Lo que necesita saber: Radioterapia

Respirar

Una buena función respiratoria ayuda en gran medida a tolerar mejor el tratamiento. Dejar de fumar resulta imprescindible desde el punto de vista del control de la situación de salud.

 

Es importante seguir algunos consejos que ayudarán a mejorar aspectos de la respiración, tanto si la zona a tratar con radioterapia incluye los pulmones como si no los incluye. 

  • Confort ambiental. Ha de procurarse un ambiente tranquilo y relajado y dedicar tiempo a actividades como leer, escuchar música, etc. 
  • Seguridad ambiental. Deben evitarse ambientes potencialmente perjudiciales para la salud, por ejemplo, cargados de humo. 
  • Energía. Durante la administración del tratamiento de radioterapia la persona puede sentirse más cansada. Se trata de una respuesta normal del cuerpo ante el esfuerzo de reposición celular que ha de realizar. Es importante diferenciar este cansancio de la sensación de ahogo que puede aparecer ante pequeños esfuerzos. 
  • Líquidos. Beber al menos un litro y medio de agua al día es un hábito saludable que mejora la respiración, sobre todo en el caso que existan pequeñas infecciones, ya que ayuda a expectorar. 
  • La respiración durante el tratamiento. Durante las sesiones de radioterapia, es mejor no contener la respiración: es aconsejable, en la medida de lo posible, respirar de forma regular y tranquila, sin grandes inspiraciones o espiraciones. Mantener una respiración constante resulta muy importante para la correcta administración de la radioterapia en algunas circunstancias; en los tratamientos que se administran con la respiración sincronizada, el profesional de la salud que aplica el tratamiento indicará cómo se ha de respirar.


Se recomienda tener en cuenta todos los consejos generales, que permitirán adoptar las medidas saludables en relación con la actividad de la vida diaria de: 

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Comer y beber

Una buena alimentación es muy importante para muchos aspectos del tratamiento del cáncer y también para tolerar mejor la radioterapia, ya que mejora la vitalidad, el estado de ánimo y las defensas de la persona, algo imprescindible para evitar las infecciones oportunistas.

 

Durante el tratamiento, el cuerpo, como respuesta del organismo que intenta curarse, gasta más energía, por esto, es importante consumir suficientes calorías y proteínas. Además, la alimentación durante la radioterapia debe controlar la aparición de molestias o efectos secundarios al tratamiento que dificultan una buena nutrición de la persona, tales como: 

  • Alteración de la deglución. Dependiendo de la zona de tratamiento, pueden aparecer molestias al ingerir, debidas a la inflamación de la mucosa del esófago y/o de la boca. En este caso, se aconseja seguir una nutrición con alimentos de textura blanda y evitar aquellos que puedan ser irritantes (alcohol, comidas picantes, etc.).  

    Cuando los problemas de deglución son importantes, hasta el punto de comprometer la alimentación mínima necesaria que permite continuar con el tratamiento, debe colocarse una sonda desde la nariz hasta el estómago.  
  • Alteración de la salivación. El tratamiento afecta a las glándulas salivales con alteraciones en la cantidad y la viscosidad de la saliva, lo que conlleva cambios importantes en la masticación. Para paliar esta alteración se aconseja realizar enjuagues después de las comidas con agua bicarbonatada o agua de manzanilla, beber agua a sorbos y chupar hielo y caramelos sin azúcar. 
  • Alteración del gusto. La inclusión de las papilas gustativas en la zona de tratamiento provoca su inflamación y la alteración en la percepción de los sabores; los más afectados son el amargo y el ácido.  
     
    Las alteraciones de la deglución, de la salivación y del gusto se suelen presentar habitualmente de manera conjunta, por lo que aumentan las dificultades para mantener una nutrición adecuada. 
  • Náuseas y vómitos. Las irradiaciones en la zona del estómago, del intestino, del colon y de algunas partes del cerebro pueden provocar la aparición de nauseas y vómitos. En este caso, es aconsejable ingerir alimentos de fácil digestión como pan tostado, gelatina y zumo de manzana. 
  • Diarrea. Las irradiaciones en la zona abdominal, en el estómago y en la pelvis pueden provocar diarrea. En este caso, se aconseja beber abundantes líquidos y comer con frecuencia cantidades pequeñas de alimentos de fácil digestión y con pocos residuos.  

    En caso de diarrea intensa, se recomienda la ingesta de alimentos como plátanos, arroz, puré de manzana y pan tostado.

  
En general y ante estas alteraciones, es importante seguir las recomendaciones específicas de alimentación ante los trastornos propios del proceso oncológico.

En caso de no presentar molestias o alteraciones relacionadas con la nutrición, se recomienda tener en cuenta todos los consejos generales, que permitirán adoptar las medidas saludables en relación con la actividad de la vida diaria de: 

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Moverse y mantener una postura corporal correcta

Mantener un nivel de actividad moderada ayuda a la persona que recibe tratamiento a mejorar su estado de ánimo, a reducir la sensación de fatiga y, en definitiva, a aumentar su bienestar.

 

Para una correcta preparación y administración de la radioterapia, es conveniente seguir los consejos de los profesionales. Debe tenerse en cuenta que, mientras se recibe el tratamiento, se puede respirar normalmente, pero es necesario permanecer inmóvil.

Se recomienda:

  • Fomentar el ejercicio moderado. Es conveniente planificar y aprovechar la parte del día en que la persona que recibe tratamiento se encuentra con un nivel de energía más alto. Este momento habitualmente coincide con las primeras horas, aunque depende de cada persona.
     
    Debe tenerse en cuenta que el traslado diario al hospital de referencia donde se recibe el tratamiento condicionará en gran medida la actividad diaria. Por eso, conviene planificar un periodo de descanso tras haberse sometido a la sesión de radioterapia y realizar aquellas actividades que puedan ser del agrado de la persona antes o después del tratamiento.  
  • Prevenir el riesgo de caídas y lesiones. En algunos casos, es posible que se produzca un descenso de la capacidad de movilidad, tanto por el tratamiento de radioterapia como por la enfermedad.  

    La radioterapia aplicada al cerebro puede provocar alteraciones en el equilibrio, que limitan las posibilidades de deambulación.  

    Cuando la finalidad de la radioterapia es reducir el riesgo de fracturas y/o el dolor de determinadas lesiones, el equipo de salud aconsejará limitar la movilidad y adoptar una posición correcta. La actividad habitual podrá reanudarse después del tratamiento, una vez comprobada su efectividad. 
  • Realizar ejercicios de control muscular y de movilidad articular. Se recomienda realizar ejercicios para mejorar la movilidad articular y, en casos de movilidad limitada, efectuar movimientos regularmente con las extremidades, de forma voluntaria o pasiva -con la ayuda de otra persona.
     
