún nivel de rendimiento en una tarea, ya sea de carácter mecánico o intelectual o interpersonal, etc. Por ejemplo, para resolver problemas conceptuales es útil la inteligencia analítica (analizar, comparar, evaluar, etc.); para hacer frente a situaciones nuevas y generar alternativas o ideas innovadoras, se precisa inteligencia creativa (crear, diseñar, inventar, etc.); para afrontar problemas cotidianos, hace falta inteligencia práctica (aplicar, utilizar, etc.), y para percibir las emociones, comprenderlas, usarlas y regularlas tanto en las relaciones con los demás como en uno mismo, es necesaria la inteligencia emocional.

Sea cual sea el nivel de inteligencia de una persona, siempre puede llevar a cabo alguna acción para aprender, disfrutar o obtener algo deseado. Para alcanzar alguna de estas metas, es importante que exista una correspondencia entre las aptitudes que se necesitan y las que se poseen, y, así, asegurarse el éxito y evitar un posible fracaso que podría dañar la autoeficacia y la autoestima.

Las capacidades mentales de una persona, independientemente de la edad, son utilizadas en el día a día de diferentes maneras, lo que afecta a las diferentes áreas del cerebro, muy especialmente a la del aprendizaje.

Hay personas que, ante los problemas o las novedades, tienden a reaccionar impulsivamente y evalúan sus acciones después de actuar. Sin embargo, otras tienden a reaccionar reflexivamente y valoran una variedad de conductas antes de llevarlas a cabo, de modo que tienden a actuar de la manera que juzgan más adecuada. En ambos casos, es posible la presencia de aciertos y errores. Quienes cometen errores a causa de su impulsividad pueden mejorar su rendimiento a través de mecanismos de autorregulación que les lleven a reducir la impulsividad. Esta cuestión tiene mucha importancia en el aprendizaje escolar.

La capacidad para mantener centrada la atención y hacer caso omiso de los estímulos distractores es, también, variable. Algunas personas son capaces de mantener su atención centrada en el trabajo que realizan y obviar los estímulos; sin embargo, otras se distraen con facilidad. Aún así, quienes presentan mayor flexibilidad cognitiva, cuando reciben información nueva, pueden cambiar sus decisiones o las soluciones relacionadas con la tarea que llevan a cabo de forma más precisa que las personas más rígidas.

La manera como la persona se mueve en el entorno, es decir, como comprende los sucesos, como los anticipa y como los predice, varía según su complejidad cognitiva. Hay personas que son simples en este sentido, ya que utilizan la regularidad y la consistencia, mientras que otros son complejos y tienden a emplear la variabilidad y la probabilidad. La adecuación de unos u otros depende de las características de la tarea.

Para los trabajos intelectuales y las tareas escolares o de formación, son más eficientes las personas reflexivas, flexibles y complejas.

 

4. Autorregulación

La autorregulación es la capacidad de controlar los pensamientos, las motivaciones y las acciones. Se refiere a los procesos que capacitan a la persona, a lo largo del tiempo y según las circunstancias, para que sus actividades logren las metas deseadas. Para llevar a cabo eficazmente obligaciones, es necesaria la participación de procesos que regulen los pensamientos, las emociones y las acciones, de modo que favorezcan la consecución de la meta perseguida. Así, pues, para llevar a cabo una actividad, es preciso:

  • mantener centrada la atención, de modo que sea posible reflexionar, obtener la información adecuada, tomar decisiones, realizar movimientos precisos, etc.; 
  • controlar las emociones, de modo que favorezcan los distintos recursos de la persona que son necesarios para llevar a cabo las tareas con el interés y la aplicación necesarios; 
  • observarse uno mismo acerca de las actividades que se estén llevando a cabo. Esta autovigilancia y evaluación continua harán posible la obtención de resultados en el empleo, en el aprendizaje, en otras actividades productivas o en las actividades de ocio.

