Lo que necesita saber: Esquizofrenia

Respirar

A pesar de que fumar es una adicción que perjudica gravemente la salud en todos los casos, el consumo de tabaco parece disminuir algunos de los efectos secundarios del tratamiento farmacológico de la esquizofrenia, como la sedación, la disminución de la actividad motriz, la falta de atención y de concentración, hecho que potencia su uso entre las personas afectadas y hace que, en general, sea difícil dejarlo.

 

La enfermera o el médico del centro de salud de referencia pueden ayudar a la persona afectada a hacer un tratamiento de disminución, deshabituación y cesación de esta adicción. El planteamiento ha de ser muy flexible y, si no es posible dejarlo del todo, el objetivo puede ser reducir el consumo y aplicar todas las medidas posibles para minimizar los efectos nocivos del tabaquismo. En este sentido, son muy útiles las estrategias que ayudan a modificar el comportamiento, como la actividad física y el ejercicio, o tener comportamientos alternativos al consumo de tabaco, como beber un vaso de agua o de zumo, mascar chicle sin azúcar, dar un paseo, telefonear un amigo, etc.

Tabaquismo, consejos de salud 
 
También puede ser de gran utilidad el entrenamiento en técnicas de relajación, dado que estas técnicas ayudan a tener un mayor control de la ansiedad y el estrés asociados a la deshabituación tabáquica.
 
Terapias complementarias: tipos
 
Se recomienda tener en cuenta todos los consejos generales, que permiten adoptar medidas saludables en relación con la actividad de la vida diaria de:

Respirar
 

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Comer y beber

Las personas que tienen esquizofrenia fácilmente pueden ver modificado el ritmo de las comidas y la cantidad de alimentos ingeridos a causa de los efectos secundarios de la medicación psicotrópica que se les ha pautado, hecho que incrementa el riesgo de aparición de problemas de salud, como la obesidad o la elevación del nivel de colesterol.

 

Es aconsejable:

  • Seguir las pautas de una alimentación saludable. Es decir, una alimentación suficiente para cubrir las necesidades propias de cada edad y situación de salud, adaptada al estilo de vida y al ritmo de actividades.
  • En caso de sobrepeso, evitar el seguimiento de dietas drásticas de adelgazamiento sin ningún control sanitario.
  • Seguir una dieta rica en fibra (frutas, verduras y cereales), pobre en grasas, moderada en azúcares y en sal, y priorizar la ingesta de pescado al consumo de carne.  
  • Para asegurar un buen cumplimiento de la dieta y una buena distribución de las comidas, es útil ayudarse con autoregistros con la anotación de los horarios de las comidas acompañada de la descripción de la alimentación diaria.
  • En todos los casos, abstenerse del consumo de bebidas alcohólicas, por el hecho de que altera la percepción psicológica de la persona afectada.
  • Evitar el consumo excesivo de bebidas con gas, cafeína o teína (Red Bull o similares).
  • Ingerir líquidos, preferentemente agua, en una cantidad no inferior al litro y medio diario, cantidad que se debería incrementar en tiempo de calor. 

 
Se recomienda tener en cuenta todos los consejos generales, que permiten adoptar medidas saludables en relación con la actividad de la vida diaria de:

 
Comer y beber
 

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Moverse y mantener una postura corporal correcta

La actividad física tiene efectos beneficiosos para la salud, como mejorar la función cardíaca, evitar el insomnio y la obesidad, tiene efectos antidepresivos, mejora la respiración y estimula la eliminación. No obstante, entre los síntomas negativos de la esquizofrenia, está la carencia de iniciativa que, junto con los efectos secundarios de algunos de los fármacos prescritos, deriva en una falta de actividad física en las personas afectadas.

 

Es aconsejable:

  • Incorporar y adaptar la actividad física más adecuada con el fin de de controlar los problemas de salud relacionados con la enfermedad, como la obesidad, la diabetes tipo II o los problemas cardiovasculares.
  • Facilitar la incorporación de pequeñas actividades cotidianas, como salir a la calle y hacer los recados familiares, y las tareas del hogar.
  • Potenciar la movilidad y el desplazamiento a otros lugares mediante paseos cuando sea posible.
  • No quedarse en la cama aunque no haya ninguna actividad establecida para ese día.
  • Vincularse a centros que organicen actividades ocupacionales o lúdicas, como cursos de tai-chi o yoga, salidas e itinerarios turísticos, clases de baile, etc. Algunos de ellos son de carácter público y disponen de facilidades con opciones económicas asequibles.
  • Establecer contacto con amigos o familiares que favorezcan la salida de casa y el compromiso para hacer actividades.
  • Hacer ejercicio en los parques de la población, donde a menudo se ofrecen rutas para caminar, pistas de deporte o aparatos para hacer ejercicio.
  • Ir a algún gimnasio o centro deportivo, si es posible, donde los monitores especialistas dirigirán y orientarán según las aficiones y necesidades del interesado, y le ayudaran a planificar el tipo, la intensidad, la frecuencia y la duración de la actividad física adecuada para cada persona. En los centros deportivos, además, se pueden encontrar otras actividades que permiten distraerse, disfrutar y relacionarse con otros usuarios.

 

Se recomienda tener en cuenta todos los consejos generales, que permiten adoptar medidas saludables en relación con la actividad de la vida diaria de:

Moverse y mantener una postura corporal correcta

 

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Reposar y dormir

Los hábitos cotidianos se pueden ver fácilmente alterados en las personas que sufren esquizofrenia, a menudo a causa de los síntomas negativos de la propia enfermedad o del estado de ánimo depresivo que también pueden sufrir. Esto suele comportar el descontrol en los hábitos de descanso y del sueño, frecuentemente agravado por el tratamiento farmacológico  prescrito.

 

Es aconsejable:

  • Establecer un horario para el descanso diario (tanto en la hora de acostarse como en la hora de levantarse) lo más normalizado posible.
  • Reducir horas de ver la televisión.
  • No utilizar en las últimas horas del día los aparatos electrónicos (ordenadores, videojuegos, videoconsolas).
  • Tomar una ducha relajante antes de acostarse.
  • Evitar las siestas a mediodía, ya que facilitan la falta de sueño por las noches y pueden ser un elemento que altere el ritmo sueño-vigilia.
  • Evitar el consumo de bebidas estimulantes a lo largo del día, como café, te o bebidas con cola.
  • Evitar la toma de fármacos inductores del sueño que no hayan estado prescritos por los facultativos en el tratamiento actual.
  • Acomodar el espacio para dormir. Se ha de tener un colchón adecuado, evitar los ruidos y mantener una higiene cuidadosa de la cama y las sábanas. La temperatura del ambiente debe ser la óptima en cada estación del año.
     

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Eliminar

La evacuación intestinal está relacionada con la ingesta de alimentos y de líquidos, pero también con frecuencia tiene que ver con la forma con la que las personas afrontan la ansiedad, la angustia o el estrés. Esto significa que las personas que sufren una esquizofrenia pueden presentar alteraciones en la función intestinal en forma de estreñimiento o diarrea, tanto por la sintomatología de la propia enfermedad como por los hábitos alimentarios poco saludables que a menudo tienen. Además, en algunos casos el efecto de la medicación modifica el ritmo gastrointestinal y también provoca diarreas o estreñimiento. Por otro lado, algunos fármacos neurolépticos pueden incrementar la sialorrea (excesiva producción de saliva) y provocar alteraciones en el ciclo menstrual.

 

Es aconsejable:

  • Evitar el consumo de estimulantes de la movilidad intestinal: café, zumo de naranja.
  • En caso de estreñimiento, aumentar el consumo de fruta (kiwi, naranja, ciruela, etc.), verduras (espinacas, acelgas, etc.) y cereales con un contenido alto en fibra (pan integral, etc.), beber agua y hacer ejercicio (caminar, ir en bicicleta, hacer gimnasia, etc.).
  • No tomar tratamientos (laxantes, antidiarreicos) sin indicación del profesional de la salud.
  • En caso de diarrea, se ha de prevenir la deshidratación restituyendo los líquidos y las sales minerales que se pueden perder. Por ello, es muy importante beber mucha agua pero también tomar líquidos que aporten sodio (sal). Hay que comer alimentos suaves, como arroz, patatas hervidas, tostadas de pan, zanahoria hervida y pollo asado sin la piel ni la grasa.
  • En las mujeres, es importante tener un control y un seguimiento de los ciclos menstruales, y hacer revisiones ginecológicas periódicas. En caso de alteración en la duración, la frecuencia, la cantidad, la presencia de dolor, etc., de las menstruaciones, hay que consultar a los profesionales de referencia (médicos y enfermeras).
  • Recordar que son muy útiles las técnicas de relajación que facilitan un mayor control de la ansiedad o el uso de terapias complementarias.

 

Si la sintomatología no mejora, se ha de consultar con el equipo de salud para descartar otras posibles causas del problema.
 
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Evitar peligros y prevenir riesgos

Las conductas de riesgo que preocupan más en la personas afectadas por la esquizofrenia son, fundamentalmente, las que pueden afectar al control de la enfermedad y las que hacen referencia al cumplimiento de todo el plan terapéutico acordado con el equipo de especialistas en salud mental. 


Se debe tener presente que cualquier incidencia puede precipitar una situación de crisis de la enfermedad y, por lo tanto, una recaída.

 

Es aconsejable:

  • Evitar el consumo de cualquier droga ilegal y alcohol, ya que pueden tener efectos perjudiciales y desencadenar o empeorar la evolución de la enfermedad.
  • Mantener las pautas del tratamiento farmacológico, tal como han estado establecidas por el médico psiquiatra.
  • Comprobar siempre la fecha de caducidad de los medicamentos.
  • No modificar la dosis, no hacer ningún cambio de los fármacos indicados y tomarlos en el momento indicado según cada caso (habitualmente entre comidas).
  • No dejar el tratamiento farmacológico prescrito sin una indicación médica expresa, aunque haya una mejora notable, o por el contrario, no se observen efectos significativos.
  • Cumplir el seguimiento ambulatorio pautado en cuanto al ritmo de visitas programadas con los diferentes profesionales o a las actividades terapéuticas.
  • Durante el tiempo en que se toman los fármacos psicotrópicos, evitar completamente el consumo de bebidas alcohólicas u otras drogas, porque, además de alterar el metabolismo del fármaco, alteran también la consciencia de la persona.
  • En caso de duda, discutir con los profesionales de la salud los miedos sobre los riesgos y los efectos secundarios del tratamiento farmacológico.
  • No negar que la medicación produce molestias y efectos secundarios, buscar los consejos y las explicaciones apropiados para evitarlos, reducirlos o eliminarlos.
  • Buscar sistemas para recordar la toma de la medicación: notas, listados, llevar siempre encima una dosis, etc.
  • Seguir el calendario de vacunación adecuado en cada caso, ya que no hay ninguna incompatibilidad con el tratamiento farmacológico habitual de la esquizofrenia.
  • Utilizar el preservativo, como medida necesaria para evitar las enfermedades de transmisión sexual, así como los embarazos no deseados.
  • No fumar en la cama por el riesgo de quedarse dormido y provocar un incendio.
  • Aplicar todas las recomendaciones que cada persona crea conveniente relacionadas con la mejora y el control de la situación de salud, tanto de la persona afectada como de su entorno.

 

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Comunicarse e interactuar socialmente

En las personas afectadas por una esquizofrenia, los trastornos en el lenguaje son una de las características de la enfermedad que, juntamente con la dificultad para expresar sentimientos y emociones y las dificultades en las relaciones sociales, dificultan claramente la comunicación y la interrelación personal y social.

