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Información práctica

Manifestaciones del proceso de duelo
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Manifestar quiere decir mostrar, dar a conocer de una manera manifiesta, hacer saber alguien lo que piensa, lo que se propone hacer, lo que siente y expresarlo abiertamente.

Worden (1997), psiquiatra, agrupa las manifestaciones normales del proceso de duelo en: 1. Cognoscitivas, 2. Afectivas, 3. Fisiológicas, 4. Conductuales.

 

1. Cognoscitivas  

Manifestaciones de incredulidad, se tiene la creencia de que la muerte de la persona no ha sucedido, de que es un error. Se genera confusión, aparecen dificultades para concentrarse y a menudo hay olvidos. Así mismo, hay preocupación, una obsesión sobre lo que se ha perdido, y un aturdimiento que provoca una intensa inquietud por reencontrar a la persona o al objeto de la pérdida que ya no está. Si la pérdida es la muerte de una persona querida, pueden aparecer alucinaciones visuales, auditivas breves y el sentido de presencia de la persona que ha muerto. 


2. Afectivas  

Manifestaciones de sentimientos de impotencia, insensibilidad, tristeza, apatía, angustia, rabia, frustración, culpa, soledad, enfado, ansiedad y añoranza.

Después de una pérdida significativa, se produce una identificación con lo que se ha perdido producida por los lazos afectivos que se han establecido previamente. Esta identificación da lugar a una sobreestimación de los componentes positivos de la relación. Los sentimientos de culpa aparecen por no haber hecho nada para evitarlo. Cuando la pérdida se refiere a la muerte de una persona y se produce después de un proceso de enfermedad largo, difícil y con periodos de mucho sufrimiento, los familiares pueden experimentar sentimientos de alivio. También se pueden experimentar sentimientos de rabia y enfado con el equipo sanitario cuando se cree que no se ha hecho todo lo que se podía hacer para salvar a la persona que ha muerto. 


3. Fisiológicas  

Se dan muchas posibilidades de enfermar, se tiene la sensación de vacío en el estómago, falta de aire, palpitaciones, opresión en el pecho, dolor de cabeza, falta de energía, alteración del sueño y de la alimentación, hipersensibilidad al ruido, debilidad muscular, boca seca y dolor.

El dolor por una pérdida es total: es un dolor físico, psicológico y social. El dolor físico aparece sobretodo en la fase más aguda del duelo como respuesta al estrés. El dolor psicológico produce un desbordamiento emocional, característico de las primeras etapas del duelo. Y el dolor social es la reacción natural de las personas que sufren la pérdida ante la situación, que es modulado por los propios valores y creencias.

El dolor es un síntoma que acompaña el proceso de duelo desde el inicio, pero que va disminuyendo su intensidad a medida que va pasando el tiempo. Se presenta como un dolor intenso, visceral y profundo. Es un dolor íntimo, es el dolor que hace saber que la persona o el objeto querido no volverán y que se está ante una ausencia para siempre.

Si la pérdida es por una muerte repentina o traumática, el dolor se asocia muy claramente al espacio y al recuerdo constante y persistente de la persona que ha muerto. En este caso, el dolor está estrechamente ligado al recuerdo de lo que ha sucedido y se acompaña de un deseo claro de no hacer nada para curarlo porque se cree que hacer alguna cosa para evitarlo o reducirlo sería una manera de empezar a olvidar. La necesidad de preservar el dolor ayuda a mantener muy viva y cercana la pérdida. Aunque haya la necesidad de relacionar dolor y recuerdo, esta asociación no ayuda a avanzar en el proceso de duelo; la presencia del dolor en fase aguda ha de ser temporal y no ha de durar más allá del primer mes.

Se debe pedir ayuda al equipo de salud cuando, pasado el primer mes, el dolor intenso no disminuye, dificulta seguir con las actividades habituales de la vida diaria, llega a ser incapacitante, provoca falta de concentración o dificulta avanzar en el proceso de duelo. 


4. Conductuales

Manifestaciones de aislamiento social, se llora sin consuelo, se habla con la persona que ha muerto, se manifiesta hiperactividad o hipoactividad, pérdida de interés por las cosas, se deja de tomar tratamiento previamente prescrito por el control de una enfermedad crónica y se abandonan las curas básicas propias o las familiares.

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El duelo en las etapas del ciclo vital
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Hablar de pérdidas también significa hablar de la vida y del aprendizaje. Desde el momento del nacimiento la persona está sujeta a vivir en compañía de las pérdidas.

Todas las personas experimentan cambios a lo largo de su proceso de vida. Estos cambios se producen para poder adaptarse a las exigencias del entorno. Los cambios del cuerpo son la muestra de la evolución y del desarrollo desde el nacimiento hasta la muerte y forman parte del proceso de madurez.

E. Erikson (1985), psicólogo, considera que el ciclo vital, entendido como las etapas que atraviesa la persona a lo largo de la vida desde el nacimiento hasta la muerte, es un proceso de construcción de la propia identidad. F. Duquesne (1989), enfermera, describe que en cada etapa existen conflictos específicos, los cuales desencadenan mecanismos de afrontamiento que ayudan a adaptarse a la nueva etapa. La resolución positiva de cada una de las pérdidas ayudará a adquirir las competencias y las nuevas capacidades para evolucionar en la trayectoria de la vida.  

   
1. El duelo en la infancia (1.1 Neonato-lactante, 1.2 Preescolar, 1.3 Escolar); 2. El duelo en la adolescencia, 3. El duelo en la adultez (3.1 Adulto joven, 3.2 Adulto maduro); 4. El duelo en la vejez (4.1 Adulto mayor, 4.2 Adulto mayor medio-avazado)

 

1. El duelo en la infancia

 
 
Los niños y las pérdidas

Los niños tienen una manera diferente de vivir la aflicción. Detectan fácilmente y con una sensibilidad especial el hecho de que sus sentimientos no sean atendidos o de que el adulto no se los tome seriamente. Cuando esto pasa, deducen que hay sentimientos buenos y sentimientos malos; consecuentemente, pueden sentir que son una mala persona si el sentimiento que experimentan lo han etiquetado también como malo.

