Lo que necesita saber: Adultez

Respirar

Tomar conciencia de la respiración y practicar técnicas de respiración para recargar energía y descargar la tensión mental. Observar la profundidad, el ritmo, las pausas… la distensión muscular que proporciona la respiración. Hacer esto durante unos minutos cada día reduce la frecuencia cardíaca, disminuye la tensión arterial, mejora la circulación sanguínea y la oxigenación celular. Ayuda a descargar la tensión mental, a hacer un alto en el camino para recargar energía; es un buen mecanismo para drenar el estrés.

 

La respiración abdominal es una técnica útil y sencilla para aliviar el estrés. Consiste en inspirar aire por la nariz y mantenerlo en los pulmones durante dos o tres segundos, hinchando el abdomen. Después se expira poco a poco por la boca, deshinchando el abdomen. Para comprobar si lo realizamos correctamente podemos colocar la mano sobre el vientre para percibir si se hincha cuando cogemos el aire y se deshincha al soltarlo.

Se recomienda tener en cuenta todos los consejos generales, que permitirán adoptar medidas saludables en relación con la actividad de la vida diaria de: 

Respirar

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Comer y beber

Seguir una dieta adecuada individualizada. Las personas que se acercan a la madurez y mantienen un peso normal deben ir reduciendo la ingesta de calorías de los años anteriores, ya que entre los 20 y los 50 años el metabolismo suele enlentecerse y se va ganando peso comiendo igual que durante la juventud.

 

Las mujeres deben aumentar la ingesta de alimentos ricos en calcio, en fibra y en hierro para prevenir y/o disminuir los efectos de la descalcificación y anemias. Es recomendable no abusar de algunos productos estimulantes como el café, el té o algunos medicamentos que generan nerviosismo.

Beber agua o líquidos. Con la edad se va perdiendo la sensación de sed, por lo que es necesaria la ingesta de agua o líquidos para mantener el equilibrio de líquidos de forma adecuada.

En la etapa adulta lo más sano es comer de forma variada y más rica en productos de origen vegetal. Es necesario evitar las grasas y disminuir el consumo de azúcar y sal. 

  
Se recomienda tener en cuenta todos los consejos generales, que permitirán adoptar medidas saludables en relación con la actividad de la vida diaria de: 

Comer y beber

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Moverse y mantener una postura corporal correcta

Realizar actividad física. Se aconseja realizar una actividad física moderada porque reduce el riesgo de tener enfermedades cardiovasculares. Dar paseos a paso ligero durante un mínimo de veinte minutos de tres a cinco días a la semana.

 

Mejor que el ejercicio moderado u ocasional es practicar tres o más veces a la semana y durante un mínimo de veinte minutos algún ejercicio que requiera el esfuerzo suficiente como para aumentar el ritmo del pulso hasta casi el 75 % de su capacidad máxima. Este ejercicio puede ser nadar, correr, andar deprisa o ir en bicicleta, aumenta la capacidad del corazón y de los pulmones, disminuye la presión sanguínea y disminuye el índice de grasa corporal. Este ejercicio facilita la pérdida de peso porque disminuye el apetito e incrementa el metabolismo.

En las personas adultas mayores el ejercicio mejora la circulación sanguínea y con ello la función cognitiva. Es importante mantener un patrón regular de ejercicio en las mujeres antes y durante el climaterio, ya que aumenta la masa ósea y esto previene y retrasa la osteoporosis.

Otras prácticas recomendadas son las que permiten ejercitar el cuerpo y la mente, como son el yoga, el taichi o el chi kung. Son técnicas que permiten ejercitar el cuerpo de forma suave, no agresiva, con menor riesgo de lesionarse, y además potencian la concentración, la atención, la coordinación y el equilibrio. 


Evaluar el estado de salud antes de iniciar actividades de ejercicio físico en caso de tener algún problema de salud o dudas. Las personas mayores de 40 años pueden evaluar su estado de salud previamente a realizar ejercicio, especialmente las que presentan o han presentado dolor en reposo o durante el ejercicio, tensión arterial elevada, dificultad respiratoria al realizar ejercicios suaves, alteraciones en el pulso estando en reposo (pulso rápido e irregular o pulso muy lento), están en tratamiento farmacológico por problemas cardíacos o circulatorios o tienen diabetes. 


Se recomienda tener en cuenta todos los consejos generales, que permitirán adoptar medidas saludables en relación con la actividad de la vida diaria de: 

Moverse y mantener una postura corporal correcta

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Reposar y dormir

Respetar el tiempo dedicado al sueño y el descanso. Cada persona tiene su propio ritmo vital de actividad y descanso, y es importante respetar nuestros tiempos y necesidades. Como pauta general es necesario dormir un mínimo de entre seis y ocho horas por la noche y hacer descansos de cinco a diez minutos de vez en cuando a lo largo del día para conseguir que el sueño y el descanso sean reparadores.

 

Renovar la energía. Para aquellas personas que tengan interés, una de las prácticas sencillas que ayudan a renovar la energía es la meditación. La meditación 30 minutos al día es altamente saludable, ya que permite conectar con uno mismo, equilibra cuerpo, mente, emociones y espíritu, aporta calma interior, ayuda a desarrollar el hemisferio cerebral derecho y fortalece el sistema inmunitario.

Se recomienda tener en cuenta todos los consejos generales, que permitirán adoptar medidas saludables en relación con la actividad de la vida diaria de:

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Mantener una ingesta adecuada de líquidos y alimentos con fibra. Es importante mantener una ingesta correcta de líquidos para liberar toxinas a través de la orina, de las heces y también del sudor. Las fibras en la dieta favorecen la eliminación intestinal y previenen el estreñimiento tan frecuente en personas que realizan un trabajo sedentario o poca actividad física.

 

Permitir la transpiración natural. Utilizar tejidos naturales, que son más saludables que los sintéticos, y desodorantes que permitan la transpiración. Se recomienda evitar el uso de desodorantes por la noche al ir a descansar para favorecer la regulación natural.

Se recomienda tener en cuenta todos los consejos generales, que permitirán adoptar medidas saludables en relación con la actividad de la vida diaria de: 

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Evitar peligros y prevenir riesgos

Qué hay que hacer periódicamente 

  • Medición de la tensión arterial. Es recomendable que las personas adultas mayores de 20 años se tomen la presión arterial al menos una vez al año. En caso de las personas hipertensas con tratamiento, deben seguir el protocolo del centro de salud. Se recomienda una medición regular de cada seis meses a la personas mayores de 50 años. 

 

  • Medición del peso y la talla en personas adultas junto con el índice de masa corporal (IMC). Se aconseja una medición del peso cada cuatro años a partir de los 20 años, con una valoración de la talla a los 20 años o en la primera visita en la que se registre el peso. Según protocolos clínicos. 
  • Control de hipercolesterolemia en hombres de 35 a 65 años y en mujeres de 45 a 65 años y en jóvenes menores de 35 años con antecedentes familiares de colesterol elevado o enfermedad coronaria prematura (antes de los 50 años). Los expertos sugieren un control cada cinco años.
  • Control de sangre oculta en heces anual en personas mayores de 50 años para la detección precoz del cáncer de colon. No hay evidencias para establecer la frecuencia de la sigmoidoscopia (exploración endoscópica del colon sigmoide), aunque algunos expertos sugieren cada tres o cinco años. 
  • Control radiológico mediante una mamografía en las mujeres a partir de los 50 años para la detección precoz del cáncer de mama.
  • Prueba de detección precoz del cáncer de cérvix en las mujeres a partir de los 25 años.
  • Revisión de los cambios en el diámetro, la simetría, los bordes y el color de las pecas o las manchas a la piel.  
  • Revisión ocular y auditiva anual en personas mayores de 50 años. 
  • Prueba de detección de VIH en personas con riesgo como afectados por otras enfermedades de transmisión sexual, consumidores de drogas por vía parenteral y parejas sexuales de personas infectadas por el VIH. 
  • Seguir programas de vacunación establecidos para la población adulta. 
  • Consultar siempre y rápidamente con un especialista cuando se presenten síntomas de depresión, ansiedad, pensamientos obsesivos, ideas suicidas, insomnio persistente, agotamiento y comportamientos destructivos o violentos; cuando los síntomas interfieren en las actividades cotidianas o dañan las relaciones afectivas importantes y cuando no se ha resuelto el conflicto después de haberlo intentado. Es igualmente necesaria la intervención de profesionales especializados en los casos de malos tratos, explotación o acoso y la víctima no puede protegerse de los agresores, y en casos de adicción al alcohol y las drogas (Rojas Marcos, 2008).
  • Evitar los factores y conductas de riesgo, y potenciar los factores y las conductas de protección

 
Manejar adecuadamente el estrés. Es importante conocer la reacción de uno mismo ante un nivel de estrés determinado para poder afrontarlo de forma rápida. Existen múltiples formas de afrontar las situaciones de estrés y seguramente no hay un recurso o una estrategia que sea útil para hacer frente a todos los sucesos estresantes. Cada persona reacciona y afronta el estrés de manera diferente, el afrontamiento es un proceso cambiante y no existe un tipo de afrontamiento universalmente bueno o malo, sino que su efectividad depende de varios factores: la persona, la situación y la relación entre ambas (Fornés, 2008). Sin embargo, existen algunas estrategias básicas y sencillas que pueden ayudar al manejo del estrés.

 

Algunos ejemplos de estas estrategias de afrontamiento son:

  • Descargar la tensión física utilizando alguna técnica de relajación, masajes, respiración abdominal y profunda, pasear, escuchar música, descansar... Los ejercicios de tensión-relajación muscular contribuyen a la relajación mental.
  • Distanciarse emocionalmente de la situación para poder reflexionar y analizar con calma las decisiones a tomar.
  • Reconocer la propia responsabilidad en el problema y pedir disculpas.
  • Aprender a delegar y compartir con los demás las responsabilidades, darse premios...
  • Disfrutar de la vida, introduciendo en la vida cotidiana las cosas y los momentos que aporten bienestar, alegría, buen humor, tranquilidad y paz.
  • Buscar apoyo social para obtener información, consejo o simpatía y comprensión para compartir el problema.
  • Mantener hábitos saludables, especialmente en la alimentación, el descanso, el sueño y la actividad física.

 
Se recomienda tener en cuenta todos los consejos generales, que permitirán adoptar medidas saludables en relación con la actividad de la vida diaria de: 

Evitar peligros y prevenir riesgos

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Comunicarse e interactuar socialmente

Cuidar las relaciones afectivas. Las relaciones afectivas con los demás necesitan ser analizadas de forma periódica para dar respuesta a los cambios normales de la vida, solucionar los problemas que surgen y afrontar las nuevas experiencias a lo largo de la trayectoria vital, como el nacimiento de un hijo, el éxito profesional, los agobios económicos, las enfermedades, las relaciones con los hijos adolescentes rebeldes o el cuidado de padres y familiares mayores. Por todo ello, las buenas relaciones exigen motivación, flexibilidad, planificación y esfuerzo para escuchar, comprender y perdonar.

 

Actuar ante las situaciones que dificultan o dañan los vínculos afectivos. Cuando las relaciones de pareja, familiares o laborales se ven afectadas y causan un desequilibrio emocional es imprescindible intervenir para resolver la situación y evitar/paliar el sufrimiento y la frustración que amarga la vida. Algunas pautas a seguir para la resolución de los problemas que alteran el estado emocional son

  • Tomar conciencia del problema. 
  • Analizar, comprender y explicarse racionalmente la dinámica de la relación, y los sentimientos y conductas que provoca en uno mismo. 
  • Reconocer la parte de responsabilidad que corresponde a uno mismo. 
  • Compartir el problema con las personas implicadas, si es posible, y valorar el interés en solucionarlo. Si hay acuerdo, establecer de forma conjunta los objetivos e iniciar la intervención. 
  • Usar los propios recursos personales y beneficiarse de la ayuda de los buenos amigos y/o de la familia.

 
Establecer y mantener una red social significativa. Las relaciones sociales dan sentido a la vida de las personas, favorecen la identidad y el significado, lo que estimula a mantener las prácticas de cuidados de salud y a seguir viviendo. También la red social actúa como monitor de la salud corrigiendo y avisando sobre comportamientos o conductas no saludables. Cada vez hay más evidencias de que la integración social tiene una correlación directa entre la calidad de la red social y la calidad de la salud. Tener un grupo social con quien contar está asociado con la necesidad de todas las personas de tener un grupo de pertenencia de referencia, especialmente en momentos difíciles.

- factores y conductas de protección en la adultez

Se recomienda tener en cuenta todos los consejos generales, que permitirán adoptar medidas saludables en relación con la actividad de la vida diaria de: 

Comunicarse e interactuar socialmente

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Trabajar y divertirse

Establecer y mantener buen ambiente laboral. Realizar un trabajo que satisface fomenta la autonomía, la autoeficacia, y proporciona el privilegio de participar y contribuir en la sociedad. La ocupación laboral es considerada por bastantes personas una fuente de identidad personal y social que aporta ilusión y significado a sus vidas. La calidad de las relaciones laborales es un factor determinante que contribuye a la autovaloración de las personas.

 

Con frecuencia el entorno laboral provoca estrés, con la consiguiente inestabilidad emocional de la persona. En estos casos es importante evaluar la calidad de las relaciones con los compañeros y superiores, y si el nivel de exigencia o responsabilidad es coherente con las capacidades y aspiraciones de uno mismo.

Tomarse tiempo libre para disfrutar de otros placeres de la vida. Para liberarse de las tensiones cotidianas a causa del trabajo, de las cargas familiares, etc., es necesario dedicar un tiempo a divertirse y cuidar la salud. Es importante reunirse con amigos y/o hacer nuevas amistades para mantener un entorno social y activo. En caso de tener hijos es importante dedicarles tiempo para compartir momentos agradables.

Se recomienda tener en cuenta todos los consejos generales, que permitirán adoptar medidas saludables en relación con la actividad de la vida diaria de: 

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Tópicos y conductas erroneas

El período de madurez en la persona adulta no se puede caracterizar como una crisis de los 40 o crisis de la edad madura. La imagen que la gente tiene de la madurez está llena de clichés, expresiones como crisis de los 40, curva de la felicidad o edad otoñal sugieren inactividad, resignación e incluso desesperación. Actualmente el tono de ellas apenas refleja la verdad, ya que la mayoría de adultos entre 40 y 60 años dicen que se sienten más sanos y satisfechos consigo mismos y con sus vidas. Es cierto que no se puede generalizar, ya que en este período algunas personas tienen problemas de salud, sus facultades mentales van disminuyendo o ven aumentada su carga de responsabilidades a causa de padres ancianos o de hijos adultos.

 

Está claro que el declive físico afecta a todas las áreas del adulto; sin embargo, no debe sobreestimarse sus efectos, porque las consecuencias de éste están determinadas en gran parte por la actitud con la que las personas lo enfrentan. Para la mayoría de las personas adultas, la madurez es un período de transición que plantea desafíos y problemas especiales que es preciso afrontar. Las diferencias individuales en la respuesta a los cambios y experiencias son amplísimas, lo cual explica el intento fallido de clasificar la madurez como una etapa de “crisis universal” (Klohnen EC, 1996). La calidad de vida de cada persona está relacionada directamente con la visión que tiene de ella misma y con las decisiones que toma sobre cómo vivirla.

Los cambios en la competencia intelectual no implican un deterioro de la misma. Es evidente que con la edad los cambios biológicos y la enfermedad afectan al rendimiento intelectual de las personas y algunas capacidades se deterioran o disminuyen. Otros factores como el estilo de vida y el nivel de educación también se relacionan con el mantenimiento o la disminución de las competencias intelectuales. Sin embargo, los patrones individuales pueden variar mucho de una persona a otra.

Hasta hace poco la mayoría de investigaciones relacionadas con el desarrollo de las capacidades mentales en el período de madurez mostraban que el rendimiento de las facultades de la inteligencia como la atención o la memoria disminuían con el paso del tiempo. Estas capacidades eran evaluadas a partir de los tests de inteligencia o tareas de resolución de problemas en una consulta o en un laboratorio y las personas jóvenes obtenían un rendimiento más alto que los mayores. Sin embargo, las nuevas investigaciones de las últimas décadas relativizan la importancia de este declive, han considerado que estos tests no son significativos para la evaluación de la competencia intelectual en la etapa adulta y han sugerido que determinadas capacidades o habilidades mentales pueden aumentar con la edad (Triadó, 2008). Así, mientras las capacidades mentales básicas como la rapidez mental, el razonamiento inductivo, el razonamiento matemático, etc., suelen disminuir al inicio de la madurez, otras como la plasticidad (capacidad de la mente humana que permite por una parte reaccionar ante una pérdida para contrarrestarla -total o, si no es posible, parcialmente- y por otra implicarnos en procesos de mejora, todo ello con independencia de la edad), la pericia en tomar decisiones y resolver de forma efectiva los problemas en diferentes situaciones vitales, que están relacionadas con la experiencia y el nivel educativo de la persona, mejoran y aumentan en la madurez y la vejez (Baltes, 2000). Según Schaie KW, el investigador más reconocido en el estudio de las capacidades mentales en la adultez, está demostrado que el hecho tener un buen nivel educativo y social, estar implicado en actividades diversas y mantener un interés intelectual contribuye significativamente a un rendimiento intelectual óptimo, hasta edades muy avanzadas.