 

Es aconsejable:

  • Mantener una higiene personal adecuada, lo que proporciona bienestar, incrementa la autoestima, y facilita y mejora las relaciones sociales.
  • Participar y vincularse en diferentes entornos sociales, como por ejemplo: asociaciones de tipo lúdico, deportivo (peñas de petanca, peñas de entidades de clubes deportivos) u otras de más interés sociocultural (clubes de lectura, fotografía, canto coral, etc.), clubes sociales y asociaciones de enfermos mentales, etc.
  • Formar parte de grupos educativos en habilidades sociales o practicar coaching para usuarios.

    Los grupos educativos en habilidades sociales ofrecen espacios de apoyo mutuo entre profesionales y usuarios, con el objetivo de que las personas que sufren un trastorno mental entiendan y sean capaces de convivir con sus dificultades. La manera de hacerlo es reforzar las propias habilidades que, a causa del malestar, han quedado menguadas. Estas intervenciones se han de ofrecer integradas en el proyecto terapéutico del paciente y de su familia. Se traca de actividades que facilitan el rol activo de la persona afectada por el trastorno y de las de su entorno, y que favorecen la implicación en el proceso terapéutico. Tienen como objetivo el análisis de los recursos personales para afrontar situaciones críticas, a menudo de la vida cotidiana, mediante técnicas para la resolución de problemas, y de entrenamiento de la conducta en habilidades sociales y en actividades de la vida diaria, entre otras.

    El coaching (entrenamiento) para usuarios es una técnica que se caracteriza por el acompañamiento a una persona afectada por un trastorno mental, a partir de sus necesidades y mediante el compromiso y la movilización de los recursos personales, con el fin de que consiga desarrollar sus capacidades con unos determinados objetivos puntuales. No es una terapia ni tampoco un proceso de asesoramiento o consultoría, en que se dan consejos o se dice a la persona lo que tiene que hacer. Es un proceso de acompañamiento que se desarrolla durante un tiempo determinado y que tiene lugar entre el profesional y el usuario, mediante una serie de conversaciones que se planifican.

 

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Trabajar y divertirse

La persona que tiene esquizofrenia, igual que la que tiene cualquier otra enfermedad, puede ver afectada la vida laboral en el momento en que se agudiza, es decir, en el momento de la crisis (link fases /fase activa o de recaída), y necesitar una baja laboral. Una vez estabilizada la situación, en muchos casos no se ve afectado el rendimiento profesional y la persona puede seguir desarrollando su labor habitual, en función del nivel de exigencia y precisión de la misma y de la afectación personal.

 

Tanto el ámbito laboral como el de la diversión son espacios muy importantes en la vida de la persona afectada por una esquizofrenia, dadas las dificultades que aparecen en el mantenimiento de las relaciones sociales; por lo tanto, son aspectos a favorecer al máximo.

Es aconsejable:

  • Compaginar las visitas al equipo de salud con la tarea y el horario laboral, como cualquier otra persona afectada por otra enfermedad (se puede presentar un justificante apropiado para la empresa expedido por el centro de salud especialista), para asegurar un correcto cumplimiento de las visitas pautadas.
  • Abstenerse de tomar bebidas alcohólicas en acontecimientos sociales con la idea de que facilitan la conversación y potencian las relaciones sociales, ya que en realidad su influencia en los dos aspectos es negativa.
  • Disponer, cuando sea necesario, de los beneficios que garantiza un certificado de disminución, que a menudo comporta un pacto entre el trabajador y el empresario, y unos beneficios para ambos. Por ejemplo, el trabajador puede solicitar sin inconvenientes horas laborales para ir al centro de salud y el empresario tiene ciertos beneficios fiscales por el hecho de tener en plantilla un trabajador que posee este tipo de certificado.

 

Se recomienda tener en cuenta todos los consejos generales, que permiten adoptar medidas saludables en relación a la actividad de la vida diaria de:

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Tópicos y conductas erróneas

Las personas con esquizofrenia no son peligrosas. Muy a menudo, las personas con esquizofrenia se describen como personas imprevisibles, agresivas y peligrosas. Las películas y la televisión no dejan de presentar al asesino en serie como un peligroso esquizofrénico escapado de la prisión. En ningún caso se puede decir que las personas con enfermedades mentales sean agresivas ni tengan más probabilidades de cometer actos violentos ni delictivos que las personas sin enfermedad mental.

 

La persona con esquizofrenia no tiene una "doble personalidad”. La esquizofrenia no es un desdoblamiento de la personalidad y no transforma una persona bondadosa en un individuo capaz de actuar con la violencia más mortífera. No hay un Dr. Jekyll y Mr. Hyde. No hay dos personalidades diferentes, sino que el pensamiento está disociado de los sentimientos. Es importante combatir esta idea falsa, porque alimenta la creencia de que la persona que sufre este trastorno es un ser peligroso, como se visualiza en muchas películas.
 
Las personas con una esquizofrenia sienten el dolor y lo sufren exactamente igual que el resto de la población. A pesar de que no es extraño oír decir que los esquizofrénicos tienen la extraordinaria facultad de ser insensibles al dolor, hasta el punto de que podrían someterse a intervenciones quirúrgicas sin anestesia, se trata de una idea sin ninguna base científica.
 
Las amenazas de suicidio suelen ser reales. Las personas que sufren un trastorno esquizofrénico y amenazan con suicidarse no lo hacen en vano. No se trata de una amenaza para llamar la atención, la tasa de suicidio en las personas con esquizofrenia es de 30 a 40 veces más alta que en la población general.

 

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Descripción

 La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la esquizofrenia como un trastorno caracterizado por las distorsiones de la percepción, del pensamiento y de las emociones, lo que deteriora la capacidad de las personas de pensar, dominar las emociones, tomar decisiones y relacionarse con los demás, si bien no todas las alteraciones afectan por igual a todas las personas que sufren este trastorno. La esquizofrenia forma parte del grupo de las enfermedades mentales denominadas psicosis, juntamente con otros trastornos como el trastorno esquizotípico, el trastorno de ideas delirantes, los trastornos psicóticos agudos o los trastornos esquizoafectivos.

La esquizofrenia no se manifiesta de forma continuada sino en brotes o episodios, es decir, se pasan épocas de estabilización y épocas de crisis. Los momentos más críticos de la enfermedad son los de las fases activas o de recaída . Los síntomas de la esquizofrenia pueden incluir, entre otros, delirios, alucinaciones y pensamiento desorganizado en función de los tipos de enfermedad. 

Historia

La palabra esquizofrenia viene del griego schizo, que significa ‘división’, y phrenos, que quiere decir ‘mente’.

Los primeros datos que pueden estar relacionados con la esquizofrenia son de 4.000 años antes de Cristo, en el Papiro Ebers. En el siglo I d.C. se encuentran referencias a este trastorno en los escritos de Areteo de Capadocia, médico griego que aportó importantes conocimientos al saber médico de aquella época.

 

El psiquiatra alemán Emil Kraepelin (1856-1926) identificó, entre sus enfermos, a un grupo que enfermaba a edades jóvenes y que presentaba diferentes síntomas: alucinaciones, movimientos anormales, pérdida de la voluntad, falta de emociones y aislamiento social. Al cuadro clínico que presentaban estos jóvenes, lo llamó dementia praecox (demencia precoz) y lo definió como un trastorno del cerebro diferente a otras formas de demencia que tienen lugar más tarde en la vida de las personas.

Fue el médico suizo Paul Eugen Bleuler (1857-1939) quien introdujo el nombre de esquizofrenia, y quien lo describió como una falta de interacción entre los procesos cognitivos y las percepciones, en un capítulo (Dementia praecox oder Gruppe der Schizophrenien) del libro Tratado de psiquiatría, del psiquiatra alemán Gustav Aschaffenburg, en el año 1911.

Klaus Conrad (1905-1961), psiquiatra alemán, publicó en 1954 La esquizofrenia incipiente, un trabajo aún hoy vigente donde distingue algunas de las fases del curso de la enfermedad.

A pesar de estos trabajos, no se disponía de una clasificación de los trastornos mentales unánimemente aceptada que permitiera identificar y unificar los criterios diagnósticos.

En 1893, el médico francés Jacques Bertillon presentó en Chicago la Bertillon Classification of Causes of Death (Clasificación Bertillon de las causas de muerte) en el Congreso del International Statistical Institute. Esta clasificación fue adoptada por numerosos países y, en sucesivas revisiones, se le han añadido las síntesis de las clasificaciones inglesa, alemana y suiza previamente existentes. En 1948, coincidiendo con la sexta revisión, la Organización Mundial de la Salud la adoptó con el nombre de Clasificación Internacional de Enfermedades (ICD-6, que es la sigla de su nombre en inglés: International Classification of Diseases). En 1952, y basándose en la ICD-6, la Asociación Americana de Psiquiatría publicó la primera edición del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-1, que es la sigla de su nombre en inglés: Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders). Se trata de una clasificación de los trastornos mentales, con descripciones claras de las categorías diagnósticas, hecho que permite a los clínicos y a los investigadores diagnosticar, tratar, estudiar e intercambiar información. Des de aquel momento, se han ido generando nuevas versiones de cada una de las dos publicaciones y, actualmente, el ICD está en su décima revisión (ICD-10), mientras que el DSM publicó en 1997 la cuarta versión revisada (DSM-IVR), en la que el apartado 5 está dedicado a la esquizofrenia, juntamente con los otros trastornos psicóticos.

A pesar de que quedan muchas incógnitas por resolver sobre la esquizofrenia, en este momento se están produciendo importantes avances, tanto en lo que se refiere a la prevención como al tratamiento médico y farmacológico, y a las terapias psicosociales.

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Etiologia

 

En la actualidad no hay una certeza absoluta en cuanto a las causas que originan la aparición de la esquizofrenia. Hay tantos factores que influyen en los sentimientos y la conducta que es difícil deducir qué factor o combinación de factores produce los síntomas. 
  1. Factores predisponentes
  2. Factores desencadenantes

 

Muchas enfermedades, como las cardíacas, son el resultado de la interacción de factores diversos y es posible que éste sea también el caso de la esquizofrenia. Actualmente se están utilizando todas las herramientas de la investigación biomédica moderna para aclarar qué papel juegan en el desarrollo de la esquizofrenia los genes, los trastornos bioquímicos, las alteraciones estructurales cerebrales, las alteraciones y las complicaciones en el parto, los trastornos y los sufrimientos psicológicos en la infancia o el consumo de drogas y de sustancias psicotrópicas, entre otras. Pero cabe destacar que ninguno de estos posibles factores por sí solo ha demostrado ser el único y definitivo desencadenante de la esquizofrenia. 

Hay muchos autores que hablan de una serie de factores que pueden ser predisponentes (factores que disponen anticipadamente a una persona a contraer una enfermedad determinada) a tener la enfermedad y de otros factores que se consideran desencadenantes (factores que provocan la aparición de la enfermedad o trastorno).

Ante la mayor incidencia de la aparición de la enfermedad en la época de la adolescencia, se considera esta franja de edad de especial vulnerabilidad, y los cambios físicos y hormonales de la pubertad se consideran elementos desestabilizadores en personas predispuestas a sufrir una esquizofrenia.

 

 

  1. Factores predisponentes: Es decir, factores que disponen anticipadamente a la persona a tener esquizofrenia.
    1. Genéticos

      Los genes son elementos biológicos mediante los cuales los padres transmiten sus características a los hijos. Los estudios científicos sugieren que determinadas familias tienen una predisposición a tener esquizofrenia, hecho que aumenta el riesgo de que sus miembros la sufran. Esto no significa que toda persona que tenga un familiar de primer grado con esquizofrenia necesariamente vaya a tener la enfermedad, sino que esta probabilidad se incrementa en un 10 %.
    2. Bioquímicos 

      En estudios del cerebro de personas diagnosticadas de esquizofrenia se ha encontrado un funcionamiento defectuoso de los circuitos cerebrales y un desequilibrio de algunos de los neurotransmisores (sustancias que transmiten información entre las neuronas en el cerebro). No obstante, todavía no se conoce si estos desequilibrios de los neurotransmisores son causa o efecto de la esquizofrenia.