 
La autorregulación permite a la persona ajustar su conducta a los objetivos que se ha marcado. Constantemente, la persona evalúa si está alcanzando las metas deseadas; si en este proceso observa discrepancias, ajusta su conducta para reducirlas. Además, cabe tener en cuenta que las personas buscan varios objetivos a la vez y, con frecuencia, se enfrentan a conflictos al identificar metas incompatibles.

 

5. Autoeficacia

Autoeficacia es la confianza en la propia capacidad para alcanzar resultados y llevar a cabo los procesos necesarios para conseguirlos. Tiene que ver con la certeza personal acerca de la posibilidad de dirigir adecuadamente la propia conducta. La importancia que se da a las tareas y la sensación de poder controlar o no los acontecimientos que las afectan están relacionadas con la competencia.

Cuando hay la expectativa de que una tarea se ajusta a las propias capacidades, es decir, que hay competencia personal o perspectiva de autoeficacia, se calcula que es posible llevar a cabo la actividad. Esto es lo que ocurre en las actividades lúdicas y en muchas de las actividades productivas. Unas y otras se van a ver afectadas por el tipo de actividades que la persona conciba, en las que elija participar, o en las que evite plantearse o participar. Las personas que tienen sensación de competencia ante una tarea persisten en ella, porque creen que serán capaces de alcanzar la meta. Por esta razón, la autoeficacia se asocia a la motivación, que es la que impulsa la elección y la implicación.

Así, pues, la expectativa de autoeficacia influye en el trabajo y en la diversión; interviene en la información que se busca, se acepta y se procesa; afecta a la emoción con la que se afronta una actividad, es decir, al valor afectivo (positivo o negativo) que se asigna a la tarea, e influye en el modo de reaccionar ante las dificultades y los contratiempos.

Las personas que tienen una baja sensación de competencia llevan peor el fracaso, lo que afecta su autoestima. De todas formas, las metas se pueden modificar y se pueden alcanzar por una gran variedad de caminos. En cualquier caso, lograrlas precisa de esfuerzo, autorregulación y persistencia; a pesar de esto, también es necesario confiar en la propia competencia, que hace que la persona evalúe las posibilidades de poder alcanzar sus objetivos.

 

6. Locus de control

A pesar de sentirnos competentes, a medida que se gana en madurez, se toma conciencia de que existen acontecimientos que afectan al resultado de nuestras conductas, de modo que pueden impedir el logro de metas, y de que hay circunstancias que están absolutamente fuera de nuestras posibilidades de control. Con respecto al éxito o al fracaso en una tarea, podemos sentirnos más o menos responsables: la persona se puede sentir absolutamente responsable de los resultados o puede considerar que las causas del resultado escapan a su propio control. En cualquier caso, las tareas, obligadas o elegidas, relacionadas con el empleo o con la formación, se pueden considerar un éxito o un fracaso.

Ante los resultados, las personas tienden a buscar explicaciones. En general, estas explicaciones son para encontrar las causas que han hecho que las cosas salgan de un modo u otro. Estas causas se pueden localizar en la persona misma o en las circunstancias que la rodean, y hay que considerar cuánto de estable o circunstancial es esa causa y ver en qué medida es posible cambiar sus consecuencias. Al analizar los resultados que una persona obtiene con su conducta, se generan expectativas acerca de las posibilidades de éxito en el futuro. Así, existen situaciones en las que la persona siente que puede controlar los acontecimientos y otras en las que localiza este control en las circunstancias de la situación.

 