La falta de atención complica y dificulta que el pequeño admita abiertamente las propias emociones y las pueda aceptar con normalidad. La muerte de las persones nunca se debería tratar como un tema tabú. Los adultos tienen que explicar la verdad a los niños y transmitirles seguridad y protección.

El pequeño tiene miedo de no reencontrar lo que antes tenía porque generaliza con facilidad lo que ve y siente en el entorno más inmediato, y traspasa el sentimiento de tristeza a todo lo que tiene que ver con las personas que lo cuidan. Por ejemplo, piensan seriamente que los padres ya no estarán contentos nunca más.

El enfado es una emoción natural en el niño que los adultos a veces no entienden. Los más pequeños pueden reaccionar de forma insolente o indisciplinada porque necesitan mucha comprensión; no es nada más que la expresión de una situación de defensa ante el miedo que sienten por la pérdida.

Por este motivo, es importante transmitir que se les hace caso y que sus miedos, sus preocupaciones y sus sentimientos se toman seriamente. Si el adulto esconde la propia tristeza, les transmite más confusión. Legitimar el dolor les hace sentir más protegidos. 


1.1 Neonato-lactante (del nacimiento a los 18 meses)

Lo más relevante es afrontar las primeras separaciones, como la del paso de la lactancia materna o artificial, cuando el recién nacido se siente muy arropado, hacia una cierto distanciamiento del cuerpo de la madre. El neonato experimenta pérdidas, pero al mismo tiempo descubre otros alimentos que le proporcionan una nueva experiencia de sabores y texturas.

Desarrollo del concepto de duelo y de la muerte:

El recién nacido percibe la tristeza a través de lo que manifiestan y expresan los padres, pero no puede entender aún qué está pasando. Aunque por razones de edad no puede entender qué es la muerte, es muy sensible a la reacción del adulto, al llanto, a los cambios de casa y a la ausencia del contacto físico de la persona que ha muerto. Sabe que pasa algo y ello le afecta. Puede manifestar más llanto y mostrarse más inquieto, lo cual es una manera de hacer saber que existe y que quiere que estén por él.

 

1.2 Preescolar (de los 19 meses a los 5 años)

Es la etapa de la socialización, el momento de ir a la escuela y compartir juguetes con los hermanos y los amigos, lo que quiere decir experimentar la sensación de pérdida de control de lo que es suyo. Así mismo, desde casa y desde el mundo escolar se le exige más rigor en la disciplina y el esfuerzo. Esta nueva situación se puede acompañar de angustia y de comportamientos emotivos regresivos que le ayudan a reafirmarse en los nuevos roles. La pérdida más significativa es la de comprobar y asumir que ya no es único, sino que debe prepararse para saber compartir con los otros. 


Desarrollo del concepto del duelo y de la muerte:

Hasta los cuatro años las personas, los objetos y los otros seres vivos no tienen un límite temporal, cualquier pérdida es vivida como un suceso puntual. No relaciona que la muerte quiere decir pérdida como un hecho definitivo, por lo tanto, la persona, el objeto o el ser vivo volverá a la mente del pequeño y su máxima preocupación será que no estén con él en ese momento. Ante la pérdida de un objeto o de una persona cercana se entristece mucho durante los primeros días, pero, en cambio, es capaz de adaptarse a la pérdida más rápidamente, sobretodo si está acompañado con cariño y comprueba que lo siguen cuidando y que no se queda solo. La principal diferencia entre la pena que siente un niño y la que siente un adulto es que en el niño aparece de forma intermitente, porque el concepto de la muerte es mágico, desaparece y vuelve a aparecer en breve.

La muerte se puede asociar a un estado de abandono, de quedarse solo. Se puede vivir la desaparición de la persona adulta como un castigo por algo que se ha hecho mal y que ha disgustado a la persona que ya no está.

La muerte es inmovilidad y, por ello, a veces forma parte de su juego. Es vida todo aquello que existe para el niño. Tienen vida sus muñecos, los animales de goma, de peluche, etc.

El niño en esta etapa no puede todavía vivir la muerte como una despedida definitiva de la vida. No ha aprendido aún el concepto de que la muerte afecta a todos, que es inevitable y que es definitiva.

 

1.3 Escolar (de 6 a 12 años)

 

Lo más relevante es el esfuerzo por el compromiso en las relaciones de amistad. El niño se ha de enfrentar a las exigencias escolares y ha de colaborar en las tareas familiares. A veces tiene que enfrentarse a rivalidades entre los amigos. 


Desarrollo del concepto del duelo y de la muerte:

Desde los seis a los diez años percibe que morir es definitivo para los otros pero no para él. A partir de los once años empieza a entender que las pérdidas pueden ser definitivas e inevitables y entiende el fenómeno como irreversible y universal. La toma de conciencia le comporta tener miedo a la muerte y a veces se angustia al pensar que puede perder también a los padres y a las personas cercanas. Ante la muerte de personas muy cercanas puede experimentar el sentimiento de culpa al pensar que él con su comportamiento es el culpable de lo que está pasando. 

Consejos de salud: Infancia

 

2. El duelo en la adolescencia

 
Adolescente (de 13 a 18 años)

Experimenta sentimientos ambivalentes como el deseo de querer ser independiente y al mismo tiempo tener la necesidad de que los padres le marquen un cierto control. Esta etapa es especialmente delicada si experimenta la separación o la muerte de los padres o de personas muy cercanas. Es una etapa en que se experimentan pérdidas evolutivas propias de esta edad, sobretodo los cambios corporales, que, a veces, implican una baja autoestima.  


Desarrollo del concepto del duelo y de la muerte:

A partir de los trece años el adolescente entiende que la muerte y las pérdidas son definitivas e inevitables sin ningún tipo de duda. El pensamiento abstracto (capacidad de operar mentalmente, de formar conceptos y de resolver problemas), ya desarrollado en este periodo, hace que el adolescente consiga comprender la pérdida en relación con el espacio y el tiempo, es decir, entiende las consecuencias que pueden haber y se plantea dudas sobre si hay vida después de la muerte.

El adolescente percibe la muerte como un hecho lejano y fruto del azar. Algunos muestran una gran intensidad en la expresión de emociones y pueden mostrarse violentos, adquirir conductas de aislamiento y también iniciarse en el consumo de drogas duras.