      Uno de estos neurotransmisores es la dopamina, cuyo exceso podría afectar a algunas de las funciones que rigen el pensamiento, las emociones y la conducta. Otros neurotransmisores que pueden verse alterados son la serotonina, el glutamato y la noradrenalina.
    3. Alteraciones estructurales cerebrales 

      Las imágenes obtenidas mediante técnicas como la resonancia magnética funcional o la tomografía computada craneal (TC) han permitido identificar una serie de áreas del cerebro con alteraciones estructurales que se asocian a la enfermedad.
    4. Alteraciones prenatales o durante el parto 

      Los resultados de algunas investigaciones identifican los problemas en el embarazo, como son las infecciones víricas prenatales o la malnutrición intrauterina, como factores predisponentes a la aparición de esquizofrenia en edades jóvenes.
    5. Trastornos y sufrimientos psicológicos en la infancia 

      Las situaciones vividas en la infancia tienen una importancia relevante en el desarrollo psicológico de la persona. Si las experiencias vividas por el pequeño son de sufrimiento, como las situaciones de maltrato psicológico o físico, las relaciones no funcionales o la propia aparición de trastornos mentales, pueden predisponer en la época adulta a la esquizofrenia.
       
  2.  Factores desencadenantes: Es decir, factores que provocan la aparición de la esquizofrenia.
    1. Consumo de drogas y sustancias psicotrópicas 

      Se habla de drogas en referencia a cualquier sustancia psicoactiva y que, por lo tanto, es capaz de provocar la modificación de la conducta de la persona, de su estado de ánimo, de sus sensaciones y de la capacidad de percepción de los sentidos, lo que indica que su consumo incide directamente en el sistema nervioso central.

      Según el tipo de sustancia, producirá en el sistema nervioso central un determinado efecto que comportará diferentes alteraciones en el estado mental de la persona que las consume. Puede haber un enlentecimiento de la actividad cerebral (sustancias depresoras), una activación de las funciones cerebrales (sustancias estimulantes) o una alteración de las percepciones sensoriales (sustancias alucinógenas). 

      El consumo de cocaína o alucinógenos, ya sea de forma esporádica o continuada, es considerado de gran peligrosidad en cuanto a desarrollo de la esquizofrenia.

      El cannabis es la droga ilegal más utilizada por la gente joven y la que más precozmente comienzan a consumir los adolescentes, grupo de edad especialmente vulnerable a desencadenar la esquizofrenia. La relación entre el consumo de cannabis y los efectos nocivos agudos y crónicos sobre la salud mental está muy referenciada, y evidenciada en los estudios y en la práctica clínica.
    2.  Estresantes vitales y el modelo de la vulnerabilidad y el estrés 

      Uno de los modelos explicativos del porqué de la aparición de la esquizofrenia en una determinada persona es el modelo de la vulnerabilidad y el estrés, en que se postula la teoría según la cual, para presentar una esquizofrenia, se asocian ciertos factores de riesgo: una vulnerabilidad biológica previa (hereditaria, genética o adquirida), más otros factores de cariz psicológico de la persona y la influencia de factores ambientales de su entorno. 

      La predisposición individual generada por la confluencia de estos tres factores (biológicos, psicológicos y ambientales) no constituye la única condición para desencadenar una esquizofrenia, sino que también hay que añadir una carga emotiva que genere estrés. Una carga emocional suplementaria, que puede significar una exigencia excesiva para una persona vulnerable, puede llevarla a desarrollar una esquizofrenia. Esta carga emocional puede estar generada por acontecimientos estresantes de la vida, tanto si son negativos (la muerte de una persona cercana, la pérdida del lugar de trabajo) como positivos (nacimiento de un hijo, una boda, una mejora sustancial de la situación social, etc.), ya que los dos tipos de acontecimientos conllevan un nivel importante de estrés.

 

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Epidemiologia

La prevalencia de la esquizofrenia a lo largo de la vida es variable, los resultados de la mayor parte de los estudios establecen globalmente una media ligeramente inferior a 1 caso por cada 100 habitantes. El trastorno parece tener una distribución uniforme en todo el mundo, cosa que representa en Cataluña más de 60.000 personas. 

  • El estudio multicéntrico llevado a cabo en el año 1997 por la Organización Mundial de la Salud (OMS) determinó las ratios de incidencia en ocho lugares de siete países y la publicación del informe preliminar muestra una incidencia de esquizofrenia anual de 7 a 14 personas por 100.000 habitantes.
  • No hay diferencias estadísticas importantes en cuanto al sexo ni al nivel cultural o social para desarrollar la enfermedad, a pesar de que las situaciones de marginación social pueden contribuir a hacer que se desencadene uno de sus episodios.
  • La aparición de la esquizofrenia afecta principalmente en etapas precoces de la vida, es decir, en la adolescencia y la juventud (entre los 16 y los 25 años).

Tipos

Según el predominio de unos síntomas u otros, el diagnóstico de esquizofrenia llevará un apellido:

1. Esquizofrenia paranoide, 2. Esquizofrenia desorganizada o hebefrenia, 3. Esquizofrenia catatónica, 4. Esquizofrenia indiferenciada, 5. Esquizofrenia residual, 6. Esquizofrenia simple.

 

1. Esquizofreniaparanoide

La esquizofrenia paranoide es el tipo más frecuente de esquizofrenia. En el cuadro clínico predominan los síntomas alucinatorios auditivos y las ideas delirantes de persecución y autoreferencia, es decir, la persona cree que la gente habla y murmura sobre ella. La persona se vuelve extremadamente desconfiada y cree que sus pensamientos, sentimientos y actos son conocidos y controlados por los demás. Pueden aparecer ideas celotípicas relacionadas con las personas del entorno más cercano, e ideas de grandeza y superioridad, que hacen que la persona se sienta el centro de todo lo que sucede.

El contenido de los delirios a menudo tiene que ver con temas esotéricos, religiosos o de ciencia ficción. Las alucinaciones auditivas y/o visuales están relacionadas con el contenido del delirio; así pues, si el tema del delirio es de contenido místico y religioso, podría ser que las voces alucinatorias que la persona oye le dijeran que ha sido escogida entre los creyentes para llevar a cabo una determinada misión y que las órdenes se refirieran a la manera de hacerlo. Las alucinaciones auditivas también pueden ser sin contenido verbal, es decir, ruidos de silbidos, risas o rumores.


2. Esquizofrenia desorganizada o hebefrenia

En este tipo de esquizofrenia destaca el habla y la conducta infantil, desorganizada, y el afecto plano (estado de ánimo que no refleja ninguna emoción) o inapropiado; por ejemplo, la persona puede reír cuando se le da una mala noticia, o sin motivo aparente. Destaca también una desinhibición de los sentimientos, es decir, que en determinadas situaciones la persona exterioriza desmesuradamente las respuestas afectivas.

Las ideas delirantes y las alucinaciones son transitorias, es decir, que no se mantienen todo el tiempo. Las personas afectadas suelen mostrar falta de interés y poca participación en lo que les rodea. Pueden presentar demandas y quejas de malestares físicos sin una alteración orgánica objetiva. En algunos casos, repiten de forma incontrolada frases o sonidos repetitivos (tics vocales).


3. Esquizofrenia catatónica

En la esquizofrenia catatónica predomina un trastorno grave del movimiento, la conducta motora puede ser muy variable. La persona pasa de situaciones en las que está totalmente inhibida o paralizada a otras en las que tiene mucha movilidad, o bien de la obediencia automática a las órdenes a la ausencia de respuesta. La persona afectada por este tipo de esquizofrenia no reacciona ante los intentos de establecer contacto con ella; así, se puede apreciar como la expresión de la cara se mantiene inmóvil e inexpresiva, sin ningún tipo de gesticulación. A menudo presentan movimientos no controlados, constantes y/o repetitivos (automatismos). La persona no tiene expresividad verbal, es decir, puede no hablar o no contestar cuando se le pregunta algo. 


4. Esquizofrenia indiferenciada

Es una categoría inespecífica en que se mezclan todos los síntomas de los otros tipos de esquizofrenia (paranoide, hebefrénica y catatónica), sin que predomine ningún tipo de síntoma por encima de los demás.

 

5. Esquizofrenia residual

Este tipo de esquizofrenia se da en personas que llevan mucho tiempo conviviendo con la enfermedad y que tienen un importante deterioro de sus funciones, con signos persistentes de alteración. Destacan los síntomas de cariz negativa


6. Esquizofrenia simple

Es un tipo de esquizofrenia poco frecuente, y una de sus características principales es el comportamiento poco convencional o extravagante y llamativo de la persona afectada, que a veces viste de forma exagerada o inapropiada. Debido a la pérdida de interés por el entorno social puede llegar a una situación de marginación. Los síntomas negativos tienen un papel predominante en esta forma de esquizofrenia. No hay evidencia de alucinaciones ni de ideas delirantes.

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Estructura y función del cuerpo humano

La estructura y la función del cuerpo humano más directamente relacionadas con esta enfermedad son las del sistema nervioso. 

- Sistema nervioso

 

La persona, hombre o mujer, de cualquier edad o condición, es un ser multidimensional integrado, único y singular, de necesidades características, y capaz de actuar deliberadamente para conseguir los objetivos que se propone, de asumir la responsabilidad de su propia vida y de su propio bienestar, y de relacionarse consigo mismo y con su ambiente en la dirección que ha escogido.

La idea de ser multidimensional integrado incluye las dimensiones biológica, psicológica, social y espiritual, todas las cuales experimentan procesos de desarrollo, y se influencian mutuamente. Cada cuna de las dimensiones en que se describe la persona se encuentra en relación permanente y simultánea con las otras, formando un todo en el que ninguna de las cuatro se puede reducir o subordinar a otra, ni puede ser considerada de forma aislada. Por lo tanto, ante cualquier situación, la persona responde como un todo con una afectación variable de sus cuatro dimensiones. Cada dimensión comporta una serie de procesos, algunos de los cuales son automáticos o inconscientes y otros, por el contrario, son controlados o intencionados.

Teniendo siempre en mente este concepto de persona, y sólo con fines didácticos, se pueden estudiar aisladamente las modificaciones o alteraciones de algunos de los procesos de la dimensión biofisiológica (estructura y función del cuerpo humano) en diversas situaciones.

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Cómo se manifiesta

Los signos y síntomas que están asociados a la esquizofrenia tienen relación con alteraciones del pensamiento, la conducta, la sensopercepción (consciencia de uno mismo y del entorno según la información de los sentidos), la afectividad y las relaciones interpersonales. Son, pues, alteraciones que pueden modificar el pensamiento y provocar ideas que se escapan de la realidad. Pueden también modificar la conducta habitual de la persona. Se pueden presentar alucinaciones así como una percepción del entorno distorsionada. La esquizofrenia también se puede manifestar con cambios en el estado de ánimo y en las relaciones de afecto habitual con las personas cercanas, así como en las relaciones que la persona mantenía previamente con otras personas.