    Se aconseja consultar al equipo de salud sobre qué actividades son las más idóneas en cada caso. 
  • Escoger la mejor alternativa ante el traslado al hospital. Muchas personas se desplazan al centro hospitalario, para realizar el tratamiento, de manera autónoma y sin necesidad de ayuda. No obstante, a las personas que presentan dificultades de movilidad, se les puede proporcionar un medio de transporte para acudir a las sesiones diariamente.
     
    El equipo de salud debe valorar de forma personalizada la capacidad conducción de vehículos mientras se lleva a cabo el tratamiento.

 
Se recomienda tener en cuenta todos los consejos generales, que permitirán adoptar las medidas saludables en relación con la actividad de la vida diaria de: 

Moverse y mantener una postura corporal correcta

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Reposar y dormir

Sentir un estado de preocupación más acusado forma parte del proceso de adaptación normal a la enfermedad, lo que en algunas ocasiones se traduce en una alteración del sueño, con frecuentes interrupciones y con un descenso de las horas que se emplean para dormir.

 

La persona sometida a un tratamiento de radioterapia suele padecer cambios en su nivel de energía habitual, por esto, y con el fin de mejorar los periodos de descanso y de sueño, deben seguirse los consejos del equipo de salud. Así, pues, para el bienestar general de la persona y para mejorar su capacidad de llevar el tratamiento y su calidad de vida es importante controlar la fatiga -la sensación de cansancio, de debilidad, falta de energía y/o agotamiento.

Por todo ello, la persona que recibe tratamiento ha de planificar su actividad diaria respetando dos principios básicos: 

  • Obtener ayuda de amigos y familiares, o de la asistencia que prestan diferentes instituciones, en las tareas cotidianas que requieren más energías, como hacer la compra, limpiar, etc. 
  • Dedicarse tiempo a uno mismo para realizar actividades que le resulten agradables.

 
Se recomienda tener en cuenta todos los consejos generales, que permitirán adoptar las medidas saludables en relación con la actividad de la vida diaria de: 

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Eliminar

La aplicación de radioterapia en la zona pélvica puede ocasionar diferentes molestias.

Eliminación intestinal

Los efectos más habituales del tratamiento son los cambios en la frecuencia y en la consistencia de las heces -es decir, la aparición de diarrea o de estreñimiento.

 

Eliminación urinaria

La irradiación de la vejiga urinaria también puede provocar molestias. Los efectos más comunes del tratamiento son la urgencia miccional, el aumento de la frecuencia urinaria, escozor al orinar y nicturia. En algunos casos, puede aparecer hematuria (sangre en la orina), lo que requerirá un control más estricto por parte del equipo de salud.

Para paliar o mejorar los problemas de eliminación intestinal y urinaria, se aconseja, de forma general: 

  • Beber de un litro y medio a dos litros de agua al día, siempre que no exista ninguna contraindicación médica. 
  • Adaptar la alimentación en función de los cambios que se vayan produciendo.


En los caso de irradiación de la vejiga, a fin de facilitar la aplicación de la radioterapia, se aconseja orinar antes de las sesiones, de esta forma se consigue un tamaño reducido y similar de la zona a tratar cada vez que se aplica el tratamiento.

En los casos de irradiación de la próstata, debido a su situación anatómica (delante del recto y debajo de la vejiga urinaria), se aconseja evacuar en las dos horas previas al tratamiento y beber agua en los momentos previos a la sesión para mantener la vejiga llena.

Se recomienda tener en cuenta todos los consejos generales, que permitirán adoptar las medidas saludables en relación con la actividad de la vida diaria de: 

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Evitar peligros y prevenir riesgos

Durante el tratamiento es importante seguir los consejos del equipo de salud sobre seguridad, que tienen como objetivo: 

 

Control de la piel

En la zona que se esté tratando, pueden aparecer irritaciones, parecidas a una quemadura solar, o puede caer el cabello o el vello.

Para prevenir o minimizar las lesiones de la piel se aconseja: 

  • Realizar la higiene habitual con agua y jabón neutro. 
  • Secar bien la piel, sin frotar, con especial atención en las zonas con pliegues. 
  • Evitar el uso de productos irritantes, como lociones y colonias. 
  • Afeitarse con maquinilla eléctrica, para prevenir los cortes y las heridas. 
  • Mantener la piel bien hidratada; consultar con el equipo de salud sobre el tipo de crema más idónea.

 
También deben aplicarse medidas preventivas ante las posibles agresiones ambientales que puede sufrir la piel, en especial la de la zona de tratamiento, según los hábitos de cada persona. 

  • Mantener la piel protegida del sol, evitando la exposición, sobre todo, durante las horas de mayor insolación con pañuelos o gorros de protección. 
  • En aquellos casos en los que el tratamiento provoca alopecia, pueden usarse pelucas para protegerse del sol. Esta medida puede emplearse para mejorar el aspecto, aunque la caída del cabello es temporal. 
  • No usar prendas muy ajustadas que puedan provocar fricción o presionar la piel en exceso. 
  • No colocar tiritas u otras tiras adhesivas en la zona de tratamiento.


Control de la alimentación

Si el tubo digestivo está incluido en la zona de tratamiento, las mucosas pueden verse alteradas como consecuencia de la radioterapia.

Conviene seguir una alimentación equilibrada que garantice un aporte correcto de nutrientes; en algunos casos puede ser necesario adaptar la alimentación a cada tipo de trastorno.

En cualquier caso, conviene evitar aquellos alimentos que puedan irritar el tubo digestivo, como las comidas picantes o muy especiadas y el alcohol. También se recomienda no tomar alimentos muy calientes, sino tibios o a temperatura ambiente.

Como norma general, es importante beber, como mínimo, un litro y medio de agua al día.


Control de infecciones

Evitar, en la medida de lo posible, las aglomeraciones o las reuniones muy numerosas y los ambientes potencialmente perjudiciales para la salud, por ejemplo, cargados de humo.


Control de riesgos de la radioterapia

Mientras se aplica el tratamiento, es muy importante que la persona permanezca inmóvil. También hay que tener en cuenta que para recibir correctamente la radioterapia, se suelen realizar unos tatuajes en la piel de la zona a tratar; estas marcas son permanentes. Es posible que el profesional que lleva a cabo la radioterapia, pinte otras marcas con rotuladores de colores, no permanentes, que deben mantenerse intactas el tiempo que dure el tratamiento.

Cualquier otra observación que tenga que ver con la administración segura de la radioterapia, será indicada, en cada caso, por los profesionales que llevan a cabo el tratamiento.

 

Control de la medicación habitual que toma la persona

La radioterapia no suele causar interferencias con la medicación habitual que toma la persona.

El tratamiento de radioterapia generalmente se hace sobre zonas reducidas y muy localizadas. Los efectos secundarios que se producen son locales y relacionados directamente con la zona de tratamiento y, por tanto, no requieren, habitualmente, la suspensión de la medicación que toma la persona.