El hecho de tener que hacer frente a la pérdida de una persona querida y al mismo tiempo hacer frente a los cambios corporales, las dificultades y los conflictos propios de la edad hace que se añada más sufrimiento al proceso de duelo. La muerte del padre o de la madre en un momento en que se está haciendo el proceso de alejamiento físico y emocional hacia los padres puede hacer que el adolescente experimente un gran sentimiento de culpa. El adolescente a menudo no manifiesta espontáneamente lo que siente y se cierra con su dolor, no quiere hablar de ello porque no quiere añadir más preocupación a los adultos. Quiere responder como un adulto y quiere que los otros lo consideren así, pero ello no quiere decir que le sea fácil explicar la tristeza y la aflicción que siente. Invitarle a que participe en todo lo que pueda hacerle sentir útil y acompañarle en su pena le ayudará a aceptar la pérdida.

Los niños y los adolescentes son personas altamente sensibles a las pérdidas y merecen una especial atención. Viven las pérdidas de manera diferente que los adultos, por este motivo se han de proteger ante el dolor y la tristeza, lo cual no quiere decir que se les evite. Hay muchos mitos sobre lo que los niños y los adolescentes hacen o sienten ante el duelo que conducen al error de pensar que no pueden superar una pérdida, por ello muchas veces se les distancia del proceso de duelo, lo que puede provocar aún más dificultad en la elaboración de su propio proceso.

Los niños y los adolescentes evolucionan en la manera de pensar, adquieren recursos y fortalecen la personalidad mediante las experiencias que les ofrece el hecho de vivir, aunque es indudable que la pérdida de una relación profunda puede provocar interferencias en su desarrollo normal. 

Consejos de salud: Adolescencia 

 

3. El duelo en la adultez

 
 
3.1 Adulto joven (de 19 a 25 años)

El gran reto de esta etapa es la emancipación, vivir fuera de la casa de los padres, establecer nuevas relaciones, vivir en pareja o con un grupo de amigos. Es una etapa muy intensa y vivencial. Se experimenta la responsabilidad de crear un nuevo proyecto, de cuidarse, de alimentarse, de resolver la intendencia del día a día (comprar, limpiar, etc.). Nace un nuevo compromiso, un nuevo trabajo y unos nuevos compañeros. Es la entrada al mundo laboral, que, a veces, no corresponde al mundo que uno se había imaginado, ya que se debe invertir horas que se han de restar de las que se pueden compartir con los amigos o con la pareja. Las pérdidas que se experimentan van desde una nueva gestión del tiempo hasta asumir la responsabilidad total, como la que tiene el adulto. El adulto joven ya no tiene la protección del maestro ni unos padres que siempre están a su disposición.

Desarrollo del sentido del duelo y de la muerte.

A partir de los dieciocho años ya se tiene plena conciencia de lo que significa y, por lo tanto, las manifestaciones y la elaboración del duelo ya son en general las mismas que las del adulto.

 

3.2 Adulto maduro (de 26 a 65 años)

El adulto maduro va haciendo camino hacia la plenitud de la vida. A menudo coincide con el nacimiento del primer hijo que, junto con una gran ilusión, puede implicar la pérdida de intimidad de la pareja. En esta etapa se debe convivir con diferentes pérdidas, como la de los padres, la del trabajo, a veces la de la propia salud, etc. También se debe afrontar la soledad que se experimenta cuando los hijos se van de casa; hay parejas que pasan un verdadero proceso de duelo en estos momentos, puesto que es la clara manifestación de que los hijos ya no los necesitan y se echan de menos las risas, el ruido, las conversaciones y las discusiones de los hechos cotidianos que día tras día tenían con los hijos. Nace una nueva etapa de relación con la pareja. A veces se deben afrontar también divorcios o separaciones. 

Consejos de salud: Adultez

 

4. El duelo en la vejez

 
 
4.1 Adulto mayor (de 66 a 74 años)

Se han de aceptar nuevos roles y afrontar la pérdida de trabajo por la jubilación laboral. Se han de aceptar los cambios por el envejecimiento del cuerpo, como la lentitud en las respuestas físicas e intelectuales. A veces la pérdida de salud puede implicar además la pérdida de autonomía para las actividades de la vida diaria y la necesidad de ayuda de otra persona. Se ha de afrontar la pérdida de poder adquisitivo y también las pérdidas por la muerte de la pareja y de los amigos.


4.2 Adulto mayor mediano (de 75 a 84 años) y adulto mayor avanzado (de 85 años en adelante)

A partir de los setenta y cinco años la persona es altamente sensible a las pérdidas y merece una especial atención. Es la etapa en la que se debe afrontar la mayoría de pérdidas evolutivas. Hay una pérdida progresiva de la energía (ya no se tienen ganas de salir, de hacer cosas) y también de la autonomía para hacer las actividades de la vida diaria. La mayoría de veces ha de afrontar la muerte de la pareja y a menudo también la muerte de los amigos cercanos. Estas pérdidas comportan perder la compañía, la sexualidad. También se han de afrontar enfermedades que invalidan. La vivencia del sentido de la muerte es muy cercana. 

Consejos de salud: Vejez

 

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Factores y conductas de protección en el proceso de duelo
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Los recursos, tanto personales como del entorno, son indispensables para poder elaborar el duelo. Para que se produzca una buena evolución del duelo existen algunos factores y unas determinadas conductas que ayudan a conseguirlo.

 

Elaborar el proceso de duelo ayuda a entender e interiorizar lo que ha pasado y ayuda a poder hacer planes de futuro. Significa ponerse en contacto con el vacío que ha dejado la pérdida, aceptar vivir sin el objeto o la persona querida y renunciar a la esperanza de recuperarla. Requiere que la persona haga una nueva definición de si misma y de su situación de vida para poder hacer planes de futuro.

La mayoría de personas pasan por todas las etapas, en cambio, otras sólo experimentan una gran depresión que las conduce hacia la resolución del proceso de duelo. Sin embargo, sea cual sea el proceso individual, siempre se habla de proceso de duelo curativo cuando se puede llegar a la etapa de adaptación a la pérdida.

Hay diversos factores que favorecen la elaboración de una pérdida de forma sana y, por lo tanto, su aceptación. Pero ninguno de estos factores es tan importante como el de poder contar con la presencia de otra persona que realice el acompañamiento del proceso de duelo.  