  1. Signos y síntomas (positivos y negativos)
  2. Curso de la enfermedad (fases)

 

Aunque hay que tener en cuenta que estos signos y síntomas no son totalmente específicos de la esquizofrenia (pueden aparecer también en otros trastornos psicóticos o constituir reacciones transitorias provocadas por el consumo de alcohol u otras drogas, o por hechos estresantes), su aparición, juntamente con otras manifestaciones, es un indicador clave para el diagnóstico de la enfermedad. Además, los síntomas y signos son diversos, y no todas las personas afectadas tienen los mismos ni con la misma intensidad e, incluso, pueden variar a través del tiempo en una misma persona.


Estos signos y síntomas, consecuencia de las alteraciones del pensamiento, de la sensopercepción, de la conducta, de la afectividad, del lenguaje y de la comunicación, que provoca la enfermedad, se dividen en dos categorías: positivos y negativos. Esta categorización de los signos y síntomas sirve para discriminar aquellas manifestaciones que la persona con esquizofrenia tiene o experimenta y que las personas que no tienen la enfermedad no suelen tener (signos y síntomas positivos) de aquellas otras manifestaciones que deja de tener o experimentar y que las personas que no tienen la enfermedad tienen cotidianamente (signos y síntomas negativos).

 

 

1. Signos y síntomas

 

1.1 Signos y síntomas positivos

Se denominan así porque denotan distorsión o exceso de las funciones normales (en la comunicación, el ocio, la alimentación...):

  • Alteracióndel pensamiento. Hace referencia a ideas delirantes que son raras, extrañas y/o creencias bigarradas que no son coherentes con la realidad. La persona afectada está convencida de la autenticidad de estas ideas o creencias.
  •  Alteraciónde la sensopercepción. Hace referencia a experiencias sensoriales no existentes o falsas interpretaciones de la información que se recibe a través de los sentidos. Estas manifestaciones, llamadas alucinaciones, pueden ser auditivas (las más habituales en la esquizofrenia), visuales, olfativas, gustativas, táctiles (sensación de ser tocado) y cinestésicas (percepción de cambios en el interior del propio cuerpo). 
  • Alteración de la conducta. Puede haber una conducta desorganizada o extravagante y también se pueden dar cuadros de agitación psicomotriz o alteraciones motoras como movimientos repetitivos sin una finalidad (estereotipias) o imitación inconsciente de movimientos o gestos (ecopraxia o ecocinesia). 
  • Alteración de la afectividad. Las manifestaciones más habituales de esta alteración son: oscilaciones en el estado anímico, risas
    inmotivadas y un afecto inapropiado a los estímulos, por ejemplo reír ante una situación que debería provocar tristeza o a revés.
  • Alteración del lenguaje y de la comunicación. Las alteraciones del lenguaje suelen estar relacionadas con las alteraciones en el curso y el contenido del pensamiento, lo que hace que el discurso pueda ser incoherente, desorganizado, con palabras o conceptos
    inventados de los que sólo la persona conoce el significado (neologismos), con repetición automática de palabras o frases que oye (ecolalia) o con aceleración del lenguaje (verborrea), normalmente debida a una aceleración del pensamiento. También puede haber un enlentecimiento del lenguaje, como por ejemplo tardar en dar respuesta a preguntas sencillas de respuesta fácil. Entre estas alteraciones se puede dar el mutismo (inhibición del habla).

1.2. Signos y síntomas negativos

Se denominan así porque indican disminución o pérdida de las funciones normales o habituales. 

  • Alteración del pensamiento. La perturbación del pensamiento, dentro de la sintomatología negativa de la esquizofrenia, se relaciona con el debilitamiento cognitivo, que es una disminución en la capacidad de concentración y de atención, y con el pensamiento ralentizado (bradipsiquia), que puede llegar a estar bloqueado, incapacitado para tomar decisiones, así como con la poca o nula consciencia de estar sufriendo un trastorno.
  • Alteración de la conducta. Los principales signos de la alteración de la conducta son la inhibición, que puede llegar a ser estupor o semiconsciencia en el caso de la esquizofrenia catatónica, la perplejidad, la disminución y/o el aparente desinterés por las relaciones sociales, así como déficits en el autocuidado. 
  • Alteración de la afectividad. Las manifestaciones afectivas más frecuentes, dentro de la sintomatología negativa de la
    esquizofrenia, son la dificultad para expresar sentimientos y emociones (aplanamiento afectivo), la dificultad para disfrutar de las cosas placenteras (anhedonismo), la aparente indiferencia ante los estímulos, la sensación de vacío y la falta de voluntad o de deseo de hacer las tareas cotidianas o necesarias (abulia).
  • Alteración del lenguaje y de la comunicación. La principal alteración en este caso es la falta de un discurso fluido y extenso; sin embargo, se puede dar también un lenguaje redundante.

 

2. Curso de la enfermedad

Cuando los síntomas de la esquizofrenia se presentan por primera vez en la vida de una persona y desaparecen por completo después de poco tiempo, se considera un episodio esquizofrénico o psicótico y, en general, después de estos episodios no quedan síntomas negativos.

Se puede hablar de una esquizofrenia propiamente dicha cuando ya en la primera ocasión en que se presenta la enfermedad las manifestaciones se mantienen durante un tiempo más o menos largo, cuando los síntomas vuelven a aparecer al cabo de un tiempo y cuando la enfermedad desemboca en sintomatología negativa. En el curso de la esquizofrenia se pueden distinguir cuatro fases (prodrómica, activa, de recuperación y residual). Si se pueden identificar de forma precoz, el pronóstico mejora. Es por este motivo que el papel de la familia es fundamental para hacer esta identificación de los signos que pueden estar apuntando hacia a una próxima agudización (empeoramiento) o recuperación de la crisis.


2.1 Faseprodrómica

Se denomina así la fase que precede a la aparición de una crisis. La sintomatología es poco clara y cualquier tipo de cambio respecto al estado basal, es decir, al estado previo, es un signo de alerta. Las principales manifestaciones son:

  • Cambios en la conducta, con más aislamiento social del habitual, o abandono de la higiene personal.
  • Cambios en el estado de ánimo, como irritabilidad o depresión.
  • Cambios en el pensamiento, como confusión o suspicacia.
  • Cambios físicos, como alteraciones del sueño, del apetito, disminución o incremento de la energía.

 

2.2 Fase activa o de recaída

Es la fase en que se desencadena la enfermedad, es decir, los llamados brotes o crisis, con la aparición de toda o parte de la sintomatología positiva. Es en este momento en que la familia se alarma y suele pedir ayuda médica. Estas crisis pueden aparecer súbitamente y desarrollar el cuadro completo en unos días, pero también pueden comenzar de manera lenta y difícil de detectar hasta que se han instaurado completamente. La duración de los brotes varía y puede ser desde unas semanas hasta un año, aunque una misma persona suele tener brotes de duración parecida. Lo mismo pasa con los intervalos entre brotes, según las características de la persona pueden oscilar entre algunos meses y varios años, y son generalmente de la misma duración en una misma persona. Las principales manifestaciones son:

  • Ideas delirantes 
  • Alucinaciones
  • Conducta desorganizada
  • Agitación, agresividad y/o violencia
  • Alteraciones motoras y del lenguaje

2.3 Fase de recuperación

A pesar de que los signos y síntomas negativos puedan perdurar, se puede decir que empieza a haber una recuperación de la fase más crítica (activa) de la enfermedad cuando comienza a desaparecer la sintomatología positiva. Esto se manifiesta con una estabilización de los síntomas delirantes y alucinatorios, y con la desaparición de la agitación, la agresividad o la violencia y de las alteraciones motoras y del lenguaje.


2.4 Fase residual

En esta fase de la enfermedad hay un predominio claro de los signos y síntomas negativos y suele ser el estado crónico del curso de la enfermedad. La esquizofrenia residual, pues, se caracteriza por un importante deterioro de las funciones de la persona, como la disminución en la capacidad de concentración y de atención, el pensamiento enlentecido, la incapacidad para tomar decisiones, la disminución y/o el aparente desinterés por las relaciones sociales, los déficits en el autocuidado, la dificultad para expresar sentimientos y emociones, y la falta de un discurso fluido y extenso.

 

 

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Cómo se diagnostica

El diagnóstico de esquizofrenia se hace por medio de una evaluación biográfica de la persona afectada y de su sintomatología clínica. Para la elaboración del historial clínico se recopila información extensa referida a la persona, a su familia (antecedentes familiares) y al medio en el que vive (entorno social). La familia y otras personas cercanas pueden ayudar a completar la información y los datos sobre los signos y los síntomas del trastorno. Para poder hacer el diagnóstico de la enfermedad y diferenciarlo de otros trastornos mentales, es relevante recoger en el historial los aspectos relacionados con el estilo de vida y los hábitos de salud de la persona. Juntamente con la observación y la valoración clínica obtenida por los profesionales especialistas a lo largo de las entrevistas clínicas, se utilizan cuestionarios diagnósticos (tests) que facilitan información sobre el estado de salud mental de la persona.

 

Aunque en sentido estricto no se han identificado síntomas específicos y exclusivos de la esquizofrenia, ciertos fenómenos psicopatológicos, que suelen presentarse asociados entre sí, tienen una significación especial para su diagnóstico. Siguiendo los criterios del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-IV, que es la sigla del nombre en inglés: Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, de la Asociación Americana de Psiquiatría), estos fenómenos son:  

  1. Síntomas característicos: La coincidencia, como mínimo, de dos de los síntomas siguientes, cada uno de ellos con una duración significativa de un mínimo de un mes:
    • Idees delirantes.
    • Alucinacion.
    • Lenguaje desorganiza.
    • Comportamiento exageradamente desorganizado (inapropiado) o catatónico (conducta motora totalmente inhibida).
    • Síntomas negativos, como aplanamiento afectivo (dificultad para expresar sentimientos y emociones), alogia (empobrecimiento del lenguaje) o abulia (falta de voluntad o de deseo de cumplir las tareas cotidianas o necesarias).
  2. Disfunción sociolaboral: Una o más áreas importantes de la actividad social, como el trabajo, las relaciones interpersonales o el cuidado de uno mismo, están claramente por debajo del nivel previo al trastorno, durante la mayor parte del tiempo. Cuando el inicio es en la infancia o la adolescencia, la persona no consigue el nivel esperado de rendimiento interpersonal, académico o laboral.
  3. Duración: Persistencia de signos continuos de la alteración durante seis meses como mínimo.
  4. Haber descartado:
    • El hecho de que el trastorno esté ocasionado por los efectos fisiológicos directos del consumo de determinadas sustancias, como por ejemplo alguna droga o algún medicamento.
    • La presencia de una enfermedad orgánica (es decir, no mental) o de un trastorno generalizado del desarrollo, caso en que el diagnóstico adicional de esquizofrenia sólo se confirmará si las ideas delirantes o las alucinaciones también se mantienen durante al menos un mes (o menos si se han tratado con éxito).

 
Normalmente se añade al estudio diagnóstico una valoración general del estado de salud, con la solicitud de pruebas analíticas de sangre y de orina, y de neuroimagen, como un electroencefalograma (EEG), una tomografía computadorizada (TC) craneal, o una resonancia magnética (RM) cerebral.

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Tratamiento

El tratamiento de la esquizofrenia se ha de abordar de forma global, combinando diferentes tipos de tratamiento: el médico (farmacológico) y las terapias psicosociales. Para obtener una mejora en la calidad de vida de la persona afectada, es necesaria la combinación de las dos cosas, dado que por sí solo ningún tratamiento constituye una respuesta terapéutica suficiente. 

 
La combinación de tratamientos y terapias consensuadas entre el equipo terapéutico y el enfermo y su familia es lo que se denomina Plan Terapéutico Individualizado (PTI).