Dar sentido y ampliar la identidad del individuo

La menopausia no significa declive y/o pérdida de feminidad. En las mujeres la etapa madura y la menopausia tienden a confundirse y solaparse de tal modo que muchos de los problemas adjudicados a la menopausia se deben en realidad a sus condicionantes sociales y de género, lo que profundiza la estigmatización de ese período.

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Descripción

La adultez es la etapa más extensa de la vida de la persona, ya que en muchas sociedades occidentales comienza legalmente a los 18 años y termina a los 65. Comprende, por lo tanto, un largo período de tiempo en el cual intervendrán muchas variables sociales, culturales y psicológicas que condicionarán el desarrollo de la persona adulta durante su juventud y madurez. Con el fin de reflejar la forma como la sociedad ordena y estructura los diversos grupos de edad y da a cada uno de ellos funciones específicas, las ciencias sociales diferencian dos etapas para la adultez: el adulto joven (de 19 a 25 años) y el adulto maduro (de 26 a 65 años).

 

Durante este largo período de tiempo las personas desempeñan gran cantidad de actividades sociales, asumen responsabilidades cívicas y legales, y pasan por experiencias muy diversas, y todo ello hace que sea una de las etapas más complejas de la existencia humana. A pesar de esta complejidad, la adultez, para la mayoría de las personas, representa un período lleno de oportunidades para seguir creciendo y desarrollándose. Se considera una etapa productiva y de transición para el individuo en la cual se mezclan la juventud y la experiencia.

La adultez es una de las etapas de la vida en que se desarrollan más profundamente las capacidades para establecer y mantener los vínculos familiares y las relaciones sociales. Simbólicamente en esta etapa se marca el medio siglo de existencia o la mitad de la vida, momento éste en el que tanto hombres como mujeres tienen con frecuencia crisis existenciales; es un tiempo de búsqueda dentro del alma, de cuestionamiento y evaluación de los logros alcanzados; acaban de vivir la mitad de su vida y es fundamental comenzar a vivir la otra mitad.

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Evolución del concepto de adultez

Es difícil definir cuando los niños se convierten en adultos, ya que el concepto de edad adulta varía según la cultura. En algunas culturas los niños a partir de diez años empiezan a asumir responsabilidades de la edad adulta, mientras que en este momento en la cultura occidental mujeres y hombres no logran una vida independiente de sus padres hasta alrededor de los treinta años. El estudio científico sobre el desarrollo adulto y el envejecimiento es relativamente reciente. Una razón para ello es que hasta principios del siglo XX la gente asumía que la etapa adulta era un período de estabilidad. Otra razón es que pocas personas llegaban a la ancianidad, por tanto la vejez no era una preocupación. Tradicionalmente los estudios del ciclo vital se centraban en la infancia y la adolescencia, y no es hasta los años 50 y 60 cuando aparecen los primeros estudios sobre la persona adulta, específicamente en el aspecto intelectual. Hasta los años 80, la concepción sobre el cambio evolutivo en las personas a través de las diferentes etapas del ciclo vital tenía connotaciones bastante negativas, ya que se explicaba exclusivamente desde los cambios biológicos que se producían. Según esta visión, la trayectoria vital típica de una persona tenía las siguientes fases:

 

  • La primera, que se inicia en el nacimiento y se caracteriza por las ganancias y crecimientos en todas las estructuras y funciones del organismo. 
  • La intermedia, que tiene un inicio y un final poco definidos y se caracteriza por la estabilidad y el funcionamiento óptimo del organismo. 
  • La final, que termina con la muerte y se caracteriza por acumular pérdidas en todas las estructuras y funciones del organismo.

 
Según este modelo de ciclo vital, la primera parte de la vida es de progreso y la segunda es de declive hasta llegar a la muerte. La infancia y la adolescencia serían procesos de optimización, y la etapa adulta y la vejez, de degeneración progresiva.

Este modelo fue criticado por algunos investigadores europeos y norteamericanos que, a pesar de que no negaban que la edad biológica es una característica que puede definir la evolución de las etapas en el ciclo vital, no estaban de acuerdo en la aplicación de este modelo a las dimensiones psicológicas y sociales de las personas. Propusieron y dieron otro enfoque más optimista al desarrollo evolutivo de la persona adulta (life span o ciclo vital). En este sentido, el desarrollo no se podía entender como un proceso único de crecimiento característico de la infancia y de la adolescencia, sino que debería integrar todos los procesos de cambio que se producen a lo largo de la vida de la personas. Estos procesos no siguen necesariamente patrones fijos y predeterminados (progreso en la infancia y la adolescencia, declive en la vejez), sino que pueden producirse en cualquier punto del ciclo vital, pueden ser tanto positivos como negativos y pueden tener una duración variable.

Los procesos de cambio no tienen por qué afectar necesariamente de la misma manera a todas las dimensiones del ser humano. Algunas dimensiones, como la biológica, se pueden deteriorar con la edad, pero las dimensiones psicológica y social pueden mantenerse estables o incluso mejorar. En definitiva, en todas las etapas hay pérdidas y ganancias, los procesos de cambio pueden ser diferentes en cada persona, y estarán condicionados por la capacidad de adaptación de ésta (Triadó, 2000).

Este modelo de life span (parte de la psicología que estudia el desarrollo de la personalidad a lo largo de la vida y también el contexto social, político y cultural en que se produce dicho desarrollo)  o ciclo vital resulta más optimista que el anterior al considerar que puede haber ganancias en todas las etapas del ciclo vital y que la persona tiene capacidad de adaptarse y compensar algunas pérdidas. Aunque actualmente no existe un acuerdo unánime sobre la temporalización y/o duración de los acontecimientos que determinan la transición de un a otro período dentro de la edad adulta, con el propósito de diferenciar y explicar los cambios que en ella se producen se ha dividido en dos períodos cronológicos: 

  • Adulto joven, de 19 a 25 años. 
  • Adulto maduro, de 26 a 65 años.

 
Estos períodos por sí solos no pueden explicar los cambios biológicos, psicológicos y sociales que se producen en la persona. Para ello es fundamental contemplar las diferentes edades (cronológica, biológica, social y psicológica) de la persona a fin de situarla y definir cada etapa evolutiva (Schaie, 2005):

  • La edad cronológica es el tiempo que ha vivido una persona y se determina por la fecha de nacimiento; es un índice que tiene poco significado por sí mismo, ya que lo que importa es lo que le ha ocurrido, a la persona, conforme ha ido pasando el tiempo (Schaie y Hertzog, 1985; Schroots y Birren, 1990). 
  • La edad biológica es la edad en relación con el grado de envejecimiento orgánico de la persona. La edad biológica puede no coincidir con la cronológica, p. ej., las personas que gozan de buena salud orgánica tendrán una edad biológica inferior a la cronológica, y viceversa. 
  • La edad social viene determinada por la posición alcanzada respecto a los logros sociales consensuados por la sociedad y la cultura, pero estos pueden variar debido a los cambios sociales (Freund, 1997; Riley, 1999). 
  • La edad psicológica es un indicador del funcionamiento de la persona en respuesta a las demandas de su entorno. Viene determinada por la inteligencia, la capacidad de aprendizaje, la memoria, la motivación, los sentimientos y las actitudes (Birren, 1990).

   
Estas edades y los factores que las determinan son experimentados de forma distinta por cada persona y no siempre suelen converger. Cada persona sigue un desarrollo vital único, fruto de la interacción de todos estos factores. En conclusión, podría decirse que la adultez es la etapa del ciclo vital que comprende el largo período de vida que va desde los 19 años hasta los 65, en el cual la persona va experimentando cambios y viviendo acontecimientos que le permiten desempeñar nuevos roles en la vida que determinarán su desarrollo durante el período de adulto joven y de madurez, períodos que caracterizan toda la etapa adulta. En la adultez se producen unos cambios biológicos, sociales y psicológicos que están determinados y reconocidos según las diferentes culturas y sociedades del mundo...

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Evolución biofisiológica en la adultez

En el período de adulto maduro los cambios son más evidentes, tanto en la apariencia física como en el funcionamiento del cuerpo.

1. Sistema de tejidos, membranas, piel y derivados de la piel, 2. Sistema nervioso, 3. Órganos de los sentidos, 4. Sistema locomotor, 5. Sistema respiratorio, 6. Sistema cardiovascular, 7. Sistema endocrino, 8. Sistema inmunitario, 9. Sistema urinario, 10. Sistema reproductor.

 

La senescencia, que es el estado de declive físico en que el cuerpo, con la edad, pierde gradualmente fuerza y eficiencia, se inicia hacia el final de la década de los 20 años. 


En el inicio de la etapa adulta todos los sistemas corporales funcionan a un nivel óptimo. Los componentes genéticos y hormonales que impulsan el crecimiento se detienen al principio de la juventud. De hecho, las chicas alcanzan su máxima estatura a los 16 años y la mayoría de los chicos lo hacen alrededor de los 18 ó 20.

El crecimiento muscular y el aumento de grasa continúa a los 20 años, cuando el cuerpo se rellena: las mujeres alcanzan su tamaño final completo de pecho y cadera, y los hombres el de hombros y el de la parte superior del brazo. A causa, en parte, de estos incrementos, también aumenta el peso, especialmente al inicio de los 20 años.

Los hombres, generalmente, son más fuertes físicamente que las mujeres debido a que tienen más masa muscular; sin embargo, para las personas de uno y otro sexo la fuerza física aumenta durante la década de los 20 años y alcanza su máximo alrededor de los 30, momento en el que empieza a disminuir.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), a partir de los 40 años las necesidades de energía disminuyen un 5 % por década, ya que se reduce el metabolismo basal de la persona (la energía que necesita el organismo para mantener las funciones vitales en situaciones de reposo). Por lo tanto, el aporte calórico debe ser menor y adaptado a las necesidades individuales en función de la edad, la complexión y la actividad física.

Desde el inicio de la adultez, en todos los sistemas corporales se producen señales de declive, las más visibles son las del tejido cutáneo. Otras que no son tan visibles ni obvias se dan prácticamente en todos los sistemas corporales, y el cambio se produce a un ritmo diferente en cada órgano. 

 

1. Sistema de tejidos, membranas, piel y derivados de la piel

 
1.1 Tejidos

La mayoría de los tejidos del organismo pierden elasticidad con la edad. Así, por ejemplo, es muy visible la disminución de la elasticidad del tejido conjuntivo de la piel, pero estos cambios también se producen en los músculos del corazón, los pulmones y las venas.

Otros tejidos que presentan cambios con la edad son el muscular y el adiposo. La masa muscular evoluciona hasta llegar a su punto máximo, que se produce en los hombres alrededor de los 30 años y en las mujeres se puede mantener hasta los 50, que es cuando empieza a descender.

El tejido adiposo tiende a aumentar tanto en hombres como en mujeres entre los 40 años y los 50, y continúa incrementando hasta llegar a los 70-75 años. 

 

1.2 Piel

Los cambios en la piel se desarrollan a lo largo de la edad adulta y se acentúan en la vejez, cuando aparece más sequedad debido a la disminución del tejido adiposo.

Estos cambios se manifiestan lentamente y se empiezan a hacer visibles al inicio de la década de los 20 años. Hacia el final de esa misma década la mayoría de personas perciben en su aspecto físico las señales iniciales del envejecimiento. Como consecuencia de la disminución progresiva del colágeno (alrededor de un 1 % cada año), que forma parte del tejido conjuntivo de la piel, ésta se vuelve más delgada y pierde flexibilidad, y aparecen las primeras arrugas alrededor de los ojos, en la frente y alrededor de la boca. La piel continúa perdiendo elasticidad durante las siguientes décadas y algunas personas a los 40 años presentan párpados caídos, flacidez en las mejillas y doble mentón. 

1.3 Cabello

Las canas pueden aparecer alrededor de los 30 años, a causa de una reducción del número de células que producen el pigmento en los folículos pilosos del cabello. También hay una pérdida de cabello por los cambios hormonales y la reducción del riego sanguíneo en la piel. La pérdida de cabello, que en muchos casos está relacionada con factores hereditarios, se da en ambos sexos, pero es más frecuente en los hombres. 
 
Sistema de tejidos, membranas, piel y derivados de la piel 
 

2. Sistema nervioso  

Uno de los resultados más concluyentes en el estudio del envejecimiento del sistema nervioso es la pérdida de neuronas y la disminución de los niveles de los neurotransmisores, las sustancias químicas necesarias para la comunicación neuronal. La reducción de estas sustancias puede causar alteraciones en la memoria y el sueño, y también enfermedades como el Parkinson. Otro de los factores relacionados con el envejecimiento del sistema nervioso es la lentitud neuronal, que provoca un aumento del tiempo de reacción en la ejecución de tareas. La causa de la disminución de la velocidad en la ejecución de actividades se ha relacionado con la ruptura de las conexiones neuronales, que hace que aumente el tiempo para procesar la información, con efecto acumulativo a medida que la persona envejece (Cerella, 1990). 


2.1 Sueño

Durante la etapa adulta el tiempo real de sueño permanece bastante constante; sin embargo, se pueden dar alteraciones en el patrón de sueño en diferentes edades. Los despertares nocturnos suelen empezar a los 30 años e ir aumentado en adelante. Los mayores de 50 años es raro que duerman toda la noche de un tirón, y, a partir de los 60 años, les cuesta más dormirse cuando se acuestan o volver a dormirse cuando se despiertan por la noche, o bien se despiertan muy temprano por la mañana.
 
- Sistema nervioso central

 

3. Órganos de los sentidos

 
3.1 Vista

Los cambios en la córnea, el cristalino, los músculos oculares y otras partes del ojo empiezan entre los 35 y los 45 años, mientras que las alteraciones en la retina y el sistema nervioso empiezan a evidenciarse entre los 55 y los 65 años.

Alrededor de los 40-45 años las personas adultas pueden presentar vista cansada (presbicia), que consiste en la pérdida de elasticidad de la córnea, lo que reduce la capacidad de enfocar. Se empiezan a tener dificultades para leer o hacer trabajos que precisan visión de cerca; este cambio se refleja claramente en el hecho de que las personas de 40 años tienden a sostener el material de lectura casi dos veces más lejos de los ojos que las de 20. Estos cambios visuales en la mitad de la población no causan dificultades en la vida cotidiana, simplemente las personas necesitan gafas correctoras.

Después de los 50 años aproximadamente se puede apreciar una disminución constante de la percepción de la profundidad, es decir, de la capacidad para estimar la distancia a la que se encuentran los objetos, de la agudeza visual, de la elasticidad del músculo ocular, de la sensibilidad al color y de la adaptación a la oscuridad (Kline y Scialfa, 1996). Estos factores hacen que la persona tenga dificultad para discriminar los pequeños detalles a distancia y para acomodar su visión al entrar en lugares oscuros o poco iluminados, y aumente el peligro de deslumbramiento, por ejemplo, en la carretera por las luces de los coches que van en dirección contraria. Sin embargo, la mayoría de personas adultas pueden adaptarse a estos cambios sin grandes dificultades y compensar estos déficits visuales con medidas correctoras sencillas, a excepción del glaucoma, un trastorno visual causado por el aumento de la presión dentro del globo ocular. El glaucoma es cada vez más frecuente a partir de los 50 años y, por lo tanto, es muy importante su detección precoz a través de revisiones oftalmológicas.

El campo visual, que es el área total que el individuo puede ver adecuadamente cuando mira a un punto fijo con la cabeza recta, también disminuye con la edad. Según un estudio reciente (Ball y Owsley, 1992, 2000), el campo visual permanece estable hasta los 55 años y después empieza a disminuir. 


3.2 Oído

Los problemas de audición, al igual que los visuales, se presentan de forma progresiva con la edad. Según un estudio (Forzard, 2000), alrededor de un 19 % de los adultos de 45 a 54 años tienen alguna dificultad en la audición, y entre los 75 y 79 años este número aumenta hasta alcanzar alrededor del 75 %.

Los trastornos que dan lugar a los cambios en la audición se atribuyen a factores como la acumulación excesiva de cera en los oídos y artritis en los huesecillos del oído medio, pero la causa más frecuente de pérdida auditiva son los cambios degenerativos de la cóclea, que es la estructura principal que recibe la estimulación neurológica para la audición.

La agudeza auditiva se va perdiendo de forma gradual y no es igual para todas las frecuencias; por ejemplo, la capacidad de distinguir los tonos de alta frecuencia decae más rápido que la de entender una conversación. Una de las primeras señales de que se ha perdido audición suele ser la dificultad que tiene una persona de 40 años aproximadamente para oír el timbre de la puerta o el teléfono a una cierta distancia, o la tendencia a no despertarse cuando suena el despertador, como ocurre en personas alrededor de 50 años. En cambio, los sonidos del habla suelen entenderse hasta la vejez.

 

Pérdida auditiva a los 50 años
  Hombres Mujeres 
Pueden entender hasta un susurro. 

