Lo que necesita saber: Tabaquismo

Respirar

  

Para las personas que intentan dejar de fumar se aconseja:

  • Respirar aire puro y evitar las zonas contaminadas, con el fin de liberar el monóxido de carbono del organismo. 
  • Beber agua, al menos ocho vasos al día, para mantener el trato respiratorio hidratado, ya que es probable un aumento de la expectoración a causa de la renovación epitelial de los cilios pulmonares.

 

Para las personas fumadoras (diarias u ocasionales), se recomienda

  • No fumar si se sufre un resfriado o cualquier enfermedad respiratoria. Éste puede ser un buen momento para dejar el tabaco. 


Se recomienda tener en cuenta todos los consejos generales, que permitirán adoptar medidas saludables en relación con la actividad de la vida diaria de: 

Respirar

 

 

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Comer y beber

 Para las personas que intentan dejar de fumar, se aconseja
  • Hacer cinco comidas al día, variadas y con raciones moderadas. 
  • Seguir una alimentación rica en fibra (verdura, fruta, hidratos de carbono integrales).
  • Consumir lácteos desnatados.
  • Evitar los alimentos muy calóricos (bollería, helados, pasteles, azúcares, grasas animales) y los aperitivos o snacks como las patatas fritas, los frutos secos o las aceitunas.
  • Evitar o reducir el consumo de bebidas excitantes como el café, el té o las bebidas energéticas.

 

Para las personas fumadoras (diarias u ocasionales), se recomienda: 

  • Beber al menos ocho vasos de agua al día, para compensar la deshidratación de los tejidos causada por el tabaco (siempre que no esté contraindicado por la existencia de otro problema de salud). 
  • Tomar zumos y fruta rica en vitamina C (kiwi, naranja, mandarina, piña) para hidratar y desintoxicar el cuerpo. La vitamina C aumenta las defensas y evita la oxidación de los tejidos de las personas fumadoras.


Se recomienda tener en cuenta todos los consejos generales, que permitirán adoptar medidas saludables en relación con la actividad de la vida diaria de: 

Comer y beber

 

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Moverse y mantener una postura corporal correcta

 Para las personas que intentan dejar de fumar, se aconseja

 

Para las personas fumadoras (diarias u ocasionales), se recomienda:  


Se recomienda tener en cuenta todos los consejos generales, que permitirán adoptar medidas saludables en relación con la actividad de la vida diaria de:

Moverse y mantener una postura corporal correcta

 

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Reposar y dormir

Para las personas que intentan dejar de fumar, se aconseja
  • Evitar el consumo de estimulantes (cola, café, teína, bebidas energéticas), sobre todo por la tarde y por la noche.
  • Evitar el consumo excesivo de alcohol, sobre todo después de cenar. El alcohol facilita el inicio del sueño pero después lo interrumpe.
  • Ir a la cama siempre a la misma hora. 
  • Evitar estar mucho tiempo despierto en la cama (no se ha de ver la televisión, cenar o trabajar ni consultar documentos en la cama).
  • En el caso de estar nervioso, hacer ejercicios de relajación respiratoria: coger aire profundamente, aguantarlo unos segundos y, después, ir exhalándolo lentamente por la boca con los labios fruncidos.
    Tipo de terapias complementarias
  • Practicar algun deporte o, simplemente, caminar, ir en bicicleta o hacer actividades cotidianas de una manera activa puede ayudar a dormir mejor. 

 

Para las personas fumadoras (diarias u ocasionales), se aconseja

  • En caso de insomnio, fumar menos por las tardes y por la noche, y tomar infusiones calientes o un vaso de leche con miel.


Se recomienda
tener en cuenta todos los consejos generales, que permitirán adoptar medidas saludables en relación con la actividad de la vida diaria de:

Reposar y dormir

 

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 Tanto para las personas que intentan dejar de fumar como para las que son fumadoras, se aconseja
  • Darse masajes abdominales para activar la motilidad de los intestinos.
  • Hacer ejercicio físico.
  • Tomar laxantes si es necesario.

 
Se recomienda tener en cuenta todos los consejos generales, que permitirán adoptar medidas saludables en relación con la actividad de la vida diaria de: 

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Evitar peligros y prevenir riesgos

 Para las personas que intentan dejar de fumar, se aconseja
  • Evitar tener cerca ceniceros, tabaco y todo lo que pueda recordar el tabaco. 
  • Evitar situaciones de nerviosismo o de estrés.
  • Reducir las salidas sociales con amigos, familiares o compañeros de trabajo fumadores.
  • Mantenerse activo después de las comidas principales (no hay que ver la televisión o leer, por ejemplo).
  • Evitar el alcohol y las bebidas estimulantes (café, te o bebidas energéticas).
  • En caso de presentar síndrome de abstinencia (estrés, ansiedad, hambre, irritabilidad) y no poder fumar por un viaje largo, una estancia hospitalaria, etc., puede recurrirse a un tratamiento sustitutivo de nicotina (chicles y comprimidos). Hay que valorar estas situaciones como oportunidades para el cambio.

 

Para las personas fumadoras (diarias u ocasionales), se aconseja:

  • Evitar fumar en la cama, ya que la persona puede dormirse en ella y provocar un incendio. 
  • Evitar fumar mientras se conduce, ya que se puede tener un descuido y provocar un accidente.

 
En todos los casos, se aconseja:

  • Dejar siempre la ceniza y las colillas en un cenicero no inflamable. 
  • No fumar cerca de un sitio donde haya peligro de incendio (gasolineras, espacios con productos químicos, etc.). 
  • No tirar cigarrillos en zonas boscosas. 
  • No dejar los cigarrillos al alcance de niños o de adolescentes. 
  • Evitar fumar delante de personas vulnerables (personas con problemas de salud respiratorios, niños, mujeres embarazadas, etc.). 
  • Cumplir las restricciones y fumar sólo en los sitios permitidos.

    factores y conductas de protección en el tabaquismo 
    factores y conductas de riesgo en el tabaquismo


Se recomienda
tener en cuenta todos los consejos generales, que permitirán adoptar medidas saludables en relación con la actividad de la vida diaria de: 

Evitar peligros y prevenir riesgos

 

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Comunicarse e interactuar socialmente

 Para las personas que intentan dejar de fumar, se aconseja:
  • Informar al círculo familiar, laboral y social, y pedirles comprensión y ayuda. 
  • Recordar a todos que no hay que ofrecer ni dar tabaco, aunque se pida.
  • Reducir las salidas sociales con fumadores o pedir que no fumen ante usted.
  • Si otra persona de su entorno también quiere dejar de fumar, puede proponerle hacerlo los dos juntos.

 

Para las personas fumadoras (diarias u ocasionales), se recomienda

  • Preguntar a las personas de los alrededores si los molesta el humo antes de encender un cigarrillo, aunque esté en un sitio para fumadores.
  • Respetar los espacios donde no se puede fumar.
  • Intentar no fumar en espacios cerrados ante personas más vulnerables al tabaco (embarazadas, cardiópatas, en tratamiento oncológico).


Se recomienda tener en cuenta todos los consejos generales, que permitirán adoptar medidas saludables en relación con la actividad de la vida diaria de: 

Comunicarse e interactuar socialmente

 

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Trabajar y divertirse

 Para las personas que intentan dejar de fumar, se aconseja
  • En caso de salir, evitar el alcohol, el café, el té, las bebidas energéticas y las comidas copiosas que pueden incitar a consumir un cigarrillo.

 

Para las personas fumadoras (diarias u ocasionales), se recomienda:

  • No fumar durante la jornada laboral, tal y como establece la ley vigente, que prohíbe fumar en los lugares de trabajo. 
  • Si se tiene síndrome de abstinencia durante la jornada laboral, puede utilizarse un comprimido de nicotina o un chicle. 
  • Explicar la situación a los profesionales de salud laboral del lugar de trabajo.


Se recomienda tener en cuenta todos los consejos generales, que permitirán adoptar medidas saludables en relación con la actividad de la vida diaria de: 

Trabajar y divertirse

 

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Tópicos y conductas erróneas

 

Dejar de fumar no engorda. Es cierto que las personas que dejan de fumar pueden ganar entre dos y tres kilogramos de peso, pero el peso se puede controlar con una alimentación saludable y con una actividad física regular. En este sentido, si la persona que deja de fumar no come más y no tiene sobrepeso y, por lo tanto, no necesita quemar más calorías, se recomienda adaptar su actividad física al objetivo propuesto: bienestar, estar en forma, rendimiento o rehabilitación. Si, por lo contrario, la persona que deja de fumar necesita quemar más calorías, se recomienda una actividad física específica adaptada al problema de obesidad o a los problemas cardiovasculares.

 

Fumar siempre tiene consecuencias negativas para la salud. Fumar ni que sea un cigarrillo al día ya es perjudicial para la salud. Las personas fumadoras tienen más riesgo de sufrir alguna enfermedad por el hecho de fumar.

 

Fumar es mucho más perjudicial que respirar el aire contaminado de la ciudad. La concentración de elementos tóxicos por la polución atmosférica es 400 veces inferior que la concentración de contaminantes que desprende el humo del tabaco.

  

Dejar de fumar es imposible. Aunque mucha gente lo intenta y fracasa, también es cierto que hay mucha más que lo consigue a la primera o después de dos o tres intentos serios. Dejar de fumar puede conseguirse con ayuda y esfuerzo.   
 
El fumador no controla el consumo de tabaco. Si se fuma un paquete al día o más y se reduce la dosis a tres o cuatro cigarrillos al día, la necesidad física de tabaco acaba ganando y se vuelve a fumar igual que antes. El cuerpo tiene un nivel de tolerancia al tabaco, es decir que la persona se habitúa a fumar un cierto número de cigarrillos, por debajo del cual siente la necesidad de fumar más. Es por eso que la mejor opción es dejar el tabaco completamente.    


Fumar no ayuda a resolver los problemas
. Los problemas no se van por encender un cigarrillo.
 

Fumar picadura de tabaco no es más sano. La picadura de tabaco tiene los mismos componentes tóxicos y químicos que el tabaco que se compra ya con los cigarrillos hechos. Aunque pueda parecer que se fuma menos, el consumo de nicotina acaba enganchando de la misma manera y hace el mismo mal. La picadura de tabaco sin filtro o con el filtro mal colocado puede resultar muy perjudicial. Además, uno de los peores componentes del tabaco es el papel, que se usa y se fuma en los dos casos.      

