Autor/a
Julia Reiriz Palacios
Doctora en Medicina
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Espermatogénesis
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En la pubertad, las células germinales masculinas situadas en los testículos o gónadas masculinas se activan y dan lugar al comienzo de la espermatogénesis o formación de los espermatozoides, que son los gametos masculinos.

 

La espermatogénesis, o formación de los espermatozoides, tiene lugar en los túbulos seminíferos de los testículos, donde se encuentran las células germinales en diversas fases de desarrollo. Las células germinales son células indiferenciadas llamadas espermatogonias, que se multiplican y se convierten en un espermatocito primario que sigue teniendo 46 cromosomas. Al dividirse, el espermatocito primario da lugar a dos espermatocitos secundarios, cada uno de los cuales tiene ya 23 cromosomas, es decir, la mitad de la dotación genética de una célula normal. De cada espermatocito secundario se originan dos células hijas llamadas espermátides, de 23 cromosomas. Por último, se produce la transformación de cada una de las espermátides en un espermatozoide. Se necesitan unos dos meses para formar un espermatozoide a partir de un espermatocito primario y este proceso sólo ocurre a temperaturas inferiores a la del cuerpo humano. Por esta razón los testículos están alojados en el escroto, fuera de la cavidad abdominal. Cada día, alrededor de 300 millones de espermatozoides completan el proceso de espermatogénesis.

 

En la pared de los tubos seminíferos se encuentran, además, las células de Sertoli, que proporcionan un soporte mecánico y metabólico a los espermatozoides. En el tejido conjuntivo situado entre los túbulos seminíferos se encuentran las células de Leydig, que son las encargadas de secretar la hormona testosterona.

 

Los espermatozoides y los ovocitos contienen sólo 23 cromosomas, de modo que en el momento de la fecundación (penetración de un espermatozoide en un ovocito secundario), se formará una nueva célula, el zigoto o huevo, con 46 cromosomas, 23 de origen materno y 23 de origen paterno.

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Expermatozoide. Estructura
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El espermatozoide humano maduro es una célula alargada (de unas 60 micras de largo) y delgada, y consiste en una cabeza y una cola. En la cabeza se encuentra el núcleo, que contiene 23 cromosomas, es decir, la mitad de la dotación cromosómica completa de una célula normal, con un citoplasma y una membrana citoplasmática muy delgada que la rodea. Sobre el exterior de la cabeza se encuentra un capuchón grueso, el acrosoma (ayuda en la fecundación). La cola es móvil, con una gran cantidad de mitocondrias en la parte proximal, y la parte restante es, en realidad, un flagelo largo que sirve para que el espermatozoide pueda avanzar. Una vez producida la eyaculación, la mayoría de espermatozoides no sobreviven más de 48 horas dentro del sistema reproductor femenino.

Función endocrina de los testículos
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La función principal de los testículos es la espermatogénesis, pero también es un órgano endocrino cuyas células de Leydig producen y secretan la hormona testosterona, que es un andrógeno. También se fabrican pequeñas cantidades de estrógenos.

 

Las funciones de la testosterona son:

  • Intervenir en el desarrollo embrionario del aparato genital externo masculino.
  • Actuar sobre los receptores situados en las células de Sertoli y mantener la espermatogénesis. Sin embargo, es incapaz de iniciar la espermatogénesis por si sola. Controla las células de Sertoli, pero solamente cuando sobre éstas ya ha tenido lugar la acción de la hormona foliculoestimulante (FSH) de la adenohipófisis
  • Asimismo, contribuir a la libido o impulso sexual.

La testosterona es responsable de diversas características del sexo masculino, como algunos aspectos del comportamiento, una masa muscular mayor, o modificaciones de la laringe.

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Hormonas sistema reproductor masculino
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La hipófisis anterior o adenohipófisis secreta las hormonas gonadotropinas, que son de importancia fundamental para la función reproductora. Actúan sobre las gónadas o glándulas sexuales: los testículos en el hombre y los ovarios en la mujer. Son la hormona folículo-estimulante (FSH) y la hormona luteinizante (LH).

 

La secreción de las gonadotropinas depende, a su vez, del hipotálamo, que es una estructura que se encuentra en el sistema nervioso central (SNC) y es el responsable de la secreción de la hormona liberadora de gonadotropinas (GnRH), la cual estimula la liberación de las gonadotropinas. La LH actúa sobre la liberación de testosterona. Por su parte, la FSH estimula la parte final del desarrollo de los espermatozoides.

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Última modificación: 26/05/15 12:22h