Factores y conductas de protección

  1. Tener información sobre el proceso de duelo, sus etapas y como hacer frente a la situación. Conocer los recursos del entorno, como por ejemplo los grupos de ayuda de duelo. 
  2. Tener compañía, de la pareja, de los hijos, de otros familiares, de amigos, de vecinos, de compañeros de trabajo. Los animales domésticos o de compañía pueden jugar un papel fundamental en la elaboración del proceso de duelo. Los animales hacen posible no desarraigarse de la vida y del entorno, permiten expresar afecto y facilitan la comunicación. 
  3. Poder conversar para expresar los sentimientos, las preocupaciones y los deseos, para conocer la opinión de los otros, para sentirse vivo y transmitir las nuevas expectativas, etc. 
  4. Rituales y ceremonias: Los rituales y las ceremonias que se llevan a cabo para despedir a la persona querida resultan de gran utilidad en el momento de elaborar una pérdida. Cada cultura tiene una forma propia de decir adiós a los muertos. Las ceremonias y los rituales sirven para acompañar y manifestar la estima de familiares y amigos. La mayoría de familias experimentan una gran satisfacción y agradecimiento al comprobar el afecto y el apoyo que demuestran las personas más cercanas durante el ritual. Ésta es también una vivencia que los acompañará de forma positiva durante toda la vida.

    Los rituales protegen a las personas y a las familias en proceso de duelo, sobretodo cuando se puede respetar lo que quería la persona que ha muerto en el caso de que lo haya podido manifestar, y, si no lo ha manifestado, cuando la familia hace lo que cree que la persona que ha muerto habría querido que se hiciese. La expresión de duelo más social es dejar que los otros compartan estos momentos de sufrimiento y de tristeza. Por lo tanto, los rituales: 
    • Ayudan a enfrentarse a la pérdida. 
    • Muestran la realidad de la pérdida, la expresión pública del dolor de los familiares y los amigos. 
    • Reflejan el reconocimiento social de la pérdida y permiten la expresión de solidaridad y apoyo. 
    • Permiten despedirse de la persona que ha muerto. 
    • Confirman, evidencian, que el grupo continúa vivo. 
  5. Evitar la anestesia emocional: a pesar del dolor que comporta cualquier pérdida, es importante evitar la anestesia emocional, es decir, sentirse completamente incapaz de percibir emociones, como si estuviese vacío. La anestesia emocional suele ir acompañada de la toma de psicofármacos, como sedantes, tranquilizantes o ansiolíticos. El hecho de medicalizar el duelo significa darle la categoría de enfermedad. La sedación excesiva por el uso de psicofármacos puede complicar la evolución adecuada del proceso de duelo y provocar un desplazamiento a un tiempo posterior y fuera de contexto de la expresión de los sentimientos sobre la pérdida. Se pierde la vivencia del proceso en el tiempo real, que es muy importante para elaborar un duelo normal.

    En caso necesario, tiene que ser el profesional médico quien tiene que valorar si es conveniente prescribir medicación, el tipo de medicación y el tiempo que se ha de tomar. 

 

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Factores y conductas de riesgo en el proceso de duelo
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Existen factores y conductas que merecen una especial atención porque indican una mala evolución del duelo.

La pérdida de un objeto o una persona querida se considera un factor vital muy estresante; por este motivo deja a las personas en proceso de duelo muy afectadas y con muchas posibilidades reales de enfermar. Hay estudios que relacionan directamente situaciones de estrés continuado con una disminución de la inmunidad de la persona, o sea, de lo que popularmente se llama las defensas del cuerpo que nos protegen ante algunas enfermedades. Así pues, se pueden desencadenar enfermedades psicosomáticas (enfermedades provocadas por la mente y que generalmente cursan con la presencia de manifestaciones orgánicas), cardiovasculares, ansiedad con depresión severa e intentos de suicidio. Cuando las emociones y los sentimientos no evolucionan de forma positiva en las diferentes etapas el proceso de duelo puede convertirse en un duelo complicado.

Los principales factores de riesgo son: 1. Las circunstancias de la pérdida; 2. La relación con el objeto o la persona; 3. Los recursos personales, familiares y sociales disponibles; 4. Factores adicionales en niños y adolescentes; 5. Posibles manifestaciones de duelo complicado; 6. Posibles manifestaciones de duelo complicado en niños y adolescentes.

 

1. Las circunstancias de la pérdida:

  • Muerte repentina o traumática (accidentes, fallo orgánico). 
  • Muerte por suicidio. 
  • Muerte por homicidio. 
  • Muerte de un niño o de un adolescente. 
  • Pérdidas múltiples a la vez. 
  • Muertes precedidas por otras pérdidas recientes (sobretodo en los nueve meses anteriores). 
  • Incertidumbre de la pérdida (cuando no se ha encontrado el cadáver). 
  • Muertes que tienen lugar como resultado de catástrofes naturales o por causas bélicas. 
  • Pérdida del trabajo por acoso psicológico (mobbing). 
  • Pérdida de la vivienda por accidente.

   

2. La relación con el objeto o la persona: 

  • Pérdida de un hijo, de la pareja o de hermanos en edad joven. 
  • Relación muy dependiente, ambivalente o conflictiva. 
  • Relación que presenta un exceso de culpabilidad por quien sufre el duelo. 
  • Pérdida indeclarable o inconfesable (casos de amantes y de relaciones ocultas).


3. Los recursos personales, familiares y sociales disponibles: 

  • Historia previa de duelos difíciles o duelos anteriores no resueltos. 
  • Pocos recursos personales para el control del estrés. 
  • Vivir solo, poco apoyo de la familia y de los amigos. 
  • Problemas de salud de la persona que sufre el duelo a causa de alcohol u otras drogas. 
  • Vivir lejos de la familia. 
  • Poco reconocimiento sociofamiliar (real o percibido) del significado de la pérdida. 
  • Dificultades económicas.


4. Factores adicionales en niños y adolescentes:

  • Pérdida de la madre en menores de 11 años y pérdida del padre en la etapa de la adolescencia. 
  • Falta de la persona responsable de su cuidado. 
  • Adopción de conductas de riesgo: conducir sin precaución y sin utilizar medidas de protección, abuso de alcohol y de otras drogas.