La ansiedad que puede sufrir la mujer embarazada por no fumar es menos perjudicial para el feto que el efecto del tabaco. Para el feto siempre es mucho más perjudicial que su madre consuma algún cigarrillo que la ansiedad que provoca en la embarazada el no poder fumar.  

¿Fumar me relaja? Fumar no relaja porque el tabaco tenga efectos relajantes, sino porque la persona es adicta a la nicotina y se ha satisfecho momentáneamente el síndrome de abstinencia. 
 
¿Fumar me ayuda a concentrarme? La dificultad de concentración es un síntoma del síndrome de abstinencia. Dura 2-3 semanas; una vez han pasado, las funciones del cuerpo vuelven a la normalidad.  

Fumar tabaco light no es más sano. En este caso, sólo se reducen los niveles de nicotina y de alquitrán, pero el resto de sustancias son las mismas. Además, para compensar esta dosis inferior de nicotina, se fuman más cigarrillos y las caladas son más profundas.

Fumar el cigarrillo electrónico es perjudicial. Actualmente no se puede recomendar su uso porque hasta ahora no hay estudios que demuestren la seguridad de estos aparatos, ni su eficacia para dejar de fumar ni sobre los potenciales efectos de la exposición pasiva al vapor exhalado cuando contiene nicotina. Más información
 
Yo llevo muchos años fumando, ¿vale la pena dejarlo? Vale la pena dejar de fumar a cualquier edad. La mejora de la función respiratoria, la tos y la expectoración son beneficios que se ven rápidamente. 
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Descripción

El tabaquismo es la adicción crónica al tabaco, provocada, principalmente, por uno de sus componentes activos: la nicotina. El consumo reiterado de tabaco genera dependencia física, psicológica y social.

Desde 1978, el DSM-IV (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales) considera la nicotina como una sustancia que causa adicción y el tabaquismo como una enfermedad crónica que pasa por periodos de abstinencia y recaídas con posibilidades de tratamiento; desde entonces, el tabaco es reconocido mundialmente como una droga y no como un mal hábito.

 

El tabaquismo se considera la primera causa de muerte evitable en el mundo y la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que, cada año, 5 millones de muertos en todo el mundo están relacionados con el tabaquismo.

El tabaquismo se asocia a enfermedades graves, lo que incluye enfermedades respiratorias, cardiovasculares y diversos tipos de cáncer.

Todos estos aspectos del tabaquismo, es decir, adicción, factor de riesgo evitable, morbilidad y mortalidad, junto con el hecho de que hay intervenciones que se han demostrado efectivas, hacen que sea incuestionable el abordaje del tabaquismo por parte de los profesionales de la salud y de las entidades sanitarias.

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Historia

El tabaco proviene de una planta tropical originaria de América llamada Nicotiana tabacum que pertenece a la familia de las Solanáceas. Antes de la llegada de los conquistadores españoles, el consumo del tabaco entre las poblaciones indígenas se limitaba a las celebraciones y a ceremonias mágico-religiosas.

El tabaco llega a Europa gracias a Cristóbal Colon. Los primeros usos estaban relacionados con las propiedades medicinales de la planta (como antiasmático y para tratar cefaleas). Catalina de Medici (1560) la utilizó para curar las migrañas y se convirtió en la difusora principal de su consumo.

 

Hasta principios del siglo XIX, el tabaco sólo se utilizaba con finalidades terapéuticas y el consumo entre la población no era una costumbre extendida. El acto de fumar era más un rito que una dependencia. Los fumadores de tabaco tenían que liar manualmente los cigarrillos, ya que no se comercializaban, y no había ni marcas ni publicidad. El consumo de cigarrillos se extendió a finales del siglo XIX, momento en que apareció la primera máquina industrial de fabricación de cigarrillos que, junto al invento de las cerillas, facilitó la difusión y el consumo de tabaco. Además, a partir de la primera década del siglo XX, con la industrialización, nacen las industrias tabaqueras, con el objetivo de vender masivamente su producto. Por este motivo, las tabacaleras se dieron prisa en conseguir nuevos consumidores a través de la publicidad y el marketing.

Desde principios del siglo XX, el consumo de tabaco, poco a poco, se fue introduciendo en la sociedad occidental: en los años 20 era habitual en la sociedad americana y en los años 30, entre las clases obreras. Durante la Guerra Civil Española y la Primera y Segunda Guerra Mundial, el tabaco se popularizó; en las bolsas de racionamiento para los soldados se incluía tabaco, lo que provocó que, durante las décadas de los 40 y 50, el 70 % de los hombres de los países industrializados fumara. Más adelante, consolidado el consumo entre los hombres, se extendió entre las mujeres; hasta entonces no se habían incorporado al consumo masivo de tabaco, ya que se consideraba una costumbre poco femenina. A partir de los años 50, momento en que la mujer consiguió algunos derechos que la aproximaban a la igualdad social, las mujeres occidentales adquirieron algunas de las costumbres masculinas, entre ellas, el consumo de tabaco, de manera que, incluso, se crearon marcas y publicidad específicamente dirigidas a ellas; sin embargo, en España este fenómeno no se produjo hasta los años 70.

Únicamente hicieron falta 20 años (llegamos así a la década de 1950) para que empezaran a aumentar todas las enfermedades derivadas del consumo de tabaco y aparecieran los primeros estudios que relacionan tabaco y enfermedad. En definitiva, aunque las personas probablemente hayan consumido tabaco desde la más remota antigüedad, nunca se había hecho con la misma intensidad y profusión que en los últimos años y, por lo tanto, nunca hasta ahora se habían podido comprobar con toda su intensidad sus efectos nocivos.

Actualmente se sabe que hay 25 patologías provocadas directamente por el consumo de tabaco. También hay evidencias de que las personas no fumadoras que están en contacto con el humo del tabaco tienen más riesgo de sufrir enfermedades como el cáncer de pulmón.

En la actualidad, muchos gobiernos aplican medidas como el control del producto, la limitación de la publicidad, el aumento de los impuestos sobre el tabaco, la prevención del consumo entre los jóvenes etc., para intentar reducir las graves consecuencias que produce el tabaco en nuestra sociedad.

 

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Factores relacionados con el tabaquismo

El tabaquismo es un problema de salud pública relacionado con: 1. Factores socioculturales, 2. Factores políticos y 3. Factores económicos

 

1. Factores socioculturales

En el consumo del tabaco y en su aceptabilidad social, intervienen diferentes factores sociales. En la iniciación, el mantenimiento y el proceso de deshabituación, influyen la accesibilidad, la publicidad, la percepción del riesgo del consumo, la familía y el grupo de iguales. Podemos afirmar que el tabaquismo es una conducta socializada, que, además de las connotaciones inherentes al consumo de tabaco, tiene significados construidos socialmente como la aventura, el riesgo, la feminidad o la rebeldía, entre otros. Estos significados se han creado a través del marketing de la industria del tabaco, el cine y los medios de comunicación, que han ejercido una poderosa influencia en la normalización social del tabaquismo.

Los mensajes se han dirigido principalmente a los jóvenes, con el fin de atraer su atención en un momento de crecimiento y, por tanto, de maduración y búsqueda de la identidad personal. Este hecho, determinados factores sociales y el importante poder adictivo de la nicotina hacen que muchos jóvenes mantengan el consumo de tabaco más allá de lo que deseaban en un principio.
 
En la iniciación del consumo del tabaco, entran en juego diversos factores que impulsan y favorecen su experimentación: 

  • Factores ambientales. La publicidad, la disponibilidad y la accesibilidad (bajo coste) hacen más factible el tanteo de los jóvenes con el tabaco. Durante años la publicidad se ha valido de imágenes fascinantes que asociaban el tabaco con lujo, aventura, deporte o libertad, con el objetivo de captar la atención de los jóvenes que buscan estos valores sociales. Asimismo, la facilidad para adquirir tabaco a edades tempranas en máquinas expendedoras favorecía su consumo. Sin embargo, actualmente, en España, está prohibida la publicidad y la venta de tabaco a menores de 18 años. Con respecto al precio, cabe destacar que cuanto más barato es, más fácil es para los jóvenes comprarlo. 
  • Factores sociales. Entre estos factores, destacan a la familia, los compañeros, los amigos, los profesores y los educadores. La familia tiene una influencia importante sobre el niño y su comportamiento en el aprendizaje. El tabaquismo de los padres y su actitud influyen en la valoración que los jóvenes hacen sobre el consumo de tabaco; el hecho que entre los familiares haya fumadores o que los hermanos mayores fumen favorece la experimentación del niño. En cuanto a la influencia de los compañeros, la presión de éstos supone un factor muy relevante en la predisposición del adolescente para que empiece a fumar; normalmente, los jóvenes empiezan a fumar en grupos de amigos para integrarse socialmente. Con respecto a los colectivos ejemplares, como los educadores o los profesionales de la salud, entre otros, es importante que difundan que fumar no es un comportamiento "normal". Los programas preventivos, como “Classe sense fum”, trabajan en la prevención del consumo de tabaco entre los jóvenes. 
  • Factores personales. Algunos perfiles de personalidad se han asociado al consumo de tabaco. Así, se ha observado que la iniciación de los jóvenes en el consumo de este producto normalmente está relacionada con una personalidad impulsiva y ansiosa, con una tendencia a asumir riesgos, etc. Además, se ha observado que los adolescentes que prueban el tabaco tienen menos autoestima, acostumbran a tener un rendimiento escolar bajo y son más rebeldes. 
  • Factores genéticos. Hay factores genéticos que hacen que, después de experimentar con sustancias adictivas, como el tabaco, engancharse sea más fácil.

 

 

2. Factores políticos

Entre los factores más importantes que pueden favorecer el consumo de tabaco, están las políticas de regulación y control del tabaquismo. Hay evidencias de que las medidas gubernamentales adoptadas por un país están estrechamente relacionadas con el consumo de tabaco en la población, ya que influyen en la aparición de nuevos consumidores y en el deseo de abandono del hábito entre los fumadores. Por eso, la Organización Mundial de la Salud el año 2003 propuso un tratado internacional para la lucha contra el tabaquismo en que los gobiernos firmantes se comprometían a aplicar medidas efectivas para disminuir la epidemia global del tabaco. Estas medidas de eficacia demostrada son:

  • la prohibición absoluta de publicidad, directa o indirecta, promoción y patrocinio de tabaco; 
  • el incremento del precio del tabaco; 
  • la impresión obligatoria de advertencias sanitarias en los paquetes de cigarrillos; 
  • la impresión obligatoria, en los paquetes de cigarrillos, del contenido de nicotina, alquitrán y monóxido de carbono; 
  • la elaboración y puesta en marcha de una política impositiva sobre el consumo de tabaco; 
  • el control estricto del contrabando de tabaco; 
  • restricciones en la venta de tabaco: prohibición de la venta a menores y prohibición o restricción de la venta a través de distribuidores automáticos; 
  • restricciones del consumo de tabaco en lugares públicos y centros de trabajo.