  1. Tratamientos farmacológicos
  2. Tratamientos psicosociales 
  3. Lugares de tratamiento

 

El tratamiento farmacológico es eficaz para disminuir los síntomas en períodos de crisis, para la prevención de recaídas o para la mejora de los síntomas entre crisis y crisis.    
 
El otro elemento clave del tratamiento de la esquizofrenia es la terapia psicosocial, que pretende reducir la vulnerabilidad de la persona afectada ante nuevas situaciones de estrés que puedan alterar la estabilización de la enfermedad, reforzar su adaptación y su funcionamiento social, y procurar conseguir la mejor calidad de vida posible.
 
Es importante recibir ayuda tan pronto como sea posible y que el equipo de salud especialista haga un plan de tratamiento en el que la persona afectada, la familia y las personas con las que se relaciona participen de forma activa. El tratamiento habitualmente se lleva a cabo desde el dispositivo especializado en salud mental de referencia. En función de la gravedad del cuadro clínico o la fase de la enfermedad, o bien de las necesidades específicas de la persona con esquizofrenia, se requerirá que el tratamiento se haga desde un dispositivo u otro.

 

 

1. Tratamientos farmacológicos

La medicación es una parte muy importante para el tratamiento de las personas afectadas de esquizofrenia. Se ha demostrado su eficacia para disminuir los síntomas en períodos de crisis (episodios agudos), para la prevención de recaídas o para la mejora de los síntomas entre las diferentes crisis. El tipo de fármaco y la dosis varían de una persona a otra, en función de sus características físicas (peso, edad, sexo, etc.) y el tipo de síntomas que presenta.
 
El tratamiento farmacológico habitualmente se inicia con una dosis baja del medicamento y es el médico, juntamente con la persona afectada, quien posteriormente va ajustando la dosis que se debe tomar en cada caso, ya que no todas las personas responden igual a la medicación y es necesario determinar la dosis que es más efectiva para cada cuna.
 
Para un buen funcionamiento del tratamiento, es importante tomar la medicación tal y como ha estado prescrita, sin modificar la dosis ni dejarla, aunque la persona tenga la sensación de que ya se encuentra bien o, por lo contrario, que no le hace efecto, ya que para que el antipsicótico haga efecto en una crisis es necesario que pasen entre dos semanas y dos meses. Se ha de hacer un seguimiento cuidadoso de la respuesta conseguida, porque si no fuera la esperada se tendría que modificar la dosis o probar con otros tratamientos que sean más eficaces.
 
Una vez superada la crisis, la dosis se reduce progresivamente. En este sentido, y a causa del riesgo de recaída, es necesario no suprimir o reducir prematuramente la medicación. Por este motivo se ha de hacer un cuidadoso seguimiento con el médico para determinar la duración del uso de la medicación que, según la persona y la evolución de su  enfermedad, puede ser de entre 2 y 5 años, o permanente en algunos casos.
 
Para aquellas personas que tienen dificultades para recordar la toma de la medicación diaria, pueden ser útiles las medicaciones llamadas depot (o de depósito, porque se libera lentamente). En este caso se trata de antipsicóticos inyectables por vía intramuscular que mantienen el efecto durante un tiempo prolongado (dos o tres semanas).
 
La medicación antipsicótica, como todos los medicamentos, además del efecto beneficioso que se busca cuando se administra, puede provocar también otros efectos adversos o secundarios, que pueden ser paliados por otros fármacos. La mayoría de estos efectos adversos aparecen en las primeras semanas de tratamiento y los más frecuentes son los que afectan al sistema nervioso y muscular, como alteraciones del control del tono muscular (distonías), imposibilidad de mantenerse quieto o sentado (acatisia), temblores (parkinsonismo), rigidez y debilidad muscular, movimientos incontrolables de la boca y la cara (discinesias tardías), etc. Otros efectos son la sedación, la somnolencia, el aumento de peso, la sequedad de boca, la visión borrosa, el estreñimiento, la taquicardia o las disfunciones sexuales.

 

El médico puede considerar adecuado prescribir otros medicamentos que, juntamente con los antipsicóticos, ayuden a reducir los síntomas de la esquizofrenia, como por ejemplo ansiolíticos, antidepresivos  (en asociación con psicolépticos o no) o estabilizadores del estado de ánimo, o bien medicamentos que reduzcan los efectos adversos de los antipsicóticos, como los fármacos antiparkinsonianos.
 

  1. Antipsicóticos,neurolépticos o tranquilizantes mayores. Fármacos que provocan modificaciones fundamentalmente en el cerebro, bloqueando los receptores de la vía de la dopamina (hormona y neurotransmisor que influye en muchas funciones cerebrales, entre las que se incluyen el comportamiento y la cognición, la actividad motora, la motivación y la recompensa, el sueño, el humor, la atención y el aprendizaje). Los antipsicóticos o neurolépticos, cuando llegan al cerebro, ocupan los receptores de la dopamina, actúan como antagonistas suyos y bloquean sus efectos. Esto se traduce en un estado de tranquilidad y de indiferencia. Los neurolépticos o antipsicóticos se pueden administrar por vía oral, sublingual, intramuscular o endovenosa, según sea el caso y el producto comercial. Los más utilizados son: 

  

  1. Antidepresivos. Fármacos indicados en el tratamiento de las depresiones mayores. Se dividen en tres clases: los inhibidores de la monoaminooxidasa, los tricíclicos, y los antidepresivos de segunda generación, que actúan sobre los tres principales neurotransmisores que intervienen en la depresión. Actualmente, los más utilizados son:
  2. Antidepresivosen asociación con psicolépticos. Fármacos indicados en el tratamiento de los trastornos depresivos leves y moderados, acompañados o no de ansiedad, así como también en los trastornos somáticos (aquellos en que los síntomas son inexplicables desde el punto de vista médico, no son atribuibles a una enfermedad física y para los que han fracasado los tratamientos médicos habituales) de fondo depresivo.
  3. Ansiolíticos. Tranquilizantes menores con acción depresora del sistema nervioso central, destinados a disminuir o eliminar la ansiedad.
  4. Antiparkinsonianos. Fármacos que, por su efecto anticolinérgico, se administran para tratar los efectos adversos de los medicamentos antipsicóticos sobre el sistema nervioso extrapiramidal (red neuronal que forma parte del sistema nervioso central y es parte del sistema motor, directamente relacionado con la coordinación del movimiento), como la rigidez muscular, el movimiento muscular repetitivo y los movimientos involuntarios. Pueden aparecer de forma aguda, en los primeros días y semanas de su administración, o bien ser crónicos y manifestarse al cabo de meses y años de la administración de medicamentos antipsicóticos. Mientras que en el primer caso los efectos adversos dependen de la dosis y son reversibles si ésta se reduce o se interrumpe su administración, en el caso de los trastornos crónicos no dependen tan claramente de la dosis y pueden persistir después de la retirada del medicamento. Actualmente, los antiparkinsonianos con efecto anticolinérgico más utilizados son:

 

 

2. Tratamientos psicosociales

Las intervenciones psicosociales tienen como finalidad la promoción de la autonomía y la independencia de la persona en el control y la mejora de su salud, a través de un proceso de aprendizaje basado en la transmisión de conocimientos y, sobre todo, en la mejora de habilidades personales que pueden ser útiles para resolver y afrontar posibles situaciones de estrés o de disfunciones familiares y sociales, entre otras. Estas intervenciones psicosociales junto con el tratamiento farmacológico han de conformar el PTI (plan terapéutico individualizado), que es esencial para la buena evolución de la enfermedad y el control de la situación de salud tanto de la persona afectada como de su entorno cercano.

 

El equipo terapéutico (enfermeras, psiquiatras, psicólogos, trabajadores sociales), después de hacer una valoración del momento clínico, evolutivo y de las necesidades específicas de la persona, determina la indicación de este tratamiento psicosocial y lo consensúa con la persona afectada. Aunque el abanico de intervenciones psicosociales es muy amplio, se pueden clasificar en dos grandes grupos, los tratamientos psicoterapéuticos y las intervenciones de rehabilitación psicosocial

 

2.1  Tratamientos psicoterapéuticos  

Los tratamientos psicoterapéuticos se pueden clasificar según el número de participantes y según la orientación terapéutica. 

 

2.2 Intervenciones de rehabilitación psicosocial

   

2.1 Tratamientos psicoterapéuticos

Los tratamientos psicoterapéuticos tienen como objetivo primordial promover cambios saludables en la persona afectada por una esquizofrenia y en su entorno familiar, así como reducir el sufrimiento. Se trabaja con técnicas específicas y variadas, de naturaleza psicológica, de tipo individual, en grupo, familiar o de grupo de familias. 
 
La indicación psicoterapéutica la hará el equipo de salud que atiende a la persona afectada por la esquizofrenia, y estará enmarcada dentro del PTI  (plan terapéutico individualizado).
 
Para ejecutar el programa de psicoterapia escogido es necesario establecer con la persona afectada un contrato verbal, en el que se explican y se detallan las características de la técnica que se aplicará, y se definen los objetivos y la duración del tratamiento, tanto por lo que al número de sesiones se refiere como al tiempo que se dedicará a cada una de las sesiones.

 

2.1.1 Tipos de intervención según el número de participantes

Los tratamientos psicoterapéuticos y las intervenciones de rehabilitación psicosocial pueden desarrollarse tanto de forma individual como en grupo. La elección de una modalidad u otra dependerá de las características y del estado de la persona afectada, sus preferencias y los recursos de que dispongan los servicios de salud.

  • 2.1.1.1 Intervención individual

    Es la intervención terapéutica que va dirigida a una sola persona con el objetivo de conseguir unos cambios personales graduales a lo largo del tratamiento. El hecho de ser individual permite al profesional terapeuta incidir más directamente en aquellos aspectos de la enfermedad prevalentes en un momento determinado en la persona a la que se atiende. A menudo el hecho de ser una estrategia terapéutica personal conlleva que el entorno sea más cómodo y acogedor.
     
    El tiempo de duración de las sesiones (entre 30 y 45 minutos) así como la frecuencia con la que se hacen (que puede ser de una o dos veces por semana, o una vez quince días) dependen de la orientación de la psicoterapia y del momento evolutivo de la enfermedad. La duración de la terapia individual se determina conjuntamente con el terapeuta que la lleva a cabo y la persona que tiene esquizofrenia.
     
  • 2.1.1.2. Intervención grupal
     
    La intervención terapéutica grupal va dirigida a la persona, pero, como bien indica su nombre, dentro de un grupo, es decir, con otras personas con la misma enfermedad o situación. Juntamente con los otros abordajes terapéuticos, complementa el tratamiento y ofrece un mejor seguimiento terapéutico de la persona afectada y su familia, dada la asiduidad con la que se establecen las sesiones de grupo.
     
    Este tipo de terapia puede ser vivido a priori como más dificultoso porque implica tener que hablar en público ante otras personas afectadas. No obstante, una vez establecido el primer contacto, esta situación de “miedo escénico” desaparece y las personas que integran el grupo pueden valorar la parte positiva que aporta esta estrategia terapéutica, ya que es un lugar de intercambio que facilita la libre expresión verbal y favorece que se puedan hacer cargo de su propio sufrimiento y del de los demás participantes.
     
    Para los afectados por la enfermedad, las terapias grupales ofrecen, entre otras cosas, las ventajas de evidenciar que los problemas de uno mismo no son únicos, y la propia interacción entre los miembros, facilitada por el terapeuta, lo que constituye la principal fuente de mejora. En cuanto a los profesionales, este tipo de abordaje ofrece una gran rentabilidad, porque en un mismo tiempo y espacio pueden hacer el seguimiento de un mayor número de personas.
     