 65 %    

75 % 

Pueden entender una conversación en voz baja,
pero no llegan a entender un susurro. 

 28 %  

22 % 

Pueden entender una conversación en voz alta,
pero no pueden entender una en voz baja. 

 5 %

 2 %

Ni siquiera pueden entender una conversación en voz alta.

 2 %

 1 %

Fuente:  Berger K, Thompson R. Psicología del desarrollo: Adultez y vejez. 4 ed. Madrid: Editorial Panamericana, 2001. Pag 79

 

3.3 Gusto y olfato

En la persona adulta joven y madura apenas se detectan alteraciones en los sentidos del gusto y el olfato, a excepción de presentar alguna afectación neurológica.

Sistema nervioso / sentidos 

 

4. Sistema locomotor 

En el sistema locomotor se producen cambios físicos importantes, especialmente en la etapa del adulto mayor. Entre los 45 y los 50 años aproximadamente suele producirse un descenso gradual de la estatura. Este descenso es debido al debilitamiento de los músculos de la espalda que conectan los tejidos y las vértebras. Algunas personas, a los 60 años, pueden llegar a perder casi 2,5 centímetros de altura.

La pérdida de masa o densidad ósea es uno de los cambios físicos que puede desencadenar problemas de salud importantes. El nivel máximo de masa ósea suele alcanzarse entre los 20 y 30 años, y desciende posteriormente con la edad. Debido a la disminución de la densidad ósea, aumenta la fragilidad de los huesos, lo que provoca un aumento en el riesgo de fracturas y un alargamiento del tiempo de consolidación de las mismas. En las mujeres con la menopausia, la pérdida de la masa ósea se acentúa al disminuir los estrógenos, se agrava si hay una deficiente ingesta de calcio y vitamina D, y causa la osteoporosis.

Otro cambio físico que se inicia a partir de la segunda década de vida es el adelgazamiento, las fisuras y el desgaste de los cartílagos protectores de las articulaciones. Con el tiempo, los huesos situados debajo del cartílago se dañan y ocasionan osteoartritis, una enfermedad que se manifiesta con un inicio y un aumento gradual de dolor y discapacidad, con signos leves de inflamación (Ettinger, 1995). Generalmente suele presentarse en las personas en la fase de madurez y se intensifica en la vejez. 
 
Sistema locomotor 

 

5. Sistema respiratorio

El volumen máximo de aire que respiramos disminuye entre los 25 y los 85 años, a causa de la pérdida de distensibilidad de la caja torácica.

La capacidad vital de los pulmones, por su parte, disminuye alrededor del 5 % cada década a partir de los 20 años, y se reduce de forma más rápida en las personas expuestas al humo de tabaco y otros contaminantes aéreos. Los efectos acumulativos de respirar aire contaminado dificultan establecer claramente la relación de estos cambios con la edad. 

- Sistema respiratorio

 

6. Sistema cardiovascular

Los cambios relacionados con la edad adulta en el sistema cardiovascular son difíciles de distinguir de los cambios causados por problemas patológicos, tales como la rigidez arterial ocasionada por la pérdida de elastina en las paredes arteriales y los derivados de la hipertensión arterial. Sin embargo, existen algunos cambios en el sistema cardiovascular que se relacionan con la edad adulta, como son el aumento del tiempo de relajación entre las contracciones cardíacas, el engrosamiento de las válvulas cardíacas y la disminución de la elasticidad de la aorta (la arteria principal que sale del corazón), lo que dificulta la expulsión de la sangre del ventrículo izquierdo y reduce la cantidad de sangre que el corazón puede bombear por minuto, y por lo tanto, la sangre disponible para nutrir a todos los tejidos del cuerpo. También el tejido muscular del corazón se deteriora al ser reemplazado por tejido conectivo, y las arterias se endurecen con la calcificación (Whitbourne, 1999).

Existen grandes variaciones individuales que pueden acelerar el proceso de afectación del sistema cardiovascular, como el estrés ambiental, una dieta inadecuada, el tabaco y el sedentarismo.
 
- Sistema cardiovascular

 

7. Sistema endocrino

Los cambios en el sistema endocrino están determinados por la disminución en la producción de hormonas, principalmente en las mujeres a causa de la menopausia, que se produce alrededor de los 50 años. Durante este proceso se produce un descenso en la concentración de estrógenos, testosterona y progesterona.

A diferencia de las mujeres, los hombres no experimentan un descenso hormonal tan brusco. El nivel de testosterona se mantiene constante hasta los 60 años y después disminuye progresivamente. Otros cambios relacionados con la edad adulta que afectan al sistema endocrino son la disminución de las hormonas tiroideas, que ayudan a controlar el metabolismo basal, que empieza a disminuir en esta etapa. También disminuye el efecto de la insulina, la hormona que produce el páncreas, sobre las células del organismo, y el nivel de glucosa en sangre suele aumentar a partir de los 50 años. 
 
- Sistema endocrino

 

8. Sistema inmunitario 

El sistema inmunitario, responsable de la defensa del organismo ante los agentes externos, como las bacterias o los virus, y de las amenazas internas, como el cáncer, se va deteriorando con la edad. Es en el período de la madurez cuando se evidencia más el deterioro de este sistema y las personas necesitan más tiempo para recuperarse de cualquier problema de salud. También en la madurez el sistema inmunitario puede alterarse y confundir sus propias células con agentes invasores y causar enfermedades autoinmunes como la artritis reumatoide o el lupus. 
 
- Sistema inmunitario

 

9. Sistema urinario

Los riñones van perdiendo eficiencia alrededor de los 30 años y su funcionamiento disminuye lentamente con la edad (un 4 % cada década), a menos que se vean afectados por las drogas o por alguna enfermedad, en cuyo caso el deterioro del sistema renal y urinario se produciría con más rapidez.

En el hombre adulto son frecuentes los cambios en algunas funciones del sistema urinario, especialmente en la micción. Estas modificaciones están causadas principalmente por el aumento de la glándula prostática, aproximadamente a partir de los 50 años, que comprime la uretra y dificulta el paso de la orina.

En las mujeres la pérdida de estrógenos en la menopausia facilita la disminución del tono en los músculos de la uretra y la vejiga, lo que causa problemas como la incontinencia de esfuerzo e infecciones urinarias.

- Sistema urinario

 

10. Sistema reproductor

Para ambos sexos la capacidad de respuesta sexual varía con la edad. Según diversos estudios, la actividad sexual alcanza su punto máximo en la década de los veinte y va disminuyendo en frecuencia en las décadas posteriores.

Las hormonas sexuales (estrógenos y progesterona en las mujeres; andrógenos, incluyendo la testosterona, en los hombres) tienen una influencia notable en la conducta sexual a lo largo de las etapas de la vida. Algunos estudios refieren que el impulso sexual también puede disminuir cuando la presión de procrear desaparece, ya que la mayoría de parejas completan su familia en la década de los 30. 


10.1. Sistema reproductor masculino

Los hombres maduros no sufren ningún cambio brusco que reduzca su capacidad de reproducción ni sus niveles de hormonas sexuales. La mayoría de hombres adultos mantienen un proceso continuo de espermatogénesis (formación de espermatozoides) durante toda la vida. Sin embargo, a medida que avanza la edad puede existir una disminución de la calidad de estas células, tanto en cantidad como en viabilidad de reproducción. Su producción disminuye aproximadamente un 30 % entre los 25 y los 60 años, pero incluso a los 80 años conservan la mitad de la fertilidad que tenían a los 25 y pueden procrear (Whitbourne, 1996).

En la mayoría de los hombres los niveles de testosterona disminuyen progresivamente a partir de los 30 años; dado que estos se relacionan con el apetito sexual y la velocidad en la respuesta sexual, a medida que envejecen pueden experimentar cambios que afecten su deseo sexual y la capacidad para mantener relaciones sexuales.

En la pubertad la excitación sexual que produce una erección del pene suele darse muy rápida y frecuentemente en respuesta a una estimulación tanto visual como auditiva o de la piel. También el orgasmo durante la actividad sexual llega rápidamente. En la madurez el hombre puede tardar más que un joven en tener una erección después de la estimulación, la fuerza de eyaculación es la mitad de la de un joven y disminuye el volumen del líquido eyaculado. 

Sistema reproductor masculino

 


10.2. Sistema reproductor femenino

En las mujeres maduras las hormonas femeninas regulan el ciclo menstrual, que finaliza habitualmente alrededor de los 50 años, es entonces cuando se pierde la capacidad reproductora y a veces puede afectar al deseo sexual.

La interrupción del ciclo menstrual durante la menopausia causa variaciones en los niveles hormonales regulados por la glándula pituitaria. 
 
Consejos de salud: Menopausia 


Asociados a este proceso se producen cambios en los órganos genitales femeninos, las paredes vaginales se encogen, y el tamaño y la lubricación de la vagina disminuyen. También se manifiesta una reducción de los genitales externos. Estos cambios influyen en la actividad sexual de las mujeres: aumenta la posibilidad de presentar dispareunia (dolor durante el acto sexual) y se requiere más tiempo y estimulación para alcanzar el orgasmo.

A pesar de estos cambios físicos, no existe ninguna causa fisiológica que impida a la mujer seguir disfrutando de su vida sexual a medida que avanza su edad.

En resumen, el deterioro del funcionamiento fisiológico en la mayor parte de la etapa adulta es leve y se incrementa progresivamente con la edad. Sin embargo, no se deben sobrevalorar los cambios sobre el organismo, porque las consecuencias de éstos están determinadas en gran parte por la actitud y las habilidades psicosociales con que las personas las enfrentan.

Sistema reproductor femenino

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Evolución psicológica y social en la adultez

  1. Adulto joven (de 19 a 25 años) 
  2. Adulto maduro (de 26 a 65 años)

 

El desarrollo psicosocial consiste en adaptarse y afrontar situaciones vitales muy diversas, y es la diversidad la característica distintiva de la vida adulta. Fuera de las limitaciones impuestas por el ritmo biológico y superados algunos controles paternos, los adultos son más autónomos para elegir su propio proceso de desarrollo; y son distintos y diversos los caminos que pueden recorrer los cambios hacia la adultez. La evolución en el desarrollo psicosocial del adulto está muy relacionada y condicionada por el desarrollo cognitivo. Este desarrollo suele ser muy rápido en la etapa de adulto joven y se caracteriza por un aumento en las capacidades mentales de razonamiento matemático, fluidez verbal, capacidad de vocabulario, capacidad de extraer conclusiones y capacidad de razonar. Estas capacidades mejoran gradualmente hasta principios de la cuarta o la quinta década de vida. Aproximadamente en el estadio de adulto maduro, las personas, dependiendo de su nivel educativo, pueden aumentar en capacidades intelectuales relacionadas con el conocimiento adquirido a través de la experiencia y el estudio (resolución de problemas de la vida cotidiana, acumulación de conocimiento, comprensión de la comunicación, resolución de conflictos en la práctica). Es en la madurez cuando se suele adquirir más pericia y flexibilidad para resolver los problemas prácticos.

El desarrollo intelectual competente está condicionado por la interacción entre los factores biológicos, psicológicos, sociales y culturales que acontecen a lo largo de las etapas del ciclo vital. En general, las capacidades intelectuales cambian con el conocimiento que se va acumulando con el tiempo e inciden en el desarrollo de las habilidades profesionales, la resolución de los problemas ordinarios y la manera de vivir la vida. Ante la pregunta de si la inteligencia cambia con la edad, los investigadores dan múltiples y complejas respuestas. Algunos sostienen que la inteligencia se deteriora en algunos aspectos como por ejemplo en la rapidez mental, y aumenta en otros como en el conocimiento de la vida o la sabiduría. Otros afirman que la inteligencia es relativamente estable a lo largo de los años adultos hasta que aparece una enfermedad o se manifiesta el deterioro de los órganos sensoriales.

Los primeros estudios sobre la relación entre la edad y la inteligencia han mostrado que existe un deterioro después de los 20 ó 30 años, especialmente en las habilidades mentales que se requieren para aplicar nuevos conocimientos, emitir razonamientos con más rapidez y memorizar. En cambio, los adultos pueden aumentar su función intelectual en aquellas capacidades mentales que dependen de la experiencia y de los conocimientos adquiridos.

Actualmente la investigación sobre el desarrollo intelectual y la edad sigue aportando expectativas muy positivas para la etapa adulta y la vejez. El deterioro en el rendimiento intelectual se inicia después de los 60 años, y hay personas con alto nivel de estudios y formación que pueden percibir el declive a los 80 ó 90 años.

Uno de los últimos estudios identifica seis estadios de desarrollo intelectual en las personas adultas (Schaie y Willis, 2000), de los cuales los cuatro primeros corresponden a las etapas del adulto joven y maduro: 

  • Estadio de logro. Se inicia en la juventud, cuando se deben aplicar los conocimientos para desarrollar carreras profesionales y la vida en pareja/familia. Se aplica la inteligencia en aquellas situaciones que tienen consecuencias importantes para lograr las metas personales a largo plazo. 
  • Estadio de responsabilidad. Se alcanza cuando los adultos jóvenes han adquirido las habilidades cognitivas para orientar su conducta y logran un grado de independencia personal para manejar situaciones con responsabilidad social. Generalmente este estadio se establece cuando la persona debe hacerse cargo de las necesidades de personas que están bajo su responsabilidad, como la pareja y los hijos, y cuando adquiere responsabilidades hacia los otros en el trabajo y la comunidad. 
  • Estadio ejecutivo. Corresponde al estadio que la persona debe alcanzar cuando las responsabilidades aumentan en complejidad según el cargo o el puesto de trabajo que ocupa. Se desarrollan capacidades de planificación y evaluación para aplicar al nivel de responsabilidad dentro de la organización. 
  • Estadio de reorganización. Se alcanza en el final de la madurez e implica las decisiones que la persona toma para iniciar la transición del trabajo a la jubilación y para planificar su economía para el resto de su vida.

 
Los estadios que siguen corresponden a la etapa de la vejez, y son el estadio de reintegración y el de dejar un legado. En el primero, la persona aplica sus conocimientos y esfuerzos para reintegrar sus intereses, actitudes y valores. El segundo, generalmente, se inicia con el esfuerzo personal de llevar a cabo una revisión de la vida.

Este modelo de estadios, aunque se corresponda con un período de edad aproximado, puede variar de forma considerable en las distintas sociedades, así como en personas de grados diferentes de competencia cognitiva y de compromiso personal. Lo importante es el proceso secuencial de estos estadios, no el cronológico.

En definitiva, y según estos autores, el desarrollo intelectual de las personas estará influenciado por los acontecimientos de la vida; a medida que los individuos asuman compromisos y responsabilidades adquirirán más experiencia y desarrollarán una inteligencia más profunda. 

 

1. El adulto joven (de 19 a 25 años)

Hacerse adulto es una de las transiciones más importantes de la vida, pero es difícil indicar el momento en que acontece dentro de las sociedades occidentales. La edad de 18 años es la que proporciona en la sociedad española el estatus legal de adulto, ya que se adquiere el derecho a votar, pero no indica una ruptura con la etapa de la adolescencia ni la confirmación como adulto. Muchos jóvenes a esta edad terminan su educación académica y empiezan su vida laboral, lo cual los ayuda a sentirse adultos al ganar su propio dinero y ser económicamente independientes de su familia.

Otros jóvenes, aunque puedan hacer trabajos a tiempo parcial o en épocas concretas del año, deciden continuar con su formación universitaria o profesional, y posponen su plena entrada en el ámbito laboral. La transición a la etapa adulta es muy diferente en las culturas no occidentales, muchas de ellas tienen unos criterios bien definidos que deben reunir los hombres para convertirse en adultos. Estos criterios se centran en tres factores fundamentales: procrear, alimentar la familia y protegerla. En cambio, para las mujeres la menarquia (la primera menstruación) es el hito que marca la etapa adulta.

Según los sociólogos, la transición de la etapa adolescente al comienzo de la edad adulta está marcada por cinco acontecimientos vitales (cambios sociales significativos y adversidades súbitas que una persona puede experimentar, para las que puede estar más omenos preparada) que indicarían este paso y que son: el final de la escolarización, el trabajo y la independencia económica, independizarse de la familia, la vida en pareja y la paternidad o maternidad.

  1. El final de la escolarización

    Esta etapa representa el punto de intersección entre la adolescencia y la adultez. En ella la persona inicia un período de exploración y búsqueda de alternativas. Debe decidir si empieza a trabajar o sigue con sus estudios a un nivel superior, si se va a vivir fuera del hogar de sus padres o permanece en el mismo. Surge la necesidad de disminuir la dependencia emocional de sus padres.
     
  2. El trabajo y la independencia económica 

    En la sociedad española, el trabajo es un factor fundamental que da sentido a la identidad personal y tiene muchas implicaciones psicológicas en el desarrollo de los hombres y las mujeres. Se puede decir que el trabajo es la primera tarea importante en la vida de las personas, representa uno de los cambios más significativos respecto a las etapas anteriores. Realizar un trabajo satisfactorio aporta bienestar psicológico a las personas y está muy vinculado al autoconcepto (conjunto de imágenes, pensamientos y sentimientos que el individuo tiene de sí mismo). De hecho, muchas personas se presentan diciendo su ocupación.
     