 
En España la 42/2010, que modifica la Ley 28/2005, de medidas sanitarias frente al tabaquismo y reguladora de la venta, el suministro, el consumo y la publicidad de los productos del tabaco, aplica acciones políticas concretas para controlar el consumo de tabaco y proteger a los no fumadores, y ha comportado efectivamente un gran avance en la protección de los no fumadores. 

 

 

3. Factores económicos

Fumar tiene un coste importante tanto para la economía de un país como para la de las personas.

Aunque, para un país, el consumo de tabaco conlleva ganancias a través de los impuestos, este producto no es tan beneficioso como parece para los gobiernos. Algunos estudios realizados por el Banco Mundial han calculado que los gastos provocados por los efectos del tabaco son 11 veces superiores a las ganancias económicas que aportan los impuestos que se aplican. Estos gastos incluyen: atención a los enfermos, disminución de la productividad a causa de las enfermedades, muerte prematura, pérdida de divisas (ya que la mayoría de los países son importadores del tabaco) y daños al medio ambiente. En los países con ingresos altos, se calcula que el coste anual general de la atención a la salud asociada con el consumo de tabaco oscila entre el 6 y el 15 % del coste total de la atención a la salud.

Por otra parte, las personas fumadoras realizan un gasto económico diario para adquirir este producto, que, con el tiempo, se convierte en una cantidad importante dinero. Los estudios demuestran que el tabaco empobrece a las personas fumadoras.

 

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Modalidades de consumo

El tabaco proviene de una planta llamada Nicotiana tabacum. Después de la recolección de la hoja de la planta, ésta pasa por diferentes etapas de maduración, fermentación e industrialización, a través de las cuales se seca, y se transforma en un producto apto para el consumo. Durante estos procesos, la hoja del tabaco se manipula con el fin de conseguir las propiedades químicas definitivas para poder consumirla. Aunque existen diferentes modalidades para consumir tabaco, como las pipas, el tabaco de liar, los cigarros o el rapé, el cigarrillo es la presentación más habitual. Se ha de tener presente que todas estas modalidades de consumo de tabaco son perjudiciales.

  1. El Cigarrillo 
  2. Consideraciones sobre el tabaco, para fumadores y no fumadores 

 

1. El cigarrillo

El cigarrillo es tabaco seco picado recubierto por una hoja de tabaco o por un papel en forma de cilindro. El cigarrillo se puede presentar con filtro o sin (llamado también papel hidrofugado).

 

 

 Ver imagen: Cigarrillo


El cigarrillo es tabaco seco picado recubierto por una hoja de tabaco o por un papel en forma de cilindro. El cigarrillo se puede presentar con filtro o sin (llamado también ).
 
El humo del tabaco del cigarrillo manufacturado contiene más de 4.500 componentes químicos. La mitad de estos componentes provienen de las hojas del tabaco y la otra mitad se crean por reacciones químicas al quemar el papel y las colas. Los componentes más importantes son los siguientes:

  • Monóxido de carbono (CO). El CO tiene una alta afinidad con la hemoglobina de la sangre y, por este motivo, desplaza las moléculas de oxígeno, que normalmente transportan la hemoglobina, y provoca hipoxia celular, es decir, una disminución del oxígeno que llega a todas las células del organismo y que hace que los tejidos de los fumadores estén menos oxigenados y hace que tengan más problemas vasculares a largo plazo. 
  • Nicotina. Es la responsable de la adicción al tabaco; tiene efectos sobre el sistema nervioso, el sistema vascular y el corazón, entre otros, y provoca vasoconstricción, lo que aumenta la tensión arterial y la frecuencia cardiaca. La nicotina es una droga psicoactiva que provoca dependencia. Se absorbe por las mucosas de la boca y la nariz, por la piel y por los epitelios pulmonares, y lo hace muy rápidamente: en diez segundos llega a los receptores cerebrales. Tiene una esperanza de vida (o de tiempo que tarda a reducirse la concentración en la sangre a la mitad) de 60 a 120 minutos y puede acumularse en el organismo durante 6-8 horas. La falta de concentración de nicotina en el cerebro en una persona fumadora produce el síndrome de abstinencia
  • Alquitrán. El alquitrán es la sustancia marrón pegajosa que, de la misma manera que puede manchar los dedos y los dientes de los fumadores, también mancha el tejido del pulmón. Es el responsable, junto con otras sustancias irritantes, de los cánceres y de las afectaciones pulmonares (principalmente, puede provocar bronquitis crónica y enfisema). Además, el alquitrán mancha la piel y los dientes. 
  • Nitrosamina. Es una sustancia específica del tabaco, que no se ha aislado en otras plantas, y es la responsable de muchos cánceres, principalmente de pulmón. Afecta tanto al fumador activo como al fumador pasivo (persona que respira de forma involuntaria el humo ambiental del tabaco de otra persona que fuma).


El humo ambiental de tabaco es una mezcla formada por dos tipos de corrientes: 

  • La corriente primaria es el formado por el humo inhalado y exhalado posteriormente por el fumador. 
  • La corriente secundaria se produce por la combustión del papel del cigarrillo y del tabaco. Con esta corriente se moviliza el 75 % del humo que se genera durante el consumo de un cigarrillo, y contiene sustancias con un alto nivel de toxicidad.

 
Este humo ambiental es el que inhala la persona que no fuma pero que está en contacto con el humo ambiental del tabaco, llamada persona fumadora pasiva o persona fumadora involuntaria.

Actualmente, existen muchos países en que hay restricciones para fumar en lugares públicos, en los centros de trabajo y en espacios de ocio y de restauración, con el objetivo de proteger la salud de las personas no fumadoras.

En España, el tabaco cada vez está menos presente en la sociedad: fumar no está de moda. Hoy día, no se puede fumar ningún espacio público cerrado, con excepción de los centros residenciales (personas mayores o con discapacidad) o de los establecimientos psiquiátricos, donde se puede habilitar una sala para fumadores, y de los hoteles y hostales, donde se puede reservar hasta el 30% de las habitaciones para fumadores. 

El tabaco tiene efectos nocivos sobre la salud del fumador activo y pasivo, porque provoca enfermedades en el sistema cardiovascular, en el respiratorio, en el reproductivo y cáncer, entre otros.

En España, anualmente mueren 56.000 personas por causas directamente relacionadas con el consumo del tabaco.

 

2. Consideraciones sobre el tabaco, para fumadores y no fumadores

  • El tabaco es una droga que contiene nicotina, una sustancia que provoca adicción. La nicotina produce dependencia física (es decir, uso compulsivo e involuntario de una sustancia, a pesar de las consecuencias negativas que comporta el consumir). El riesgo de desarrollarla es igual o superior que el que comporta el consumo de alcohol o de cocaína. 
  • Es una droga que provoca tolerancia
  • El tabaco produce el síndrome de abstinencia, que es el conjunto de síntomas que aparecen en ausencia de una sustancia adictiva. En el caso de los fumadores, estos síntomas, que pueden ser la ansiedad o la irritabilidad, aparecen cuando el organismo no recibe nicotina. Este síndrome se puede desarrollar durante días o semanas.

 

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Tipos de persona fumadora

El hecho de preguntar a las personas sobre su consumo de tabaco proporciona datos que servirán para clasificarlas: 

  • No Fumador: Es la persona que nunca ha fumado
  • Fumador pasivo: Es la persona que no fuma pero que respira involuntariamente el humo ambiental del tabaco.
  • Fumador: Es la persona que fuma de forma habitual, diariamente, aunque sólo fume una cigarrillo al día.
  • Ex fumador: Es la persona que lleva más de doce meses de abstinencia.

 

Estructura y función del cuerpo humano

Los sistemas de la estructura y función del cuerpo humano, más directamente relacionados con el tabaquismo son:

 
La persona, hombre o mujer, de cualquier edad o condición, es un ser multidimensional integrado, único y singular, de necesidades características, y capaz de actuar deliberadamente para alcanzar las metas que se propone, asumir la responsabilidad de su propia vida y de su propio bienestar, y relacionarse consigo mismo y con su ambiente en la dirección que ha escogido.

 

La idea de ser multidimensional integrado incluye las dimensiones biológica, psicológica, social y espiritual, todas las cuales experimentan procesos de desarrollo, y se influencian mutuamente. Cada una de las dimensiones en que se describe a la persona se encuentra en relación permanente y simultánea con las otras, formando un todo en el cual ninguna de las cuatro se puede reducir o subordinar a otra, ni puede ser contemplada de forma aislada. Por consiguiente, ante cualquier situación, la persona responde como un todo con una afectación variable de sus cuatro dimensiones. Cada dimensión comporta una serie de procesos, algunos de los cuales son automáticos o inconscientes y otros, por el contrario, son controlados o intencionados.
   
Teniendo siempre en mente este concepto de persona, y sólo con fines didácticos, pueden estudiarse aisladamente las modificaciones o las alteraciones de algunos de los procesos de la dimensión biofisiológica (estructura y función del cuerpo humano) en diversas situaciones. En el caso del tabaquismo, los procesos más directamente afectados tienen relación con todos los sistemas.

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Dejar de fumar

Dejar de fumar es posible y cada año miles de personas lo consiguen. 


