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Información general

Descripción
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El dolor es una experiencia común a todos los seres humanos y su complejidad va mucho más allá de la mera transmisión de una señal desde cualquier punto del cuerpo hasta el cerebro: es un fenómeno tanto objetivo como subjetivo que no puede considerarse con independencia de la persona que lo siente.

Los primeros estudios, realizados a mediados del siglo pasado (Chapman y Jones, en 1944, y Hardy y sus colaboradores, en 1952, citados por Wardle, 1985:17), demostraron, por una parte, una gran variabilidad individual en lo que respecta a la tolerancia al dolor y, por otra, la influencia que tienen en la percepción del mismo los factores psicológicos y contextuales.

 

Posteriormente han sido muchos los estudios que han tratado de identificar y cuantificar la influencia de distintos aspectos en la percepción individual del dolor y, a pesar de que los conocimientos actuales sólo ofrecen una explicación parcial, debido a la complejidad de los mecanismos cerebrales, es ampliamente aceptado el papel modulador que desempeñan factores distintos a los biológicos, como la cultura, los rasgos o características de la personalidad, la sensación de control sobre la situación, el aprendizaje y los modelos familiares del dolor, las tendencias o desórdenes psicopatológicos, como la depresión, la ansiedad, el estrés, etc. Es esta compleja mezcla de elementos biológicos, psicológicos, socioculturales y espirituales la que justifica que, en vez de hablar simplemente de dolor, se hable de experiencia dolorosa.

La Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP por sus siglas en inglés International Association for the Study of Pain), fundada en Washington en 1974, publicó en el año 1979 una definición de dolor que, a pesar de su amplitud, actualmente se considera de referencia:

"El dolor es una experiencia sensorial y emocional desagradable asociada con una lesión hística presente o potencial, o descrita en términos de dicha lesión." 

Al considerar el dolor como “una experiencia” y no como una sensación semejante al frío o el calor, la IASP concede una importancia central a la descripción que hace quien lo sufre y le confiere un carácter multidimensional; la autoridad definitiva sobre el dolor deja de estar en manos de los expertos profesionales de la salud y pasa a ser de la persona que lo siente, quien automáticamente se convierte en agente activo en la elaboración de su propia experiencia dolorosa. Por otra parte, al admitir que el dolor puede estar causado por una lesión hística real o potencial o “describirse en términos de dicha lesión”, se admite inequívocamente que todo dolor expresado por la persona es real, con independencia de que tenga una causa física identificable o no.

 

 

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Etiología
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La vinculación entre dolor y lesión parece tan obvia que en general se cree que el dolor siempre es el resultado de una lesión física y que su severidad es proporcional a la importancia de ésta. Habitualmente tal relación es cierta: un pinchazo en un dedo suele producir un dolor leve, mientras que pillarse el mismo dedo al cerrar una puerta produce un dolor mucho más intenso. No obstante, hay casos en que la relación falla. Por ejemplo, hay personas que nacen sin la capacidad de sentir dolor (analgesia congénita), incluso en presencia de lesiones graves, mientras que muchas personas en determinadas circunstancias sufren cortes o golpes y no sienten dolor hasta minutos u horas después (analgesia episódica). Por el contrario, hay dolores intensos que no se asocian con ninguna lesión conocida o que persisten durante meses o años tras la curación de la lesión que aparentemente lo provocó. Por consiguiente, la vinculación entre lesión física y dolor es muy variable y puede existir:

1. Lesión sin dolor; 2. Dolor sin lesión; 3. Dolor desproporcionado a la severidad de la lesión; 4. Dolor tras la curación de la lesión.

 