    La mayoría de la gente trabaja con el objetivo principal de ganarse la vida; sin embargo, el ámbito laboral también aporta nuevas amistades, poder, experiencia social fuera de la familia y poder participar en tareas colectivas, y contribuye decisivamente a conferir significado a la vida.
     
    Es frecuente que el prier trabajo no sea el definitivo en la vida del joven adulto; muchos jóvenes desempeñan diferentes trabajos durante su vida. Actualmente, a causa de las políticas económicas y sociales, los adultos jóvenes tienen que esperar más tiempo que en épocas anteriores para encontrar un trabajo que les permita independizarse de la familia, especialmente los jóvenes no universitarios o sin formación profesional.
     
    También hay que añadir que el mundo laboral actual es muy competitivo y exige un alto nivel de competencia para determinadas profesiones, lo cual hace difícil el acceso para muchos jóvenes. Si las personas logran el trabajo deseado, pueden verse influidas favorablemente en su estabilidad emocional, en el sentimiento de eficiencia, en su concepto de autovaloración y en la motivación. Por el contrario, cuando existen dificultades en el acceso laboral y se tienen que aceptar trabajos que no satisfacen demasiado o estar en situación de paro laboral, las expectativas y los logros de la vida se ven afectados negativamente. 
     
    El trabajo es una actividad vital que se alarga durante la vida adulta hasta llegar a la jubilación e interactúa con los rasgos de la personalidad de cada persona, por tanto influye de forma negativa o positiva en los aspectos emocionales y en las relaciones familiares y sociales de las personas. 

    Consejos de salud: Trabajar y divertirse 
  3. Independizarse de la familia

    Esta etapa está condicionada por la incorporación al mercado laboral y la consolidación del empleo. Los jóvenes tienen la necesidad de disminuir la dependencia emocional de los padres y formar su propio hogar con independencia del familiar, pero, actualmente, la falta de un trabajo estable provoca que muchos jóvenes no puedan independizarse económicamente y deban permanecer en el domicilio familiar hasta la edad de 30 o más años. Esta dificultad condiciona el alcance del resto de acontecimientos establecidos para esta etapa.
     
    La separación de la familia de origen conlleva el traslado del hogar de los padres y adquirir más responsabilidades y compromisos.
     
  4. La vida en pareja
     
    Para muchos adultos jóvenes tener amigos íntimos satisface la necesidad propia de afiliación; sin embargo, para la mayoría de los adultos la fuente de intimidad más profunda es la vinculación sexual con un compañero, que frecuentemente implica el matrimonio o la vida en pareja, el vivir juntos. La elección de pareja en los adultos jóvenes está determinada por el marco de relaciones sociales (trabajo, ocio, compañeros de estudios). Hoy en día la red social se ha ido ampliando debido a la movilidad de los jóvenes para estudiar, viajar y trabajar en otros países, que fomenta las parejas de países y etnias diferentes. En el proceso de selección de la pareja Triadó (2003) distingue cuatro fases:
     
    Fase 1
    . Los compañeros se seleccionan entre los que están en el mismo marco de relaciones sociales; la apariencia física y la manera de ser son un elemento clave en la atracción inicial.
     
    Fase 2
    . Las parejas comparten gran parte de su tiempo, van conociéndose mejor e interactúan de forma más profunda en la relación; si se descubre algo que no agrada o no se respeta, se puede romper la relación.
     
    Fase 3
    . La compatibilidad de los roles y el sentimiento de empatía afianzan la relación. Proporcionan a la pareja la sensación de buen funcionamiento.
     
    Fase 4
    . La relación se consolida. Los miembros de la pareja se sienten más seguros de sus sentimientos y optan por casarse o cohabitar.
     
    Las razones que dan los jóvenes para casarse, bien sea civilmente o con ceremonia religiosa, son muy variadas e incluyen estar enamorado, legitimar las relaciones sexuales, satisfacer la necesidad de compañía, comunicación y seguridad, proporcionar derechos legales a los hijos y cubrir las expectativas sociales. El número de parejas que deciden vivir juntas sin casarse ha ido aumentando notablemente en la actualidad; suelen ser jóvenes, tanto heterosexuales como homosexuales, con un nivel socioeconómico medio o alto.
     
  5. La paternidad y la maternidad
     
    La necesidad de alcanzar logros en los adultos jóvenes encuentra su expresión más fuerte en el hecho de tener hijos. Hoy en día el patrón de paternidad y maternidad en los países occidentales ha cambiado mucho respecto a épocas anteriores. La tasa de natalidad en España ha disminuido considerablemente, las parejas deciden cada vez más tener el primer hijo alrededor de los 30 o más años, después de consolidar su profesión y tener una situación laboral estable. No obstante, es en esta etapa de desarrollo cuando la mayoría de personas deciden convertirse en padres para dar significado a su vida y desarrollar el sentimiento de realización personal. La experiencia de ser padre/madre cambia la vida de las personas tanto en los aspectos externos como en los internos. La experiencia provoca cambios en la organización del hogar y de las relaciones sociales. En el plano personal el cambio es consecuencia del aumento de la responsabilidad de traer un hijo al mundo, criarlo y educarlo. Estos cambios son muy satisfactorios por una parte pero por otra conllevan renuncias, gastos económicos, reducción de la actividad social y otras situaciones estresantes que necesitan cierta capacidad de adaptación por parte de los padres para ir afrontándolas.
     
    A pesar de todo, las personas deciden tener hijos biológicos o adoptivos. Parejas que no pueden ser padres a causa de problemas de esterilidad optan por la inseminación artificial e incluso, como ocurre en EEUU, por las madres de alquiler. La inseminación artificial es un método utilizado cada vez más por parejas homosexuales y por mujeres solteras que desean tener un hijo.
      
    El valor de tener hijos se ha estudiado en muchos trabajos y la mayoría de ellos coinciden en que los padres, tanto jóvenes como mayores, consideran a los hijos como una fuente de amor, compañía y vínculos familiares, y creen que los hijos son estimulantes y divertidos, que les proporcionan ayuda y seguridad en la vejez y que son una razón para ser buenas personas. También añaden que hay que trabajar duro para ellos, lo cual hace que la persona se sienta bien consigo misma (Heaton y Jacobson, 1999; Hoffman; McManus y Brackbill, 1987). Entre los padres más jóvenes la desventaja más común es la restricción de libertad y el gasto económico. La necesidad de amar y ser amado en las personas puede satisfacerse con la paternidad y la maternidad. Los hijos ofrecen la oportunidad de abrazar, besar y tocar a otra persona en un mundo que cada vez coloca más barreras en la comunicación afectiva.

 
Todos estos acontecimientos (el final de la escolarización, el trabajo y la independencia económica, la independización de la familia, la vida en pareja y la maternidad o paternidad) implican que la persona debe asumir nuevos roles sociales (trabajador, padre/madre, cónyuge, votante, etc.) y nuevas responsabilidades, factores todos ellos relevantes para la edad adulta.

El tiempo y el orden en que estos acontecimientos suceden varía considerablemente entre las personas, ya que están condicionados por varios factores: la maduración biológica, los cambios en las expectativas sociales y culturales, y los acontecimientos históricos y políticos de cada lugar.

De estos acontecimientos que caracterizan el paso a la edad adulta, se considera que probablemente son las aspiraciones y las expectativas que tienen los jóvenes sobre su nivel educativo lo que más condiciona el momento y la secuencia en que los demás acontecimientos suceden. Los jóvenes que aspiran a tener un nivel educativo más alto suelen acceder al trabajo, la vida en pareja o tener hijos a una edad más tardía. En el caso de las mujeres, el retraso en tener hijos por las aspiraciones educativas es un fenómeno de gran impacto en el mundo occidental: el retraso en la maternidad beneficia a las mujeres jóvenes porque tienen más tiempo para formarse y competir en el mercado laboral. La otra cara de la moneda es que disminuye la tasa de natalidad.

Los adultos jóvenes, para asumir estos roles sociales, deben desarrollar y establecer psicológicamente su propia identidad, su intimidad y determinar su relación con la comunidad. 

 

Establecer la identidad personal

La búsqueda de la propia identidad surge durante la adolescencia en respuesta a los rápidos cambios físicos y emocionales y a las expectativas sociales que emergen al inicio de la etapa adulta. El joven adulto, para lograr y establecer un nuevo nivel en su identidad individual, debe integrar todos esos cambios en su identidad formada en la adolescencia, e ir explorando alternativas y adquiriendo compromisos con su vocación profesional, religión, política, actitudes sobre los roles de género y las relaciones sexuales. El acceso y la elección de un trabajo y tener una pareja constituyen dos de los aspectos más importantes que establecen la identidad personal en esta etapa. 


Establecer relaciones íntimas

Después de resolver la crisis de identidad, los adultos jóvenes experimentan la crisis de la intimidad, que surge a partir de un fuerte impulso para compartir la vida personal con alguien para establecer una relación estrecha y mutuamente satisfactoria.

En este contexto, la intimidad se entiende como la capacidad para comprometerse en una relación concreta y para desarrollar la fuerza ética para cumplir tales compromisos, aunque impliquen sacrificios (dar algo de sí mismo a los demás) y renuncias personales (Erikson, 1963). La intimidad no tiene que ser física o sexual únicamente, sino que puede existir en cualquier relación que implique un compromiso emocional entre dos adultos, ya sean miembros de la familia, amigos o pareja. Cada relación íntima implica una progresión, desde la atracción inicial hasta una relación estrecha que continúa con un compromiso. Pero ello exige un sacrificio personal, dar algo de uno mismo a los demás. Supone la unión de dos identidades, pero permite a cada persona la libertad de seguir viviendo como individuo. Si las personas no adquieren el compromiso, tendrán dificultades para satisfacer esta necesidad y correrán el riesgo de aislarse.

En esta etapa las formas principales de intimidad que preocupan a muchos adultos jóvenes son la relación íntima de amistad y la relación sexual. Durante la relación amorosa entre la pareja, hombres y mujeres contemplan la posibilidad de establecer relaciones basadas principalmente en proyectos de futuro y de intimidad sexual. Es un proceso dinámico que irá cambiando según el crecimiento y los cambios de los miembros. 


Implicación en la comunidad

Después de establecer y equilibrar la identidad y la intimidad, los adultos jóvenes se enfrentan a la tarea de identificar y decidir su relación con la comunidad. Su implicación en la comunidad aparece de muchas formas: tienen derechos legales como ciudadanos, pueden votar, trabajan, pagan impuestos y asumen responsabilidades con la familia que no se pueden cumplir sin el apoyo comunitario.

La implicación en la comunidad conlleva para algunos jóvenes una ideología social o política e implica participar activamente en organizaciones sociales. Para algunas personas el medio de participación en la comunidad será una organización no gubernamental o religiosa o una asociación política o social. Este compromiso social permite a los jóvenes adquirir nuevas ideologías, creencias y valores que amplían su visión del mundo, fundamental para el desarrollo de la identidad individual.

Es en esta etapa de adulto joven cuando se alcanza el apogeo biológico, se empiezan a establecer relaciones sociales tanto en el ámbito laboral como en el personal y se toma conciencia de la individualidad; el adulto joven se percibe como un ser autosuficiente que forma parte de la sociedad. Afrontar adecuadamente los acontecimientos de esta etapa de adulto joven permitirá iniciar una buena adaptación a la etapa siguiente, la de adulto maduro.

 

2. El adulto maduro (de 26 a 65 años)

Se puede definir la etapa de adulto maduro o madurez como el período del ciclo vital humano que empieza entre los 35 y los 40 años y termina entre los 60 y los 65. Desde la perspectiva biológica, es la fase de la vida que limita entre la madurez y el principio de la senectud.

La madurez como etapa del ciclo vital en el desarrollo de las personas es un fenómeno que ha surgido en el siglo XX debido principalmente a dos cambios, uno biológico y otro social. En cuanto al biológico, la duración media de la vida ha aumentado sustancialmente durante este siglo: a principios del siglo XX la expectativa de vida era de 50 años, así que la mayoría de personas morían antes o durante el período que llamamos ahora madurez.

El aspecto social que ha ido cambiando en esta etapa es el de la jubilación, considerada a menudo como un acontecimiento que marca el final de la madurez. La edad de jubilación ha experimentado un descenso en estos últimos años; algunas empresas desarrollan planes de jubilación a los 60 años o antes. Sin embargo, la edad media de jubilación puede ir aumentando en los próximos años, en cuyo caso el período de madurez podría alargarse cronológicamente.

La etapa de la madurez, al ser una de las más extensas de la vida humana, incluye el grupo de edad más productivo de la sociedad y que ocupa los cargos de más nivel y posiciones de poder. Se caracteriza por la disminución de las presiones para encontrar trabajo, formar una familia o vivir en pareja, y por una mayor experiencia, que si se aprovecha bien, facilitará la adaptación a la siguiente etapa de la vejez. También en esta etapa las personas suelen aumentar su autoestima, la confianza en sí mismos y el autocontrol que facilitará el ajuste entre las expectativas y la realidad.

En la madurez muchas personas adultas vuelven a examinar las decisiones tomadas en años anteriores y los logros que han obtenido respecto a su intimidad, paternidad o maternidad y profesión. Es una etapa marcada por la transición hacia la senectud, en la cual las personas deben afrontar y ajustarse a cambios principalmente en las relaciones familiares, de pareja, sociales y laborales, así como a los cambios fisiológicos propios de la edad.

En la madurez las personas suelen conseguir su autorrealización y aportan importantes contribuciones a distintas generaciones y a la sociedad en general; es la etapa que Erikson (1963) denomina de la generatividad, que implica la necesidad de alcanzar logros en la familia (tener y educar a los hijos) y en el trabajo (ser eficaz y productivo), y ser creativo (tener ideas).

Según Erikson, generatividad significa sentir que se tiene éxito en algo, lo que hace que la vida sea productiva y tenga sentido. La persona aspira a hacerlo lo mejor posible como padre, madre, trabajador, pareja y ciudadano, y también por conservar la tierra para las generaciones futuras en lugar de destruirla. Si no alcanzan los logros impuestos por la sociedad, los adultos pueden sentir frustración y quedarse estancados, una cualidad negativa que provoca que no se resuelva la crisis de desarrollo en esta etapa de la vida (crisis de la mitad de la vida).

La virtud asociada a la generatividad es la de cuidar, ya que son los adultos quienes en la madurez cuidan a los niños que han engendrado, el trabajo que han producido y el bienestar de los otros en la sociedad en la que viven.

En el año 1998, McAdams y sus colaboradores ampliaron el trabajo de Erikson y propusieron un modelo de generatividad que incluye siete características orientadas al objetivo global de mantener a la próxima generación. Estas características son:

  1. Deseo interno

    Las personas desean invertir en las vidas y en el trabajo que perdurarán después de ellos y además tienen necesidad de ser necesitados.
     
  2. Demandas culturales

    Las sociedades demandan que los adultos en su madurez se hagan responsables de las generaciones siguientes como padres, maestros, tutores y líderes y sustentadores de lo significativo.
     
  3. Preocupación por la próxima generación

    Los hijos se van haciendo mayores y los padres quieren ayudarlos a desarrollarse y a llegar a ser adolescentes/adultos responsables, competentes y felices.

    Algunos hijos ya inician sus compromisos profesionales y quieren independizarse económicamente del hogar familiar.
     
  4. La creencia en la bondad o el valor de la experiencia

    La experiencia profesional y cultural permite desarrollar y enseñar los conocimientos y las habilidades a las generaciones más jóvenes. Los adultos maduros se sienten creadores, renovadores y preservadores de su cultura.
     
  5. El compromiso de hacerse responsable de los otros

    En esta etapa de madurez es cuando el adulto es más consciente que es padre o madre, hijo y/o abuelo, y se encuentra con la responsabilidad de asumir múltiples roles de manera simultánea. Debe cuidar de sus hijos, que están en otra etapa evolutiva del ciclo vital.
     
    Por otro lado, los padres envejecen, presentan más problemas de salud y hay que ayudarlos y acompañarlos para afrontar la vejez y la etapa final de sus vidas.
     
    También en esta etapa se puede ser abuelo por primera vez, dependiendo de la cultura y de la generación. Esta generación se ha denominado la generación sándwich (concepto que se usa para describir a la situación de la persona adulta que se encuentra atrapada en medio de múltiples roles simultáneos, como cuidador de padres ancianos, padre de sus propios hijos y como empleado). Esta generación está formada por padres y madres maduros con responsabilidades simultáneas hacia sus padres, que envejecen, y hacia sus hijos, que crecen.
     
    Todo ello puede conllevar una situación de gran estrés emocional, físico y económico, principalmente para las mujeres, que son las que mayoritariamente se dedican al cuidado generacional.
     
  6. Cuidar a los demás

    Cuidar a los demás implica las acciones, las conductas y el compromiso para ejercer el rol de cuidador de los hijos, de los padres, de la pareja y de familiares.
     
  7. Dar sentido y ampliar la identidad del individuo

    La implicación en las tareas generativas ayuda al crecimiento individual de las personas, potenciando el bienestar y dando un sentido positivo a la vida.