No obstante, en muchas ocasiones el tratamiento de radioterapia se administra de manera conjunta con otros tratamientos oncológicos, principalmente quimioterapia. También puede administrarse sobre áreas más extensas. En ambos casos, esto puede requerir ajustes o la suspensión de alguna medicación. Por este motivo, el equipo de salud estará al tanto de la medicación que toma la persona y de aquellos tratamientos alternativos que pueda estar siguiendo, con el fin de evitar interacciones con el tratamiento oncológico. 


Se recomienda tener en cuenta todos los consejos generales, que permitirán adoptar las medidas saludables en relación con la actividad de la vida diaria de: 

Evitar peligros y prevenir riesgos

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Comunicarse e interactuar socialmente

  • Las relaciones sociales y familiares, en la medida de lo posible, no han de verse afectadas durante el tratamiento. 
    • La radioterapia externa es administrada por una máquina (acelerador lineal o bomba de cobalto) y solo actúa en el momento del tratamiento. En ningún caso deja rastros de radiactividad que puedan afectar a terceras personas. 
    • La radioterapia interna o braquiterapia supone la colocación dentro del organismo de algún tipo de material radiactivo. Esto conlleva el aislamiento físico de la persona en una habitación de hospital, aunque se suelen admitir visitas restringidas, según las normas de seguridad de la institución, excluyendo niños y mujeres embarazadas. En cualquier caso, es conveniente seguir las indicaciones del equipo de salud de la entidad.
       
      Una vez finalizado el tratamiento, la persona podrá reanudar sus relaciones sociales y familiares con normalidad.

 

  • La actividad laboral ejerce un efecto positivo sobre el estado de ánimo de la persona y debe mantenerse, de forma moderada, siempre que mejore la sensación de bienestar
  • Las relaciones sexuales pueden verse afectadas por los efectos de los tratamientos oncológicos. Son frecuentes las alteraciones emocionales, como la disminución de la libido, en relación con la ansiedad y la sensación de cansancio que producen los tratamientos.  
     
    En mujeres, el acto sexual puede ser doloroso en casos de radioterapia aplicada en la zona pélvica a causa de la inflamación de la mucosa de la vagina. Una vez acabado el tratamiento puede perdurar una cierta sequedad vaginal y puede darse un estrechamiento de la vagina.

    Los órganos sexuales (ovarios y testículos) son muy sensibles a la radiación. Si están cerca de la zona de tratamiento o dentro de ella puede producirse esterilidad, que puede ser temporal o permanente.

    Es importante comentar estos aspectos con el equipo de salud, que orientará al paciente sobre las particularidades en cada caso y las posibles alternativas para conseguir la concepción una vez acabado el tratamiento.

 
Se recomienda tener en cuenta todos los consejos generales, que permitirán adoptar las medidas saludables en relación con la actividad de la vida diaria de: 

Comunicarse e interactuar socialmente

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Trabajar y divertirse

 La administración de radioterapia, a pesar de que en algunas personas solo produce unas mínimas molestias, en ocasiones conlleva efectos secundarios que interfieren con el desarrollo habitual de las actividades diarias. 


Los tratamientos de radioterapia interna o braquiterapia suelen ser más cortos, pero resulta difícil mantener la actividad laboral y social mientras duran.

En cuanto al tratamiento de radioterapia externa, que se puede realizar de manera ambulatoria, es recomendable tener en cuenta los siguientes consejos: Actividad laboral, Actividades de ocio y diversión.

 

Actividad laboral

Durante la radioterapia la persona puede sentirse cansada, débil o con falta de energía, sobre todo en las fases finales del tratamiento. Por esto, se recomienda descansar unas horas tras la sesión y dosificar la energía.

Como este tipo de tratamiento presenta pocas molestias para la persona, la actividad laboral se podrá llevar a cabo de la manera habitual, siempre que ésta ejerza un efecto positivo en el estado de ánimo, que se respeten los consejos del equipo de salud y que el nivel de energía requerido para realizar la citada actividad sea el adecuado en cada momento.

 


Actividades de ocio y diversión

Se han de tener en cuenta dos ideas durante el tratamiento y un tiempo después de su finalización: 

  • Dedicarse tiempo a uno mismo para realizar las actividades que sean más agradables, en el momento del día en que la persona se sienta más descansada. 
  • Obtener ayuda de amigos y familiares, o de la asistencia que prestan diferentes instituciones, en las tareas cotidianas que requieren más energías, como hacer la compra, limpiar, etc.


Se recomienda tener en cuenta todos los consejos generales, que permitirán adoptar las medidas saludables en relación con la actividad de la vida diaria de: 

Trabajar y divertirse

 

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Tópicos y conductas erróneas

La radioterapia no sólo se administra cuando no hay otra elección o cuando ya no hay nada que hacer
La radioterapia es un tratamiento efectivo y la mayoría de veces se emplea como método único; aunque, en algunas ocasiones, se combina con otros tratamientos para aumentar las posibilidades de curación y evitar una nueva aparición de la enfermedad. Hay casos en que la finalidad de la radioterapia no es curar, sino controlar síntomas, como el dolor, que producen malestar a la persona enferma.

 

 
La radioterapia no quema
El principio de actuación de la radioterapia es destruir células cancerosas y preservar las sanas. Por tanto, su efectividad reside en la capacidad concentrar su energía en la zona a tratar, y uno de los efectos secundarios más habituales es el enrojecimiento de la piel de la zona de tratamiento, como si fuera una quemadura solar.  
 
La persona que recibe tratamiento no es radiactiva
La administración de radioterapia externa en ningún caso convierte a la persona en radiactiva. Una vez finalizado el tratamiento, la persona puede desarrollar sus actividades de relación habituales, sin ningún riesgo ni para ella ni para las personas del entorno.

La radioterapia interna o braquiterapia, en cambio, supone la introducción de un elemento radiactivo dentro de la persona. En este caso se establecerán medidas de seguridad y de protección, como el aislamiento físico de la persona y la restricción de visitas, cuando sea necesario.   


No se debe confundir la radioterapia externa
con las pruebas diagnósticas y los tratamientos que se llevan a cabo en medicina nuclear. En este tipo de pruebas, sí se introduce un isótopo radioactivo dentro de la persona, aunque generalmente de una vida muy corta (unas pocas horas). En estos casos conviene seguir las indicaciones y los consejos del equipo de salud que trabajan en este tipo de instalaciones.

El tratamiento no se administra en varios días debido a la organización laboral de los profesionales. Es necesario que haya días de descanso entre las sesiones

La radioterapia se administra de manera fraccionada con el objetivo de establecer periodos de descanso que permitan la recuperación de las células no cancerosas. La radioterapia no actúa de manera inmediata sino de forma prolongada en el tiempo, incluso en los periodos de descanso pautados y después de finalizar el tratamiento.