Hay evidencias de que la ayuda personalizada, presencial y no presencial, de un profesional de la salud incrementa las probabilidades de éxito en el proceso de dejar de fumar. En Cataluña las personas que fuman pueden encontrar ayuda para dejar de fumar en: 

  • Línea de teléfono de ayuda de Sanitat Respon (061), que funciona 24 horas los 365 días del año 
  • Centros de Atención Primaria: Programa “Atenció Primària Sense Fum” 
  • Farmacias: Programa de cesación tabáquica 
  • Centros hospitalarios: durante el ingreso (Xarxa Catalana d’Hospitals Sense Fum) 
  • En caso de necesitar una atención más especializada: Centros de referencia en deshabituación tabáquica

    CatSalut Responde teléfono 061      Programa Atención Primaria sin humo. web www.pasf.cat        Logotipo Red Catalana de Hospitales sin humo 

1. Beneficios de dejar de fumar; 2. Intervención en el fumador (estrategia de las 5A); 3. Controlar el síndrome de abstinencia (terapia para dejar de fumar)

 

 
 

1. Beneficios de dejar de fumar

Los motivos que argumentan las personas que quieren dejar de fumar suelen ser los siguientes:

  • Mejorar la salud: para respirar mejor, para fatigarse menos, para dejar de toser, para vivir mejor, para reducir el riesgo de sufrir un infarto, una embolia o un cáncer, y para respetar el derecho a la salud de las personas con quien se convive .
  • Mejorar la calidad de vida: para eliminar la halitosis, para no ensuciar la ropa y el pelo con el olor del tabaco, para poder dar besos que no huelan a cenicero, para disfrutar de aire fresco en casa y en el coche, para gastar el dinero en otras cosas más gratificantes, para no tener que pintar a menudo las paredes de casa, etc. 
  • Aumentar la autoestima y para la gente del entorno: para liberarse del hecho de llevar tabaco y fuego a todas partes, para evitar el envejecimiento de la piel, para recuperar el aspecto del cutis y para ser un buen ejemplo para los otros.


Aparte de los motivos personales, sociales y económicos por los cuales cada fumador mantiene o no el consumo, hay argumentos relacionados con la salud que demuestran que hay beneficios para la persona, a corto y a largo plazo, si se deja de fumar.

Dejar de fumar es una decisión personal que hay que madurar personalmente y que requiere valorar los motivos por los cuales una persona desea dejar el tabaco o quiere mantener el consumo. Sin embargo, hay circunstancias vitales que favorecen el cambio, por ejemplo: 

  • Estar enfermo.
  • Vivir una enfermedad crónica, como diabetes, hipertensión, etc. 
  • Haber estado o estar ingresado en un hospital. 
  • Estar embarazada o plantearse la posibilidad de tener un hijo. 
  • Tener hijos.
  • Pasar por una situación económica desfavorable. 

 
Las personas que planifican cómo dejar el tabaco o buscan ayuda terapéutica tienen más éxito. Hoy día, hay diferentes terapias psicoconductuales y farmacológicas que ayudan a los fumadores a abandonar el tabaco.

Beneficios de dejar de fumar
A los veinte minutos 

Disminuye la frecuencia cardiaca, la tensión arterial y la vasoconstricción sanguínea, de manera que las manos y los pies están más oxigenados y con una mejor temperatura    

A las ocho horas

Se normaliza el nivel de monóxido de carbono y el oxígeno de la sangre

A las 24-72 horas

Mejora la capacidad de percibir olores y sabores. Respirar es más fácil porque los bronquios se relajan y aumenta la capacidad pulmonar

A las dos o tres semanas 

Mejora la circulación de la sangre y el aspecto de la piel. Aumenta la función pulmonar un 30%

A los ocho o nueve meses    

Disminuyen los problemas respiratorios y la fatiga

Al año

El riesgo de sufrir un ataque cardiaco se reduce a la mitad

A los cinco años

El riesto de sufrin un ataque de corazón es similar al de un no fumador. El riesgo de cáncer de pulmón, laringe y esófago baja a la mitad

A los diez o quince años

El riesgo de tener cáncer de boca, pulmón, páncreas y esófago es similar al de una persona que nunca haya fumado


 
Dejar de fumar implica un cambio de conducta que responde a un proceso durante el que el fumador pasa por diversas fases a lo largo del tiempo. Estas fases son:

  • Precontemplación: La persona no se ha planteado seriamente la idea de dejar de fumar, no percibe su conducta de fumador como un problema. 
  • Contemplación: Hay un planteamiento serio de cambio en los próximos 6 meses. Se caracteriza por la ambivalencia o discrepancia entre sus valores y sus objetivos personales, y su conducta actual hacia el hecho de fumar. 
  • Preparación: La persona es capaz de fijar una fecha y pensar en un plan para dejar de fumar. 
  • Acción: La persona intenta dejar de fumar. No fuma durante menos de 6 meses. 
  • Mantenimiento: La persona se mantiene sin fumar durante más de 6 meses. 
  • Recaída: Las recaídas son bastante habituales y en muchas ocasiones son necesarios tres o cuatro intentos antes de dejar de fumar definitivamente.


Fases del proceso de cambio - organigrama ¿fuma?

 

 

 

2. Intervención en el fumador (estrategia de las 5 A)

La estrategia de las 5 A es una herramienta para ayudar a los fumadores que quieran dejar de fumar. Se llama así porque se basa en cinco pasos que se identifican con cinco acciones, cada una de las cuales se asocia a un concepto que empieza por la letra A. 

 

2.1 Averiguar (ask):

En primer lugar, es necesario averiguar y registrar el consumo de tabaco en la historia clínica. Deben registrarse las características del tabaquismo y la historia como fumador de la persona. Se suele utilizar el test breve de Fagerström para valorar el grado de dependencia de la nicotina. A pesar de que hay un test largo de Fagerström, dada la falta de tiempo que hay en las consultas, habitualmente se hace el test breve, igualmente validado y que consta de dos preguntas. 

Ver tabla:  Fagerström breve 

 

2.2 Aconsejar (advise): 

Debe recomendarse el abandono del consumo de tabaco. El consejo para dejar de fumar tendría que ser breve y convincente: “lo mejor que puede hacer para su salud es dejar de fumar. No es suficiente fumar menos”. Se ha de adoptar una actitud de firmeza y confianza al mismo tiempo, un tono asertivo y no autoritario que facilite acuerdos sin imposiciones. Se da o envía material escrito de apoyo a la intervención y se valora la presencia de enfermedades causadas o agravadas por el tabaco. 


2.3 Analizar (assess):

Se ha de analizar y evaluar la disposición para dejar de fumar. Se ha de conseguir que la persona quiera dejar de fumar y adaptar la intervención a cada fumador en función de la fase en que se encuentre. Si en este momento está dispuesto a dejar de fumar, se iniciará la ayuda (se pasará a la 4a A). Si no está dispuesto todavía a dejarlo (es decir, se trata de fumadores precontemplativos y contemplativos), es necesario ofrecer consejos para favorecer la motivación para dejarlo, con el objetivo de acelerar el proceso de abandono y así disminuir al máximo el tiempo de contacto/exposición al tabaco.

Fumadores precontemplativos: 

  • Aportar información sobre el tabaquismo y destacar más los beneficios de dejar de fumar que los riesgos de fumar. 
  • Destacar los beneficios/riesgos que sean relevantes para la persona. 
  • Hacer preguntas abiertas para hacer surgir la motivación para dejar de fumar. 
  • Proporcionar material de autoayuda y manifestar siempre la disposición del equipo de salud a ayudar a la persona a dejar de fumar. No se ha de repetir el proceso durante un tiempo (se tienen que dejar pasar unos cuantos meses o pactar con la persona el momento en que se volverá a hablar del tema).


En esta fase, el objetivo es generar reflexión y ambivalencia con el fin de que la persona comience a plantearse el dejar de fumar. 

Fumadores contemplativos: 

  • Fomentar que la persona verbalice sus propias razones para dejar de fumar e intentar que aprecie la ambivalencia entre los motivos que tiene para dejar de fumar y los motivos por los que fuma. 
  • Indagar sobre los miedos y las dificultades para dejar el tabaco (se ha de facilitar la búsqueda de respuestas y alternativas propias haciendo preguntas abiertas). 
  • Proporcionar material de autoayuda (folleto informativo, guía de ayuda para dejar de fumar y sitios web que lo pueden acompañar en la toma de decisiones) y manifestar siempre la disposición del equipo de salud a ayudar a dejar de fumar. Hacerlo sistemáticamente.

 
El objetivo es aumentar la motivación y eliminar los obstáculos para incrementar la autoeficacia de la persona. El éxito consiste en conseguir que pase a la fase de abandono siguiente.

En el caso de fumadores precontemplativos y contemplativos, puede ser útil considerar que el hecho de tener más o menos disposición o motivación para dejar de fumar depende de la importancia que para ellos tenga dejar de fumar en este momento y de la confianza que tingan en poder conseguirlo. 

Ver tabla:  Importancia-confianza-disponibilidad

 

2.4 Ayudar (assist):

Se ha de ayudar a dejar de fumar. Para los fumadores dispuestos a hacer un intento serio de abandono del tabaco (fase de preparación y acción), se ha de elaborar un plan de tratamiento que incluya:

1º. Felicitar a la persona por la decisión y aclarar las expectativas que tiene de la terapia para dejar de fumar. Se le ha de hacer saber que se le orientará, se le ayudará y se le dará apoyo, pero que, para tener éxito, será necesario que se esfuerce. Se acuerda una estrategia para ayudar a la persona a dejarlo.

2º. Escoger la fecha de abandono. Durante el mes siguiente, se escogerá un momento adecuado (sin estrés, sin compromisos sociales, etc.). Se ha de notificar la fecha escogida a los familiares, a los amigos y a los compañeros de trabajo para aumentar el compromiso, y buscar su apoyo y su colaboración en todo el proceso.

3º. Hacer una intervención psicosocial con el objetivo de que el fumador conozca su adicción, de motivar que modifique su comportamiento y que desarrolle habilidades para tratar su abstinencia. También se valorará la necesidad de tratamiento farmacológico en función del grado de dependencia. Se puede hacer mediante los pasos siguientes: 

  • Hacer pensar y escribir las razones para dejar de fumar y también las razones por las que se fuma. 

    Ver tabla:  Ordena los motivos y rompe contradicciones
      
  • Dar pautas para desautomatizar la conducta de fumar durante unos cuantos días: 
    • Registrar todas los cigarrillos que se fumen, la importancia que se les da y una manera posible de afrontar estas circunstancias sin cigarrillos. Este ejercicio permite identificar las situaciones que están asociadas con más intensidad a la conducta de fumar y prever diferentes formas de afrontarlas. También sirve para que los cigarrillos realmente problemáticos son sólo una tercera parte del consumo diario. 