En conclusión, el deseo de guiar a las nuevas generaciones, ser productivos ayudando a los demás y contribuir al desarrollo de la comunidad, son aspectos fundamentales de la generatividad que de forma prioritaria se vinculan a la madurez pero pueden continuar en la vejez, especialmente cuando se conserva un estado de salud suficientemente bueno para seguir desarrollando esos deseos, y/o las personas durante su madurez han optado por los valores positivos de la generatividad.

En el período de madurez las tareas evolutivas más asociadas a la generatividad son las que se desarrollan a través de las relaciones y los cambios en las dinámicas familiares, el desempeño laboral y la vida social. 

 

Relaciones familiares (ser hijos, padres, abuelos y pareja)

En la cultura occidental la generación madura desempeña un papel importante dentro de la familia al proporcionar apoyo emocional y material a los miembros de más edad y más jóvenes. Los adultos maduros suelen disfrutar de relaciones gratificantes con sus hijos adultos y con sus nietos, sin el estrés que crea la responsabilidad de criar a los hijos. Muchos adultos descubren que, a medida que ellos mismos envejecen, sienten mayor comprensión y amor hacia sus padres.

La disminución de responsabilidades familiares y laborales permite dedicarse más tiempo a uno mismo y con ello la relación se puede mantener estable o romperse porque al marcharse los hijos (nido vacío) descubren que ya no tienen nada en común.

La pareja puede reforzarse en la edad adulta, producto de la libertad que da la independencia de los hijos, la renovación de intereses sexuales, un aumento en la intimidad y una valoración de la relación en base a lo invertido en ella.

En esta etapa el cónyuge o pareja puede pasar a ser el mejor amigo; mantener una relación íntima durante los años de madurez es una fuente de felicidad, consuelo y autoestima. En la mayoría de países del mundo tener una pareja en la madurez parece ser la relación familiar más vinculada a la felicidad, la salud y la compañía. En la madurez es frecuente que se dé un acontecimiento social y familiar que se ha denominado síndrome del nido vacío, que se produce cuando el menor de los hijos de la familia abandona el hogar familiar. En esta etapa, cuando hay una ruptura de la pareja, se experimenta un sentimiento de soledad, pérdida de autoestima y depresión profunda mayor que en la juventud.

La generación adulta en esta etapa asume la función de mantener los vínculos entre generaciones, mantener viva la comunicación entre parientes y acoger y ayudar a los enfermos o a los que atraviesan situaciones de crisis.

La mayoría de adultos han superado el momento de educar a sus hijos y siguen activos y con energía.

En resumen, los adultos maduros cuidan a las generaciones anteriores y a las que los siguen, pero están menos presionados por las obligaciones generacionales. La mayoría de ellos tienen la satisfacción de ver como maduran sus hijos, mantener una buena relación con sus padres, estar activos y gozar de buena salud. 


Desempeño laboral

Generalmente en la madurez las personas que desempeñan un trabajo adquieren seguridad y experiencia; suelen aumentar de estatus profesional o mantienen el que tienen. Puede ser un período de satisfacción o frustración dependiendo de la existencia de un trabajo que motive o no a la persona. En ambos casos suele darse un conflicto de valores entre descansar y disfrutar de lo que se ha logrado o seguir esforzándose y trabajar para conservarlo.

También es característico de esta etapa hacer una reevaluación de la carrera profesional para establecerse en la sociedad y luchar por tener éxito y progresar. En la sociedad actual y con el aumento de la competitividad es frecuente que las personas en los últimos años de la madurez se encuentren presionadas por las nuevas generaciones que buscan su espacio profesional. A pesar de ello, las personas maduras que se sienten seguras y mantienen una actitud constructiva y de crecimiento personal ven fortalecidos sus sentimientos de identidad al considerar que son necesarias por su experiencia tanto en su hogar como en el trabajo.

La mayoría de personas que trabajan fuera de casa durante la etapa de la madurez comparten el rol profesional con el familiar, especialmente las mujeres. Actualmente existe un debate por parte de los psicólogos para analizar si ejercer varios roles es beneficioso o es estresante para la salud mental. Los que defienden el modelo del beneficio del rol, a favor de ejercer varios roles, indican que las recompensas relacionadas con un rol mitigan el estrés de otros roles, y así se beneficia la salud mental (Barnett y Marshall, 1992).

Por el contrario, la hipótesis del estrés del rol afirma que ejercer múltiples roles aumenta el malestar psicológico y afecta la salud mental. Los resultados de la investigación realizada por Moen (Moen, 1999) apoyan parcialmente ambos modelos, ya que admiten que el factor crítico para determinar el beneficio o estrés del desempeño de varios roles es la calidad de las experiencias en los mismos y no exclusivamente la cantidad de roles que se ejercen.

El incremento del número de mujeres en el mercado laboral en las últimas décadas ha aumentado la conexión entre la familia y el trabajo, y es a la mujer a quien más le afecta la transferencia de las experiencias laborales sobre la familia y viceversa. La necesidad de equilibrar las responsabilidades laborales y familiares es un reto de la sociedad para evitar la vulnerabilidad al estrés de la mujer trabajadora.

En conclusión, se puede decir que el trabajo y los cambios en las relaciones familiares y sociales son el objetivo principal en la adultez. La estabilidad emocional estará condicionada por la armonía y el equilibrio que se establezcan entre las relaciones familiares y laborales. 

Vida social

Las personas adultas, cuando no desempeñan su actividad profesional y dependiendo de su dedicación a la familia o el hogar o de algún problema de salud, suelen programar actividades de tiempo libre con la pareja, los amigos y la familia para mantener y fomentar su círculo social. Las actividades que programan son muy dispares y dependen de las preocupaciones y los intereses individuales. Cada actividad tiene un valor y un significado distintos para cada persona. Con la edad suelen cambiar las actividades de tiempo libre, los adultos jóvenes tienden a preferir actividades más intensas como las deportivas. Por su parte, los adultos de edad madura dedican menos tiempo a las que requieren mayor esfuerzo físico y aumentan las actividades compartidas con la familia y/o los amigos. En general en la madurez las personas suelen comenzar a restringir su mundo social, se vuelven más selectivas respecto a sus contactos sociales y a medida que avanzan en edad buscan en sus relaciones sociales experiencias emocionales positivas y evitan las negativas.

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Problemas de salud en la adultez

  1. Percepción de la salud en los adultos  
  2. Morbilidad y mortalidad en la etapa adulta 
  3. Violencia de género y salud 

 

La edad adulta es la más larga en la vida de la persona, aproximadamente unos 40 años, por lo que los problemas de salud que pueden aparecer cambian considerablemente ya se trate de un adulto joven, que puede tener problemas parecidos a los de la adolescencia, o un adulto maduro, cuyos problemas empiezan a asemejarse a los que padecen los ancianos. Durante los últimos 40 años se han realizado estudios que han observado la relación entre los estilos de vida de los individuos y la incidencia posterior de la enfermedad y de la muerte. Estos estudios demostraron que específicamente en la madurez más de la mitad de los casos de fallecimiento y de enfermedad tenían relación con factores del estilo de vida y no con la edad (Deeg y cols., 1996). 

Por lo tanto, en la salud influyen factores relacionados con el estilo de vida que afectan de forma negativa a la salud de los adultos, como son el tabaquismo, el consumo de bebidas alcohólicas, una dieta inadecuada y el sedentarismo. Otros factores que también actúan como condicionantes de la salud son los factores sociales y el sexo. Entre los factores sociales que más se relacionan con los problemas de salud destacan el nivel socioeconómico y el educativo. A nivel socioeconómico, la pobreza es el condicionante social más determinante para la salud en todo el mundo. También el acceso a la educación permite tener más conocimiento sobre los cuidados de salud. Por último, el factor de sexo, desconocido antes de la década de los 90, porque no se incluía a las mujeres en los estudios importantes de salud, influye especialmente en la expectativa de vida. Según la OMS, la esperanza de vida al nacer alcanzó en el 2009 un valor medio en todo el mundo de 71 años, frente a los 46,5 años de los años 1950-1955. El margen de variación de los valores entre los países es de 47 años, como mínimo, y de 83 años, como máximo. Las mujeres continúan manteniendo la esperanza de vida más alta que los hombres: 79 años en las zonas de América y de Europa, frente a la de los hombres, de 71-72 años en las mismas regiones. Los países de la zona de África, con menos recursos, son los que tienen una esperanza de vida más corta: de 52 años para los hombres y de 56 para las mujeres.  

 

1. Percepción de la salud en los adultos 

La percepción de la salud es un indicador que se refiere al nivel de salud percibido subjetivamente por cada persona, cómo se siente. La percepción de la salud en la mayoría de adultos jóvenes suele ser buena o muy buena, se encuentran en el apogeo de su rendimiento físico. Por otra parte, esta percepción positiva va disminuyendo en los adultos maduros, especialmente en las mujeres. Las mujeres siguen siendo en la actualidad y en todos los grupos de edad un grupo más vulnerable que los hombres frente a los problemas de salud. A pesar de que en muchos países desarrollados su esperanza de vida es mayor que la de los hombres, las mujeres tienen una percepción de salud más negativa que los hombres.

Por ejemplo, en España, según los datos de los Indicadores de salud 2009, publicados por el Ministerio de Sanidad y Consumo, el porcentaje de mujeres que perciben su salud como buena muy buena (61 %) es inferior al de los hombres (73 %). Ello es especialmente notable en el grupo de edad de los 45 a los 64 años. En cuanto a los dos sexos se refiere y comparando con los resultados de los informes de salud anteriores (2001), la autovaloración positiva de la salud muestra una tendencia descendente en todos los grupos de edad adulta.

Ver tabla: Autovaloración del estado de salud. Población de 16 y más años. Distribución según la edad y el sexo. España, 2001 y 2006 

La percepción subjetiva de la salud es un indicador imprescindible a tener en cuenta por los profesionales de la salud y de las instituciones sanitarias, ya que es una medida general de la población que ayuda a predecir el uso de los servicios de salud y la mortalidad, y que facilita, así, la elaboración de programas adaptados a las necesidades de los diferentes grupos de edad y sexo.

 

2. Morbilidad y mortalidad en la etapa adulta

En el informe sobre la salud de 2011 la OMS indica que la 10 principales enfermedades y problemas de salud que causan más morbilidad y son la principal causa de mortalidad a nivel mundial entre la población adulta son: la enfermedad isquémica del corazón, los accidentes vasculares cerebrales, los cánceres de tráquea, bronquios y pulmón, la enfermedad de Alzheimer, las infecciones de las vías respiratorias inferiores, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, el cáncer de colon y recto, la diabetes mellitus, la enfermedad hipertensiva del corazón y el cáncer de mama.

Dentro de este grupo, las enfermedades cardiovasculares, el cáncer, la enfermedad respiratoria crónica y la diabetes causan un 63 % del número total de defunciones anuales en el mundo. Una parte importante de estas muertes (29 %), en un número parecido entre hombres y mujeres, se da en personas menores de 60 años, por lo que se consideran muertes prematuras y en buena medida prevenibles.

En cuanto a la mortalidad, el orden de estas enfermedades es similar en los países de la Unión Europea, con la excepción del cáncer, que en España, Francia, Italia, Bélgica y Holanda representa la primera causa de muerte. En Suecia, Alemania, Finlandia y en los países del este de Europa, es la enfermedad isquémica del corazón la primera causa de mortalidad.

Según los últimos patrones de mortalidad publicados en España, los hombres presentan una tasa más alta de mortalidad ajustada por edad que las mujeres en la mayoría de enfermedades, exceptuando en la enfermedad de Alzheimer, en la que la tasa de mujeres es superior, y en la enfermedad hipertensiva, que se da de manera muy parecida en los dos sexos.

Este grupo de enfermedades, por sus características (no transmisibles i/o crónicas) son consideradas de larga duración y de evolución lenta, lo que causa muy a menudo problemas de discapacidad funcional y de disminución de la calidad de vida en las personas. 

El tabaco es uno de los principales factores de riesgo atribuidos a estas enfermedades, que en los países altamente desarrollados tienen un índice más alto de mortalidad, alrededor de un 90 %. A parte del consumo de tabaco, el uso de combustibles sólidos en los hogares, como el carbón vegetal y la madera, que contaminan el aire en los espacios cerrados, se asocia a una mortalidad más alta por enfermedad obstructiva crónica y por cáncer de pulmón en la población adulta.  

A pesar de que las cifras de mortalidad por infección por VIH (sida) hayan disminuido, continúa siendo un problema de salud primordial en el mundo. Sin embargo, pese a los progresos conseguidos en prevención y tratamiento, la falta de accesos y la deficiencia en los servicios sanitarios limitan la supervivencia de las personas afectadas por VIH/sida, principalmente en la zona de la África subsahariana, donde sigue siendo la principal causa de morbilidad y mortalidad por enfermedad transmisible en la población adulta, especialmente entre las mujeres en edad reproductiva, entre 15 y 44 años. Otra causa importante de mortalidad de este mismo grupo de edad en las mujeres es la tuberculosis relacionada con la infección por VIH.
 
Actualmente y según consta en el último informe mundial de la OMS y ONUSIDA, hay 34 millones de personas infectadas en todo el mundo por VIH, cuya gran mayoría vive en países en vías de desarrollo. En el año 2010 1,8 millones de personas murieron por esta causa, mientras que en el año 2005 murieron 2,2 millones. Por lo tanto, la educación para la salud sobre prácticas sexuales seguras ha de continuar como uno de los contenidos principales en los programas de prevención y promoción de la salud.

El cáncer de pulmón es la primera causa de mortalidad por cáncer en la población adulta (30 %) a nivel global. Es la primera causa de mortalidad por cáncer en los hombres y la segunda en las mujeres. Sin embargo, desde 1986, en algunos países como EEUU, Canadá, Australia y los países nórdicos, el cáncer de pulmón supera en mortalidad al cáncer de mama en las mujeres (Ries et al., 2000). Los cánceres de estómago, hígado, colon y mama siguen al de pulmón en cuanto a mortalidad.

A nivel mundial, el cáncer de mama es la causa más común de muerte por cáncer en las mujeres adultas de 20 a 59 años en los países con un nivel de recursos alto. Se estima que el riesgo de muerte en los países más ricos es alrededor de un 33 por mil, comparado con un 25 por mil en los países con un nivel medio de desarrollo y un 15 por mil en los países de bajo desarrollo económico. Estos valores superiores en los países con nivel alto de desarrollo reflejan que la combinación de factores como el aumento de la esperanza de vida, la disminución de riesgo por otras causas de muerte, la elevada exposición a factores de riesgo como el sobrepeso y la terapia hormonal sustitutoria, y una baja exposición a los factores protectores como la práctica de la lactancia materna y la fertilidad, son las principales causas de la mayor mortalidad en estos países. Actualmente, según datos de varios estudios (Valls, C, 2010), los estrógenos ambientales (xenoestrógenos) pueden ser otro factor de riesgo del cáncer de mama. Los xenoestrógenos son productos contaminantes considerados disruptores endocrinos, por el hecho de que su acumulación en el organismo, o bioacumulación, potencia los efectos de los estrógenos. Entre los productos considerados como posible causa del aumento y de la alta incidencia del cáncer de mama, se destacan las dioxinas procedentes de las emisiones de las industrias, los organoclorados (pesticidas, plásticos, transformadores eléctricos, etc.) y los parabenos empleados como conservantes de alimentos y en productos cosméticos. También los antecedentes familiares de cáncer de mama aumentan el riesgo, y las mutaciones en los genes BRCA 1, BRCA 2 y p53 están asociadas a un riesgo elevado de este tipo de cáncer. De todas maneras, estas mutaciones son poco frecuentes y solamente son atribuidas a una pequeña parte de la morbimortalidad del cáncer mamario.

 

Según los últimos datos de la OMS (2008), en los países con alto nivel económico, alrededor de un 10 % de mujeres de 30 años mueren por cáncer de mama; esta proporción aumenta en un 14 % en las mujeres de 50 años. Los programas de detección precoz junto con los avances diagnósticos y terapéuticos se han traducido en un incremento de la supervivencia, que se sitúa por encima del 75 % a los cinco años del diagnóstico. 

Consejos de salud: Cáncer


La mortalidad causada por los accidentes de tráfico es otro de los problemas que destaca el informe de la OMS, que estima que en el 2030 sea la quinta causa de mortalidad a nivel mundial. Como consecuencia de ello cada día mueren más de 3.500 personas en el mundo y millones de ellas acaban con lesiones y discapacidades para toda la vida.

La morbilidad y la mortalidad en esta etapa de edad está relacionada con los factores sociales de estilo de vida sedentaria, la mala alimentación, el consumo de tabaco y alcohol, por lo que es necesario establecer factores y conductas de protección para prevenir los factores de riesgo. La OMS estima que, si se eliminasen estos factores principales de riesgo, se podrían prevenir unas 3/4 partes de la carga absoluta atribuible a las enfermedades cardiovasculares, las cerebrovasculares y la diabetes tipo II, y un 40 % de los casos de cáncer.