7. Autoestima

La persona tiende a establecer una imagen positiva y valiosa de sí misma que necesita mantener. La idea sobre la propia valía (autoestima) se construye a partir de los sentimientos que surgen de valorar las propias competencias y de compararse con los demás en las actividades cotidianas vinculadas al trabajo y al ocio. Esta valoración condiciona la actitud de la persona ante dichas actividades. Con el fin de mantener a salvo el autoconcepto y la autoestima, la persona tiende a preferir aspiraciones, expectativas y atribuciones que mantengan o mejoren su imagen y evita las que la ponen en riesgo. Si se logra un objetivo con éxito, la persona se siente orgullosa, satisfecha y esperanzada y la autoestima se refuerza. Si se fracasa, la persona siente vergüenza, insatisfacción y desesperanza y la autoestima se resiente. Si la causa de los resultados se percibe como algo poco controlable, cuando se obtiene éxito, la persona siente gratitud ante la vida; en caso contrario, la persona siente autocompasión, pero la autoestima no se ve afectada. Cuando se atribuye el éxito al esfuerzo, aumenta la sensación de eficacia y mejora la calidad y la persistencia de ejecución. Cuanto mayor es la sensación de hacer adecuadamente una tarea, mayor es el deseo de seguir implicado en ella; ante el fracaso, ocurre lo contrario.

Pero, a veces, el esfuerzo por defender la autoestima dificulta el hecho de aceptar causas propias en el fracaso, de modo que cuesta asumir la parte de responsabilidad negativa en el trabajo. Cuando el objetivo es impuesto, como es el caso de las tareas laborales, el logro puede parecer más fácil o más difícil que si esa misma meta hubiese sido elegida por la persona. En este caso, antes de llevar a cabo la tarea, la persona habría valorado el objetivo y sabría si se ajusta a sus capacidades.

 

8. Identidad

La identidad individual o social se construye a partir de la experiencia grupal. Asumiendo reglas, valores y normas sociales de un grupo, se construye el sentimiento de pertenencia o afiliación a un entorno concreto significativo. Las actividades de trabajo y de ocio contribuyen a construir una parte importante de la identidad social, y ésta, a su vez, determina el valor que una persona da a sus propias acciones. La identidad puede condicionar la autoestima y la elección de actividades.

En ocasiones, la identidad individual prevalece sobre otras identidades más grupales, en estos casos, se priorizan los objetivos personales sobre los del grupo. Pero, otras veces, es la identidad grupal la que prevalece sobre la identidad individual, en estos otros casos, los objetivos del grupo tienen prioridad sobre los personales, la persona es más interdependiente que independiente. La identidad social prevalece sobre la individual cuando el grupo de pertenencia mantiene o aumenta la autoestima y ofrece un sentimiento de orgullo y una oportunidad de respeto. Esto suele producirse en el caso de pertenecer a profesiones o grupos laborales de una elevada posición social (por ejemplo, ser abogado o tener un cargo de responsabilidad en una empresa) o a una organización bien considerada (por ejemplo, trabajar en la universidad); este último caso es la denominada identificación organizacional.

A lo largo de la vida, a medida que la persona va madurando y gracias a la interacción con la cultura, el individuo desarrolla capacidades que considera necesarias para lograr sus objetivos, para experimentar un mayor nivel de bienestar y para vivir de manera óptima a pesar de las vicisitudes de la vida. Estas capacidades que la persona va incorporando son aspectos que la singularizan a lo largo de la vida como ser humano único. Una manifestación de esta singularidad es el desarrollo de un conjunto de cualidades seleccionadas por ella misma, de acuerdo con lo que considera necesario y deseable. Entre estas cualidades se encuentran:

  • Virtudes. Para satisfacer las necesidades relacionadas con el trabajo, es útil contar con virtudes como la templanza, la fortaleza o la compasión, que ayudan a tener un sentido saludable de la responsabilidad. Para divertirse, es necesario implicarse plenamente en la vida; esta habilidad se adquiere a lo largo del proceso vital, pero algunos de los aprendizajes realizados en la infancia, como, por ejemplo, exagerar el valor de la autoexigencia o la perfección, pueden provocar que se de más importancia a hacer que a ser; esto puede llevar más tarde a la persona a no valorar el tiempo liberado y, más aún, a no tomar conciencia del valor que éste tiene para conseguir una vida con plenitud.