      Ver tabla: Registro del consumo 

      Ver tabla: Consejos para la reducción del tabaco 
  • Hacer calcular el dinero que se gastan para fumar y hacer pensar en utilizarlos en algo que haga tiempo que se tenga ganas de hacer. 
  • Recordar que conviene pedir a las personas próximas (familia, amigos y compañeros de trabajo) que, a partir del día D, no ofrezcan tabaco. Si son fumadores, se les ha de pedir que eviten fumar en presencia de la persona que quiere dejar de hacerlo y que tampoco le dejen hacerlo. 
  • Enseñar a reconocer los síntomas de abstinencia de la nicotina y ofrecer algunos consejos prácticos para afrontarlos. Se ha de explicar que los síntomas son más fuertes los primeros días de abstinencia y que disminuyen con el tiempo. tabla de síntomas de abstinencia 
  • Enseñar técnicas de relajación sencillas y proponer que se empiece a hacer un poco de ejercicio físico ligero. 
  • Dar consejos para el día D y los primeros días posteriores. 

    Ver tabla: Consejos día D y primeros días 
     
  • Transmitir el convencimiento de las posibilidades personales de éxito sin banalizar las dificultades, sino previéndolas. 
  • Evaluar las causas de una recaída anterior, si ha habido alguna. Si se ha intentado sin éxito dejar de fumar seriamente en otra ocasión, se debe evaluar la recaída (en qué situación se produjo y cómo se podría haber evitado) e intentar prever qué se hará sin cigarrillos en las mismas circunstancias.


Recursos de apoyo:

- Guia práctica para dejar de fumar (web en cat)
- Se puede dejar de fumar. Claves para conseguirlo. (web en cast) 

Ver tabla:  Consejos para los primeros días  

 

2.5 Acordar (arrange): 

Se acordará un plan de seguimiento con todas las personas que hagan un intento de abandono en la consulta o telefónicamente, al menos una visita después de una semana y otra el mes siguiente, justo el día en que haga un mes que se dejó de fumar. En cada visita, se ha de felicitar por el éxito y reforzar las ventajas que verbalice la persona, abordar los problemas residuales (síndrome de abstinencia, aumento de peso, depresión, etc.) y valorar si debe hacerse un seguimiento más intensivo. En esta fase, el objetivo es prevenir la recaída.

Protocolo de visitas

Se ha de procurar hacer el seguimiento de todos los fumadores en cualquiera de las fases del proceso de cambio. Los seguimientos se pueden llevar a cabo de forma presencial o por teléfono y se deberán programar en función de las necesidades de la persona y del curso de su proceso para dejar de fumar. Un posible calendario de seguimientos sería:

Primer seguimiento:  antes del día D 
Segundo seguimiento:  durante la primera semana después del día D – FASE de EUFORIA 
Tercer seguimiento: 10-15 días después del día D – FASE de AFLICCIÓN
Cuarto seguimiento: 15-30 días después del día D – FASE DE NORMALIZACIÓN
Quinto seguimiento: 2-3 meses después del día D – FASE DE CONSOLIDACIÓN
Sexto seguimiento: aproximadamente 6 meses después del día D – CONTROL
Séptimo seguimiento:  1 año después del día D – EX FUMADOR

 
Es muy importante el seguimiento de la primera semana después de haber dejado de fumar, ya que es en los primeros días de abstinencia cuando hay más recaídas. Los marcadores biológicos de abstinencia (cotinina, carboxihemoglobina, etc.) no son necesarios en el seguimiento habitual de las personas que quieren dejar de fumar, pero sí que pueden aumentar la motivación y la confianza en las primeres semanas después de haber dejado de fumar en los seguimientos presenciales.

En los seguimientos hechos en cada visita o contacto es recomendable: 

  • Felicitar por el éxito y dar ánimos para continuar sin fumar. 
  • Estimular activamente la discusión sobre cualquier éxito obtenido, aunque sea parcial (duración de la abstinencia, disminución de los síntomas de abstinencia, etc.). 
  • Resaltar los beneficios percibidos al dejar de fumar y reforzarlos. 
  • Valorar el síndrome de abstinencia. Controlar los fármacos (cumplimiento/ efectos adversos, cambio de pauta, etc.). 
  • Informar sobre la aparición de una sensación de falsa seguridad y valorar su posible aparición. 
  • Prevenir las recaídas. Si durante el proceso de dejar el tabaco se fuma un cigarrillo, deben analizarse con la persona las causas que la indujeron a fumarla y se han de buscar estrategias para evitarlo en el futuro.

 
La recaída forma parte del proceso de dejar de fumar y no se debe vivir como un fracaso. Incluso es una oportunidad para aprender a no recaer en el próximo intento. Las causas más frecuentes son el síndrome de abstinencia, el aumento de peso, los estados de ánimo negativos o depresivos, el estrés, el exceso de confianza o las circunstancias sociales. Al abordar el tema de las recaídas, es importante hacer énfasis en el hecho de que una sola calada puede llevar a recaer. Si se ha vuelto a fumar regularmente, se puede intentar, después de haber analizado igualmente la recaída, fijar un nuevo día D cuanto antes mejor.

 

 
 

3. Controlar el síndrome de abstinencia a la nicotina

Una de las razones por las cuales las personas vuelven a fumar durante los primeros días después del día D es por el síndrome de abstinencia en la nicotina. La persona que deja de fumar se siente diferente, físicamente alterada por la falta de nicotina.  

Los síntomas desagradables de la abstinencia de la nicotina son temporales y, entre otros, incluyen deseo de fumar, malestar general, falta de concentración, astenia, irritabilidad, hambre, insomnio y molestias gástricas.  Durante los tres primeros días estos síntomas son más intensos, pero acostumbran a desaparecer en las primeras semanas. Es importante tener en cuenta las manifestaciones principales del síndrome de abstinencia y que, como cada fumador es diferente, la sintomatología será diferente en cada caso.

Ver tabla: síndrome de abstinencia en la nicotina

Las personas que piden consejo y recurren a alguna terapia farmacológica para dejar de fumar tienen menos malestar y consiguen más fácilmente dejar el tabaco.


3.1. Terapia para dejar de fumar

Hay tratamientos farmacológicos que ayudan a mitigar el síndrome de abstinencia de los fumadores en proceso de deshabituación, pero ningún fármaco es eficiente si no hay voluntad y determinación para abandonar el tabaco. Los fármacos actúan mitigando los síntomas físicos de la abstinencia y facilitan que la persona pueda concentrarse en romper los hábitos sociales y psicológicos relacionados con el consumo de tabaco. 

Hay tres fármacos de primera elección en el tratamiento del tabaquismo: la terapia substitutiva con nicotina (TSN), el bupropión y la vareniclina. La TSN es de dispensación libre en la farmacia pero los otros dos fármacos requieren receta médica. Su utilización, sin que esté correctamente indicada, dobla la posibilidad de éxito.


3.1.1 Terapia sustitutiva con nicotina (TSN)

La TSN se puede encontrar en diversas formas farmaceuticas: parches, chicles y comprimidos para chupar y será el profesional quien, de acuerdo, con el fumador que quiere dejar de fumar, escoja la presentación más indicada en cada caso.

La TSN se basa en el suministro al fumador de dosis de nicotina inferiores a las que estaba expuesto mientras fumaba y en una pauta decreciente, con el fin de reducir los síntomas de abstinencia. Éstos sustitutivos no contienen alquitrán ni monóxido de carbono: la TSN sólo contiene nicotina. A no ser que no estén contraindicadas específicamente, las TSN pueden ser utilizadas por todos los fumadores mayores de 18 años.

La elección del producto de TSN es una opción personal y práctica. El parche de nicotina es el más discreto, pero los chicles o los comprimidos que se deshacen en la boca permiten tener sensación de más control personal sobre la dosis. Todas las TSN se pueden adquirir en la farmacia sin prescripción médica. Sin embargo, es recomendable consultar a la enfermera tanto para escojer la presentación más indicada para cada persona como para hacer el seguimiento del tratamiento y de sus posibles efectos adversos. 

  • El parche de nicotina se pone en la piel cada día. Se presenta en formatos para 16 o 24 horas. Se pone en una zona lisa del cuerpo, con poco vello. Se recomienda no volver a aplicarlo sobre una misma zona hasta después de cinco días para evitar erupciones cutáneas. Se recomienda utilizarlo durante 8 semanas (una duración de 8 semanas se ha demostrado eficaz en diferentes estudios y se ha valorado positivamente en las revisiones Cochrane). La pauta acostumbra a ser: 
    • Tratamiento con parches de nicotina (16 h):
      • 4 semanas 15 mg
      • 2 semanas 10 mg
      • 2 semanas 5 mg
    • Tratamiento con parches de nicotina (24 h):
      • 4 semanas 21 mg
      • 2 semanas 14 mg
      • 2 semanas 7 mg

 

Posibles efectos secundarios

Se pueden producir reacciones dermatológicas locales. Aparecen hasta en un 50 % de los casos. Normalmente son leves y autolimitadas, pero pueden empeorar durante el tratamiento. Es importante cambiar la ubicación del parche cada día. Si aparecen reacciones, se puede hacer un tratamiento con crema de hidrocortisona (1 %) o triamcinolona (0,5 %). En un 5 % de los casos se deberá suspender el tratamiento. También puede haber insomnio. En este caso, si se está utilizando el parche de 24 horas, se ha de retirar antes de irse a dormir o se ha de pasar al parche de 16 horas. Otros efectos secundarios posibles son las cefaleas, los mareos, la dispepsia y las palpitaciones.
 

  • Los chicles de nicotina estan disponibles en dosis de 2 mg o 4 mg. Son recomendables para fumadores con dependencia entre alta y severa a la nicotina que fuman más de 25 cigarrillos al día. Para que tengan el efecto deseado, estos chicles tienen que masticarse muy suavemente hasta que aparezca un cierto sabor picante; después, hay que dejar diluir lentamente la nicotina de manera que la absorba bien toda la mucosa oral. Al cabo de media hora ya se ha absorbido toda la nicotina que contenía el chicle. Se puede utilizar un chicle de 2 mg o 4 mg cada una o dos horas durante un periodo de uno a tres meses y después comenzar a disminuir su consumo gradualmente. 

    Posibles efectos secundarios

    Se pueden producir hipo, molestias bucales o dolor mandibular, dispepsia. Normalmente son efectos secundarios leves y autolimitados, y mejoran con el uso correcto del chicle.
     
  • Los comprimidos de nicotina para deshacer en la boca pueden ser de 1 mg y de 2 mg. Como en el caso del chicle, es necesario permitir que la mucosa oral absorba la nicotina que contienen y, por lo tanto, se deberá dejar que el comprimido se vaya disolviendo muy lentamente, haciendo pasear la saliva por toda la boca. Se pueden consumir un máximo de 25 comprimidos al día, con la misma pauta que los chicles.