5. Posibles manifestaciones de duelo complicado: 

  • Culpabilidad excesiva y asfixiante, deterioro de les relaciones familiares durante un periodo de largo tiempo. 
  • Pensamientos intrusos negativos que entran en la mente sin control, como por ejemplo “no lo podré superar”, “tengo ganas de morir”, etc. 
  • Punzadas de dolor intenso que persisten en el tiempo. 
  • Intensa añoranza de la ausencia con una profunda tristeza sin ningún cambio en los primeros seis meses. 
  • Tratar de evitar todo lo que recuerde a la persona o al objeto perdido. 
  • Sentirse mal emocionalmente y sentirse culpable por estar vivo. 
  • No manifestar los sentimientos. Anestesia emocional, es decir, que la persona no reacciona y no expresa ningún estado de ánimo, no puede expresar el llanto ni puede hablar de la pérdida. 
  • Sentirse excesivamente frustrado, manifestando que no se encuentra sentido a la vida.


6. Posibles manifestaciones de duelo complicado en niños y adolescentes: 

  • Llorar en exceso durante periodos prolongados. 
  • Rabietas frecuentes y en periodos prolongados. 
  • Apatía e insensibilidad. 
  • Problemas de sueño durante periodos prolongados. 
  • Cambios en el comportamiento, hablar como un niño más pequeño, querer llamar la atención excesivamente, volver a tener pérdidas de orina cuando ya estaba adquirido el control. 
  • Quejas constantes de dolor en todo el cuerpo. 
  • Imitación excesiva de la persona que ha muerto; querer ocupar su sitio. 
  • Cambios importantes en el rendimiento escolar. Fracaso escolar. 
  • Expresión de sentimiento de abandono. 
  • Relación negativa con una nueva figura en la familia (segundas parejas). 
  • Expresión reiterada del deseo de reencontrarse con la persona que ha muerto. 
  • Indiferencia hacia los otros. 
  • Deterioro de las relaciones familiares, con los amigos o con la pareja. 
  • Baja autoestima.

 

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Manejo del proceso de duelo
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Las personas, cuando se enfrentan con periodos críticos a lo largo de la vida, utilizan diferentes mecanismos de defensa o de afrontamiento que permiten y ayudan a continuar viviendo sin sufrir en exceso la angustia, la depresión o el miedo que invalida. Utilizar estos mecanismos o estas estrategias a veces quiere decir hacer regresiones, o sea, ir hacia atrás para obtener un respiro, apoyarse en lo que ya se conoce, lo cual ayuda a irse adaptando a la nueva situación.

 

Los mecanismos de defensa o las estrategias de afrontamiento que más se utilizan son: la negación (negar un hecho evidente), la proyección (proyectar la situación en otro contexto que no es real), la dependencia (ligarse excesivamente a otro y creer que forma parte de la propia existencia, crees que sin el otro no se es nadie), el estoicismo (no estar afectado por las pasiones, manifestar indiferencia tanto del placer como del sufrimiento). Las estrategias de afrontamiento no se han de considerar negativas en si mismas, sólo lo llegan a ser cuando su uso es constante, provoca sufrimiento adicional y es un impedimento para seguir evolucionando.

Cuando se ha de determinar si una estrategia de afrontamiento es adecuada o no se ha de tener en cuenta que éstas varían en función de si la persona es un hombre o una mujer. Las mujeres expresan sentimientos y buscan el apoyo externo con la pareja, los amigos o los profesionales de la salud; en cambio, los hombres intentan racionalizar y buscar explicaciones. Los valores que se transmiten en la mayoría de culturas han influenciado negativamente, sobretodo en lo que concierne a los hombres, a los cuales se les atribuye serenidad y valentía y el hecho de no manifestar los sentimientos y las emociones. 

Evitar peligros y prevenir riesgos / capacidades biofisiológicas y psicológicas

La acción terapéutica del paso del tiempo

“El tiempo lo cura todo”, dicho así, es una frase vacía y no ayuda a quien sufre una situación de duelo. Pero hay razones culturales de esta expresión que la llenan de sentido y está bien prestarles atención.

Josep Maria Esquirol, profesor de filosofía de la Universidad de Barcelona, en el libro El respirar dels dies, hace una extensa reflexión sobre el tiempo y la vida. Estas son algunas de las reflexiones que pueden ayudar:

El tiempo cura porque ofrece tiempo para la reflexión y da la oportunidad de rehacer la vida. El tiempo repara porque permite recuperarse de la conmoción, el aturdimiento y de la rabia que uno siente. El tiempo cuida de nosotros, de las pérdidas, de los desamores, de los desengaños, de los fracasos, de las heridas abiertas, etc. El tiempo nos cura del dolor insoportable y del sufrimiento por la muerte de una persona querida. Es humano pensar y desear que pase el tiempo cuando el ahora y el aquí son dolorosos. El tiempo empuja hacia adelante y no hay retorno, y nos brinda también una fuente continua de novedades, si estamos abiertos a ello. El tiempo desplaza las preocupaciones para asumir nuevos retos. El tiempo es cómplice del olvido. El tiempo cura solamente dejando pasar los días.


Los expertos en los temas de duelo proponen adoptar una serie de actitudes que facilitan la elaboración del proceso:

  • Darse permiso uno mismo para sentirse mal. No escaparse de lo que se siente y permitir el llanto, no esconder el dolor y compartir la tristeza. El llanto actúa como válvula liberadora de la tensión interna. 
  • Normalizar la pérdida y creer que es apropiado experimentar tanta tristeza. 
  • Prepararse para las recaídas. Tener especialmente cuidado de los días señalados, como los cumpleaños, las navidades, las fiestas familiares, etc. 
  • Buscar personas que permiten expresarse tal y como uno se siente en el momento concreto. 
  • Sentir las emociones intensamente. Los sentimientos intensos como respuesta a la situación de duelo no son un desequilibrio emocional. 
  • Aprender a vivir con la pérdida y tomar las propias decisiones. Independizarse emocionalmente de la persona o el objeto perdido y establecer nuevas relaciones. 
  • Darse tiempo, no querer correr ni saltarse etapas, darse tiempo para que las cosas maduren y saber esperar.
  • Probar nuevas actividades. Es un proceso de ensayo y de error, de disciplina, más que de motivación. 
  • Tener un objetivo claro y cumplirlo. 
  • Si la pérdida se refiere a una persona que ha muerto, encontrar la manera de recordar y mantener vivo el recuerdo sin que haga daño, sencillamente tenerla presente, poder hablar de ella, buscar rituales sencillos para recordarla como (encender una vela, poner flores, etc.). 
  • Reorganizar las cosas personales de la persona que ha muerto. No delegar este trabajo a otros; es bueno hacerlo cuando la situación lo permite. 
  • Aprender a protegerse de las situaciones y de las personas que alteran el estado de ánimo, que inquietan y molestan, por ejemplo, situaciones donde hay mucha gente o personas que hablan mucho y dicen que es lo que se ha de hacer sin dejar espacio para la reflexión.
  • Tener presente que el apego al mundo conocido es un síntoma de inseguridad; sólo se conoce el pasado y quedarse en el pasado impide la evolución y conduce al estancamiento. 
  • Participar en terapias de grupo que ayudan a compartir y entender lo que se siente. 
  • Identificar sentimientos exagerados y pedir ayuda si es necesario. 
  • Consultar al equipo de salud para descartar una enfermedad o el inicio de un duelo disfuncional si se prolonga en el tiempo (durante los primeros seis meses han de haber cambios y la aceptación de la pérdida se ha de haber producido durante los dos primeros años).
  • Consultar al equipo de salud si no se dan las manifestaciones cognoscitivas, afectivas, fisiológicas y conductuales normales del proceso de duelo.

    Infografia Consejos para afrontar la pérdida
    Puedes descargar la infografia aquí
 

Cuando la persona que vive el duelo es un niño o un adolescente, es importante: 

  • Explicar bien lo que ha pasado y dejarle claro que la pérdida es irreversible y que la persona que ha muerto nunca volverá. 
  • En caso de que haya rituales, proponerle que asista a ellos. Esto le ayudará a entender mejor la pérdida e iniciar de forma más eficaz la elaboración del proceso de duelo. 
  • Permitir ver el cuerpo de la persona o el animal de compañía que ha muerto, siempre que lo pida. 
  • Ayudarle a expresar todo lo que siente y dejarle claro que se le seguirá cuidando. 
  • Contestar a todas las preguntas que haga y dejarle claro que él no es el responsable de lo que está pasando. 
  • Respetar la forma en que vive la pérdida. En general, los niños expresan el sufrimiento no tanto con la manifestación de sentimientos sino con un cambio de comportamiento y de actitud: cambios a la hora de comer, de dormir, de salir, cambios en el carácter, en el rendimiento escolar (bajo rendimiento, que a menudo es temporal).

 

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Películas y duelo
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Se ha comprobado que ver películas relacionadas con lo que está sucediendo es un recurso útil para ayudar a entender y/o a afrontar la muerte, el duelo y las pérdidas, así como a conectar con los propios sentimientos. De algún modo, el cine crea la distancia necesaria para poder hablar del dolor y de la muerte de un ser querido sin afectar en exceso al espectador.

A continuación se presentan diferentes películas en las que el duelo aparece como un protagonista más del argumento principal.

Estas películas hablan de la pérdida de un ser querido y de las consecuencias que esto conlleva para la propia vida, de cómo se puede o no afrontar esta dura situación y de cómo evolucionar en el propio proceso de duelo.

Las películas se clasifican según el público y etapa del ciclo vital a las que se dirigen: Infancia, Adolescencia, Adultez y Vejez.

 

 

1. Películas infantiles y duelo

El cine y algunos dibujos animados pueden servir para introducir el concepto de la muerte y poder hablar de ella con los niños; por otro lado pueden ayudar a entender la situación que están viviendo, dar respuesta a preguntas que les inquietan y/o superar duelos de una forma positiva.

Para hablar con los niños de la muerte o para ayudarles en su proceso de duelo es muy importante tener en cuenta su edad y su capacidad de comprensión. A partir de los 2 o 3 años, el niño empieza a discernir algunos conceptos; además, ya se acumulan experiencias audiovisuales vinculadas directa o indirectamente con la muerte, aunque hay que tener en cuenta que existen dificultades para separar realidad y ficción.

Pero no todas las películas para todos los públicos son aptas para cualquier edad, ya que algunos niños no están preparados para determinadas escenas. Además, no son didácticos los falsos fallecimientos ni los ajustes de cuentas o venganzas que envuelven algunos fallecimientos, puesto que pueden confundir al niño, como es el caso de las películas que se indican a continuación.

Blancanieves. La protagonista muere, pero resucita con el beso del príncipe; Blancanieves, además, siente alegría por la muerte de la malvada bruja.

El libro de la selva. Baloo vuelve a la vida tras el ataque mortal del tigre Shere Khan.

La bella durmiente. La protagonista duerme misteriosamente durante años a causa de un hechizo.

Estos tipos de “muerte” puede desconcertar al espectador.

 

Películas recomendadas:
  • Bambi 
    Narra la historia de un cervatillo que vive la muerte de su madre. Se aborda de forma natural la muerte de la madre y la superación por parte del protagonista.

  • El rey león 
    Narra las aventuras de un pequeño león, heredero al trono, que contempla la muerte de su padre, y tras la cual adquiere un sentimiento de culpabilidad –sentimiento habitual en algunos niños de 2 a 6 años. El cachorro es injustamente acusado de la muerte de su padre y se autoexilia. Las escenas de esta película reflejan el dolor del cachorro por la pérdida y también los pasos para encontrar la integridad después de la muerte del padre, así como la importancia de la red social en el proceso de duelo.

  • Buscando a Nemo 
    En esta película la muerte aparece desde el primer momento: el protagonista, Nemo, y su padre son los únicos supervivientes de un ataque en el que muere la madre. Aunque la película se desenvuelve entre el humor y la aventura, el argumento subyacente nace de esta tragedia y gira alrededor del miedo a la muerte y a la pérdida de los seres queridos.

  • Tiana y el sapo 
    En esta película, Ray, la simpática luciérnaga que acompaña a Tiana en sus desventuras, muere aplastada por un malvado villano. La trama indica emotivamente que Ray, tras su muerte, se reúne para siempre con su amada, Evangeline, la estrella polar, ya que junto a ella se ilumina una nueva estrella brillante. Esta película puede ayudar a responder preguntas sobre qué pasa tras de la muerte o hacia dónde van los seres queridos.