    En el contexto del trabajo y del ocio, se hacen constantemente juicios éticos relativos a la propia conducta o a la de los otros, como, por ejemplo, opiniones sobre la honradez de la persona, sobre su compromiso con el trabajo o con los compañeros, etc. La naturaleza de estos juicios suscita emociones positivas o negativas, cuya regulación genera, a su vez, nuevas conductas que pueden propiciar malestar o bienestar. Estas conductas, según el carácter de la persona, pueden ser promotoras del funcionamiento (por ejemplo, el compromiso con la calidad del trabajo o la formación) o antisociales (por ejemplo, el robo, la dejadez, etc.). 
  • Autocontrol. Se refiere a la habilidad de renunciar a la satisfacción o posponerla en pro de una meta más importante a largo plazo, algo necesario para el ejercicio de la responsabilidad. Esta capacidad de controlar el impulso es de extrema importancia en el trabajo y en la diversión, ya que obliga a renunciar a determinados placeres, a mantenerse comprometido con los valores propios, a ser constante en las tareas y a perseverar, a pesar de la ausencia de satisfacción inmediata. Aprender a reconocer los propios gustos y a respetarlos es una manera de iniciarse en el entretenimiento y tiene mucho valor para elegir posteriormente una profesión. 
  • Dignidad. Ésta despierta el propósito general necesario de llevar adelante el propio plan de vida. Tener dignidad puede ayudar, por ejemplo, a mantener un estudiante centrado, desarrollando un trabajo duro, y a impedir que desaproveche su talento. 
  • Fortaleza de carácter. Todas las personas viven experiencias estresantes, pero hay algunas que pueden convertirse en una oportunidad o, al menos, pueden situarse dentro de una perspectiva vital más amplia. De este modo, se reduce su impacto emocional y se pueden comprender y asumir más fácilmente, lo que, a su vez, permite manejarlas mejor. El trabajo supone una fuente de estrés para muchas personas. Contar con fortaleza de carácter (hardness) favorece la resistencia a la tensión asociada a los acontecimientos estresantes.

    La fortaleza de carácter implica poseer tres actitudes: el compromiso, entendido como la curiosidad y la implicación con el entorno, lo que conduce a vivir las tareas como algo interesante y placentero; el control, entendido como la capacidad para influir en el proceso y en los resultados de los acontecimientos, enfatizando la propia responsabilidad y las elecciones personales; y el reto o desafío, entendiendo el cambio como expresión normal de la vida y como estímulo para el desarrollo personal, lo que conduce a vivir las experiencias con apertura mental. Utilizar estas tres actitudes activamente para implicarse en el desafío de los acontecimientos permite gestionar de manera saludable las circunstancias. 
  • Optimismo. Es la tendencia a creer que se obtendrán buenos resultados con las acciones que se emprenden, teniendo en cuenta la resiliencia, que es una estrategia para formar y mantener relaciones interpersonales cercanas y de apoyo que favorezcan tanto el trabajo como la experiencia de entretenimiento. La expectativa sobre la consecución de resultados es importante para poder conseguirlos realmente. Si hay confianza en el logro de resultados, la persona sigue comprometida con la acción, a pesar de las dificultades que se puedan presentar; pero, cuando no existe esta expectativa, no se continuará con la acción o ni tan sólo se pondrá en marcha. Las personas optimistas perciben los riesgos pero se sienten mejor que las pesimistas, conviven mejor con la incertidumbre, favorecen el bienestar de las personas con las que interaccionan, enferman menos, se recuperan antes de sus dificultades y presentan menos estrés que las pesimistas, que son más proclives a experimentar ansiedad y depresión. Cuando las personas optimistas se enfrentan a acontecimientos estresantes, lo hacen de manera activa e intentan cambiar la situación sólo si es posible, cuando no lo es, lo aceptan, lo que permite una reserva de energía para otras situaciones.

 
Todos estos aspectos reflejan que cuerpo y mente no están separados, que las características de uno intervienen en el funcionamiento del otro y que la realidad sociocultural los modifica de la misma forma que la persona cambia. Así, una acción concreta es un reflejo de todo lo que constituye la persona y, a su vez, es una oportunidad para introducir cambios en el mundo donde disfruta y trabaja.

p Leer más...