    Posibles efectos secundarios

    Se pueden producir hipo, úlceras y otras molestias bucales. Normalmente son efectos secundarios leves y autolimitados.

3.1.2. Los no sustitutivos de la nicotina 
  • Bupropión
     
     
    Otro tratamiento para los fumadores es el bupropión, una terapia no nicotínica que ha demostrado controlar efectivamente el síndrome de abstinencia a la nicotina. Esta sustancia, que se presenta en forma de pastillas, tiene la capacidad de bloquear la recaptación neuronal de sustancias como la dopamina y la norepinefrina, que son sustancias neurotransmisoras (es decir, transmisoras de información entre neuronas) relacionadas con las adicciones . Para muchos fumadores puede ser una forma diferente de superar la adicción al tabaco. El bupropión se ha de empezar a tomar entre 7 y 10 días antes del día D y mantenerlo según la pauta habitual de 7 a 12 semanas. Los seis primeros días se tomarán 150 mg (1 comprimido) al levantarse. A partir del séptimo día, la dosis será de 150 mg por la mañana y 150 mg por la noche. Se ha de respetar un intervalo de ocho horas entre las dos dosis y tomar la segunda dosis antes de las 18 h, para evitar problemas de insomnio. Se han de ajustar las dosis en personas mayores, en personas con insuficiencia hepática o renal y en diabéticos bien controlados con insulina o antidiabéticos orales, a una dosis diaria de 150 mg. En caso de insomnio se puede reducir la dosis a 150 mg/24 horas (por la mañana).

    Posibles efectos secundarios

    Los efectos secundarios más frecuentes son el insomnio, la sequedad de boca, las reacciones dermatológicas o el dolor de cabeza. Como efecto más importante, en un 1/1.000 de los casos tratados con una dosis de 300 mg/día, se han producido convulsiones. Se tiene que tomar por prescripción médica y se ha de hacer un seguimiento profesional.

    Contraindicaciones

    El bupropión está contraindicado en casos de: antecedentes de convulsiones, traumatismo craneoencefálico importante, tumor en el sistema nervioso central, antecedentes de trastornos alimentarios como la anorexia o la bulimia, trastornos bipolares, abstinencia brusca de alcohol o benzodiazepinas, uso de inhibidores de la monoaminaoxidasa (IMAO) e hipersensibilidad al fármaco. En casos de cirrosis hepática, la contraindicación es relativa. No se recomienda en el embarazo ni en lactancia materna. 
      
  • Vareniclina
     
    La vareniclina es un fármaco que disminuye el síndrome de abstinencia. Se administra por vía oral y se ha de iniciar el tratamiento una o dos semanas antes del día D y mantenerlo según la pauta recomendada durante 12 semanas. Los tres primeros días, se tomarán 0,5 mg (1 comprimido) una vez al día, al levantarse; del cuarto al séptimo día, 0,5 mg por la mañana y 0,5 mg por la noche, y a continuación se seguirá la pauta de 1 mg por la mañana y 1mg por la noche hasta acabar el tratamiento. Los comprimidos han de tragarse enteros con agua. 

    Posibles efectos secundarios

    Algunos efectos secundarios son nauseas y vómitos (por lo que se recomienda tomar el fármaco después de las comidas), dolor de cabeza, flatulencias, y sueños anormales o insomnio.

    Se ha de tomar por prescripción médica y se ha de hacer un seguimiento profesional. 

    Contraindicaciones

    Se ha de usar con precaución en el caso de personas con antecedentes depresivos y/o de ideas de autolisis. En caso de insuficiencia renal, debe disminuirse la dosis a 1 mg/día, y se iniciará el tratamiento con dosis de 0,5 mg/día durante los tres primeros días. No hay experiencia clínica con personas epilépticas. No se recomienda su uso en menores de 18 años.
 
 
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Tabaquismo en las etapas del ciclo vital

El tabaco es una droga que afecta a la salud de la persona en todas las etapas de vida. Sin embargo, las consideraciones que deben tenerse cuenta en cada etapa de la vida son diferentes. No obstante, siempre deben promoverse hábitos saludables, entre los cuales cabe destacar la prevención del tabaquismo entre los no fumadores y el cese entre los fumadores.

1. Tabaquismo e infancia, 2. Tabaquismo y adolescencia, 3. Tabaquismo y adultez, 4. Tabaquismo y vejez.

 

1. Tabaquismo e infancia

La experimentación del consumo del tabaco se produce en edades cada vez más tempranas. En España, se prueba por primera vez hacia los 13 años, pero hay niños que fuman su primer cigarrillo a los 9 años. Por este motivo, hay que hablar con los niños sobre el tabaquismo desde muy pequeños, y aumentar progresivamente la información en función del crecimiento y desarrollo.

Consejos para los padres y madres y educadores sobre cómo tratar el tabaquismo 

  • Hay que hablar directamente con los niños sobre los riesgos del tabaco. 
  • Es importante averiguar si los amigos fuman. Hay que mostrar a los niños las diferentes maneras para decir que no al tabaco. 
  • Deben comentarse las ventajas de los niños que no fuman: dientes blancos, buen olor corporal, ausencia de halitosis, mayor resistencia y capacidad para el deporte, etc.
  • Potenciar un estilo de vida saludable basado en una dieta equilibrada y sobre todo en la práctica del ejercicio físico.
  • Hay que hablar con los niños sobre la falsa imagen positiva del tabaco en la publicidad directa y la encubierta, en la calle, en las películas, etc. 
  • Si hay alguna persona próxima enferma a causa del tabaco, hay que hablar con el niño sobre la enfermedad y sobre la relación con el consumo de tabaco. 
  • Si el padre o la madre fuman, pueden influir a los niños sobre su imagen del tabaco. La mejor opción es dejar de fumar o, en todo caso, no fumar delante de los niños, ni dejar el tabaco en lugares donde puedan cogerlo.
  • Informar de los compuestos químicos que contiene el humo del tabaco. El humo es fatal.
  • Evitar la exposición del niño al humo ambiental de tabaco en casa y en el coche. 
  • Los educadores y otros profesionales con rol modélico como los profesionales sanitarios deben evitar fumar delante de los niños, así como hacer cualquier comentario positivo sobre el tabaco.


Factores que favorecen el consumo de tabaco 

  • El ambiente familiar. Tiene mucha importancia el hecho que los padres o los hermanos mayores fumen. 
  • La presión de grupo de los compañeros. 
  • La publicidad directa y encubierta y las imágenes que muestran los medios de comunicación sobre el tabaco.


Los niños fumadores pasivos

Se consideran fumadores pasivos los niños que conviven con fumadores o que frecuentan lugares donde se fuma.

El humo ambiental del tabaco que un fumador pasivo respira tiene efectos sobre la salud. Con respecto a los niños, se ha relacionado con:

  • Incremento de las hospitalizaciones a causa de infecciones respiratorias agudas: bronquitis, bronquiolitis y neumonías.
  • Infecciones agudas y repetidas del trato respiratorio superior: adenoiditis, otitis y amigdalitis.
  • Aumento de las infecciones del tracto respiratorio inferior: bronquitis, neumonías, agravamiento del asma, incremento de la hiperreactividad bronquial y desarrollo de tuberculosis pulmonar inmediatamente después de la infección primaria.
  • Incremento del riesgo del síndrome de la muerte súbita del niño durante el primer año de vida.
  • Irritación ocular y nasal.
  • Aumento del riesgo de sufrir algunos tipos de cáncer durante los primeros años de vida y posteriormente en la edad adulta. 

 
Consejos de salud: infancia


2. Tabaquismo y adolescencia

En España, actualmente, el número de jóvenes que fuma disminuye tanto en mujeres como en hombres. En torno al 35-40% de los jóvenes de 15 a 24 años son fumadores, diarios u ocasionales. Sin embargo, las tasas de adolescentes fumadores todavía son más altas que las de los adultos.

Cada día más de 4.000 adolescentes prueban su primer cigarrillo y 2.000 se convierten en fumadores habituales. La mayoría de los jóvenes empiezan a fumar antes de los 18 años, y, en España, la media está en torno a los 13 años. Estos nuevos fumadores son los que la industria tabacalera llama fumadores de reemplazo, porque sustituyen los que desaparecen, o bien porque han muerto o bien porque han abandonado el consumo.

La mayoría de jóvenes que fuman regularmente son adictos a la nicotina y sufren la misma adición que los fumadores adultos. A la mayoría, les gustaría dejar de fumar pero continúan consumiendo tabaco durante más tiempo del que desearían. 

En los adolescentes, se ha de enfocar la educación para la salud y la motivación al cambio haciendo énfasis en los motivos estéticos, saludables, ecológicos, de solidaridad, libertad y liderazgo.

Consejos de salud: Adolescencia


3. Tabaquismo y adultez

Según la Encuesta de Salud de Cataluña (ESCA 2010), en dicha zona fuma el 29,5 % de la población de 15 años y más (la población fumadora diaria más la ocasional), el 34,1 % de los hombres y el 24,8 % de las mujeres. El grupo de población de 25-34 años es el que tiene el porcentaje más grande de población fumadora (39,4 %). 

Consumo de tabaco
  Hombres    Mujeres  Total  
 Población fumadora     34,1%   24,8%   29,5%
 Población exfumadora   26,6%   16,9%     21,7%  
 Población no fumadora   39,3%   58,2%   48,9%
 Total   100%  100%  100%

Fuente: Enquesta de Salut de Catalunya 2010. Departament de Salut.

Entre los adultos, aumenta el número de personas que desean dejar de fumar y que lo consiguen. Actualmente el 21,7 % de la población de más de 15 años y6 más es exfumadora y el 48,9 %, no fumadora.

La evolución en el consumo del tabaco muestra tendencias diferentes según el sexo. Desde 1990 la prevalencia del consumo entre los hombres disminuye, mientras que en las mujeres se observa un aumento de la prevalencia hasta el 2002 y una leve tendencia decreciente a partir de este año. Aproximadamente, el 70 % de los fumadores se ha planteado alguna vez dejar de fumar.
 
Consejos de salud: Adultez 

 


4. Tabaquismo y vejez

La prevalencia de fumadores entre los mayores de 65 años es menor que entre los adultos y los jóvenes. Según datos de la Agencia de Salud Pública de Barcelona, el año 2000, fumaba el 23,3 % de los hombres y el 2,2, % de las mujeres de más de 65 años. 