La incidencia de estos trastornos varía según el nivel socioeconómico de cada país y la exposición a los factores de riesgo y protectores, por lo que es fundamental diseñar las políticas sanitarias de acuerdo con las tasas de mortalidad y morbilidad y con los factores de riesgo causantes.

Otro aspecto a tener en cuenta y que influye en las tasas de mortalidad y morbilidad son las desigualdades en salud entre hombres y mujeres, y entre los países más ricos y los más pobres. Ante esta situación, las mujeres son las que sufren más estas diferencias y merecen una atención específica. Una de las diferencias más importantes es la observada en la mortalidad materna: más de 500.000 mujeres mueren cada año por complicaciones en el embarazo y el parto, y el 99 % de las muertes se da en países en vías de desarrollo. La salud de las mujeres durante los años reproductivos (15-49 años) es de vital importancia, no sólo por ellas mismas, sino también por las repercusiones en la salud y en el desarrollo de la nueva generación (OMS, 2009).

Organización Mundial de la salud: 

     

Trastornos mentales

La salud mental es un tema que merece una atención especial debido a la tendencia actual de crecimiento de los trastornos mentales. Según la OMS (2002), si esta tendencia continúa, en el 2020 los trastornos mentales pueden ser el factor que aporte la mayor carga de morbilidad (la diferencia entre el estado de salud actual y la situación ideal en que las personas llegan a la vejez exentas de enfermedades y discapacidades) en el mundo desarrollado y en todas las edades. Los trastornos mentales más frecuentes y discapacitantes en la etapa adulta son el uso de sustancias psicoactivas, la esquizofrenia, la depresión, la ansiedad y las quejas somáticas. 

  • La esquizofrenia, según el Diagnostic and statistical manual of mental disorders, 4 ed. (DSM-IV), es un trastorno psiquiátrico con manifestaciones psicóticas de delirio, alucinaciones, y habla y comportamientos desorganizados, solos o combinados. El criterio principal para diagnosticarla es que la persona tenga síntomas psicóticos característicos de forma más o menos continuada un mínimo de seis meses. La tasa máxima de incidencia de este trastorno mental corresponde al grupo de 20 a 64 años. 
     
    Consejos de salud: Esquizofrenia
  • La depresión grave ocupa el quinto lugar en la clasificación de las diez causas más importantes de morbilidad a nivel mundial y se puede iniciar a cualquier edad. El diagnóstico de trastorno depresivo se confirma cuando la persona experimenta pérdida de interés y placer en sus actividades, trastornos del sueño, cambios de peso o apetito, fatiga y falta de energía, así como sentimientos de impotencia, desesperación y escasa valía durante un período de dos y más semanas (American Psychiatric Association, 1994).
     
    La depresión es uno de los principales problemas de salud mental que causan gran morbilidad en la población adulta mayor de 15 años, especialmente en las mujeres, con una tendencia a ser un problema crónico en los próximos años. La depresión afecta a unos 120 millones de personas en el mundo, y se prevé que este número aumente. Otro problema añadido es la dificultad de acceso a una asistencia sanitaria y un tratamiento adecuados de las personas afectadas en países de medio y bajo desarrollo económico. Se estima que menos de un 25 % de las personas afectadas dispone de un tratamiento adecuado, lo que aumenta la carga de morbilidad. 
  • Otros trastornos frecuentes son los de ansiedad, especialmente el de ansiedad generalizada, que se caracteriza por ansiedad excesiva y preocupación, la mayor parte de los días, durante un período de al menos seis meses como reacción a varios sucesos o actividades. La persona con ansiedad generalizada es incapaz de controlar la preocupación, y experimenta como mínimo tres de los siguientes síntomas: inquietud, fatiga, dificultad para concentrarse, irritabilidad, dificultad para dormir y tensión muscular. Estos trastornos suelen comenzar en la edad adulta más temprana y siguen un patrón de remisión y recaídas que continúa hasta la vejez.

 
Las diferencias de prevalencia por sexos son muy marcadas en algunos trastornos mentales: hay el doble de casos de mujeres que de hombres con cuadros depresivos, que representan un 41,9 % de los trastornos mentales en las mujeres y un 29,3 % en los hombres, y también con los demás trastornos mentales comunes -ansiedad y quejas psicológicas y somáticas-, que afectan al 30 % de la población (OMS, 2002).

En las edades centrales de la vida (de 45 a 64 años) es cuando hay una mayor vulnerabilidad a los trastornos mentales causados por cargas sociales, económicas y de género. La enfermedad mental implica consecuencias negativas laborales, familiares y sociales. Las personas adultas afectadas por una enfermedad mental tienen muchas dificultades para acceder al mercado laboral y/o mantener su puesto de trabajo. En los países desarrollados, del 35 % al 45 % del absentismo laboral se debe a problemas de salud mental. Por otra parte, los trastornos mentales representan un impacto significativo en la calidad de vida de las familias, que ven aumentada su carga familiar. En el aspecto social, todavía se mantiene el estigma sobre las personas con problemas mentales, y sus derechos se suelen vulnerar con más facilidad. Como consecuencia de ello, muchas personas hacen grandes esfuerzos por ocultar los síntomas, y es posible que nunca busquen tratamiento, lo que aumenta su sufrimiento.

 

3. Violencia de género y salud

La violencia de género, a pesar de que no figura entre los primeros lugares de morbimortalidad en las estadísticas, está clasificada como una vulneración de los derechos humanos (Conferencia Mundial de la Organización de las Naciones Unidas, Viena 1993) y un factor de riesgo para la salud de las mujeres por sus consecuencias para la salud física y psicológica, que, en algunos casos, llega a causarles la muerte.

Es más frecuente que las mujeres separadas o divorciadas sean víctimas de crímenes violentos que las mujeres casadas o viudas. Sólo alrededor de un 10 % de las mujeres víctimas de violencia por parte de un conocido solicitan ayuda profesional.

En España, en el período 2003-2010, murieron 545 mujeres (Informe preliminar sobre la distribución espacio-temporal de los femicidios habidos en España entre los años 2003 al 2010, Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad, 2011). Según el informe de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa del 2002, en los países de la Unión Europea la violencia de género es la principal causa de muerte o incapacidad entre las mujeres europeas de 16 a 44 años. La OMS calcula que entre un 15 % y un 71 % de las mujeres han sufrido violencia física y sexual a lo largo de su vida por parte de los hombres, lo que causa problemas psicológicos residuales a las víctimas, a los testimonios y al propio maltratador. Estos abusos se dan en todas las clases sociales y en todos los niveles económicos. Esta realidad explica la necesidad de incorporar la violencia de género en los programas políticos para poder elaborar leyes y guías de intervención para los profesionales de salud con la finalidad de prevenir y dar atención a las mujeres.
 

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Factores y conductas de protección en la adultez

Conductas que hay que potenciar en el estilo de vida individual
 
1. No fumar, 2. Evitar el consumo perjudicial de alcohol, 3. Seguir una alimentación saludable, 4. Realizar actividad física, 5. Mantener un peso adecuado, 6. Protegerse de la radiación solar, 7. Protegerse de las exposiciones ocupacionales y ambientales, 8. Mantener relaciones sexuales seguras, 9. Participar en programas de screening de cáncer, 10. Participar en programas de vacunación, 11. Realizar revisiones periódicas de la dentadura, la vista y el oído, 12. Ejercitar las capacidades mentales, 13. Tener pensamientos positivos, 14. Entrenar las habilidades sociales y de comunicación básicas, 15. Cuidado de los pies

 

A lo largo del siglo XX y también en el XXI, muchas poblaciones del mundo han conseguido ganancias en salud, gracias, en parte, a las mejoras en los ingresos económicos y en la educación, que van acompañadas de mejoras en la nutrición, la higiene, la vivienda, el suministro de agua y la salubridad pública. También son el resultado de un mayor conocimiento de las causas, la prevención y el tratamiento de la enfermedad, al igual que de la introducción de políticas que han mejorado el acceso a los programas de intervención. Por lo tanto, los mejores avances en el campo de la salud se han conseguido por la combinación de factores estructurales y acciones emprendidas por las personas a nivel individual. Estos avances en el campo de la salud han demostrado que existe una relación entre los estilos de vida de las personas, su posición socioeconómica, sus condiciones de vida y su estado de salud. Para promover la salud de manera eficaz es necesario que las personas hagan cambios tanto en las conductas individuales que están bajo el control del individuo (conductas de protección de la salud), como las que están fuera de su control pero son modificables (factores de protección). Estos factores incluyen un entorno físico seguro, condiciones económicas y sociales que apoyen la salud, buen suministro de alimentos, acceso restringido al tabaco y al alcohol, así como la prestación de unos servicios sanitarios eficaces. Por lo tanto, todas las acciones que apoyan a las personas para que adopten estilos de vida saludables y que crean condiciones para establecer entornos de vida saludables, son fundamentales para una promoción de la salud eficaz. Los factores y conductas de protección son todas aquellas actividades concernientes al estilo de vida de las personas. Adoptar un estilo de vida saludable es un factor directamente asociado con el mantenimiento de la salud y la calidad de vida de las personas, ya que ayuda a disminuir la probabilidad de involucrarse en conductas de riesgo, y fomenta las habilidades para afrontar eficazmente los factores estresantes y de riesgo.

Un estilo de vida inadecuado causa un aumento de las enfermedades crónicas y un aumento en la mortalidad por accidentes de tráfico, cáncer y enfermedades crónicas. Por lo tanto, modificar el estilo de vida juega un papel destacado en la prevención. Los factores protectores de la salud más consensuados por la comunidad científica internacional están encaminados a modificar el estilo de vida para prevenir los factores de riesgo de las enfermedades cardiovasculares, de algunos tumores y de otros problemas de salud derivados del proceso de envejecimiento.
  

1. No fumar

No fumar aporta muchos beneficios, especialmente en la disminución de enfermedades respiratorias crónicas y el cáncer de pulmón. Es importante que en caso de no poder dejar el hábito no se fume en presencia de personas no fumadoras. 
 
Consejos de salud: Tabaquismo 

 

 

2. Evitar el consumo perjudicial de alcohol

La relación entre el consumo de alcohol y sus consecuencias sobre la salud depende de la cantidad de alcohol y de su patrón de consumo. Se considera consumo de riesgo o perjudicial para la salud una ingesta media habitual superior a 20-24 g/d, en la mujer, y de más de 40g/d, en el hombre. Según la OMS, en la actualidad no se conoce un límite exacto para establecer en qué cantidad este consumo no perjudica la salud; por lo tanto, se recomienda que en “cualquier circunstancia, cuanta menos cantidad de alcohol, mejor”.

 

Las situaciones en las que se recomienda evitar el consumo de alcohol de forma absoluta son:

  • Embarazo y lactancia.
  • Manejo de vehículos o maquinaria peligrosa.
  • Personas con patologías o medicación subsidiaria de abstinencia.
  • Personas con antecedentes o presencia de enfermedad mental grave.
  • Personas con antecedentes de dependencia alcohólica y/o otras drogas.
  • Personas que no pueden parar o controlar la ingesta de alcohol.

  

 

3. Seguir una alimentación saludable

Seguir una alimentación saludable es la forma recomendable de comer, que se identifica con una dieta sana y que aporta al estilo de vida saludable los conceptos de variedad, equilibrio y adecuación. Se basa en las recomendaciones nutricionales consensuadas para la población, que parten del hecho de que una alimentación saludable debe ser variada, agradable, suficiente y capaz de proporcionar el equilibrio nutritivo que precisa cada persona en cada etapa y cada circunstancia de su vida. 

Consejos de salud: Alimentación saludable - recomendaciones


4. Hacer actividad física

Realizar una actividad física saludable quiere decir realizar el tipo y la cantidad de actividad física considerada beneficiosa para la salud de cada persona. 

Consejos de salud: Actividad física en la adultez 

 

 

5. Mantener un peso adecuado

La alimentación saludable y la actividad física recomendada facilitan el mantenimiento del peso adecuado, que tiende a aumentar en la etapa adulta por el enlentecimiento del metabolismo basal. 

Factores de protección en el sobrepeso y la obesidad

 

 

6. Protegerse de la radiación solar

La protección del sol con ropa y productos específicos, así como evitar la exposición solar excesiva, ayudan a prevenir el cáncer de piel. Las personas que tengan tendencia a quemarse al sol deben tomar medidas activas, como el uso de cremas solares con factor de protección alto. 

 

 

 

7. Protegerse de las exposiciones ocupacionales y ambientales

Protegerse de sustancias cancerígenas, incluidas las exposiciones pasivas al humo, radiaciones ultravioletas, gases (radón, que es un gas radioactivo que se encuentra en los edificios y es factor de riesgo del cáncer de pulmón) y otros. Cumplir estrictamente las regulaciones y las medidas de seguridad laboral establecidas. 

 

 

8. Mantener relaciones sexuales seguras

Utilizar métodos de barrera en las relaciones sexuales para evitar la transmisión de enfermedades sexuales como el herpes genital o infecciones por el virus de la hepatitis o del VIH. 

 

 

9. Participar en programas de screening de cáncer

Los programas de screening o cribado tienen como objetivo prevenir el desarrollo de muchos cánceres o aumentar la probabilidad de curación de los mismos al detectarlos precozmente. Todos los programas deben cumplir criterios de control de calidad. Los que se llevan a cabo en la mayoría de países desarrollados son:

  • Screening de cáncer de cérvix mediante una citología para mujeres de 25 años en adelante. 
  • Screening de cáncer de mama mediante una mamografía para mujeres de 50 años en adelante. 
  • Screening de cáncer de colon y recto para hombres y mujeres de más de 50 años.

 

 

10. Participar en programas de vacunación

Cumplir con la vacunación según las pautas del calendario de vacunación establecido en cada país para cada grupo de edad y necesidades específicas. A nivel mundial, para la población adulta de 19 a 64 años, el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) recomienda las siguientes vacunas: tétanos, difteria, tos ferina, virus del papiloma humano, sarampión, parotiditis, rubeola, varicela, gripe, antineumocócica, hepatitis A y B, antimeningocócica y herpes zóster.

En cuanto a la vacuna del tétanos y la difteria, la OMS ha pautado unas recomendaciones en la vacunación de los adultos y de los adolescentes. Estas últimas recomendaciones no se han adoptado en los Estados Unidos pero sí en España y en algunos países de la Unión Europea.

Ver tabla: Recomendaciones de vacunación para adultos 

Ver tabla: Recomendación de la vacuna de tétanos-difteria para adultos

Estos mismos organismos también recomiendan, para la población adulta con ciertas enfermedades crónicas y otras situaciones que pueden incrementar el riesgo de tener determinadas enfermedades inmunoprevenibles, una adaptación de los calendarios de inmunizaciones sistemáticas que incluyan no sólo las vacunas recomendadas por la edad, sino también las inmunizaciones indicadas para la patología de base, situación de embarazo y exposiciones laborales del personal sanitario. 
  
Ver tabla: Calendario de vacunas indicadas para adultos según indicaciones médicas y de otra índole 
  
Información adulto vacunación.
- Asociación española de vacunología
 
Otras recomendaciones de vacunación que las sociedades científicas y la OMS hacen son para los adolescentes y adultos con determinadas exposiciones conductuales de riesgo como el sexo promiscuo y consumidores de drogas por vía parenteral.

 

Recomendaciones de vacunación para los adolescentes y adultos con determinadas exposiciones conductuales
Vacunas recomendadas  Heterosexuales y bisexuales con múltiples parejas,  
homosexuales, trabajadores del sexo 
Usuarios de drogas por vía parenteral  
 (UDPV)  
 Hepatitis B 3 dosis con pauta 0,1,6 meses  3 dosis con pauta 0,1,6 meses
 Hepatitis A 2 dosis de 0 y 6 meses   2 dosis de 0 y 6 meses
 Tétanos, Difteria (Td) 1 dosis cada 10 años  3 dosis 0, 1-2, 6-12 meses

Fuente: Sociedad Española de Medicina Preventiva, Salud Pública e Higiene, 2005
Autores: Salleras L y cols. Comité de Vacunas de la Sociedad Española de Medicina Preventiva, Salud Pública e Higiene.
Artículo. Calendario de vacunaciones sistemáticas del adulto y recomendaciones de vacunación para los adultos que presentan determinadas condiciones médicas, exposiciones, conductas de riesgo o situaciones especiales. 

-Comité Consultivo Mundial sobre seguridad de vacunas

Finalmente, cada país debe establecer recomendaciones de vacunación para los adultos con determinadas exposiciones laborales, entre las que destacan las del personal sanitario, docente, manipuladores de alimentos, laboratorios clínicos, microbiología, protección civil, militares, personal de limpieza en contacto con residuos, contacto con animales salvajes, etc. 