  • Del revés (INSIDE OUT)
    La protagonista Riley es una chica que padece toda clase de emociones. Su vida ha estado siempre marcada por la Alegría, pero lo que no entiende muy bien es por qué motivo tiene que existir la Tristeza.
    Reconoce la tristeza, ésta valiosa emoción que se encarga del recogimiento, de dedicar tiempo a pensar, a meditar y a ayudar a cerrar etapas tras cambios, pérdidas y rupturas.

  • La vida de Calabacín
    Calabacín es un niño valiente que después de perder a su madre tiene que ingresar en un hogar de acogida. Se esfuerza por encontrar su lugar en ese nuevo medio hostil y, con la ayuda de sus nuevos amigos, Calabacín aprende a confiar, encuentra el verdadero amor y una nueva familia.
    Muestra como la muerte de un ser querido influye en la vida de los niños de forma drástica. Es una historia llena de valores y esperanza, toda una lección vital.

 

En www.psicologoricardoguevara.es.tl se pueden encontrar videos animados para ayudar a superar el duelo en niños.

 

2. Películas para adolescentes

 
  • La dama y la muerte 
    Este corto de animación muestra la lucha entre la vida y la muerte, que puede ser útil para trabajar el final de la vida, la nostalgia por los seres queridos que han muerto y la posibilidad de reunirnos con ellos, escoger la propia muerte y la idea de la soledad.

  • Ponette 
    La película relata el duelo de una niña de 4 años por la muerte de su madre en un accidente de tráfico. Aborda los siguientes aspectos: miedos y dudas sobre la muerte, la forma más óptima para dar malas noticias, reacciones en el proceso de duelo, conducta de búsqueda y la necesidad de obtener otras figuras de protección.

  • El hombre bicentenario 
    Esta película habla sobre la transformación de un robot de ayuda doméstica sin sentimientos, Andrew, preparado para durar en el tiempo; por lo tanto, se ve expuesto a diferentes situaciones y a muertes de personas que son importantes para él. Es útil para analizar los sentimientos y emociones que aparecen en el proceso de duelo y la idea de inmortalidad. Es interesante observar cómo afecta a Andrew ver morir a las personas que quiere, cómo se siente al vivir tanto tiempo y qué motivos le llevan a querer ser humano.

  • Mi chica 
    El film narra la historia de una niña que ha perdido a su madre y cuyo padre es el dueño de la funeraria del pueblo donde viven. Ayuda a trabajar las relaciones personales en la infancia, a afrontar la muerte de la figura materna y de otras personas, y destaca la importancia de la comunicación en estos casos.

  • Up 
    Esta película de animación de Disney se basa en la relación entre dos personajes, Russell, un pequeño boy scout, y el señor Friedericksen, un anciano gruñón que ha perdido a su mujer. Este filme enfoca el duelo desde cuatro ángulos diferentes: el duelo del protagonista por la pérdida de su esposa, el duelo por la pérdida de la madre, el duelo por la pérdida de reconocimiento y de prestigio, y el duelo por la pérdida del amor paterno. Ayuda a trabajar las reacciones de apego, la añoranza por un ser querido, los cambios, el hecho de desprenderse de cosas, la comunicación, la creación de nuevas relaciones y las emociones que aparecen tras la muerte.

  • Los descendientes
    Se trata de una película cuya temática central no es la muerte, pero se acerca a una realidad que puede darse por causas diversas: la pérdida de uno de los progenitores —en este caso, la madre. Plantea varios temas para reflexionar: las diferentes reacciones que se dan en cada hijo según la edad, la búsqueda del respeto hacia la persona que va a fallecer, la relación paterno-filial, la evolución de las emociones y los reajustes familiares que se producen ante el duelo.

  • La novia cadáver 
    Película tenebrosa de Tim Burton sobre un muchacho prometido llamado Víctor que, antes de su boda, por error, introduce un anillo de compromiso en la raíz de un árbol, que resulta ser el dedo de una mujer muerta. A partir de ese momento la chica muerta reclamará sus derechos como "prometida". Algunos de los temas que se pueden trabajar en la película son los conceptos de vida y de muerte, la relación de apego, los vínculos afectivos, el sentido de la muerte y del amor, y las emociones que surgen ante lo desconocido.

  • Frankenweenie
    Cortometraje animado de Tim Burton en el que un joven realiza un experimento científico para resucitar su amado perro Sparky. Este experimento tiene unas consecuencias monstruosas y le obliga a afrontar nuevas situaciones. Es útil para abordar los siguientes temas: reconocer el duelo por la pérdida de mascotas, los sentimientos de culpa, el sentido de la muerte y de la vida, la necesidad de reencuentro con lo perdido y la resurrección.

  • Como entrenar a tu dragón 2
    Astrid, Patán y el resto de la banda se retan mutuamente en carreras de dragones, la inseparable pareja viaja a través de los cielos reconociendo nuevos territorios y explorando nuevos mundos.
    Explora el sentimiento de la pérdida desde distintos puntos de vista. Es interesante por el valor que se le da a la herencia y al legado que se deja en los demás.

  • El viaje de Chihiro
    Chihiro niña de 10 años, atraviesa un túnel que la lleva, por arte de magia, a un mundo paralelo donde todo lo fantástico acontece de la manera natural, como el que sus padres sean convertidos en cerdos. Al intentar recuperar su identidad, la protagonista debe dejar atrás a sus padres y comenzar un nuevo camino.
    De manera metafórica, muestra como la niña debe enfrentase a la complicada etapa de la adolescencia, con todas las pérdidas que ésta conlleva de valores, sentimientos, recuerdos y experiencias anteriores.

  • BIG HERO 6
    Cuando una serie de terribles acontecimientos amenazan con devastar la ciudad, el joven Hiro, recurre a su mejor amigo, el robot Baymax. Juntos reclutarán una banda de superhéroes llamada Big Hero 6 que intentará frustrar los planes del malvado Yokai.
    Muestra el valor de la amistad, del perdón y de la importancia del legado, de los valores que nos dejan los seres queridos que ya han fallecido.