Entre la gente mayor, hay una diferencia importante entre hombres y mujeres con respecto al consumo por sexos. El motivo es que en el momento de iniciación al consumo, la adolescencia, fumaban muy pocas mujeres.

Más de la mitad de los hombres de más de 65 años han sido fumadores diarios, pero muchos han abandonado el consumo a lo largo de su trayectoria vital.

Las personas que hace muchos años que fuman quizás piensen que no vale la pena abandonar el hábito, porque ya no obtendrán ningún beneficio. Pero dejar de fumar, en personas de edad avanzada, sanas o con patología, tiene muchos beneficios, entre otros: 

  • Mejora la circulación sanguínea, principalmente en las extremidades inferiores. 
  • Aumenta la capacidad pulmonar, lo que incrementa el rendimiento físico. En consecuencia, la persona se cansa menos, sobre todo cuándo realiza pequeños esfuerzos (subir escaleras, pasear, etc.). 
  • Es un buen ejemplo para los jóvenes (hijos, nietos, etc.). 
  • Disminuyen los riesgos de sufrir accidentes, principalmente, incendios domésticos (en la cama o en el sofá), accidentes de tráfico, etc. 
  • Aumenta la libertad, porque ya no se depende de una sustancia. 
  • Se ahorra dinero, que se puede destinar a otras cosas.


Nunca es demasiado tarde para dejar de fumar. No hay ningún consumo seguro de tabaco, por muy reducido que sea. 

Consejos de salud: Vejez

 

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Tabaquismo en función de la situación de vida

  1. Embarazo 
  2. Tener un problema de salud crónico

 

1. Tabaquismo y embarazo

Numerosos estudios han demostrado, de forma contundente, la relación entre el tabaco y una serie de problemas durante la gestación, entre los cuales destacan: 

  • Embarazos extrauterinos (embarazos que se forman fuera del útero) y abortos espontáneos durante el primer semestre. 
  • Parto prematuro. 
  • Riesgo de complicaciones durante el parto.

 
Fumar durante el embarazo también tiene efectos en la salud del feto: 

  • Aumenta tres veces la probabilidad de bajo peso al nacer (menos de 2.500 g). 
  • Aumenta las probabilidades de parto prematuro (antes de la semana 32). 
  • Aumenta el riesgo de malformaciones fetales. 
  • Provoca cambios en algunos cromosomas fetales.


Además, fumar también afecta a la salud del bebé: 

  • Provoca retrasos en la maduración y el crecimiento neonatal. 
  • Los bebés de madres fumadoras durante el embarazo tienen más probabilidades de morir durante el primer mes de vida. 
  • Los bebés de madres fumadoras durante el embarazo tienen más probabilidades de sufrir el síndrome de la muerte súbita durante el primer año de vida. 
  • Los bebés de madres fumadoras tienen más probabilidades de desarrollar asma y disfunciones pulmonares, así como más probabilidades de tener comportamientos hipercinéticos.


El consumo de tabaco por parte de las mujeres al inicio del embarazo es un problema de salud pública de primera magnitud, especialmente en el sur de Europa. En el año 2010, en Cataluña, la prevalencia del tabaquismo al inicio del embarazo se situó en un 26,7 %. El 54 % de estas mujeres embarazadas fumadoras no abandonan el consumo de tabaco durante el embarazo y, en consecuencia, el 14,4 % de las mujeres fumadoras continúa fumando hasta el final del embarazo (Document executiu. Indicadors de Salut Maternoinfantil, Catalunya, 2010).

Para las mujeres, la gestación es un momento especial, y acostumbran a estar sensibles y motivadas para dejar de fumar, ya que no sólo están preocupadas por su salud, sino también por la salud del feto.

Debe tenerse en cuenta que: 

  • Dejar de fumar durante el segundo y tercer trimestre disminuye el riesgo de bajo peso y prematuridad.  
  • Disminuir el consumo de tabaco o fumar cigarrillos bajos en nicotina y alquitrán no tiene efectos beneficiosos sobre la salud de la embarazada, del feto y del bebé.
  • Para el feto siempre es mucho más perjudicial que su madre consuma algún cigarrillo que la ansiedad que provoca en la embarazada el no poder fumar.


Se recomienda abandonar el consumo del tabaco antes de planear tener un hijo. Si la mujer ya está embarazada, es recomendable que abandone el consumo lo antes posible, ya que no hay un consumo mínimo seguro para la mujer y el bebé. Se recomienda consultar con la enfermera o la comadrona el consumo de tabaco y planear una estrategia para abandonar el hábito, teniendo en cuenta todos los factores implicados (como la medicación, si se consideran los efectos derivados de la terapia sustitutiva de la nicotina). 

Consejos de salud: Embarazo

 

2. Tener un problema de salud crónico

Las personas fumadoras que tienen enfermedades como la diabetes, la hipercolesterolemia, enfermedades cardiovasculares (angina de pecho, hipertensión arterial, trombosis, arritmias), enfermedades del sistema respiratorio (enfermedad obstructiva crónica, enfisema, bronquitis, asma) o cualquier tipo de cáncer, tienen más motivos para dejar de fumar, porque su control, la recuperación y el cuidado están estrechamente relacionados con el consumo de tabaco.

Cuando la persona presenta un problema de salud crónico, a menudo el equipo de salud recomienda explícitamente dejar de fumar. Estas situaciones deben aprovecharse para abandonar definitivamente el consumo de tabaco.

 

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Tabaquismo y problemas de salud relacionados

El consumo de tabaco es el principal problema de salud pública de los países desarrollados. El tabaquismo está relacionado con más de veinticinco enfermedades. Muchos estudios científicos han puesto en evidencia los efectos nocivos del tabaco y la mortalidad que provoca.

En España cada año mueren unas 54.200 personas; el 15,5 % de la mortalidad anual se debe al consumo del tabaco. 

  1. Enfermedades asociadas directamente al tabaquismo 
  2. Efectos nocivos del humo ambiental del tabaco (HAT) 

 

1. Enfermedades asociadas directamente al tabaquismo

 
1.1 Cáncer

Principalmente, se relacionan con el tabaquismo el cáncer de pulmón, de laringe, de orofaringe, de esófago, de estómago, de páncreas, de hígado, de colon, de riñón, de vejiga, de mama, del aparato genital y del sistema linfático.

El 90% de los casos de cáncer de pulmón están relacionados con el tabaco. Además, se ha observado que hay una relación entre el riesgo de sufrir la enfermedad y el número de cigarrillos fumados. También se ha observado que dejar de fumar desciende, de forma progresiva, el riesgo de desarrollar un cáncer de pulmón, de manera que, 15 años después de haber abandonado el hábito, el riesgo se reduce en un 80-90 %.

A parte del cáncer de pulmón, los tipos de cáncer más relacionados con el consumo de tabaco son los de cavidad oral, faringe, laringe y esófago. Específicamente, el 83 % de los cánceres de laringe está relacionado directamente con el tabaquismo. 

Consejos de salud: Cáncer


1.2 Enfermedad cardiovascular

El 20 % de muertes secundarias a enfermedad cardiovascular se pueden atribuir al tabaco. Fumar dobla el riesgo de sufrir una enfermedad coronaria y multiplica por cuatro el riesgo de sufrir una enfermedad cerebrovascular. Las sustancias del humo del cigarrillo que presentan efectos adversos son la nicotina y el monóxido de carbono.

La nicotina tiene un potente efecto vasoconstrictor, es decir, reduce el diámetro de los vasos y, por tanto, la cantidad de sangre que circula y que debe llegar a los tejidos del cuerpo, lo que incrementa la tensión arterial y la frecuencia cardíaca. Además, tiene otros efectos sobre las plaquetas y el endotelio vascular que favorecen el origen del proceso de formación de la arteriosclerosis. Por otro lado, la hemoglobina, responsable de conducir el oxígeno hasta todas las células del organismo, tiene más afinidad con el monóxido de carbono que con el oxígeno. Así pues, no sólo llega menos sangre a los tejidos del organismo
 
Insuficiencia cardíaca


1.3 Enfermedades respiratorias no tumorales

El humo del cigarrillo es el principal causante de la sintomatología respiratoria, ya que altera la estructura pulmonar de las vías aéreas, de los alvéolos y de los capilares. Además, afecta a los mecanismos de defensa pulmonar, ya que deteriora su funcionamiento, y produce un aumento de las secreciones respiratorias. Todos estos cambios producen síntomas respiratorios inespecíficos como la tos, la expectoración, la disnea y las sibilancias (ruido agudo que se produce al respirar).

De las enfermedades respiratorias, la llamada enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) es la que tiene mayor prevalencia e impacto socioeconómico. El tabaco es responsable del 80-90 % de los casos de EPOC. Se caracteriza por la obstrucción crónica y poco reversible del flujo aéreo, causada, principalmente, por una reacción inflamatoria al humo del tabaco. Otras enfermedades respiratorias relacionadas son las infecciones virales y bacterianas (gripe, tuberculosis, neumonía bacteriana y varicelosa), el agravamiento del asma bronquial, la hemorragia pulmonar, el neumotórax espontáneo, etc.

La apnea del sueño también está relacionada con el tabaquismo; es la interrupción de la respiración durante el periodo del sueño. Hay una relación entre el número de cigarrillos fumados y la gravedad de la enfermedad.

 

1.4 Enfermedades dentales y periodontales

En el fumador son habituales los cambios en la coloración de los dientes y la halitosis. Muchos estudios han demostrado que los fumadores tienen más caries, infecciones bacterianas y de hongos bucales, como la candidiasis.


1.5 Enfermedades específicas de la mujer

El tabaquismo produce en las mujeres un aumento de las probabilidades de cáncer de mama y cáncer de cérvix. Además, reduce la fertilidad y aumenta el riesgo de aborto espontáneo, de parto prematuro y de bajo peso al nacer. Hay estudios que han relacionado el consumo de tabaco con la menopausia temprana y la osteoporosis, que debilita los huesos y aumenta el riesgo de fracturas después de la menopausia. Además, las mujeres fumadoras que utilizan contraceptivos orales presentan un mayor riesgo de sufrir una enfermedad cardiovascular.