-  Center for Disease Control and Prevention. Calendario de vacunación recomendado para adultos. Estados Unidos 2010
Ministerio de Sanidad y Consumo. Recomendaciones vacuna difteria y tetanos
-  Ministerio de Sanidad y Consumo. Recomanaciones vacunación en adultos

 

 

11. Realizar revisiones periódicas de la dentadura, la vista y el oído

Para prevenir y detectar problemas de dentición, pérdida de agudeza visual y auditiva, especialmente en personas mayores de 50 años. 


cambios biofisiológicos 

 

 

 

12. Ejercitar las capacidades mentales

Mantenerse activo intelectualmente ayudará a prevenir los efectos que por falta de uso se producen en las capacidades intelectuales en las personas en la etapa adulta. La lectura y tareas educativas son las actividades más indicadas para ejercitar la mente. 

 

 

13. Tener pensamientos positivos

Pensar en positivo sobre uno mismo como persona ayuda a fomentar la autoestima e influye favorablemente sobre la salud mental. 

 

 

14. Entrenar las habilidades sociales y de comunicación básicas

Mantener y adquirir unas habilidades sociales adecuadas mejora las relaciones humanas con los demás. Algunas de estas habilidades sociales básicas son: 

  • Saber escuchar. 
  • Usar la mirada adecuadamente de forma directa, horizontal y relajada a fin de percibir la comunicación no verbal del interlocutor. 
  • Hablar en un tono de voz adecuado. Se deben decir las cosas de forma audible, fluida y clara. Tanto el tono de voz como la fluidez en el habla muestran las actitudes y los estados de ánimo de la persona. 
  • Identificar los elementos de la comunicación no verbal del interlocutor con el objetivo de poder interpretarlos. La comunicación no verbal es innata y aprendida, y refleja los estados de ánimo y las actitudes. En algunos casos es más potente que la comunicación verbal (algunas expresiones faciales y posturas antiálgicas pueden manifestar más señales de dolor que la propia expresión verbal). 
  • Sonreír. 
  • Empatizar con la otra persona (ponerse en su lugar). 
  • Expresar las emociones. 
  • Saber pedir ayuda. 
  • Elogiar y reconocer la labor de los demás. 
  • Defender los propios derechos y manifestar las opiniones y los deseos ante los demás de manera adecuada a la situación, al entorno y a los otros sin molestar (asertividad).

 

15. Cuidado de los pies

Es aconsejable que la persona adulta siga una serie de recomendaciones que la beneficiarán en el cuidado de los pies.

Recomendaciones generales

  • Mantener un peso adecuado, teniendo en cuenta el sexo, la edad y la constitución física, para evitar la sobrecarga de las articulaciones de las extremidades inferiores, sobre todo las rodillas y tobillos.
  • Realizar actividad física de manera regular ayuda a cuidarse, a fortalecer los músculos y los huesos y a mantener la función de las articulaciones.
  • Las mujeres deben seguir una dieta rica en calcio para prevenir o disminuir los efectos de la descalcificación.
  • Evitar el consumo de tabaco, puesto que, además de los beneficios que conlleva para la salud en general, mejora la circulación sanguínea, muy importante para mantener los pies en buen estado.
  • Estar al día de la vacunación antitetánica.
  • Recomendaciones para la correcta elección del calzado (según las 10 reglas de la American Orthopaedic Foot and Ankle):
    • Comprobar con frecuencia la talla del calzado. Los pies cambian con el tiempo y normalmente, a medida que se cumplen años, se necesita un calzado más grande. Es conveniente medir los dos pies —normalmente hay uno más grande que el otro— y siempre debe tomarse como referencia el más grande.
    • Probar el calzado nuevo de pie, y comprobar que haya un espacio de unos 2 cm entre el dedo más largo y el final del zapato. Las tallas varían según los modelos y estilos, por tanto hay que decidir si el calzado es correcto después de probarse los zapatos de los dos pies.
    • Probar el calzado nuevo al final del día, cuando los pies están más hinchados.
    • Asegurarse que el pie no quede comprimido dentro del zapato. Un calzado demasiado ajustado puede provocar rozamientos o heridas.
    • No debe comprarse el calzado si los pies quedan comprimidos dentro del zapato. El calzado ha de ser cómodo desde el primer momento y no debe esperarse que con el tiempo los zapatos se dilaten.
    • En el caso de dedos de martillo o juanetes es conveniente utilizar calzado de ancho especial para no comprimir el pie.
    • De pie, a causa del peso el pie se ensancha, por tanto hay que comprobar en esta posición si existe suficiente espacio dentro de los zapatos para mover los dedos libremente, si hay presión y si la planta del pie se adapta cómodamente a la parte más ancha del zapato.
    • El talón del calzado debe encajar cómodamente con el talón del pie y el deslizamiento debe ser mínimo.
    • La altura del talón del calzado no debe sobrepasar los 4 cm de altura, puesto que por cada 2,5 cm de talón se añade un 25 % más de presión en la parte delantera del pie, con los consiguientes problemas de dolor y la deformación de los dedos.
    • El calzado debe tener la punta redondeada porque la punta estrecha comprime los dedos de los pies y provoca a la larga la formación de hallux valgo o juanetes, de dedos de martillo y neuromas (engrosamiento de los nervios interdigitales del pie, debido a una compresión crónica de la zona, que puede provocar dolor muy intenso en la zona anterior del pie).

 

Recomendaciones para la higiene y el cuidado de la piel

  • Realizar diariamente una higiene cuidadosa de los pies, con jabón con el mismo pH que el de la piel y con agua a una temperatura aproximada de 35 ºC. Conviene secar con detenimiento los espacios interdigitales (entre los dedos) para que no queden húmedos, para prevenir infecciones locales, especialmente las causadas por hongos.
  • Para conservar la piel hidratada, hay que aplicar diariamente, después de la higiene, una crema sin colorantes ni perfumes, a base de urea, lanolina, glicerina, etc., y realizar un masaje suave hasta que se absorba del todo.
  • Cortar las uñas de los pies rectas, de manera que queden en forma de cuadrado, un poco biseladas en los ángulos y no excesivamente cortas.
  • En caso de callosidades o de uñas engrosadas, se debe pedir consejo al podólogo y no utilizar callicidas ni utensilios cortantes que puedan provocar heridas.
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Factores y conductas de riesgo en la adultez

Es en la etapa de la adultez cuando se pueden empezar a manifestar algunas de las consecuencias negativas del estilo de vida que ha adoptado la persona, que influirán sobre su estado de salud en general, así como sobre las enfermedades y los trastornos que puede sufrir.

Los principales factores y conductas de riesgo que se deberían evitar porque innumerables evidencias científicas los vinculan con patologías son los siguientes:
   
1. Fumar, 2. Consumo de alcohol, 3. Consumo de otras drogas, 4. Hipertensión arterial, 5. Obesidad, 6. Aumento de la presión intraocular, 7. Exposición a factores ambientales, 8. Exposición a radiaciones ionizantes, 9. Factores hormonales, 10. Agentes biológicos, 11. Factores psicosociales.

 

1. Fumar

En el informe sobre el tabaco del 2008 (Who report on the global tobacco epidemic 2008) la OMS indica que EEUU y Canadá, países pioneros en la lucha antitabaco desde que ésta se inició, han disminuido sus tasas de mortalidad por cáncer y otras patologías asociadas al consumo de tabaco. Los países con mayor desarrollo socioeconómico experimentan una disminución en el consumo de tabaco, al contrario que los países de bajo desarrollo, donde aumenta.

El tabaquismo mata cada año 6 millones de personas (OMS, 2011), a pesar de ser un factor totalmente prevenible. Un 80 % de las muertes se dan en los países en desarrollo, con falta de políticas de salud, lo que facilita que la industria del tabaco llegue a la población joven y adulta. Actualmente, menos de un 10 % de la población mundial vive en países que adoptan medidas de protección para la salud. Alguna de estas medidas, como la prohibición de la publicidad del tabaco, ha provocado un descenso en el consumo de tabaco de un 16 %. Por lo tanto, es fundamental la instauración de medidas coherentes por parte de las políticas sanitarias de cada país para frenar la epidemia del tabaco.

Consejos de salud: Tabaquismo y problemas de salud relacionados


2. Consumo de alcohol

El consumo de alcohol es un problema grave de salud pública y de seguridad en casi todos los países, y está relacionado con un amplio abanico de problemas de salud tanto físicos como mentales y sociales. Ocupa el tercer lugar entre los factores de riesgo de morbilidad y de discapacidad; es el primer factor de riesgo en los países de la zona del Pacífico occidental y de América del Norte y del Sur, y el segundo en Europa.

La ingesta de alcohol a niveles de riesgo es un factor determinante de enfermedades cardiovasculares, de la cirrosis hepática y de varios cánceres. También está asociada a algunas enfermedades infecciosas, como la infección por VIH/sida, la tuberculosis y las infecciones de transmisión sexual, como consecuencia del efecto del alcohol sobre el sistema inmunitario y al hecho de que la embriaguez disminuye la adherencia terapéutica al tratamiento antiretroviral.

En relación con los trastornos neuropsiquiátricos, se destacan la ansiedad, la depresión, la epilepsia y el daño en el sistema nervioso periférico y cerebral, que aumenta el riesgo de degeneración cerebral con afectación de la función cognitiva. Además, el consumo de alcohol incrementa las conductas de violencia y el riesgo de accidentes.

En el caso de las mujeres gestantes, la abstinencia de alcohol ha de ser total, ya que el consumo incluso de cantidades mínimas puede causar el síndrome alcohólico fetal y un parto prematuro, hechos que afectan el desarrollo de los recién nacidos.

 

Según la OMS, a nivel mundial se estima que el alcohol causa aproximadamente entre un 20 % y un 30 % de los cánceres de esófago y de hígado, cirrosis hepática, homicidios, epilepsia y accidentes de tráfico, y una mortalidad de un 3,2 %, con una mayor proporción en los hombres (5,6 %) que en las mujeres (0,6 %).  El abuso en el consumo de bebidas alcohólicas causa 2,5 millones de muertes al año en el mundo, y un 9 % de estas defunciones corresponde a jóvenes de entre 15 y 29 años.

Los países con más proporción de carga de morbilidad atribuida al consumo de alcohol son los de América del Norte y del Sur y Europa, donde oscila entre el 8 % y el 18 % en los hombres y entre el 2 % y el 4 % en las mujeres.

El significado del consumo de alcohol varía según el contexto sociocultural, que puede ir desde culturas donde consumir bebidas alcohólicas se limita a celebraciones sociales, hasta culturas y sociedades en las cuales el consumo de alcohol forma parte de la dieta alimenticia o no es aceptado. El daño y los riesgos derivados del consumo de alcohol están relacionados con la cantidad de bebidas alcohólicas al día y/o por semana que ingieran los hombres y las mujeres, y con las características en la forma de beber.

 

La OMS clasifica la ingesta de alcohol por día en las categorías de consumo siguientes, que se corresponden con varios niveles de riesgo:

CategoríaHombreMujer
Abstemio 0 0
Nivel I >0-40 g alcohol/día >0-20 g alcohol/día
Nivel II >40-60 g alcohol/día >20-40 g alcohol/día
Nivel III >60-80 g alcohol/día >40-60 g alcohol/día

Fuente: Prevención de los problemas derivados del alcohol. 1ª Conferencia de prevención y promoción de la salud en la práctica clínica en España. Madrid: Ministerio de Sanidad y Consumo, 2008.

 

Para el cálculo del contenido en gramos de las bebidas alcohólicas, la fórmula propuesta por el Ministerio de Sanidad y Consumo es la siguiente:

Gramos de alcohol = volumen de la bebida expresado en cc x graduación x 0,8/100

Por ejemplo, si una persona bebe una copa de vino (100 cc) con una graduación de 13 grados, la cantidad de alcohol absoluto ingerida sería:

100 cc x 13 x 0,8 / 100= 10,4 gramos de alcohol puro

 

Se considera consumo de riesgo la ingesta media habitual de >20-24g/día para las mujeres y de >40g/día en los hombres. En cuanto al consumo semanal, se considera de riesgo cuando la ingesta de alcohol supera los 280 gramos en el caso de los hombres y los 170 gramos en el caso de las mujeres. Las personas con un consumo de riesgo son susceptibles de entrar en programas de terapia de deshabituación.

 

A parte de los niveles establecidos, en la actualidad, se está intentando consensuar una nueva categoría sobre el patrón de consumo que corresponde a la ingesta de cantidades elevadas y concentradas de alcohol. Este patrón de consumo se ha relacionado con efectos secundarios sobre la salud en diferentes estudios epidemiológicos.

 

En España se ha definido como el consumo de 60 o más gramos de alcohol en los hombres y de más de 40 gramos en las mujeres, concentrado en un sola sesión de consumo (habitualmente 4-6 h), durante la que se mantiene un cierto nivel de intoxicación alcohólica (alcoholemia ≥ 0,8).


El consumo de riesgo de bebidas alcohólicas afecta a muchos aspectos de la vida familiar y social de las personas: daña su salud, su felicidad, su vida familiar, sus amistades, su trabajo, sus estudios, sus oportunidades laborales y su economía.

Algunos estudios epidemiológicos realizados en países industrializados y de culturas donde el consumo de alcohol está ampliamente aceptado revelan que el consumo de poco alcohol o con una unidad de bebida alcohólica cada dos días puede tener efectos protectores coronarios y reducir el riesgo de enfermedad cardíaca coronaria en los hombres de más de 45 años y en las mujeres después de la menopausia. Sin embargo, estos efectos beneficiosos no pueden generalizarse en las culturas y las sociedades con baja mortalidad por enfermedad cardíaca o en las cuales el consumo de alcohol no es aceptable o donde la abstención es la norma (OMS, 2005).


3. Consumo de otras drogas 

El consumo de drogas es una de las principales causas de problemas de salud y muertes entre la población adulta de 15 a 49 años de los países desarrollados. Es difícil obtener datos exhaustivos de algunos países sobre el consumo de drogas, pero no por ello se le puede restar importancia. A nivel mundial, las sustancias más consumidas por este grupo de edad –con diferente prevalencia según el país- son el cannabis, la cocaína, el éxtasis, las anfetaminas y los opiáceos. Las estimaciones de la ONUDD (Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito) indican que la prevalencia de consumo de opiáceos en EEUU, Canadá y Australia es muy parecida a la de la Unión Europea, que oscila entre el 0,4 % y el 0,5 %, ligeramente inferior a Canadá y ligeramente superior en EEUU. La prevalencia  de consumo de cannabis a lo largo de la vida (consumo de droga al menos una vez) en los adultos (entre 15 y 34 años) es más alta en Canadá (58 %). En el mismo grupo de edad, la prevalencia es de un 49 % en EEUU, de un 48 % en Australia y de un 31 % en Europa, donde es el producto predominante de consumo. En cuanto a los niveles de consumo de éxtasis, son muy similares en todo el mundo. La prevalencia en el consumo de anfetaminas en Australia y en EEUU es superior a la de Europa y Canadá, mientras que el consumo de cocaína en los EEUU y Canadá es superior al de la Unión Europea y Australia.

Según los datos más recientes del OEDT (Observatorio Europeo de Drogas y Toxicomanías, 2008), las estimaciones sobre el consumo de drogas entre la población adulta (15-64 años) son las siguientes:

  • Cannabis, con una prevalencia a lo largo de la vida (que han consumido la droga al menos una vez) del 22 %, se concentra en los adultos jóvenes de entre 15 y 24 años. 
  • Cocaína, con una prevalencia a lo largo de la vida del 3,6 %, es la segunda droga más consumida en Europa después del cannabis, y su consumo se halla concentrado en los adultos de 15 a 34 años. 
  • Anfetaminas, con una prevalencia a lo largo de la vida del 3,3 %, y el éxtasis, con el 2,8 %, su consumo se concentra en el mismo grupo de edad que las anteriores (de 15 a 34 años). 
  • El consumo problemático de opiáceos oscila a grandes rasgos entre uno y seis casos por mil adultos de 15 a 64 años. Estas estimaciones sobre el número de consumidores de opiáceos son generalmente inciertas, dada la naturaleza oculta de este tipo de consumo de droga.

 
El consumo y la dependencia de las diferentes drogas tienen consecuencias graves para la salud, aumentan la morbilidad y la mortalidad entre sus consumidores.
 
El consumo intensivo y la dependencia del cannabis están asociados con un aumento de los problemas mentales, sociales y de deterioro neurológico, especialmente los déficits y las pérdidas de memoria.
 
Las enfermedades infecciosas como el VIH y las hepatitis B y C están relacionadas con el consumo de drogas por vía parenteral. Además, otras enfermedades infecciosas como las de transmisión sexual, tuberculosis, tétanos, botulismo y el virus linfotrófico humano de células T pueden afectar considerablemente a los consumidores de estas drogas. A pesar de que los datos más recientes indican que la incidencia de infecciones por VIH entre los consumidores de drogas por vía parenteral es baja en la Unión Europea, se requiere vigilancia, ya que en algunos países, como Rusia y Ucrania, hay un aumento de la incidencia.
 
Los problemas de salud asociados al consumo crónico de cocaína son cardiovasculares (arterioesclerosis, miocardiopatía, arritmias, isquemia del miocardio) y neurológicos (apoplejías y accidentes cerebrovasculares).
 