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Descripción

La radioterapia consiste en el uso de radiaciones ionizantes para el tratamiento de determinados tipos de tumores. Es una opción terapéutica oncológica, como puede ser la cirugía o la quimioterapia, que elimina, con las radiaciones ionizantes, las células cancerosas en lugar de recurrir al bisturí o a ciertos fármacos. Se basa en los efectos biológicos que provoca la energía depositada por las radiaciones ionizantes en los seres vivos y se puede utilizar sola o combinada con otros tratamientos. En algunos casos concretos, también se emplea para tratar algunas enfermedades no oncológicas de la piel y articulares o tumores benignos de la cabeza.

 

Las radiaciones ionizantes no son totalmente selectivas, de manera que también pueden afectar, en mayor o menor medida, a las células sanas contiguas a las cancerosas, lo que puede dar lugar a efectos secundarios que son motivo de control y seguimiento, tanto durante el tratamiento como una vez éste acabe.

 

Hoy en día, los avances tecnológicos, como las simulaciones virtuales en tres dimensiones (3D), permiten diseñar tratamientos de gran exactitud, preservando las zonas que no se necesitan irradiar.

 

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Historia

El 8 de noviembre de 1895, Wilhelm Röntgen, profesor de física en la Universidad de Würzburg (Alemania), descubrió un inusual fenómeno al investigar las propiedades de los rayos catódicos. En concreto, observó que una muestra de platinocianuro de bario, colocada cerca de un tubo de rayos catódicos, emitía luz cuando éste estaba en funcionamiento. Röntgen atribuyó ese fenómeno a un tipo de radiación desconocida. De hecho, en una entrevista realizada poco después de la publicación del descubrimiento, el físico alemán negó que aquella fosforescencia fuera luz o electricidad, y afirmó que se trataba de un tipo desconocido de rayos, por lo que los llamó X. En esa misma entrevista, y hablando sobre las aplicaciones futuras de su hallazgo, Röntgen reconocía que quedaba mucho por hacer y, ciertamente, no se equivocaba. Sus trabajos posteriores profundizaron en el conocimiento de las propiedades de esos rayos, especialmente en su sorprendente capacidad de atravesar materiales, que le permitieron obtener una imagen de los huesos de una mano.

 

En 1896, el físico francés Henri Becquerel descubrió que las sales de uranio también emitían unos rayos de naturaleza desconocida, capaces de ennegrecer una placa fotográfica. Este hecho, que supondría el descubrimiento de la radiactividad natural, pasó, en principio, desapercibido, en contraste con el gran impacto que había producido el descubrimiento de los rayos X. La importancia del hallazgo no se puso de manifiesto hasta dos años más tarde, a partir de los trabajos de Marie Curie, química y física francesa de origen polaco.

Marie decidió, junto con su marido, el físico Pierre Curie, estudiar la naturaleza de las radiaciones que producían las sales de uranio. En concreto, se dedicó a medir las radiaciones en la pechblenda, un mineral que contiene uranio. Sus trabajos derivaron en la búsqueda de nuevos elementos con propiedades similares. De este modo, en 1898, consiguieron aislar dos nuevos elementos: el polonio (llamado así en honor al país de nacimiento de Marie) y el radio.

Marie Curie fue la primera en utilizar el término radiactivo para describir los elementos que emiten radiaciones, así como en reconocer sus efectos biológicos. Todos estos trabajos valieron a Pierre y a Marie Curie el premio Nobel de Física de 1903, que compartieron con Henri Becquerel.

A partir de entonces, las radiaciones, ya sean generadas mediante aparatos de rayos X o a través de elementos radiactivos, han protagonizado una historia apasionante de aplicaciones y descubrimientos, tanto en el diagnóstico como en el tratamiento de enfermedades.

No es difícil comprender las expectativas que, a principios del siglo XX, generó la radioterapia; la literatura de la época habló ampliamente del descubrimiento y de los avances y ventajas que suponía, entre los que destacaban: 

  • que fuera indolora; 
  • que, aunque dejara pequeñas cicatrices, no llegase a desfigurar la piel; 
  • que destruyera sólo el tejido enfermo y preservara el sano; 
  • que aliviara el dolor; 
  • que terminase con el mal olor de algunos tumores
  • que evitase el miedo a una operación cuando dejaba de ser necesaria.

 
La angustia y los dolores que ocasionaba el cáncer avanzado favorecieron una rápida expansión del uso de la radioterapia, a pesar de que no se disponía de mucha experiencia previa en este tipo de tratamiento. El radio se distribuía en forma de sales y se aplicaba en el cuerpo de todas las formas imaginables: tubos, pomadas, inyecciones o en forma de lodo radiactivo. Paralelamente, los rayos X ya se estaban utilizando ampliamente. Médicos de Europa y de Estados Unidos los empleaban para tratar distintas patologías: enfermedades dermatológicas, reumatismo, leucemia, cáncer de estómago, de recto y de mama.

Los primeros tubos de rayos X eran muy similares al que utilizó Röntgen en su descubrimiento. Como su producción de rayos X era muy débil, para conseguir radiografías había que acercarlos mucho a la piel y exponerlos durante un largo lapso de tiempo.

Paralelamente a los trabajos que destacaban las ventajas de la radioterapia, se publicaron otros muchos que reportaban efectos desconocidos hasta el momento en las personas sometidas a estas exploraciones: enrojecimiento de la piel similar al causado por una quemadura solar, depilaciones, inflamaciones e incluso necrosis de tejidos.

A partir de ese momento, el conocimiento de las radiaciones no ha parado de evolucionar. En 1903, el científico escocés Alexander Graham Bell sugirió que un fragmento de radio podía ser colocado en el interior de un tumor canceroso, aunque el primer caso documentado en la literatura médica de tratamiento con braquiterapia data de 1914, en Dublín. Un año antes, en 1913, William David Coolidge, físico estadounidense, desarrolló un tubo de rayos X de alto vacío, que constituyó una gran mejora porque era fácil de utilizar y de reproducir. En 1940 aparecieron los primeros reactores nucleares, instalaciones en las que se producen, de manera controlada, reacciones nucleares capaces de generar nuevas fuentes radiactivas artificiales, como el oro-198, el iridio-192 o el cesio-137, cuya aplicación en los tratamientos oncológicos era más segura, por lo que acabaron desplazando al radio de manera paulatina.

Una vez constatada, después de la Segunda Guerra Mundial, la necesidad de estudiar y controlar sus peligros, se mejoraron sustancialmente los instrumentos para detectar y medir las radiaciones, a la vez que aumentó el control sobre los aparatos de rayos X.

El año 1951 marca el inicio de la radioterapia externa con alta energía, ya que en esta fecha se realizó en Canadá el primer tratamiento con bomba de cobalto, un aparato que utiliza como fuente radiactiva el cobalto-60. El material radiactivo se encuentra dentro de un blindaje de plomo con una abertura lateral que permite su salida y entrada en el momento de aplicar el tratamiento.