    Las terapias e intervenciones psicosociales de grupo tienen un papel importante en los programas asistenciales para la esquizofrenia: promueven la alianza entre las personas afectadas, favorecen la relación terapéutica y proporcionan, además de un aumento del autoconocimiento, un mayor descubrimiento de las similitudes entre los miembros del grupo, el poder compartir respuestas y soluciones, y la mejora de las relaciones interpersonales y de la capacidad de hacer frente a los síntomas de la enfermedad.
     
    La mayoría de grupos terapéuticos están formados por seis u ocho personas con esquizofrenia y uno o dos profesionales expertos en dinámicas de grupo que garantizan la continuidad del trabajo en las sesiones. A pesar de que a muchas personas se les haga difícil imaginar el hecho de compartir sus problemas con otros, las intervenciones terapéuticas en grupo favorecen que las personas que lo integran hablen y trabajen sus problemas en una atmósfera protegida y confidencial.
     
    Se trata de un proceso en que la dinámica del grupo se adapta a sus integrantes, con un compromiso de participación libre de sus miembros. Esto significa que hay diferentes tipos de grupo, algunos más estructurados y dirigidos en cuanto al contenido y a los temas que se abordan en las sesiones, y otros de menos dirigidos, más abiertos a las demandes de los asistentes. La duración de las sesiones suele oscilar entre los 60 y los 90 minutos, y la frecuencia de las sesiones es de una vez a la semana o una vez cada quince días, durante un tiempo específico que se determina al inicio del grupo.
     
    Los tratamientos grupales se pueden incluir a lo largo del proceso de atención a la persona con una esquizofrenia, en función del momento de la enfermedad, del grado de discapacidad y de la estabilidad clínica.

 

2.1.2 Tipos de intervención según la orientación terapéutica

Dentro de los tratamientos psicoterapéuticos más utilizados en el abordaje de las personas con esquizofrenia, se encuentran las terapias cognitivoconductuales, de apoyo,  psicodinámicas y las psicoeducativas

 

  • 2.1.2.1 Terapias cognitivoconductuales

    Una terapia cognitivoconductual es una intervención psicológica que facilita que la persona afectada establezca la posible relación entre sus sentimientos y sus pensamientos (lo cognitivo), y los síntomas actuales o pasados que manifiesta (lo conductal).
     
    El objetivo principal de las terapias cognitivoconductuales en las personas afectadas por una esquizofrenia es reducir el riesgo de una nueva agudización de la sintomatología  de la enfermedad (una recaída) con la consecuente discapacidad social que ocasiona. Se pretende que el conocimiento que genera el trabajo cognitivoconductual sobre el funcionamiento de la enfermedad en cada persona permita identificar la sintomatología específica en cada caso. Esto comporta una rapidez en la detección y en la posibilidad de pedir ayuda a los profesionales de la salud y, por lo tanto, una disminución en el deterioro de la situación de salud de la persona.
     
    Es una terapia orientada en el presente, en el aquí y ahora de la persona, con la que se investiga y se analiza su funcionamiento actual; por lo tanto, es activa y dirigida a conseguir un determinado cambio. No hay exploraciones del pasado, aunque sí se recoge la historia clínica y se trabaja mediante la identificación de los aspectos distorsionados, relacionados con los trastornos actuales del pensamiento y de la conducta.
     
    La intervención terapéutica en estas terapias, basada en la conversación entre el usuario y el profesional, se estructura en tres etapas. Primero, el profesional evalúa el caso y se deciden los objetivos del tratamiento conjuntamente con la persona afectada. Posteriormente, se lleva a cabo la intervención con el uso de técnicas terapéuticas orientadas a conseguir los objetivos planteados. Finalmente, se hace el seguimiento y la evaluación de la aplicación del programa terapéutico y el ajuste para el mantenimiento de los cambios logrados. Habitualmente se incluyen tareas que la persona afectada tiene que hacer entre dos sesiones, con el objetivo de poner en práctica los aspectos trabajados en la consulta.
      
    El papel fundamental del profesional de la salud es el de acompañar a la persona con esquizofrenia en la consecución de los cambios que se desea promover. La duración de la terapia tendrá que ver con los objetivos que se plantean en su inicio y su cumplimiento final, con la consecuente mejora de su calidad de vida.
     
  • 2.1.2.2 Psicoterapia de apoyo
     
    La psicoterapia de apoyo tiene como objetivo primordial fortalecer las conductas apropiadas ya existentes y utilizarlas en la resolución de nuevas situaciones. Los componentes específicos de este tipo de terapia son el apoyo y el consejo, pero también son tácticas frecuentes las sugerencias, las explicaciones y las aclaraciones.
     
    Debido al importante papel que tienen las actitudes de apoyo emocional de los profesionales en este tipo de tratamiento, esta psicoterapia es considerada una modalidad de intervención especialmente adecuada para las personas afectadas de esquizofrenia, dado que facilita la expresión de los sentimientos y la afirmación de las capacidades de la persona afectada, cosa que contribuye a generar un marco contenedor de su ansiedad.
     
    Es básico crear una atmósfera que favorezca una buena relación entre la persona afectada y el profesional, en la que haya suficiente confianza para hablar libremente y sentirse escuchado. Con la ayuda del profesional se identifican los conflictos y los problemas, y se investigan posibles soluciones, todo ello acompañado de estímulos para incentivar el cambio personal en los estilos de vida más desadaptativos.
     
  • 2.1.2.3. Psicoterapia psicodinámica

    La psicoterapia psicodinámica parte de la concepción de que el malestar psicológico es generado por un conflicto inconsciente y que los síntomas son una manifestación de estos conflictos. En consecuencia, consiste esencialmente en explorar mediante la conversación aquellos aspectos de uno mismo que no son totalmente conocidos (inconscientes). Se podría decir que ayuda a la persona afectada a aumentar la consciencia sobre sus conflictos inconscientes, como sentimientos, motivaciones, deseos y fantasías, con el objetivo de encontrar nuevas formas de relacionarse con uno mismo y con los demás.
     
    La psicoterapia psicodinámica se estructura en torno a sesiones regulares de terapia individual con un terapeuta experimentado. La frecuencia de las sesiones es de una o dos veces a la semana y el tratamiento puede alargarse durante un periodo de tiempo prolongado.
     
  • 2.1.2.4. Intervenciones psicoeducativas
      
    Las intervenciones psicoeducativas son aquellos programas individuales o de grupo que proporcionan a la persona afectada y a los familiares información específica actualizada y comprensible sobre la enfermedad. Entre otras cosas, enseñan a discriminar los síntomas iniciales desestabilizadores para prevenir recaídas, los signos y síntomas positivos, y los negativos o la importancia de la medicación antipsicótica.
     
    El diagnóstico de esquizofrenia es difícil de aceptar para el propio afectado y para sus familiares, especialmente al inicio de la enfermedad, cuando el diagnóstico puede ser incierto. Dar información tanto sobre las causas y los efectos de la enfermedad como sobre las posibilidades de recuperación facilita el rol activo del afectado y de su entorno, y favorece la alianza terapéutica y la implicación en el proceso terapéutico. Partiendo de esta premisa, las intervenciones psicoeducativas tratan de apoyar al enfermo y a la familia ayudándoles a tomar consciencia de la enfermedad, a aceptarla y a aprender a vivir con ella.
      
    Estas intervenciones terapéuticas han de formar parte del plan terapéutico individualizado con el objetivo de mejorar la calidad de vida de la persona con esquizofrenia y de los cuidadores familiares, para crear ambientes con un nivel de estrés muy bajo y disminuir la probabilidad de recaída y la carga familiar.
      
    Por regla general, la duración así como el guión de temas a tratar específicos de la esquizofrenia que se abordarán en cada sesión se definen previamente, y se dedica un primer rato a trabajar conceptos teóricos para después poder abordar las dudas y la discusión de determinados aspectos. A menudo se facilitan folletos o informaciones adicionales que complementan la información de la sesión.

 

2.2 Intervenciones de rehabilitación psicosocial

Las intervenciones rehabilitadoras están destinadas a superar las discapacidades que se han ido instaurando como consecuencia del trastorno. Su objetivo es facilitar los procesos de recuperación y prevenir el deterioro en las funciones social, laboral, educativa y familiar, y sobre todo fomentar las capacidades sociales relacionales de la vida cotidiana, como dirigirse a la panadera y pedirle una barra de pan, iniciar una conversación con un conocido o un vecino, mantener una conversación con la familia a la hora de comer juntos en la mesa, organizarse con la compra diaria para poder cocinar adecuadamente, distribuir las actividades del día de una forma equilibrada, etc. Se trata de una rehabilitación basada en el entrenamiento de habilidades, y el ofrecimiento de recursos y apoyos socioeconómicos para incrementar las posibilidades dentro del medio social. 

 
Los tratamientos psicoterapéuticos y las intervenciones rehabilitadoras pueden desarrollarse tanto de forma individual como grupal. La elección de una forma o de otra dependerá de las características y del estado de la persona afectada, de sus preferencias y de los recursos de que dispongan los servicios de salud.
 
Algunos tipos de intervención son: 2.2.1 intervenciones familiares, 2.2.2 rehabilitación cognitiva, 2.2.3 entrenamiento en habilidades sociales, 2.2.4 entrenamiento en actividades de la vida cotidiana y educación para la salud, 2.2.5 actividades expresivas, 2.2.6 apoyo para la inserción laboral, 2.2.7 recursos de vivienda y 2.2.8 plan de servicios individualizados (PSI).

 

2.2.1 Intervenciones familiares  

Actualmente no hay ninguna duda sobre el impacto que comporta un trastorno como la esquizofrenia sobre la vida familiar ni de la importancia que tiene la colaboración de la familia para abordar el control y el tratamiento de la enfermedad de forma apropiada. La influencia de una persona con esquizofrenia sobre la dinámica familiar es importante, no sólo en las situaciones de crisis, sino también por la propia convivencia con una persona con un trastorno que puede llegar a ser crónico y necesitar tratamientos prolongados. Este tipo de intervención se puede hacer individualmente, con la familia y el afectado solos, o bien en grupo, con varias familias que tienen el rasgo común de tener un miembro que tiene esquizofrenia.
 
Intervenir con la familia como un elemento más del tratamiento es considerado de gran ayuda para los propios familiares y las personas que conviven con los afectados. El hecho de dar información sobre la esquizofrenia y de asesorar sobre los síntomas de la enfermedad y las posibilidades de recuperación ayuda a disminuir el estrés familiar y, por lo tanto, mejora la comunicación entre todos los miembros. Favorece la alianza terapéutica y la implicación en el proceso terapéutico, y esto contribuye a la recuperación de las personas afectadas de esquizofrenia.
 
Por lo tanto, todo programa de tratamiento de la esquizofrenia ha de considerar la atención a las familias, tanto por sus necesidades, ya que son quien cuida de los afectados, como por el importante papel que su colaboración puede desarrollar en el control de los síntomas y en la rehabilitación de la persona con esquizofrenia.
 
Algunos de los objetivos de las intervenciones con la familia son:

  • Construir una alianza con los familiares.
  • Aumentar los conocimientos sobre el trastorno.
  • Orientar sobre los problemas de conducta y los conflictos relacionales.
  • Asesorar en la gestión del estrés familiar.
  • Mejorar la comunicación familiar y reducir la atmósfera familiar adversa.
  • Ayudar a los familiares a mantener unos límites y una distancia apropiada con la persona afectada por el trastorno.

 

2.2.2 Rehabilitación cognitiva

La rehabilitación cognitiva es un tipo de intervención terapéutica que tiene como objetivo facilitar los procesos de recuperación y prevenir el deterioro. En otras palabras, pretende mejorar el funcionamiento psicosocial y cognitivo (atención, memoria y funciones ejecutivas), y aumentar la autonomía personal de los afectados, para que superen así las discapacidades que por causa de la enfermedad se han ido instaurando en las funciones social, laboral, educativa y familiar.