Aspectos socioculturales
pP@)

1. Significado del trabajo, 2. Significado del ocio, 3. Significado del tiempo. 4. Desarrollo económico, 5. Desarrollo tecnológico, 6. Individualismo y colectivismo.

 

1. Significado del trabajo

El trabajo es vital para muchas culturas, aunque cada una de ellas tenga valores y concepciones diferentes sobre el mundo laboral. En las sociedades industrializadas, se espera que los individuos produzcan a través del trabajo o del estudio, y deben presentar resultados, que pueden ser un producto gratificado económicamente o unos buenos resultados académicos. En este marco social, las actividades domésticas han sido infravaloradas y todavía hoy no se consideran verdaderas actividades productivas. El trabajo puede entenderse también como vehículo para alcanzar autonomía, aprendizaje y autorrealización, siempre que se demuestre dominio y competencia y que el trabajo se adecue a un determinado modelo de sociedad en que el valor fundamental es la producción de riqueza. En este caso, la contribución del trabajo a la vida individual y grupal es indudable. Tener un empleo es algo deseado por todos. Del estudio del significado del trabajo realizado por el grupo Meaning of Working (MOW), se desprende que el trabajo es el rol más importante entre todos los considerados en la identidad personal y que trabajar es algo deseable para los individuos. El derecho a realizar una actividad remunerada para ser autosuficiente económicamente es una condición imprescindible para no situarse en lo que la sociología denomina el grupo de excluidos.

El significado del trabajo está cambiando a consecuencia de la revolución tecnológica y de los cambios en los valores y las expectativas. Para muchos, el trabajo ha dejado de ser una fuente importante de gratificación y no siempre se ve como un elemento de autorrealización; esta situación es sólo posible para una minoría que se ocupa en lo que le gusta, con trabajos desafiantes y estimulantes y a partir de los cuales puede alcanzar metas personales. Esos cambios han influido en la forma en que las personas se comportan o se sienten respecto a su trabajo. Esta transformación se puede observar en la demanda social de compatibilidad entre empleo y familia, que es una forma de expresar la necesidad de trabajar para vivir frente a la idea opuesta de vivir para trabajar. Las ideas acerca de la centralidad del trabajo en la vida personal están cambiando Actualmente, se persigue una vida plena y esa plenitud no sólo deriva del trabajo. Empieza a considerarse como algo instrumental y el ocio, en su sentido profundo de esparcimiento o compromiso con la vida, empieza a cobrar importancia. Pero, hoy en día, también se considera posible combinar ambas actividades de forma armónica, de modo que trabajo y diversión sean una fuente de desarrollo del propio potencial.

 

2. Significado del ocio

Cada sociedad y cada época tienen su propio sistema de significados compartidos sobre el ocio. La Reforma del calvinismo y las rígidas doctrinas del puritanismo inglés, entre otras, valoran el trabajo y conciben el ocio como un vicio personal y social. Actualmente, el individuo destaca sobre el grupo y existe una mayor exigencia de las necesidades individuales frente a las grupales. Dentro de estas necesidades, se encuentra la de disponer libremente de tiempo propio, que emerge como un elemento cada vez más reivindicado para emplearlo en el disfrute.

 

3. Significado del tiempo

Con la industrialización y la generación del proletariado emergen las reivindicaciones laborales, que han logrado una reducción progresiva del tiempo de trabajo y, consiguientemente, un aumento del tiempo libre. Este tiempo se considera el espacio de tiempo dirigido a reponerse para seguir trabajando, y de esta manera queda recogido en el artículo 24 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

En la sociedad, hay que diferenciar entre tiempo libre y tiempo liberado. Algunos autores matizan que el tiempo libre es entendido en oposición al tiempo de trabajo, sin embargo es importante matizar que el tiempo libre se dedica al esparcimiento y se llena de actividades que responden a demandas derivadas de los roles sociales, de manera que el tiempo llamado liberado es reducido. El tiempo liberado es el tiempo dedicado a realizar actividades, elegidas libremente, que ayuden a formarse como persona. No importa tanto qué se haga sino cómo se haga. Se trata de acciones que en sí mismas resultan satisfactorias y placenteras.