A finales de los años setenta empieza a generalizarse el empleo de los aceleradores lineales como aparatos para la administración de la radioterapia externa. Son aparatos capaces de generar radiaciones (rayos X) de alta energía a partir de la electricidad. Sus ventajas son:  

  • que no emiten radiación cuando no están funcionando y no generan residuos de tipo radiactivo; 
  • que pueden generar diferentes energías de fotones, lo que mejora la efectividad de los tratamientos con un menor índice de efectos secundarios; 
  • que son capaces de generar radiación con electrones para el tratamiento de lesiones más superficiales.

 
Entre los inconvenientes se encuentra su coste, aunque puede justificarse si se tienen en cuenta las ventajas.

Hasta 1980, la planificación de tratamientos se hacía a partir de radiografías simples y verificaciones en dos dimensiones (2D), pero, a partir de ese año, gracias al desarrollo de los sistemas informáticos, se consigue la planificación de tratamientos en 3D y, en vez de utilizarse radiografías simples, pasan a emplearse imágenes obtenidas mediante tomografía computarizada (TC).

A partir de los años noventa, otras técnicas como la resonancia magnética o la tomografía por emisión de positrones (PET) se han incorporado a la planificación en radioterapia y han mejorado la definición de la zona de tratamiento.

Estos avances se aprovechan tanto para la planificación de tratamientos de radioterapia externa como de braquiterapia.

El presente y el futuro de los tratamientos con radioterapia pasan por la mejora de la precisión y de la seguridad a la hora de aplicarlos.

La radioterapia externa cuenta con avances como: 

  • La radioterapia por intensidad modulada (IMRT), una forma más precisa de radioterapia en la que se modula o controla la intensidad del haz de radiación, de manera que se obtienen altas dosis en el tumor pero se minimizan en los tejidos sanos. 
  • La radioterapia guiada por imágenes (IGRT), que se administra monitorizada por modernos sistemas de comprobación del posicionamiento de la zona de tratamiento, con lo que mejora su fiabilidad. 
  • La radiocirugía estereotáxica, que, mediante un sistema de coordenadas, permite usar haces de radiaciones con la precisión de un bisturí, sirviéndose, asimismo, de complejas técnicas de inmovilización y posicionamiento de la zona que requiere tratamiento. 
  • Sistemas de radioterapia 4D, en los cuales se tienen en cuenta los movimientos fisiológicos de los pulmones con el fin de sincronizar el tratamiento con una fase del ciclo respiratorio (procesos alternados de inspiración y espiración) y mejorar la exactitud de manera ostensible.

Todos estos avances añaden precisión y exactitud a los tratamientos y abren la puerta a la administración de dosis más altas al tumor, en un número menor de fracciones. La extensión de estas técnicas a estructuras situadas en tórax o en abdomen se denomina SBRT (Stereotactic Body Radiation Therapy); actualmente es uno de los principales campos de investigación y actualización tecnológica, dentro de los servicios de oncología radioterápica.


Por otra parte, la radioterapia interna o braquiterapia incorpora, para la aplicación de tratamientos, los sistemas de carga diferida. Estos sistemas permiten la administración del material radiactivo en dos tiempos: primero se colocan las guías y, en una segunda fase y de manera automática, se colocan los implantes radiactivos. El uso de fuentes radioactivas más seguras, junto con estas nuevas tecnologías, ha reducido significativamente la exposición del personal que aplica los tratamientos, lo que hoy en día sitúa este tipo de radioterapia como una opción terapéutica de primer orden en oncología.

Como opción al uso tradicional en radioterapia de electrones y fotones, se están utilizando protones, neutrones e iones. Es la llamada hadronterapia y se lleva a cabo en instalaciones muy complejas y de alto coste económico, de las que hoy por hoy no hay ninguna disponible en España. Su utilización, por tanto, ha de ser priorizada para aquellos casos que pueden obtener un beneficio claro respecto al uso de la radioterapia tradicional.
 

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Tipos y forma de actuación

Hay distintos tipos de radioterapia, pero todas se basan en la transmisión de la energía de la radiación ionizante a determinadas zonas del cuerpo para producir una reacción biológica en las células tumorales con la intención de eliminarlas.

Según la localización de la fuente de irradiación (es decir, el punto desde el que se emite la radiación) se pueden distinguir dos tipos de radioterapia: Radioterapia externa y Braquiterapia o radioterapia interna.

 

  • Radioterapia externa: los haces de irradiación, que son invisibles, provienen de una máquina (acelerador lineal o bomba de cobalto) situada aproximadamente a un metro de la persona. Las radiaciones que emite estas máquinas son de alta energía y, mediante un sistema muy sofisticado de guías (tuberías), pueden dirigirse a la zona corporal que requiere tratamiento. 
     
    Actualmente existen varias técnicas de radioterapia externa que, valiéndose de potentes programas informáticos y de imágenes obtenidas durante los tratamientos, consiguen una mayor exactitud tanto en la administración de las radiaciones como en el control diario de las zonas en las que se administra y de los órganos que deben protegerse. Así, por ejemplo, al tratar un cáncer de próstata, hay que proteger los órganos o las estructuras más próximas: la vejiga urinaria, el recto y las cabezas femorales (caderas).
      
  • Braquiterapia o radioterapia interna: la fuente que emite la radiación se coloca dentro del organismo, muy cerca de la zona que requiere tratamiento o en contacto con ella, en áreas intracavitarias (en cavidades como la vagina, el útero, la boca, la nasofaringe o el recto) o endoluminales (en la luz de los órganos huecos como el esófago o los bronquios) o intersticiales (dentro del propio tumor). Este tratamiento requiere, habitualmente, que la persona esté ingresada.

 
Una vez que se aplica la radiación se produce la ionización, un efecto físico por el cual las radiaciones que pasan por una materia o cuerpo depositan en él parte de su energía, de manera que alteran las células de la zona irradiada, que se desestabilizan y, tras un proceso biológico, mueren o pierden su capacidad de reproducción, con lo que se consigue eliminar el tumor.

 

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Combinación con otros tratamientos

Los pilares básicos del tratamiento oncológico son la cirugía, la quimioterapia, la radioterapia y la inmunoterapia. Aunque cada uno puede emplearse independientemente, lo más habitual es que se utilicen combinados.

La radioterapia combinada o complementaria se da cuando, en algún momento del proceso de tratamiento, se asocia con la cirugía y/o la quimioterapia.

El abanico de posibles combinaciones es amplio y se decide de manera personalizada con el objetivo de conseguir los mejores resultados para controlar la enfermedad. La opción terapéutica varía en cada caso según factores como el tipo de tumor, la localización, el tamaño o la capacidad invasiva local y a distancia.