 

Se diseña un plan de rehabilitación específico para la persona afectada por la esquizofrenia, mediante el entrenamiento de habilidades relacionadas con sus hábitos cotidianos y de vida (necesidades alimentarias e higiénicas tanto personales como de su entorno, organización horaria de las tareas a cumplir diariamente, etc.), que le permita una mayor autonomía e integración social, y una mejora de la calidad de vida, tanto suya como de su entorno social y familiar.

 

Algunas de estas estrategias cognitivas, que se pueden llevar a cabo de forma individual y/o de grupo, consisten en utilizar elementos de su entorno, como por ejemplo recordatorios externos (etiquetas, objetos o instrumentos electrónicos), que avisan o recuerdan las conductas requeridas en una determinada actividad de la vida cotidiana, con el fin de disminuir el impacto del déficit cognitivo que suele comportar la evolución de la enfermedad.

 

2.2.3 Entrenamiento en habilidades sociales

El entrenamiento en habilidades sociales para las personas afectadas de esquizofrenia es hoy una modalidad terapéutica plenamente establecida en todos los programas de rehabilitación, como consecuencia de los déficits en las habilidades sociales (relacionarse, escuchar, seguir una conversación o un diálogo, etc.) y en las necesarias para las actividades de la vida cotidiana que dificultan la integración de los afectados en la comunidad.

 

Las intervenciones dirigidas a mejorar el entrenamiento en las habilidades sociales tienen como objetivos reducir el estrés y las dificultades en las relaciones sociales, e incrementar las capacidades para afrontar las situaciones de interacción social. Las relaciones personales de las personas afectadas por la esquizofrenia a menudo quedan menguadas a causa de la incomunicación y la introversión que genera la misma enfermedad, y situaciones habituales de la vida cotidiana son difíciles de resolver, como por ejemplo, iniciar una conversación, dirigirse a un mostrador para solicitar una determinada información o reclamar un cambio que no ha estado bien devuelto.

 

Para llevar a cabo este conjunto de intervenciones se utilizan técnicas de modificación de la conducta o técnicas de aprendizaje en grupo e individual que permiten adquirir las habilidades necesarias para las relaciones con los demás y para afrontar los problemas de la vida cotidiana. Ejemplos prácticos de estos entrenamientos pueden ser ejercicios en grupos pequeños para jugar o hacer trabajos cooperativos o específicos, como puede ser pedir favores, aceptar críticas, conversar, etc.

 

2.2.4 Entrenamiento en actividades de la vida cotidiana y educación para la salud

Una buena parte de las personas diagnosticadas de esquizofrenia suelen presentar déficits en las capacidades para desarrollar de forma saludable las actividades de la vida cotidiana. Para mitigar estos déficits se aplican las técnicas de entrenamiento en habilidades de la vida cotidiana, orientadas a la adquisición o la mejora de conductas o comportamientos que fomentan la independencia y la autonomía de la persona. Estas técnicas de entrenamiento se trabajan en dos tipos de programas: los básicos y los instrumentales.

 

Los programas denominados básicos son aquellos que están orientados a cuidar del propio cuerpo, la higiene personal, la alimentación, el vestir, la movilidad funcional, el descanso, el ejercicio y el sueño. Los programas denominados instrumentales son aquellos orientados a la interacción con el medio, el cuidado de otras personas, la movilidad y la relación con la comunidad, el cuidado de la propia salud, el mantenimiento y la limpieza del hogar, la preparación de la comida, hacer la compra, etc.

 

Tanto en los programas básicos como en los instrumentales, hay una herramienta que por su facilidad de uso se utiliza con bastante frecuencia. Se trata de la elaboración de un calendario donde se ponen los días de la semana y donde se registra el cumplimiento o no de las actividades previamente pactadas. Después, se revisa con el profesional, se trabajan las dificultades que puedan haber aparecido y se ofrecen, si es pertinente, nuevas estrategias para poder llevarlas a cabo de manera más apropiada.

 

Un ejemplo fácil sería el de la higiene personal. En este caso, el profesional de la salud podría pactar con el afectado las tareas concretas a cumplir en las mañanas de días alternos, las cuales se señalarían en el calendario. Posteriormente, valorarían conjuntamente la ejecución de lo que habían programado con el fin de evaluar lo que se ha logrado. En función de los resultados, se plantearían cambios y nuevas pautas, para asegurar el cumplimiento de los objetivos; por ejemplo, si se detectase que la causa del no cumplimiento es la dificultad para levantarse temprano, se podría programar un cambio de horario en las tareas de higiene personal.

 

2.2.5 Actividades expresivas

Las actividades expresivas son un conjunto de técnicas terapéuticas desarrolladas por personal específicamente cualificado que trabaja la comunicación y la expresión de aspectos de la persona afectada que a menudo no se expresan verbalmente, mediante técnicas artísticas plásticas (como el dibujo, la pintura, etc.), musicales y otras técnicas de expresión corporal.

 

La utilización de estas técnicas expresivas tiene una larga tradición en el tratamiento de personas afectadas por trastornos mentales en servicios sanitarios hospitalarios y de rehabilitación, si bien se ha tener en cuenta que son diferentes de otras actividades de tipo ocupacional que se ofrecen habitualmente en los centros residenciales con el objetivo de ocupar el tiempo, porque su finalidad no es el resultado artístico sino el proceso de expresarse libremente. Por lo tanto, no es necesario tener conocimientos artísticos ni dominio de las técnicas artísticas (óleo, acuarela, ceras, plastilinas, etc.) para poder participar en talleres de arteterapia porque se parte de los recursos y capacidades de que dispone cada persona. Es decir, a través del objeto que se crea se facilita la relación; además, añadir el uso de las palabras puede ayudar a entender el estado de ánimo.

 

2.2.6 Apoyo para la inserción laboral

La integración laboral es un componente clave para facilitar la autonomía, la independencia y la integración social de cualquier persona.

 

El paro o la exclusión del mundo laboral constituyen una de las más importantes desventajas sociales que suelen sufrir en gran medida las personas afectadas por un trastorno mental severo. En esta situación, intervienen diferentes factores y en diferentes grados:

  • El déficit de algunas capacidades de la persona debido a la enfermedad, que dificulta el funcionamiento y el ajuste laboral.
  • La falta de experiencia y de historia laboral previa.
  • La inexistencia o la inadecuación de recursos comunitarios de rehabilitación vocacional y laboral.
  • El rechazo social y el estigma asociados a los trastornos psiquiátricos.
  • El contexto laboral actual, marcado por unas elevadas tasas de paro, que incide negativamente en las posibilidades de integración laboral de la población afectada por enfermedad mental.
  • La familia, que forma una parte muy importante de los apoyos naturales más inmediatos de la persona y que será una medida de apoyo a lo largo del proceso.

 

Los programas de rehabilitación laboral están dirigidos a personas con esquizofrenia que viven en la comunidad, con la enfermedad estabilizada y que necesitan apoyo para desarrollar un itinerario de inserción laboral.

 

Los elementos comunes de los programas de rehabilitación laboral son, entre otros: el hecho de obtener un trabajo normalizado y estable, el aprendizaje de las habilidades necesarias para un proceso de selección de trabajo, un apoyo ilimitado en el tiempo, y la consideración de las preferencias de la persona afectada en la elección y la consecución del lugar de trabajo.

 

Existen diferentes recursos para la reinserción laboral:

  • Empresa ordinaria

    La Ley 13/1982, de 7 de abril, de integración social de los minusválidos (LISMI), en el título VII, con el enunciado “De la integración laboral”, fija un principio de prioridad de la incorporación del disminuido al trabajo ordinario y establece, de nuevo, las medidas de reserva de lugares de trabajo, el fomento de la contratación de minusválidos, con subvenciones y ayudas, y la exigencia del desarrollo de la normativa sobre el trabajo selectivo.
  • Centros especiales de trabajo (CET)

    Los centros especiales de trabajo o CET son empresas con plantillas con un mínimo del 70 % de trabajadores con una discapacidad igual o superior al 33 %. Aseguran un trabajo remunerado así como la prestación de servicios de adaptación personal y social que necesitan sus trabajadores con discapacidad. Cada CET dispone de un Servicio de Soporte a la Integración Laboral (SSIL), que tiene como uno de sus objetivos la inserción en ocupación ordinaria.

    Para poder acceder a un CET se requiere estar en edad laboral y un grado de discapacidad igual o superior al 33 %. La derivación se hace desde el centro de atención a las discapacidades que corresponda.
  • Servicio prelaboral

    El servicio prelaboral es un servicio social para ayudar a la habilitación de las personas afectadas por una enfermedad mental grave en su incorporación en los itinerarios de inserción laboral definidos por el Departamento de Trabajo. Mediante un plan individual de inserción laboral, la persona adquirirá o recuperará capacidades laborales suficientes que permitan su inserción laboral y el mantenimiento de una actividad laboral. Para poder acceder a este servicio, la persona ha de ser mayor de edad, afectada por un trastorno mental severo y con certificado igual o superior al 33 %. La derivación se hace desde la red de salud mental con la aceptación por parte del servicio prelaboral de referencia.
  • Oficina Técnica Laboral (OTL)

    La Oficina Técnica Laboral (OTL) es un servicio de integración específico para personas con enfermedad mental.

    En aquellas situaciones en que ninguna de estas opciones es posible, se debe asesorar a la persona afectada para que pueda acceder a las prestaciones de tipo económico a las que tiene derecho, así como ofrecer actividades que permitan una ocupación de su tiempo.

 

2.2.7 Recursos de vivienda

La vivienda es el punto de partida de la integración, en tanto que la persona se siente parte de la comunidad en la que vive y se identifica con ella. Para dar respuesta a la necesidad de un lugar para vivir a las personas con esquizofrenia, hay diferentes recursos, como la vivienda autónoma, el apoyo domiciliario, el piso protegido, la residencia, entre otros, adaptables a los diferentes momentos y necesidades de apoyo que requiere la persona, teniendo en cuenta sus condiciones socioeconómicas, sus capacidades y su nivel de autonomía a la hora de hacer las actividades de la vida cotidiana.

 

El acceso a estos recursos se canaliza a través del trabajador social, profesional que conoce la dotación existente de los recursos en cada zona, que hace una evaluación de necesidades de alojamiento de cada persona y que trata de dar respuesta con el mejor recurso de que dispone. En cualquier caso, y según las posibilidades de la persona, se considera importante priorizar la permanencia en el domicilio y garantizar las medidas de apoyo necesarias.

  • Servicio de hogar residencia

    El servicio de hogar residencia proporciona un establecimiento de atención permanente flexible para dar diferentes respuestas a personas afectadas por una enfermedad mental grave de larga evolución y problemática social grave. Es un servicio especializado para personas con riesgo social de edades comprendidas entre los 18 años y los 65 años.
  • Servicio de hogar con apoyo

    El servicio de hogar con apoyo consiste en un piso en el que conviven 3 o 4 personas con un apoyo externo eventual. Es un servicio especializado para personas con riesgo social de edades comprendidas entre los 18 y 65 años.

    En Cataluña, para acceder a los recursos de vivienda, hay unos criterios de acceso y valoración muy concretos que se pueden consultar en la página web de la Generalitat de Catalunya (www.gencat.cat), en el apartado Bienestar Social y Familia.