Mientras algunos autores afirman que liberar el tiempo y generar espacios para la recreación contribuye a perfeccionar el hombre, otros advierten, con prudencia, del significado menos positivo del ocio. En este sentido, a la vez que se puede entender el ocio como un instrumento emancipador, de crecimiento y de maduración, también puede ser un factor de desestabilización y de dependencia para la persona, que puede provocarle malestar. Así, pues, algunas acciones ociosas, cuando se realizan de manera compulsiva, pueden resultar no sólo insatisfactorias, sino incluso inhibidoras del desarrollo personal.

 

4. Desarrollo económico

El desarrollo económico asociado al desarrollo tecnológico ha contribuido de forma importante al aumento del tiempo libre. El acceso generalizado a la tecnología doméstica y el incremento del poder adquisitivo ha contribuido a que cada vez más colectivos sociales dispongan y disfruten de tiempo libre.

Esta nueva realidad hace emerger nuevas formas de actividades de ocio y nuevas ofertas de mercado y de servicios. El tiempo libre es considerado como un bien de consumo de primera necesidad y ha ido ocupando un lugar cada vez más importante en la vida de las personas; en este sentido, todas las clases sociales y todos los grupos de género y edad reivindican el tiempo libre. Nuestra sociedad de servicios, moderna y consumista, responde a la demanda de tiempo liberado con una gran variedad de actividades que la persona gestiona según sus deseos, recursos personales y recursos sociales; estas actividades responden a distintas finalidades: culturales, turísticas, deportivas…

 

5. Desarrollo tecnológico. Nuevas actividades laborales

Este desarrollo implica consecuencias tanto positivas como negativas. El desarrollo tecnológico en el último cuarto de siglo ha intervenido de forma considerable en la mejora de las condiciones de vida; sin embargo, este desarrollo no siempre implica consecuencias positivas.

El progreso tecnológico exige una mayor capacitación, es decir, una mayor preparación y un desarrollo óptimo de determinadas habilidades, para dar respuesta a las nuevas demandas. Los cambios en las organizaciones hacen necesario un aprendizaje permanente y continuo que se ha de extender a lo largo de la vida laboral. Aunque estas nuevas exigencias pueden ser percibidas como estímulos positivos, en ocasiones, pueden ocasionar tensión o estrés. El déficit de dominio de habilidades, junto a la no definición clara de tareas y roles, y la falta de reconocimiento hace que la actividad laboral comience a considerarse como una fuente no sólo de riesgos físicos, sino como origen de trastornos emocionales y sociales.

Infografía consejos para el teletrabajo

Descargar la infografía

 

6. Individualismo y colectivismo

La sociedad española está cambiando paulatinamente; va de una sociedad colectivista a una más individualista. En las culturas individualistas, se enfatiza la independencia, la autonomía y la autosuficiencia, mientras que, en las culturas colectivistas, predomina el “yo” interdependiente, vinculado a la lealtad grupal o familiar. Si aplicamos estos valores al trabajo, podemos distinguir diferentes comportamientos. Desde los valores colectivistas, la persona puede sentirse valorada por su trabajo, por su aportación al grupo familiar o por los intereses propios del grupo. Des del punto de vista de los valores individualistas, el trabajo promueve la potencialidad del individuo y es una vía para alcanzar la autonomía en el sentido económico y personal.

p Leer más...

Condiciones ambientales
pP@)

Las condiciones ambientales comprenden tanto el entorno físico como los factores psicosociales y económicos. Trabajo y diversión se ven afectados por estos factores medioambientales, que son variados y variables.