1. Radioterapia y cirugía, 2. Radioterapia y quimioterapia, 3. Radioterapia y hormonoterapia.

 

1. Radioterapia y cirugía:

Según los casos, la radioterapia puede administrarse antes, después e incluso durante la cirugía, es decir, en el período intraoperatorio. 

  • Radioterapia preoperatoria neoadyuvante combinada o no con quimioterapia. Es la que se administra antes de la cirugía con el fin de reducir el tamaño tumoral y hacer viable o facilitar la intervención quirúrgica. 
  • Radioterapia postoperatoria o adyuvante combinada o no con quimioterapia. Es la que se aplica tras la intervención quirúrgica. Se utiliza para mejorar los resultados de la cirugía y se aplica en la zona de la operación, para eliminar la enfermedad microscópica (no visible), si la hubiera. 
  • Radioterapia intraoperatoria. Es la que se lleva a cabo durante la operación quirúrgica y que permite administrar una única dosis en la zona concreta de la intervención.

 

2. Radioterapia y quimioterapia:

La radioterapia también puede administrarse antes, durante o después de la quimioterapia. Esta combinación puede ser, a su vez, preoperatoria o postoperatoria según los casos o bien administrarse como tratamiento combinado único. La administración de la radioterapia junto con la quimioterapia se denomina radioquimioterapia concomitante.

 

3. Radioterapia y hormonoterapia:

Es una combinación habitual en aquellos tumores cuya proliferación puede depender de hormonas. Los tumores que pueden obtener beneficios de la hormonoterapia (terapia hormonal) son el cáncer de mama, de próstata, endometrio y neuroendocrino.

 

4. Radioterapia e inmunoterapia:

En oncología, la inmunoterapia o terapia biológica consiste en el uso de tratamientos que promueven o refuerzan la respuesta del sistema inmunitario como base para eliminar células tumorales o disminuir el crecimiento de la enfermedad. Las sustancias utilizadas son los anticuerpos monoclonales, factores de crecimiento y vacunas.

 

También se está estudiando el uso de anticuerpos marcados con una sustancia radioactiva. Es la llamada radioinmunoterapia. En este caso, el anticuerpo actúa como transportador y permite la administración de la dosis de radiación directamente sobre las células cancerosas. Actualmente existen algunos estudios clínicos en marcha para tratar enfermedades como la leucemia, el linfoma no hodgkiniano y el cáncer colorrectal, entre otros.

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Finalidad del tratamiento

La radioterapia se utiliza para evitar la propagación de las células cancerosas destruyéndolas. Se puede emplear como única opción de tratamiento, pero lo más habitual es que se combine con otras terapias.

El tipo de tratamiento radioterápico viene definido por su finalidad:

 

  • Radioterapia con intención curativa o radical. Existe una clara opción de curación y se utilizan los medios disponibles para conseguir este objetivo. Suelen ser tratamientos agresivos con aplicación de dosis altas. 
  • Radioterapia con intención paliativa sintomática. El objetivo no es tanto la curación, sino el control de algunos síntomas que provocan un claro malestar (dolor, hemorragia, ciertos síntomas neurológicos, etc.). En definitiva, se trata de ayudar a mantener una buena calidad de vida de la persona en aquellos casos en los que no es posible un enfoque curativo.
  • Radioterapia profiláctica. Se administra después de seguir un tratamiento oncológico principal, en aquellas zonas anatómicas donde existe un riesgo alto de lesiones metastásicas a distancia. Es el caso de la irradiación cerebral en el cáncer de pulmón.
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Cómo se administra

 
  1. Radioterapia externa 
  2. Radioterapia interna o braquiterapia

 

1. Radioterapia externa

Se administra mediante un acelerador lineal, que es una máquina emisora de radiaciones de alta energía, necesaria para aplicar el tratamiento y asegurarse de que sea efectivo. Las radiaciones suelen administrarse en breves sesiones diarias, durante la semana y con un descanso en el fin de semana. El número de sesiones vendrá determinado por la dosis total y el tipo de fraccionamiento que haya prescrito el médico especialista en radioterapia (oncólogo radioterapeuta). La primera visita al oncólogo radioterapeuta servirá, por lo tanto, para realizar un estudio preciso y personalizado de cada caso. Estudiará los beneficios que pueden obtenerse del tratamiento y también sus posibles inconvenientes. También valorará, junto con oncólogos y cirujanos, la necesidad de asociar otros tratamientos a la radioterapia.

Dado que la radioterapia externa se administra en varias sesiones, la colocación de la persona es básica para poder realizarla diariamente con garantías. Esta posición ha de ser cómoda, reproducible -es decir, capaz de repetirse a lo largo de todas las sesiones- y tiene que garantizar la máxima inmovilidad. En la posición de tratamiento, la persona suele estar tumbada (decúbito) sobre la camilla de la máquina, pero en algunos casos muy especiales esta colocación puede variar.

La zona del cuerpo que se ha de tratar permanecerá sin ropa durante las sesiones, y es probable que se realicen algunas marcas sobre ella con el fin de poder colocarla siempre en la misma posición.

El tratamiento tiene una duración total diaria de unos 10 ó 15 minutos, aunque la radiación sólo dura unos pocos segundos. El resto del tiempo se emplea para colocar correctamente la persona y llevar a cabo las comprobaciones previas de seguridad.

Durante todo el periodo de tiempo (días o semanas, según en cada caso) que dura el tratamiento, tanto el médico como la enfermera realizan visitas con el fin de valorar y controlar las posibles molestias que puedan aparecer. Al acabar el tratamiento se realizan revisiones periódicas para controlar el estado de salud de la persona y la efectividad del tratamiento.

 

2. Radioterapia interna o braquiterapia

La braquiterapia se administra mediante la colocación de una fuente radiactiva (agujas o semillas especiales) dentro del tumor. Siempre que es posible se aprovechan las cavidades naturales para conseguir el contacto con la zona que requiere tratamiento, pero, cuando esto no es factible, se recurre a la implantación quirúrgica de la fuente radiactiva o se usan unos catéteres (tubos de plástico) que servirán de entrada y salida del material radiactivo.

La persona deberá permanecer ingresada un periodo de tiempo que varía desde unas horas hasta varios días, dependiendo del tipo de tratamiento pautado. Estar ingresado en una unidad especializada de braquiterapia no supone necesariamente mantener un contacto constante con la fuente de radiación: el tiempo que permanecerá en el cuerpo de la persona depende del tipo de implante.

A partir de la primera visita, al igual que en la administración de radioterapia externa, el oncólogo radioterapeuta decidirá el tratamiento óptimo en cada caso, después de considerar sus ventajas y sus posibles efectos secundarios.

El tipo de implante (material radiactivo) colocado en la persona sometida a braquiterapia condicionará las pautas de actuación. 