 

2. Efectos nocivos del humo ambiental del tabaco (HAT)

El humo ambiental del tabaco (HAT) provoca enfermedades graves a las personas no fumadoras que involuntariamente respiran este aire. Se ha estimado que no hay un nivel mínimo seguro de HAD y que ningún sistema de ventilación lo elimina. La única medida eficaz para no perjudicar a los no fumadores es no fumar en espacios cerrados que se puedan compartir con no fumadores. El riesgo de cáncer de pulmón es significativamente superior (24 %) en mujeres no fumadoras que conviven con uno o más fumadores, comparado con las mujeres que no conviven con ninguno. También se ha demostrado que los hijos de padres fumadores tienen más riesgo de sufrir problemas respiratorios (sobre todo asma y bronquitis) e infecciones en la oreja media o síndrome de la muerte súbita del lactante, que los hijos de los no fumadores. Por otra parte, la influencia familiar es otro factor que predispone a los niños a iniciarse en el consumo de tabaco; así, los niños con padres o hermanos mayores fumadores tienen más probabilidades de fumar. Por eso, es necesario respetar los espacios libres de humo y proveer a los no fumadores de un ambiente de trabajo, de ocio o social sin tabaco.

 

 

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Factores y conductas de protección en el tabaquismo

La mejor decisión es no empezar a fumar. Hay muchos motivos para rehuir el tabaco de entrada: 

  • el tabaco puede afectar negativamente al rendimiento físico a la hora de hacer deporte; 
  • el tabaco es caro; 
  • si no se fuma, la piel se conserva mejor, los dientes se mantienen más blancos y el aliento, más fresco; 
  • los no fumadores tienen menos resfriados, menos tos y menos mucosidad y, evidentemente, menos posibilidades de sufrir enfermedades en un futuro.

Si ya se ha empezado a fumar, conviene abandonar el tabaco cuanto antes mejor, porque es más fácil cuanto menos tiempo hace que se fuma.

1. Antes de empezar a fumar, 2. En el proceso hacia dejar de fumar, 3. Después de dejar de fumar.

 

1. Antes de empezar a fumar

Para evitar iniciarse en el consumo de tabaco, pueden ser útiles algunas estrategias, como por ejemplo:

  • saber decir que no se quiere fumar: la aceptación de los amigos y de los compañeros no depende de si se es fumador o no; 
  • buscar a un grupo de compañeros que no fume; 
  • practicar un deporte o una actividad física para soltar la tensión o el estrés; 
  • vivir en un ambiente no fumador.

 

2. En el proceso hacia dejar de fumar

Cuando la persona ya consume tabaco de manera regular, puede plantearse a menudo dejar de fumar. Entre los factores más habituales que explican que la persona se proponga abandonar el tabaco hay:

  • La asunción de la relación entre tabaco y salud. 
  • La aparición y el afrontamiento eficaz de los síntomas de abstinencia (ansiedad, nerviosismo, hambre, etc.). 
  • La percepción de los beneficios de dejar de fumar (respirar mejor, cansarse menos, sufrir menos resfriados, etc.). 
  • El incremento de la autoestima cuando se deja de fumar: la creencia en los propios recursos para conseguirlo. 
  • Las normas sociales (la imagen social). 
  • Haber intentado dejar de fumar alguna otra vez.


También hay una serie de factores que hacen más fácil el proceso de dejar de fumar:

  • Tener habilidades para afrontar el estrés. 
  • Planificar conductas alternativas. 
  • Contar con apoyo social. 
  • Mantener un estilo de vida saludable. 
  • Hacer ejercicio físico moderado y adecuado a las necesidades de la persona.
  • Descansar y dormir bien.
  • Adoptar hábitos dietéticos saludables: 

 

3. Después de dejar de fumar

Existen algunas conductas que evitan recaídas y que pueden asegurar el éxito, como:

  • Identificar las situaciones de riesgo y planificar estrategias para superarlas. Encontrar alternativas si las que se han previsto no funcionan. 
  • Replantear las propias estrategias antes de llevarlas a cabo. Eso será útil para afrontar posibles recaídas. 
  • Revisar los motivos para dejar de fumar. 
  • Tener pensamientos protectores. 
  • Superar la urgencia de fumar:
    • recordando que la tentación de fumar dura muy pocos minutos; 
    • intentando distraerse; 
    • sentándose durante un momento y haciendo tres inspiraciones largas y profundas; 
    • bebiendo un vaso de agua muy despacio; 
    • llamando a alguien.
  • Recordar que un solo cigarrillo puede hacer que todo el esfuerzo hecho hasta entonces resulte inútil. 
  • No pensar mucho en el día siguiente o la próxima semana: luchar día a día. 
  • Eludir los lugares donde se fume y preferir los que están libres del humo del tabaco. 
  • Evitar la compañía de las personas fumadoras o, en todo caso, pedirles que no le ofrezcan cigarrillos y que no fumen delante suyo. 
  • Evitar todo aquello que se asocie con el tabaco (ceniceros, mecheros, el café o el alcohol).
  • Evitar el estrés; puede ayudar disminuir las tareas cotidianas y buscar momentos de relajación.

 

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Factores y conductas de riesgo en el tabaquismo

1. Factores generales de riesgo, 2. Factores que favorecen la iniciación al tabaquismo, 3. Factores que favorecen el mantenimiento del tabaquismo, 4. Factores que favorecen la recidiva en el consumo de tabaco.

 

1. Factores generales de riesgo

A pesar de la complejidad del proceso por el que una persona se inicia y persiste en el consumo de tabaco, pueden distinguirse una serie de factores implicados: 

  • los efectos adictivos de la nicotina, que crean en el organismo la necesidad de esta sustancia; 
  • la necesidad de evitar los síntomas que aparecen en abstinencia, es decir, la sintomatología negativa que se genera cuando no se fuma, llamada, también, de abstinencia; 
  • las asociaciones psicológicas vinculadas al fumar (es decir, las asociaciones o los atributos postivos que la persona fumadora da al hecho de fumar), como por ejemplo estar contento, relajado, nervioso, entre otros ; 
  • la minimización o la negación de los efectos del consumo de tabaco; 
  • la utilización del tabaco como recurso psicológico contra el estrés o para controlar el peso; 
  • la aceptación, la facilitación y la potenciación del consumo de tabaco en la sociedad en que vive la persona.

 

2. Factores que favorecen la iniciación al tabaquismo

Hay factores de riesgo que predisponen a la persona (normalmente, en la infancia o la juventud) a consumir tabaco o a experimentarlo. Algunos de estos factores dependen de la persona y otros, de su contexto.

Los principales factores implicados son:


2.1 Factores de predisposición individuales 
  • La edad y el sexo. 
  • Las normas y los valores de la familia sobre el fumar y las creencias personales sobre el tabaco y la salud, así como la inclinación del joven a adoptar conductas de riesgo. Si el joven está expuesto a un ambiente fumador, es más probable que fume, ya que cree que el tabaco es bueno y no piensa en sus consecuencias. 
  • Factores cognitivos y expectativas personales que genera el tabaco. 
  • Carencia de estrategias adecuadas para decir que no al tabaco, para emprender actividades contra el aburrimiento o para controlar el estado de ánimo. 
  • Los efectos de la nicotina en la persona.

2.2 Factores que dependen del contexto 
  • Las características sociodemográficas como la clase social, la ocupación o los estudios. 
  • El precio del tabaco: cuanto más barato, más fácil es su acceso, sobre todo por parte de colectivos con bajo nivel económico. 
  • La publicidad y la presión social para consumir tabaco. Los anuncios que relacionan tabaco con diversión, sexo y éxito influencian a los jóvenes.


Cuando ya se ha probado el tabaco una vez y empieza a consumirse de modo regular, se pasa en poco tiempo a adquirir una dependencia. El hábito de fumar es, pues, una conducta que se aprende y que se inicia con la experimentación, se regulariza y se mantiene hasta que la persona decide y consigue abandonarla.

 

3. Factores que favorecen el mantenimiento del tabaquismo

Aunque los riesgos asociados al consumo de tabaco son sobradamente conocidos, muchas personas empiezan a fumar o no dejan de hacerlo. Fumar provoca cáncer y enfermedades cardiovasculares y respiratorias que pueden disminuir la calidad de vida y causar muerte prematura. Además, las personas fumadoras experimentan cansancio, sensación de ahogo al hacer ejercicio, tos, esputos matinales, ronquera, mal olor corporal o de boca. Muchas personas, aunque se plantean dejar de fumar, continúan consumiendo tabaco por los efectos de la nicotina. Además de la adicción a la nicotina, los fumadores pueden continuar fumando por automatismo, por aburrimiento, por placer, para relajarse, para mitigar estados negativos, etc.

Estos motivos que mantienen el consumo de tabaco y llevan a consumir tabaco más allá de la voluntad del fumador están relacionados con tres factores propios del tabaquismo: 

  • Factor físico o farmacológico. La gran capacidad adictiva de la nicotina hace que después de un breve consumo esporádico el organismo se habitúe rápidamente a un nivel de nicotina que necesita para encontrarse bien (tolerancia). La necesidad de evitar los síntomas desagradables (síndrome de abstinencia) que aparecen cuando falta la nicotina es, pues, uno de los principales motivos para seguir fumando. 
  • Factor psicológico. Encender un cigarrillo es una acción que llega a automatizarse y se convierte en un acto inconsciente relacionado con las diferentes situaciones y actividades cotidianas, como tomar un café, la sobremesa, llamar por teléfono, etc. Interrumpir este hábito es más difícil cuanto más tiempo se lleve fumando. 
  • Factores psicosociales. Las personas empiezan a fumar principalmente por razones sociales: ganar la aprobación de los amigos, mostrarse independientes o rebeldes, parecer mayores o sofisticados. Además, normalmente se empieza a fumar en grupo, en compañía de amigos, de modo que fumar se convierte en una actitud decididamente integradora y sociabilizadora. Por otra parte, el fumador aprende a relacionar las emociones y los pensamientos con las respuestas de placer obtenidas del efecto farmacológico de la nicotina. Así, las situaciones que pueden afectar al estado de ánimo, como el estrés, la presión laboral y profesional, los problemas familiares y la soledad, entre otros, son, para el fumador, condicionantes idóneos para encender otro cigarrillo.

 

 

4. Factores que favorecen la recidiva en el consumo de tabaco

Los factores más habituales que explican la recaída en el hábito de fumar son los siguientes: 

  • Mal control de los síntomas de abstinencia
  • Mal afrontamiento del estrés. 
  • Poca planificación de las etapas que hay que seguir para dejar de fumar
  • Falta de apoyo social. 
  • Falta de autoestima y de autoeficacia.

 

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