 

Las actividades de trabajo y de ocio pueden desarrollarse al aire libre o dentro de edificios, con sus correspondientes efectos positivos o negativos, derivados de la valoración, satisfactoria o no, que haga la persona. Sin embargo, a veces, a pesar de percibir satisfactoriamente la actividad de trabajo, la persona no toma conciencia de los riesgos. Algunos elementos del ambiente físico, como el ruido, la iluminación, la temperatura, la calidad del aire o la falta de objetos adaptados a la anatomía humana (objetos ergonómicos), pueden producir fatiga y, a la vez, condicionar la elección del tipo de actividad lúdica.

Los problemas psicosociales asociados al trabajo derivan del tipo de organización y distribución de responsabilidades, de las exigencias y metas propuestas, de la posibilidad de oportunidades, de la iniciativa, de la participación, etc. Actualmente, se enfatiza la necesidad de entornos de actividad potenciadores de las características humanas, de modo que el lugar del trabajo permita sentirse satisfecho y que el trabajo no sea solamente un medio para asegurar la supervivencia económica, sino que también contribuya al desarrollo de la persona.

La falta de adopción de medidas preventivas y la no identificación de riesgos pueden ocasionar, a corto o a largo plazo, las llamadas enfermedades profesionales. Estas enfermedades o afecciones pueden conllevar discapacidades físicas y psíquicas y limitar, de manera temporal o crónica, total o parcial, la actividad laboral. La pérdida del rol laboral conlleva la pérdida de autoestima y autoeficacia y pone en riesgo la salud mental de la persona.

En algunas ocasiones, la pérdida de autoestima y autoeficacia sobreviene por reestructuraciones económicas que sitúan a la persona en la categoría de parado. Los parados necesitan del esparcimiento, no sólo para continuar sintiendo el goce asociado a las actividades que les importan, sino también para mantener su autoestima y su identidad, para desarrollar nuevas destrezas y para encontrar oportunidades que les puedan conducir no sólo a sentirse bien durante el desempleo, sino a encontrar más rápidamente un nuevo empleo. No obstante, a esta necesidad, con frecuencia se contrapone el hecho de que la reducción de ingresos puede limitar sustancialmente sus oportunidades de esparcimiento. Sin embargo, el tiempo de desempleo puede brindar oportunidades para realizar actividades productivas no remuneradas y de esparcimiento que contribuyan al desarrollo personal del parado.

La oportunidad de diversión está limitada por barreras ambientales, estructurales, económicas y por limitaciones físicas, si bien, en ausencia de enfermedad, en muchas ocasiones, las barreras las impone la propia persona.

Las actividades lúdicas están ampliamente diversificadas, para responder a las distintas necesidades de los distintos grupos. Cada tipo de actividad tiene lugar en espacios diferentes, según las preferencias y pertenencias del grupo que las lleva a cabo. Esta diversificación, si bien amplía la oportunidad de elección, también comporta limitaciones de espacios cerrados que dificultan la interacción entre los grupos, tanto intergeneracionalmente como intrageneracionalmente.

p Leer más...

9 Valoraciones, valoración media 3,9 de 5.

12345
Guardando valoración... Guardando valoración...
Última modificación: 20/03/20 08:11h

Comentarios

Envía un comentario

12345

Números y letras minúsculas.
Información básica sobre protección de datos en aplicación del RGPD
Responsable del tratamiento Col·legi Oficial d’Infermeres i Infermers de Barcelona. (+info web)
Finalidad tratamiento Gestión del contacto, consulta o solicitud. (+info web)
Legitimación Consentimiento. (+info web)
Destinatarios No se prevén cesiones. (+info web)
Derechos Acceso, rectificación, supresión, portabilidad, limitación y oposición. (+info web)
Contacto DPD dpd@coib.cat
Información adicional Puedes consultar la información adicional y detallada sobre protección de datos en web de Infermera Virtual. www.infermeravirtual.com

Para poder enviar el formulario, tienes que leer y aceptar la Política de Protección de datos. Si no la aceptas y nos das tu consentimiento para tratar tus datos con las finalidades descritas, no podemos aceptar ni gestionar el Servicio web de contacto, consulta o solicitud

  Atención: El comentario será revisado antes de ser publicado.