  • Implantes de baja dosis. Son los que, por su energía, actúan más lentamente. Suelen dejarse fijados en el cuerpo de la persona durante un periodo que varía entre 1 y 7 días. Es muy probable que la persona que reciba este tratamiento permanezca ingresada en una habitación especial y con las visitas limitadas. Una vez retirado el implante, podrá reanudar sus relaciones sociales. 
  • Implantes de alta dosis. Son los que utilizan catéteres o guías que se fijan en el interior del tumor. En cada tratamiento el material radiactivo se introduce a través de estas guías, se mantiene en su interior durante unos minutos y después se retira. Según los casos, la persona puede recibir el tratamiento de manera ambulatoria (acudiendo cada día al hospital) o bien permaneciendo ingresada. 
  • Implantes permanentes. Son los que colocan las fuentes radiactivas en el cuerpo. Con el paso del tiempo la radiación se va haciendo más débil y no es necesario extraerlos. En este caso deben observarse unas medidas de seguridad hasta que desaparezca la actividad del material radiactivo.

 

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Efectos secundarios

Los efectos secundarios (efectos no deseables) de la administración de radioterapia no se dan en todas las personas ni en la misma intensidad. Suelen aparecer al cabo de varias sesiones y varían según las personas, el tipo de enfermedad y su localización. La mayoría de los efectos son temporales, aunque algunos pueden durar varios días o semanas después de los tratamientos. 

 

Son causa de malestar o falta de confort en la persona que recibe tratamiento y en todos los casos se intenta reducirlos al máximo durante todo el proceso. 

 

Es importante saber que la aparición de estos efectos secundarios no significa que el tratamiento no esté funcionando bien o que esté siendo poco efectivo. En este sentido, el equipo de salud controla y da soporte a la persona para reducirlos todo lo posible. 


Los efectos secundarios pueden dividirse en dos grupos: 1. Efectos secundarios comunes a la mayoría de los tratamientos, 2. Efectos secundarios específicos dependiendo del órgano o de la zona tratada.

 

  1. Efectos secundarios comunes a la mayoría de los tratamientos 
    • Fatiga. Es la sensación subjetiva de cansancio que aparece como consecuencia del tratamiento. Su aparición es progresiva y remite una vez que acaba el tratamiento. Esta fatiga, entre otras causas, se debe a la cantidad de energía que el cuerpo destina a combatir la enfermedad y a reparar los tejidos sanos. En caso de ser muy intensa, el equipo de salud estudiará si pueden existir otras causas que la puedan producir.
    • Radiodermitis. Es una reacción de la piel en la zona tratada parecida a la ocasionada por la exposición excesiva al sol: enrojecimiento, picor y peladura (descamación). La afectación depende de diversos factores como el tipo de piel, el tipo de tratamiento que se sigue y la zona donde se aplica. La radiodermitis puede ser: 
      • seca, con eritema y descamación seca, picor, dolor moderado y aumento de la temperatura de la piel;
      • húmeda, con descamación húmeda, dolor de moderado a intenso y pérdida de la integridad de la piel, que puede progresar hasta ulceración dérmica y, en casos excepcionales, la necrosis cutánea.
    • Falta de apetito. Es uno de los problemas habituales en las personas con cáncer. Es importante explicar a la persona la importancia de una alimentación correcta durante el tratamiento. 
    • Efectos en el estado anímico. Comprender el cáncer, aceptarlo y aprender a convivir con él, así como disponer de la información necesaria para afrontar el tratamiento, son medidas que ayudan a atenuar sensaciones o emociones negativas que pueden tener lugar durante la radioterapia como la ansiedad, la ira, la tristeza o la desesperanza. Los profesionales de la salud, especialmente las enfermeras, ofrecerán apoyo emocional e información sobre los tratamientos, los cuidados y los efectos de la radioterapia y, si fuese necesario, orientarán a la persona hacía una ayuda más especializada, con el fin de afrontar con fuerzas todo el proceso oncológico.   
  2. Efectos secundarios específicos dependiendo del órgano o de la zona tratada 

    En la mayoría de los casos, la radioterapia se aplica localmente. Por lo tanto, los efectos secundarios que puedan aparecer y su intensidad dependen en gran medida de las características del tratamiento y de la parte del cuerpo donde se aplica, así como de las características de cada persona.  


    • Abdomen y pelvis 
      • Enteritis aguda por radiación, con vómitos, náuseas y dolor tipo cólico. 
      • Dolor abdominal, retortijones o pinchazos en el vientre. 
      • Molestias anales o perianales parecidas a las que producen las hemorroides. 
      • Rectorragias (sangrados por el ano). 
      • Alteraciones vaginales que pueden dificultar las relaciones sexuales, como escozor, dolor, estrechez vaginal y pérdida de fluidos. 
      • Alteraciones en la eliminación intestinal: cambios en la frecuencia y en la consistencia de las heces (diarrea, estreñimiento). 
      • Alteraciones en la eliminación urinaria: urgencia miccional, aumento de la frecuencia urinaria, escozor al orinar y nicturia (micción frecuente por la noches); y, en algún caso, hematuria (sangre en la orina), circunstancia que requerirá que el equipo de salud lleve a cabo un control más estricto de la persona. 
      • Edemas en las piernas. 
      • Esterilidad en la mayoría de tratamientos, tanto en mujeres como en hombres. En las visitas con los profesionales de la salud se valora la posibilidad de acudir a un servicio de reproducción para conservar los óvulos o los espermatozoides para futuras fecundaciones. 
    • Mama y axilas 
      • Durante las dos primeras semanas de tratamiento no suelen surgir efectos secundarios. 
      • Entre la segunda y la tercera semana aparece picor y enrojecimiento de la piel en la zona tratada. 
      • Entre la tercera y la cuarta semana puede aparecer eritema (enrojecimiento de la piel) y los primeros síntomas de astenia o cansancio. 
      • Entre la quinta y la sexta pueden aparecer molestias y tirantez de la piel en el pecho y axilas.
    • Pulmón, mediastino y esófago 
      • Disfagia (sensación molesta de detención del bolo deglutido en algún punto del esófago) y odinofagia (deglución dolorosa). 
      • Tos. 
      • Pérdida de peso. 
      • Alteraciones cardiacas leves. 
      • Radiodermitis (enrojecimiento de la piel en la zona tratada). 
      • Cansancio.
    • Boca, faringe, laringe, tráquea y cuello 
      • Disfagia (dificultad para tragar/deglutir) y odinofagia (deglución dolorosa). 
      • Xerostomía (disminución de la salivación y sequedad de boca), que origina dificultad para masticar y tragar la comida 
      • Pérdidas parciales del gusto y olfato. 
      • Pérdida de peso como consecuencia de la dificultad para comer. 
      • Cambio del tono de voz 
      • Caries dentaria. 
      • Mucositis bucal y/o esofágica (inflamación de la mucosa de la boca y del esófago).
      • Radiodermitis (molestias y tirantez de la piel en el cuello).
    • Cabeza 
      • Cefalea (dolor de cabeza).
      • Somnolencia (pesadez y torpeza de los sentidos).
      • Astenia (cansancio), sensación de sueño.
      • Caída del cabello.