  1. Lesión sin dolor 
    • Analgesia congénita. Hay personas que nacen sin la capacidad de sentir dolor, que sufren grandes quemaduras o heridas y golpes durante la infancia, incluso frecuentemente se infligen profundos mordiscos en la lengua mientras mastican los alimentos, y sólo con dificultad aprenden a evitar causarse a sí mismos graves lesiones. Esta insensibilidad congénita al dolor puede deberse a múltiples causas y, aunque en algunos casos se evidencian lesiones neurológicas que lo explican, en otros el sistema neurológico aparece intacto y funciona con normalidad, por lo que la causa sigue siendo un misterio. 
    • Analgesia episódica. Se refiere al hecho de sufrir una lesión física y no percibir el dolor hasta minutos u horas después. Durante la Segunda Guerra Mundial, H.K. Beecher, un importante cirujano, se sorprendió al observar que cuando los soldados eran conducidos a los hospitales de campaña con graves heridas sólo uno de cada tres se quejaba de dolor suficiente como para requerir la administración de morfina, y destacaba asimismo que no estaban conmocionados (en estado de choque) ni eran incapaces de sentir dolor ya que se quejaban como cualquier otra persona del dolor causado por otras técnicas o tratamientos. Estudios hechos posteriormente con los soldados israelíes en la guerra del Yom Kippur (1973) llevaron a conclusiones semejantes. Pero la analgesia episódica no se limita a los soldados. En un estudio realizado en 1982, Melzck y sus colaboradores observaron que el 37 % de las personas que llegaban al servicio de urgencias de un gran hospital urbano con lesiones de diversos tipos (dedos amputados o fracturas óseas), informaban que no habían sentido ningún dolor durante los minutos e incluso las horas siguientes a la lesión. 
  2. Dolor sin lesión
    En contraste con las personas que sufren lesiones sin sentir dolor, otras tienen dolor sin presentar aparentemente ninguna lesión. Por ejemplo, las cefaleas tensionales (dolor o molestia en la cabeza, el cuero cabelludo o el cuello, generalmente asociado con tensión de los músculos en estas áreas) pueden tener una intensidad de moderada a severa, pero no se evidencia ninguna lesión ni se conoce el origen del dolor. Del mismo modo, muchas personas se quejan de “dolor de riñones” o lumbalgia y, a pesar del uso de las más modernas técnicas diagnósticas, en un elevado número de casos no es posible determinar la causa que lo provoca. 
  3. Dolor desproporcionado a la severidad de la lesión
    Existen situaciones en que el dolor que expresan la mayoría de las personas parece completamente exagerado si se considera la gravedad o importancia de la causa. Por ejemplo, quienes han sufrido la experiencia de un cólico nefrítico (expulsión de una pequeña piedra o cálculo que se ha formado en el riñón a través de los uréteres, la vejiga urinaria y la uretra) describen el dolor como realmente insoportable. El tamaño habitual de tales piedras es inferior al doble del diámetro del uréter por el que tienen que pasar y que, con el fin de expulsar la piedra, sufre una serie de intensas contracciones localizadas que la impulsan hacia la vejiga. Este proceso provoca en quien lo sufre un dolor tan intenso que es calificado de insoportable. Lo curioso del caso es que, en términos mecánicos, tal dolor resulta totalmente desproporcionado, ya que ocurre en una zona corporal (el uréter) con muy pocas terminaciones nerviosas, en comparación con una superficie semejante de piel. A pesar de la importancia menor del acontecimiento y del relativamente pequeño número de impulsos nerviosos que son enviados al cerebro, el efecto es gigantesco en términos de dolor. 
  4. Dolor tras la curación de la lesión
    El dolor puede persistir mucho tiempo después de que las lesiones que lo causaron hayan sanado. En ocasiones, incluso puede aparecer de forma espontánea, sin lesión aparente, mientras que otras veces puede estar desencadenado por estímulos inocuos tales como un suave roce o un abrazo (alodinia). Las crisis de dolor espontáneo pueden durar minutos u horas y pueden presentarse repetidamente e incluso a diario durante años después de desaparecer la lesión; su frecuencia e intensidad puede aumentar con el paso del tiempo e incluso extenderse a otras áreas corporales.
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Tipos
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Han sido muchos los intentos de clasificar los diferentes tipos de dolor basándose en diversos criterios, entre los cuales los más habituales son la causa que lo provoca, su duración y el curso que sigue. 

1. Según la causa que lo provoca, 2. Según la duración, 3. Según el curso

 

  1. Según la causa que lo provoca, puede dividirse en dolor nociceptivo y dolor neuropático.

    • Dolor nociceptivo. Es el procesamiento normal de los estímulos que lesionan los tejidos o que pueden llegar a lesionarlos si se prolongan. El dolor nociceptivo, a su vez, puede ser somático o visceral: 
        • Somático, cuando procede de los músculos, huesos, articulaciones o tejido conectivo. Suele estar bien localizado. 
        • Visceral, tiene su origen en los órganos internos, como el tubo digestivo o el páncreas. Frecuentemente esta menos localizado y puede ser referido a toda un área cutánea, es decir, puede percibirse en una estructura distinta de la que está lesionada, como en el caso de la angina o el infarto de miocardio en que la afectación del corazón se siente a menudo en el cuello, los hombros y parte posterior del tórax más que al pecho. 