Las tasas de mortalidad de la población adulta (OEDT, 2008) a causa de las drogas son muy diversas en los distintos países y oscilan entre 5 y 70 muertes por millón de habitantes entre 15 y 64 años. En el período 2005-2006 un 3,5 % de todos los casos de muertes de europeos de entre 15 y 39 años fueron de muertes inducidas por drogas, de las cuales en el 70 % se detectaron opiáceos. La mayoría de los fallecidos por sobredosis de opiáceos (60-95 %) son hombres, generalmente entre 20 y 40 años, con una edad media en la mayoría de países de unos 35 años.

Además de las drogas controladas legalmente, aparecen nuevas sustancias psicotrópicas cuyo consumo puede tener repercusiones importantes sobre la salud, pero todavía pocos países disponen de sistemas de control y seguimiento para detectar las nuevas pautas de consumo. A lo largo del 2007 se notificaron al OEDT un total de 15 nuevas sustancias muy variadas que incluían drogas sintéticas, medicamentos y sustancias naturales como la Salvia divinorum y la rosa lisérgica, plantas con potentes propiedades psicotrópicas y alucinógenas. La mayoría de estas nuevas sustancias se comercializan a través de Internet y con frecuencia las tiendas en línea indican que son legales, lo que constituye una amenaza potencial para la salud pública y la sociedad. Por lo tanto, es necesario estar alerta y establecer medidas legales y sanitarias para las sustancias no controladas que van apareciendo en el mercado.


4. Hipertensión arterial 

La hipertensión arterial es un aumento mantenido de la tensión arterial. En los adultos existe hipertensión cuando la presión arterial sistólica es superior a 140 mm Hg y la presión arterial diastólica es igual o superior a 90 mm Hg. 
  
    

Clasificación de la TA según la Sociedad Española de Hipertensión (SEH)
 CategoríaPresión sistólica
(mmHg) 
 Presión diastólica
 (mmHg)
 Óptima  <>

 <>

 Normal  120-129        y

 80-84

 Normal-alta  130-139        o  85-89
 Hipertensión Grado 1  140-159        o  90-99
 Hipertensión Grado 2  160-179        o  100-109
 Hipertensión Grado 3  ≥ 180            o  ≥ 110
 Hipertensión sistólica aislada  ≥140             y  <>


Es uno de los principales factores de riesgo en las enfermedades cardiovasculares, que incluyen la enfermedad arterial coronaria, la hipertrofia ventricular izquierda y la insuficiencia cardíaca; enfermedades cerebrovasculares como el ictus; enfermedad vascular periférica; nefrosclerosis, y lesión en la retina. Con la edad aumenta la tensión arterial debido al incremento de las fibras de colágeno en las paredes arteriales, lo que hace que los vasos sean más rígidos y pierdan su elasticidad. A causa de esta rigidez el flujo sanguíneo aumenta su presión para salvar la resistencia de las paredes arteriales. En relación al sexo, los hombres tienen cifras superiores a las de las mujeres hasta los 55 años aproximadamente, y no se observan diferencias en las edades posteriores. La disminución de las cifras elevadas de la tensión arterial reduce las tasas de morbilidad y mortalidad por accidentes cardiovasculares y enfermedad coronaria en las personas hipertensas. La reducción en la mortalidad por enfermedad cardiovascular en los países desarrollados es debida en gran medida a la mejora en los programas de detección y control de la hipertensión arterial, lo cual evidencia la importancia social de las medidas de prevención frente a la hipertensión.

Entre las causas más importantes de hipertensión están los antecedentes de hipertensión familiar, el consumo elevado de sal en las ingestas, el estrés, la obesidad y el consumo elevado de grasas. 


5. Obesidad 

La besidad es una enfermedad crónica caracterizada por un índice de masa corporal (IMC) aumentado o igual a 30. La obesidad es la segunda causa conocida de muerte evitable después del tabaquismo y se ha convertido en un grave problema de salud pública. Las tasas de mortalidad se elevan a medida que aumenta la obesidad, sobre todo en la llamada obesidad central, vinculada a un incremento de la grasa abdominal (perímetro abdominal ≥ 102 cm en el hombre y ≥ 82 cm en la mujer). Cada año mueren aproximadamente 2,8 millones de personas adultas como consecuencia del sobrepeso o la obesidad. En el año 2008, la OMS informó de que 1400 millones de personas adultas de 20 o más años tenían sobrepeso (más de 200 millones de hombres y cerca de 300 millones de mujeres). Es un factor de riesgo para enfermedades crónicas como la hipertensión arterial, enfermedades cardiovasculares, pulmonares, óseas, articulares y cutáneas, trastornos en la reproducción, resistencia a la insulina y diabetes tipo II. También la obesidad conlleva un aumento en la mortalidad por cáncer. En grandes estudios epidemiológicos que se han hecho en EEUU y Europa se detecta el aumento progresivo de la cantidad total de grasa en la alimentación. Se ha pasado de un 30 % a un 40 % del aporte calórico total. Junto con este cambio en la alimentación y el sedentarismo se favorece la rápida aceleración de este problema en la sociedad (Delgado y cols., 2005). 

Entre las causas fundamentales a las que se atribuye el aumento de la obesidad en el mundo se encuentra el aumento progresivo de alimentos ricos en grasas, sal y azúcares pero pobres en vitaminas y minerales, y una disminución de la actividad física a causa del sedentarismo motivado por las nuevas formas de trabajo, de los nuevos medios de desplazamiento y del agrupamiento poblacional en las ciudades.   

Consejos de salud en el Sobrepeso y obesidad


6. Aumento de la presión intraocular

El aumento de la presión intraocular puede causar glaucoma. La detección temprana es fundamental, por lo que se recomienda a las personas mayores de 50 años una revisión ocular anual.

cambios biológicos


7. Exposición a factores ambientales

En los países industrializados la población se expone a diario a numerosos agentes tóxicos presentes en el aire, el agua o los alimentos. La contaminación del aire por partículas de dióxido de azufre, óxidos de nitrógeno y ozono, principalmente, se ha asociado a un aumento de las enfermedades respiratorias y cardiovasculares.

La exposición a la luz ultravioleta solar es la causa principal del carcinoma de células basales en la cara y el cuello, y contribuye a la incidencia del carcinoma escamoso de piel y del melanoma. Otros factores ambientales como la exposición pasiva al humo del tabaco, polvo de sílice cristalina, polvo de madera, radón (un gas radioactivo que se encuentran en los edificios) y sus productos de degradación, y la exposición a humos de motores diesel, se consideran también factores cancerígenos. La prevención en este campo debe estar dirigida a los trabajadores de las industrias donde se fabrican estos productos o del transporte de sustancias cancerígenas, y tiene que incluir información de todos los riesgos y la utilización de las medidas de protección que garanticen la seguridad laboral.

En cuanto a los países en desarrollo, el uso de combustibles sólidos, como el carbón, en los hogares causa la contaminación del aire en las viviendas, lo que hace aumentar las enfermedades respiratorias agudas en la población infantil, y las crónicas y el cáncer de pulmón en los adultos. Por lo tanto, la información sobre estos factores y la instauración de medidas preventivas es primordial en la población que mantiene estas prácticas.

Otro riesgo ambiental frecuente es la exposición prolongada al ruido, que contribuye a la pérdida auditiva. Los efectos de esta exposición son acumulativos; al principio sus efectos son imperceptibles. Muchos jóvenes realizan trabajos en ambientes muy ruidosos durante un tiempo prolongado sin ponerse auriculares de protección o escuchan música a un volumen altísimo, lo que produce deficiencias auditivas en el futuro. La reducción de la capacidad para oír con claridad y comprender puede causar en la persona un aislamiento social; conforme los sonidos familiares de la vida se van atenuando, si el déficit no se compensa, se pueden aparecer depresiones, ansiedad y otros trastornos emocionales.


8. Exposición a radiaciones ionizantes

Las radiaciones ionizantes están consideradas carcinógenas para los seres humanos y la principal fuente de exposición para la población general es la procedente de las pruebas diagnósticas y terapéuticas en medicina. Se considera que los tumores de tiroides, mama y pulmón junto con la leucemia son los más inducidos por las radiaciones ionizantes. 

Consejos de salud: Radiografías simples 
Consejos de salud: Radiografías contrastadas


9. Factores hormonales 

Las causas hormonales como tratamientos y otros factores tienen una mayor repercusión en los cánceres de cuello uterino, endometrio, ovario y mama. El tratamiento hormonal sustitutorio con estrógenos (IARC, 2000) está asociado a la mayor incidencia del cáncer de mama y endometrio en la mujer. El consumo de anticonceptivos orales se ha relacionado con un aumento en el riesgo de tener un cáncer de endometrio, de mama, de cuello de útero y de hígado, y con una disminución de cáncer de ovario (IARC, 1999). En el caso del cáncer de endometrio, se cree que los anticonceptivos orales con estrógenos no combinados con progesterona estimulan la división celular, mientras que los que se combinan con progesterona podrían tener efecto protector. Respecto al cáncer de mama, se considera que el riesgo aumenta con la menarquia precoz, la menopausia tardía, la primera gestación después de los 35 años, valores elevados de estrógenos y prolactina, enfermedad fibroquística de la mama y cáncer previo de mama.


10. Agentes biológicos

La infección por ciertos tipos de virus del papiloma humano (VPH) es el principal agente causal del cáncer de cuello de útero (IARC, 1995), que se transmite por contacto sexual. Casi todas las mujeres serán infectadas por VPH en algún momento de su vida, pero el sistema inmunitario de la mayoría de ellas suprimirá o eliminará los virus del papiloma humano. Solamente las infecciones persistentes, las que no desparecen en muchos años, pueden causar el cáncer cervical. Su incidencia se relaciona inversamente con la edad de inicio de las relaciones sexuales y directamente con el número de parejas sexuales y con la promiscuidad. En el año 2006, la Food and Drug Administration (FDA) de los EEUU aprobó una vacuna que es muy efectiva en la prevención de infecciones persistentes causadas por dos tipos del virus del VPH, 16 y 18, causantes de la mayoría de los cánceres cervicales (70 %), y por los tipos del virus 6 y 11, que causan el 90 % de la verrugas genitales. Esta vacuna es efectiva solamente si se administra antes de la infección por VHP, por lo que se recomienda administarla antes de que la mujer joven sea sexualmente activa.

Las infecciones crónicas por los virus de las hepatitis B y C están relacionadas con la mayoría de los tumores malignos de hígado en los países occidentales (IARC, 1994). En el caso de la hepatitis B existe una vacuna que en España está incorporada en el calendario de vacunación. Sin embargo, la hepatitis C no tiene vacuna y por tanto su prevención se basa en el cumplimiento de las medidas preventivas específicas.

El Helicobacter pylori, una bacteria asociada a la aparición de úlcera gastroduodenal y algunos tipos de gastritis, aumenta el riesgo de desarrollar cáncer gástrico. Actualmente no existe vacuna contra esta bacteria y se utiliza un tratamiento antibiótico para disminuir su prevalencia.


11. Factores psicosociales

En la adultez es cuando los hombres y las mujeres experimentan la mayoría de los cambios que van a constituir su historia de vida. Durante la trayectoria vital y más frecuentemente en la madurez se dan situaciones vitales que pueden influir negativamente sobre la salud de las personas. 

 
Pérdidas

La ruptura de la convivencia con la pareja o personas significativas, las pérdidas del trabajo y las condiciones de vida, y las pérdidas de los seres queridos, entre otras muchas que puede vivir una persona a lo largo de su edad adulta, tienen a menudo consecuencias para la salud si no se afrontan adecuadamente. Estas consecuencias serán más graves en las personas que viven en dependencia material y afectiva de las personas que pierden. La vulnerabilidad aumenta en las mujeres sujetas al modelo tradicional de género, ya que en su caso el matrimonio y la familia son su único espacio de realización personal. 

Consejos de salud: Duelo 


Enfermedades o problemas con los hijos o hijas

Es frecuente que las madres y los padres sufran un gran impacto emocional al tener que afrontar una enfermedad o algún problema con los hijos. Sienten que sus funciones de padres no se han realizado adecuadamente y manifiestan sentimientos de culpa por ello, lo que impide afrontar adecuadamente la situación. 


Rol de cuidadora

Una gran mayoría de personas de la generación nacida en la segunda mitad de siglo XX, y que han llegado a la madurez, se encuentran con que sus padres, en un número creciente de casos, necesitan ser cuidados, sea por la edad avanzada o por el aumento de la dependencia por demencias seniles y enfermedades crónicas. Estos aspectos generacionales, junto con la prolongada dependencia de los jóvenes de sus familias a causa de las dificultades laborales y económicas para su emancipación, contribuyen a que los adultos maduros tengan que destinar mucha energía y tiempo a los cuidados de sus hijos y, a veces, también nietos y padres mayores.


Esta situación aumenta el estrés por rol de cuidadora en el grupo de edad entre 45-65 o más años y afecta al bienestar y la salud de los integrantes de la familia, especialmente a las mujeres. Las mujeres de edad madura son las que asumen mayoritariamente los cuidados informales de las personas mayores, de los hijos que viven todavía en casa y de los nietos (García Calvente, 2002).

El papel de cuidadora supone un gran impacto en la calidad de vida y en la propia salud, por lo que las cuidadoras se convierten en usuarias habituales de los servicios sanitarios. Entre los problemas de salud y los síntomas que presentan con más frecuencia hay depresión, agotamiento, lumbalgia, ansiedad, tristeza, enfermedades osteoarticulares, dolor crónico, cefalea (dolor de cabeza), dispepsias (dificultad para la digestión), mareos, astenia (cansancio), etc. (Tourné, 2006).

El papel de cuidadora exige renuncias personales que, juntamente con el agotamiento por la sobrecarga de cuidados, afectan la salud mental de la cuidadora. La postergación del propio cuidado, la exclusión de la vida laboral en muchos casos y del desempeño de otros roles sociales, combinados con la falta de reconocimiento y reciprocidad del papel de cuidadora, tienen consecuencias que favorecen los procesos de depresión y ansiedad vinculados a la falta de autonomía y la pérdida de control de la propia vida (OMS, 2002). 

 

Estrés

El estrés es una reacción normal y sana del cuerpo que ayuda a afrontar los pequeños cambios cotidianos y las situaciones excepcionales o difíciles de la vida. El estrés se convierte en problema cuando se mantiene mucho tiempo y llega a perjudicar a la persona. Aunque el estrés puede afectar a las personas de cualquier edad, es en la edad madura cuando los efectos se manifiestan con más fuerza, ya que éste es el período de la etapa adulta que se caracteriza por muchos cambios significativos en la vida que causan un aumento del estrés. Las situaciones más estresantes suelen ser los acontecimientos vitales tanto positivos como negativos que conllevan adaptaciones y cambios para afrontarlos de forma eficaz. En la etapa adulta las situaciones vitales generadoras de estrés más frecuentes son: el inicio de vida en pareja, la maternidad, la paternidad, el divorcio o la separación de la pareja, una enfermedad o un accidente, enfermedad de allegados, el fallecimiento de la pareja, el fallecimiento de familiares, el despido laboral, la jubilación, emigrar, cuidar de otros, etc. Otros factores que causan estrés en esta etapa son el tipo de trabajo y clima laboral, la doble jornada frecuente en las mujeres, las relaciones personales insatisfactorias, el clima familiar, etc. A veces, la fuente de estrés puede estar dentro de uno mismo, en la forma de pensar, en la manera de ver y afrontar las situaciones, tener excesiva preocupación, exigirse demasiado, pretender solucionar los problemas de los demás, apreciarse y cuidarse poco, no disfrutar de lo positivo, no descargar la tensión física, no expresar las emociones o sentimientos, etc. (Instituto de Salud Pública. Dpto. de Salud. Gobierno de Navarra, 2001). También el tipo de vida que se lleva en muchas sociedades y el entorno en que se vive pueden ser otros factores externos que provoquen estrés. Numerosos estudios relacionan el estrés con la salud física, un estrés constante reduce la funcionalidad del sistema inmunitario, lo que hace que aumente la vulnerabilidad a las infecciones virales, el riesgo de arterioesclerosis e hipertensión, y el deterioro de la memoria y cognitivo (Davis, McKay y Eshelman, 2000). Cada persona valora, vive y afronta las situaciones de forma diferente. En general las personas suelen pasar temporadas con un nivel de estrés que les es útil para vivir, otras con poco o con demasiado, y otras en las que el estrés es continuado y desencadena problemas para la salud. Antes de presentarse un problema con el estrés, las personas suelen pasar por una primera etapa de percepción de que algo ocurre, con síntomas de inquietud, nervios, miedo, tristeza, etc.; en caso de no afrontarse estos síntomas y de continuar bastante tiempo, se puede pasar a una etapa de agotamiento físico o emocional. Tanto las señales de malestar emocional (ansiedad, tristeza, irritabilidad constante, cansancio, insomnio, dejar las tareas sin terminar, verlo todo negativo, etc.) como las señales de tensión física (sentirse con los nervios a flor de piel, nudo en el estómago, tensión muscular, sudoración, palpitaciones, dolor de cabeza, cuello o espalda), son indicadores del nivel de estrés al que está sometida la persona, por tanto es fundamental reconocer estas señales para manejar el estrés adecuadamente y evitar sus consecuencias sobre la salud.

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