  • Hermano oso
    Kenai es un joven indio nativo americano que culpa a un oso de la muerte de su hermano. Tras perseguir al animal acaba con él, pero entonces, las fuerzas mágicas de la Naturaleza le transforman en oso.
    Enseña a procesar la pérdida de un ser querido y ayuda a trabajar el sentimiento de culpa.

 

3. Películas para adultos

  
  • Azul 
    Este filme forma parte de una trilogía de películas, dirigidas por Krzysztof Kieslowski, dedicada a los colores de la bandera francesa: azul, rojo y blanco. En un accidente de coche, Julie pierde a su esposo, Patrice, un prestigioso compositor, y a la hija de ambos, Anna. Al recuperarse de sus lesiones, Julie decide comenzar una nueva vida: independiente, solitaria y anónima, alejada de los privilegios que antes disfrutaba.

  • Despedidas 
    Este largometraje japonés narra la historia de un violonchelista que, tras perder su trabajo en la orquesta donde tocaba, regresa con su esposa a su ciudad natal y encuentra empleo en una funeraria. Su trabajo consiste en ocuparse de la ceremonia del amortajamiento de los difuntos, de darles la última despedida. La película narra de manera magistral cómo son las ceremonias y rituales funerarios en Japón, que tienen una gran importancia, tanto en la cultura oriental como en la occidental.

  • Feliz cumpleaños, amor mío 
    Esta película, dirigida por David E. Kelly, narra la historia de un viudo que, dos años después de la muerte de su esposa, sigue “viéndola”. La historia ofrece una visión diferente sobre cómo el amor perdura más allá de la muerte y sobre cómo el protagonista aprende a vivir con la pérdida.

  • La habitación del hijo 
    Narra la historia de una familia, formada por un padre, una madre y dos hijos, uno de los cuales fallece mientras bucea. La película realiza un retrato de las emociones que experimenta cada uno de los miembros de la familia tras la muerte y de cómo cada uno se adapta al dolor de la mejor manera posible.

  • Los límites del silencio
    Con Andy García, quien interpreta a un psicólogo experto, que pierde a su hijo por suicidio. Con el paso del tiempo se enfrentará a los sentimientos de culpa, que aún siente por la muerte de su hijo, al trabajar intentando rehabilitar a un difícil joven de 17 años.

  • Mar adentro
    Ramón lleva casi treinta años postrado en una cama al cuidado de su familia. Su única ventana al mundo es la de su habitación, que da al mar, donde sufrió el accidente que interrumpió su juventud. Desde entonces, su único deseo es morir. Su vida está influenciada por dos mujeres: Julia una abogada que apoya su causa, y Rosa, una vecina que intenta convencerlo de que vivir merece la pena.

  • Mi vida 
    En esta película, Bruce Joel Rubin describe cómo cambia la vida de un exitoso hombre de negocios, casado y a punto de ser padre, cuando, tras unas pruebas médicas, descubre que padece una grave enfermedad y que le queda poco tiempo de vida. Esta película encara de forma magistral el duelo por la pérdida paulatina de la propia salud y de las capacidades, el duelo por la pérdida de un futuro planeado y el duelo por la pérdida del ser querido.

  • Mi vida sin mi 
    Este filme, escrito y dirigido por Isabel Coixet, narra la historia de una joven madre de familia que descubre, durante una revisión de rutina, que le quedan tres meses de vida. Decide no compartir la noticia y organizarlo todo para facilitar la vida de sus seres queridos cuando ella ya no esté. La historia trata del impacto que tiene en la vida de la protagonista el hecho de tomar consciencia de su propia muerte.
  • Posdata: Te quiero 
    Esta película describe la historia de una mujer cuya pareja fallece a consecuencia de un tumor cerebral. La muerte se produce al inicio de la película, por lo que la historia se centra en las adaptaciones que la protagonista debe hacer en su vida para aprender a vivir sin la presencia de su marido. Pero aparecen unas cartas y grabaciones que la protagonista empieza a recibir el día de su cumpleaños, en las que su marido le pide que siga adelante con su vida. Esto la ayuda a tender un puente, desde el momento en el que se quedó estancada, cuando el marido murió, hasta la actualidad, y así dar un sentido a la vida y tejer lazos con ella. Así, la protagonista integra lo sucedido como parte de su historia vital y resuelve su duelo.

  • Siempre a mi lado
    A Charlie St. Cloudle le afecta tanto la muerte de Sam, su hermano menor, que acepta un trabajo en el cementerio donde el pequeño está enterrado. Charlie tiene un vínculo especial con su hermano, cada noche se encuentra con él para hablar y jugar juntos. Pero, cuando una chica entra en la vida de Charlie, tiene que enfrentarse a una dura elección.

  • Truman
    Julián y Tomás, dos amigos de la infancia que han llegado a la madurez, se reúnen después de muchos años y pasan juntos unos días inolvidables, sobre todo porque éste será su último encuentro, su despedida.
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51 Valoraciones, valoración media 4,4 de 5.

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Última modificación: 19/05/20 14:01h

Comentarios

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Ma.Carme 08 de Mayo de 2021
Estic entrant tot just en aquest món del dol. El que sento ara mateix hem fa buscar experiències.
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Alba 21 de Julio de 2021
Hola,
M'agradaria rebre orientació sóc infermera de fa més de 25 anys i m'interessa començar a entrar en acompanyament al dol en processos final de vida....no sé si sabeu on puc adreçar-m si hi ha alguna manera de poder iniciar sigui en alguna associació o altre..... m'he format recentment en un postgrau d'acompanyament de la UDG .
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infermera virtual 16 de Agosto de 2021
Hola Alba, ens posarem en contacte amb tu per correu electrònic.
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carme 21 de Agosto de 2021
SOC tcai i amb unes companyes estem fem un treball sobre el rol de la TCAI en el proces de final de vida , estem interesades a rebre informacio sobre doletc

GRACIES
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infermera virtual 24 de Agosto de 2021
Hola, Carme
Pots consultar molta més informació a l'apartat de bibliografia. Esperem que et sigui d'utilitat per al treball.
Salut
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Yaneth 16 de Noviembre de 2021
Siempre es importante entregar acciones concretas... el modelo de las 15 tareas del duelo por ejemplo es una de las ayudas, se puede bajar su app. También, el pertenecer a un grupo de apoyo.
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