          En la nocipercepción, o percepción de los estímulos que pueden lesionar los tejidos, están implicados cuatro procesos consecutivos: transducción, transmisión, percepción y modulación. 
        • Transducción: es la estimulación de las terminaciones nerviosas especializadas por energía química, térmica o mecánica potencialmente lesiva para los tejidos. 
        • Transmisión: consiste en el transporte de los impulsos desde el lugar de la lesión hasta la médula espinal y los centros cerebrales superiores.
        • Percepción: es el resultado final de la actividad nerviosa de transmisión de los impulsos generados en la transducción y conduce a la toma de conciencia del dolor. 
        • Modulación: se refiere al cambio o la inhibición de los impulsos dolorosos. Se debe a la acción de ciertas fibras nerviosas que se originan en el cerebro y descienden hasta la médula espinal liberando determinadas sustancias como las endorfinas (sustancia producida por el Sistema Nervioso Central y cuyo nombre se debe a que producen efectos semejantes a los de los analgésicos derivados del opio), capaces de inhibir la transmisión de los estímulos dolorosos y provocar, por tanto, una analgesia.
    • Dolor neuropático: está causado por el procesamiento anormal de los estímulos sensitivos por parte del sistema nervioso central o periférico. Existe gran cantidad de síndromes de dolor neuropático, con frecuencia muy difíciles de tratar. Las personas que lo sufren informan de dolor totalmente desproporcionado a los hallazgos físicos e incluso en ocasiones no se detecta ninguna causa evidente que pueda explicarlo. Aunque se han llevado a cabo numerosos estudios y se han propuesto diversas explicaciones, hasta la fecha se desconocen los mecanismos exactos que provocan el dolor neuropático. 
      - ver: etiología
  2. Según la duración  

    Clásicamente el dolor se ha clasificado, según su duración, en agudo y crónico, aunque el período de seis meses fijado mayoritariamente para diferenciarlos es aleatorio, ya que no hay acuerdo entre todos los autores sobre el tiempo que debe persistir para incluirse en uno u otro grupo; no obstante, casi todos coinciden en considerar un dolor como agudo cuando cumple una misión de “alerta” en el organismo, y lo califican de crónico cuando ha perdido está función y ha llegado a convertirse en la propia enfermedad. 
    • Dolor agudo:
      • Es de duración limitada, normalmente inferior a seis meses.
      • Generalmente, es de aparición brusca y puede llegar a ser muy intenso.
      • Puede estar originado por una herida, por diferentes enfermedades o por el mal funcionamiento de órganos y vísceras.  

        Es decir, este tipo de dolor es el síntoma de un traumatismo o enfermedad y suele desaparecer cuando la persona se cura. Su aparición puede tener un significado positivo, ya que avisa de que se está produciendo una lesión. Algunos ejemplos podrían ser desde el dolor producido por un pinchazo al causado por la fractura de un hueso o una intervención quirúrgica. 
    • Dolor crónico: 
      • Se caracteriza por la duración, más prolongada en el tiempo: normalmente superior a seis meses: presenta un inicio y un final, en caso que ceda, mal definidos y con intensidad variable.
      • A diferencia del dolor agudo, deja de tener una función de aviso y puede llegar a ser más invalidante que la misma enfermedad o alteración que lo provoca..
      • Suele afectar la calidad de vida de las personas durante mucho tiempo e incluso durante toda la vida. A menudo puede dar lugar a problemas psicológicos y sociales. Es el caso de muchas personas con cáncer, ciertas enfermedades crónicas, como la fibromialgia, la artritis  o el dolor del miembro fantasma que puede aparecer después de la amputación de una parte del cuerpo. El dolor crónico, a su vez, se puede dividir en: 
        • Dolor crónico no maligno: como el de la artritis reumatoide, las lumbalgias, las neuralgias, el dolor originado por la amputación de una parte del cuerpo o las enfermedades vasculares de extremidades.
          • Es debido a causas que no atentan contra la vida.
          • Se sufre de manera continuada y a diario durante mucho tiempo o toda la vida.
          • Su intensidad puede ser variable e incluso puede llegar a incapacitar a la persona.
          • No responde a los métodos actualmente disponibles para el alivio del dolor. 
        • Dolor agudo recurrente: como las cefaleas migrañosas.
          • Recurre o reaparece después de cesar durante lapsos de tiempo más o menos prolongados.  
          • Los períodos de dolor son autolimitados, con un final predecible.
          • Entre dos episodios, el dolor desaparece completamente. 
        • Dolor crónico maligno: como el causado por algunas enfermedades oncológicas.
          • Originado por procesos incurables que comportan un acortamiento de la vida.
          • Es un tipo de dolor que puede sufrirse a diario y que puede durar mucho tiempo, incluso años.
  3. Según el curso, es decir, según como sucede, el dolor puede ser: 
    • Continuo: no desaparece, persiste durante todo el día, sólo varía la intensidad. 
    • Episódico: no es continuado sino que puede aparecer y ceder. A su vez se clasifica en: 
      • Dolor incidental, que se produce al hacer una actividad como caminar o toser. 
      • Dolor intermitente, que aparece de manera esporádica sin que haya nada concreto que lo origine. 
      • Crisis de dolor, hace referencia a un dolor que reaparece esporádicamente, a pesar de estar controlado la mayor parte del tiempo.
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Última modificación: 08/10/19 08:09h

Comentarios

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Sonia 26 de Mayo de 2021
Excelente pagina... excelente material. Gracias por compartirlo con el resto de profesionales de la salud!
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