 
La mayoría de los efectos secundarios tienen lugar durante el tratamiento, después del cual se va recuperando poco a poco la normalidad. El equipo de cuidados indicará los consejos de salud más adecuados para controlar y aliviar los síntomas. 

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Control de la situación de salud

Durante el tratamiento con radioterapia se producen alteraciones adaptativas que se deben, entre otras cosas, a la respuesta del cuerpo a las radiaciones. Son cambios normales que ocurren en la mayoría de las personas, aunque existen factores que pueden hacer que sean más o menos acusados. Estos factores se relacionan con el tipo de tratamiento de radioterapia diseñado (zona de tratamiento, dosis total administrada, fraccionamiento, etc.) y con la combinación con otros tratamientos oncológicos. Existen algunos recursos que pueden favorecer un mejor control de la situación de salud.

1. Control de la alimentación, 2. Manejo de la energía / fatiga, 3. Organización de la vida cotidiana laboral y familiar, 4. Terapia psicológica y talleres grupales, 5. Terapias complementarias, 6. Organizaciones no gubernamentales, grupos de ayuda mutua, fundaciones y asociaciones.

 

 

1. Control de la alimentación

Es importante seguir las recomendaciones para una alimentación saludable que contenga todos los nutrientes que el cuerpo necesita y que facilite la tolerancia de los tratamientos que sean precisos.

No obstante, es frecuente observar alteraciones de la nutrición en las personas que se someten a radioterapia, especialmente en aquellas cuyo tratamiento incluye la irradiación de alguna parte del aparato digestivo.

En estos casos es conveniente seguir los consejos específicos relacionados con la alimentación en cada fase del proceso oncológico. Las personas que presentan molestias más acusadas (dificultad al tragar, inflamación de las mucosas, sequedad de boca) pueden necesitar un control nutricional por parte de dietistas especializados en oncología. 

 

 

2. Manejo de la energía / fatiga

La fatiga es habitual, sobre todo en la parte final del tratamiento, y la persona debe aprender a reconocer sus síntomas como normales. Esto ayudará a evitar estados de ansiedad y de desesperanza.

A la hora de emprender las tareas diarias que requieren energía, es importante que la persona obtenga ayuda de amigos y familiares o que recurra a la asistencia que prestan diferentes instituciones. En esta situación, dejarse ayudar, ser dependiente, no ha de verse como una merma, sino como una oportunidad para reservar energía para otras actividades que proporcionen bienestar.

Como norma general, es necesario que la persona dedique tiempo a las actividades que le resultan agradables. 

 

 

3. Organización de la vida cotidiana laboral y familiar

El cáncer suele conllevar un conjunto de repercusiones en el ámbito personal, familiar y social. La planificación de la vida diaria debe hacerse de manera personalizada y atendiendo a la valoración de la propia enfermedad y al estado de energía de cada persona. En este sentido, la persona que recibe tratamiento puede continuar con su vida laboral siempre que no requiera grandes esfuerzos. El equipo de salud debe considerar los beneficios para la salud que pueda proporcionarle mantener esta actividad. 

En cualquier caso, la enfermedad oncológica suele conllevar visitas, controles y tratamientos que obligan a replantear y reorganizar la actividad y la convivencia diaria. Por tanto, la persona y su propio entorno familiar han de entender y priorizar esta atención sanitaria.

 

 

4. Terapia psicológica y talleres grupales

La radioterapia puede generar emociones que forman parte del proceso de adaptación a la terapia oncológica. La tristeza, el miedo, la irritabilidad y el nerviosismo son sentimientos habituales en el transcurso del tratamiento.

La concurrencia de factores de vulnerabilidad psicológica, como, entre otros, ser joven, tener hijos pequeños, ver alterada la propia imagen corporal o perder la autonomía, puede potenciar la presencia de emociones negativas.

Las unidades de oncología cuentan habitualmente con psicólogos especializados para atender las necesidades de las personas que padecen cáncer y las de sus familiares.

En algunos centros de radioterapia, existe la posibilidad de realizar sesiones junto con otras personas que reciben el tratamiento, con el fin de compartir experiencias y emociones personales, algo que contribuye a mejorar su estado emocional y la autoestima. 

 

 

5. Terapias complementarias

Cada vez es más frecuente el uso de terapias complementarias para reducir los efectos secundarios del tratamiento. En el caso de la radioterapia, se suelen emplear diferentes productos o cremas con el fin de prevenir o aliviar los efectos del tratamiento sobre la piel. También es habitual usar infusiones de manzanilla o tomillo por sus propiedades antiinflamatorias y antisépticas.

Es importante que el equipo de salud conozca las terapias alternativas o complementarias que sigue la persona tratada; de ese modo podrá asesorar y observar las posibles interacciones o efectos indeseables. 

Consejos de salud: Terapias complementarias

 

 

6. Organizaciones no gubernamentales, grupos de ayuda mutua, fundaciones y asociaciones

Todas las personas que pasen por un cáncer pueden beneficiarse del apoyo que ofrecen algunas ONG, fundaciones o asociaciones. La mayoría de estas entidades promueve la creación de grupos de ayuda mutua con personas que comparten el mismo problema de salud o con sus familiares o cuidadores.

 

 

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Consideraciones ante las diferentes situaciones de vida

Las variables que afectan a las personas que reciben tratamientos de radioterapia son diversas. Factores como la edad de la persona, el rol familiar que desempeña, la presencia de hijos pequeños, la pérdida de autonomía y también el nivel de recursos económicos, pueden generar necesidades sociales y emocionales, cuya intensidad dependerá, en gran medida, del entorno familiar de cada persona. 

Algunas actividades de la vida diaria pueden verse alteradas debido a los efectos secundarios de la radioterapia y a algunas características propias del tratamiento (su duración total, que puede ser de 10 a 40 días, la distancia entre el hospital y el domicilio, etc.).

 
Unos de los objetivos de la persona es mantener en la medida de lo posible su actividad cotidiana y sus relaciones familiares y sociales.

 

En general, la etapa del ciclo vital de cada persona condicionará la manera de vivir el tratamiento y las estrategias que el equipo de salud aplicará (por ejemplo, el tratamiento en niños se plantea con actividades y juegos que mejoren su nivel de confianza y su control de la situación). 

En la mayoría de casos, la persona debe apoyarse en los profesionales de la salud, muy especialmente en la enfermera, para obtener la ayuda necesaria, para despejar sus dudas, resolver algunas situaciones que parecen insalvables y afrontar sus miedos.

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Última modificación: 29/01/14 13:22h