 

2.2.8 Plan de servicios individualizados (PSI)

En Cataluña, el PSI es un programa que se ha estructurado para dar apoyo a las personas con un trastorno mental severo que, por su duración o gravedad, provoque dificultades en el día a día de la persona, en la vinculación a los tratamientos, para sostener una relación productiva con la familia y su entorno, para crear un proyecto de vida. La derivación hacia al programa PSI se hace desde cualquier recurso asistencial. Está basado en la técnica de gestión de casos, que consiste fundamentalmente en acompañar a la persona en la elaboración de un recorrido asistencial hasta que adquiera la suficiente autonomía para poder continuar por sí sola.

 

 

 

3. Lugares de tratamiento

Los principales ámbitos de tratamiento especializado donde se atienden a personas con esquizofrenia son los centros de salud mental, los hospitales (hospitalización total o parcial) y los servicios de rehabilitación comunitaria. El lugar donde seguir el tratamiento vendrá dado por la situación en la que se encuentre la persona que tiene la enfermedad y por la valoración que haga el equipo de profesionales especialistas de referencia.

 

La red asistencial incluye dispositivos de tratamiento ambulatorio y hospitalario, en forma de centros de salud mental, hospitalización completa para enfermos agudos y subagudos, hospitalización en régimen de comunidad terapéutica, hospitalización de media y larga estancia o de rehabilitación hospitalaria, unidades de hospitalización parcial, como hospitales de día, servicios de urgencias y servicios de rehabilitación psicosocial, residencias psiquiátricas y pisos asistidos.

 

En la elección del ámbito de tratamiento, se ha de tener en cuenta la interrelación entre los diferentes momentos de la evolución y las características de la situación actual, así como los objetivos terapéuticos de cada momento, los diferentes dispositivos existentes y los servicios que estos dispositivos pueden facilitar, con especial atención a la etapa del ciclo vital de la persona.

 

En España, la atención primaria de salud es el punto inicial para la detección precoz de la enfermedad y desde donde se puede coordinar la derivación de la persona afectada y de su familia hacia los servicios especializados necesarios para garantizar una atención integral. En Cataluña existe lo que se denomina el Programa Antena, que es un apoyo de los especialistas en salud mental en las áreas básicas de salud.

 

3.1 Centros de salud mental

Los centros de salud mental son el ámbito desde el que, habitualmente, se hace el diagnóstico de la enfermedad, y el seguimiento, el control y la coordinación del plan terapéutico de la persona afectada, en las diferentes fases y momentos del trastorno.

 

En el transcurso de las últimas décadas, se han abierto diferentes servicios de atención a la comunidad, con profesionales especializados en la atención a la salud mental que, mediante visitas al centro con el psicólogo, el psiquiatra, la enfermera o el trabajador social, hacen el seguimiento de cada persona en función del tipo de trastorno.

 

El objetivo prioritario es la consecución de los objetivos del plan terapéutico pactado y la vinculación a los servicios de salud, para mejorar la capacidad funcional y la calidad de vida tanto de las personas afectadas como de sus familias.

 

3.2 Hospitalización

Básicamente hay dos modalidades de hospitalización: la hospitalización total (ya sea en unidades de agudos, subagudos o comunidades terapéuticas) y la hospitalización parcial, en los llamados hospitales de día.  

 

  • 3.2.1 Hospitalización total (unidad de agudos, de subagudos, comunidad terapéutica)  

    La hospitalización total acostumbra a estar indicada para aquellas personas sobre las que se cree que hay un riesgo grave de hacerse daño a sí mismas o a otras personas, o que presentan una desorganización tan intensa (influencia de delirios y/o alucinaciones) que no son capaces de cuidar de ellas mismas y necesitan una supervisión constante.  
     
    Dependiendo de la fase evolutiva, de la evaluación clínica, del riesgo detectado y del plan terapéutico, es decir, de las estrategias terapéuticas que se ofrecen (tipo de tratamiento) se optará por la fórmula de hospitalización que se considere más apropiada.
     
  • 3.2.2 Hospitalización parcial (hospital de día)  

    La hospitalización parcial es un recurso asistencial intermedio entre la hospitalización completa y el seguimiento ambulatorio. Mayoritariamente se utiliza después de la hospitalización total en aquellas personas con esquizofrenia que no presentan un riesgo grave de hacerse daño a sí mismas o a otros, pero en las que el grado de estabilidad de la enfermedad es frágil, por lo que se pueden beneficiar de un seguimiento continuo. Puede ser también una medida preventiva de posibles recaídas o un recurso en los casos en que la persona puede responder favorablemente a una atención ambulatoria intensiva.
     
3.3 Servicios de rehabilitación comunitaria

Los servicios de rehabilitación comunitaria, los servicios psicosociales y los centros de día constituyen una indicación para todas aquellas personas con un trastorno esquizofrénico que requieren intervenciones rehabilitadoras y facilitadoras de la integración psicosocial en la comunidad adaptadas a cada una de las fases de la evolución de la enfermedad.

 

Estas intervenciones se han de integrar dentro de un mismo plan terapéutico individualizado y se han de hacer coordinadamente con los otros profesionales y servicios.

 

 

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Control de la situación de salud

Para que la persona afectada por una esquizofrenia lleve una vida lo más normal posible y logre un nivel óptimo de autonomía y de independencia en el cuidado de sí misma, es imprescindible que acepte la enfermedad y se implique activamente en el control de su salud.

 

Por este motivo es importante:
 
1. Disponer de información; 2. Construir una relación de confianza; 3. Ser un elemento activo; 4. Mantener el tratamiento; 5. Mantener un buen estado de salud; 6. Vincularse a fundaciones y asociaciones de salud mental y a Grupos de Ayuda Mutua (GAM); 7. Considerar los posibles beneficios de las terapias complementarias; 8. Gestionar los certificados de disminución y minusvalidez; 9. Las prestaciones económicas.

 

1. Disponer de información sobre la esquizofrenia es un elemento primordial tanto para el propio afectado como para la familia. Tener conocimientos sobre el trastorno y su tratamiento facilitará la detección rápida de los primeros síntomas de alteración y favorecerá la creación del vínculo con el centro de salud especializado lo más pronto posible, con lo que se conseguirá una más rápida intervención terapéutica. Sin embargo, actualmente se dispone de tanta información, sobre todo a través de la red, que puede llegar a ser compleja y confusa. Por ello, es de especial importancia que las fuentes de información en Internet que se consulten sean seguras y de calidad. En este sentido, hay instrumentos de apoyo fáciles de utilizar para todos los públicos, como el cuestionario para evaluar páginas web sanitarias según criterios europeos, que ayuda a discriminar si una fuente es fiable o no.

 

 

2. Construir una relación de confianza

  • 2.1 Con el equipo de profesionales que se ocupan del control de la evolución de la enfermedad, para poder recibir la ayuda necesaria en cada momento del proceso terapéutico.
     
    Recomendaciones:
    • Confiar en las indicaciones del equipo de profesionales.
    • Explicar las inquietudes, los temores, las sensaciones y emociones por la atención recibida.
    • Decir la verdad.
       
  • 2.2 Con la familia y el entorno.

    La evolución de la enfermedad siempre es mejor si la persona dispone de apoyo social y de un clima familiar favorable. Las relaciones cordiales y de apoyo entre los diferentes miembros de la familia facilitan una mejor evolución de la enfermedad. Se ha de tener en cuenta que los familiares de la persona afectada por esquizofrenia también necesitarán ayuda y apoyo por parte del equipo de profesionales.

 

3. Ser un elemento activo, es decir, participar juntamente con el equipo de profesionales en la toma de decisiones para encontrar la ayuda necesaria más apropiada en cada momento.

 

4. Mantener el tratamiento farmacológico pautado y las terapias psicosociales acordadas en el plan terapéutico en todo momento, sea cual sea el momento evolutivo de la enfermedad.

 

La persona afectada por una esquizofrenia se ha de responsabilizar de su tratamiento farmacológico. Es aconsejable que un familiar también se implique en él, con el fin de poder colaborar si es necesario en la organización y la administración de los diferentes fármacos.

 

Recomendaciones:

  • Se ha de organizar la medicación de manera que sea fácil tomársela correctamente y en el momento adecuado. Hay que tenerla en un lugar accesible y utilizar pequeñas estrategias para evitar los olvidos, como por ejemplo ponerse la alarma del móvil para las tomas de primera hora de la mañana, dejarse la toma preparada en la mesilla de noche para no tener que levantarse y poder descansar correctamente, o usar un pastillero diario o semanal.
  • Incorporar la toma de medicación en las actividades de cada día también es una manera de reducir los olvidos. Por ejemplo, hacer coincidir la toma de la mañana con el desayuno. También puede ayudar dejarla en un lugar visible.
  • Buscar ayuda y apoyo externos de familiares, de cuidadores profesionales, de amigos, etc.
  • Debe saberse hasta qué día se dispone de medicación, tener recetas en casa para poder ir a la farmacia en cualquier momento, pedir hora para ir a buscar recetas con tiempo, y no esperar a quedarse sin medicación en casa.

 

5. Mantener un buen estado de salud.

Se ha de seguir una alimentación saludable, hacer actividad física y ejercicio físico adecuados a los problemas de salud derivados de los efectos secundarios del tratamiento farmacológico, como la obesidad o la hipertensión arterial, reposar y dormir correctamente, reducir el estrés y hacer actividades de ocio.

 

Recomendaciones:

  • No se deben consumir tóxicos, ya que pueden empeorar los síntomas de la enfermedad y ser desencadenantes de una recaída.
  • Dejar de fumar mejora la capacidad respiratoria y hace sentir mejor a la persona consigo misma. Se puede pedir asesoramiento a la enfermera de salud mental, que puede ayudar a ir reduciendo el consumo de tabaco. Dejarlo completamente no siempre es posible, pero ya es un gran beneficio poder reducir el número de cigarrillos por día.
  • Comer sano y evitar el sedentarismo contribuirá a ganar bienestar físico y a la vez psicológico. Esto hace sentirse mejor con uno mismo y repercute positivamente en la autoestima.

 

6. Vincularse a fundaciones y asociaciones de salud mental dirigidas a personas afectadas y a sus familiares.

Las asociaciones de familiares y personas con problemas de salud mental llevan a cabo una importante labor de apoyo, de información y de asesoramiento a las personas afectadas por una enfermedad mental y a sus familias. Así mismo, desarrollan una labor de sensibilización pública y de reivindicación de los derechos de las personas con problemas de salud mental, a la vez que crean y gestionan recursos y servicios para estas personas y sus familias. Es también un buen espacio para que la persona afectada o los familiares puedan compartir sus vivencias y experiencias, y ayudar al resto de los miembros del grupo. En ningún momento esta vinculación se ha de vivir como una obligación.

 

Los servicios que se pueden encontrar en estas asociaciones son:

  • Información sobre todos los factores relacionados con la enfermedad (tratamientos, investigaciones) y los factores que interfieren en la vida y la salud de las personas que la sufren (afectados y cuidadores).
  • Apoyo a enfermos y familiares.
  • Orientación en la toma de decisiones sobre el tratamiento.
  • Grupos de ayuda mutua, formados por un número reducido de personas, donde se establece la relación, el intercambio de experiencias y el apoyo entre las personas de manera franca y abierta. Habitualmente una persona voluntaria o un profesional dinamiza el grupo.
  • Sensibilización de la sociedad sobre la enfermedad. Lucha contra la estigmatización y la autoestigmatización.
  • Información sobre ayudas económicas. Los trabajadores sociales de estas entidades son los que, después de hacer una entrevista, valoran la situación social, familiar y económica de la persona afectada y, según los resultados, proponen acceder a los diferentes recursos.
  • Actividades o talleres. Son espacios, creados tanto para enfermos como para familiares, que favorecen una actividad o una relación con otras personas que se encuentran en una situación similar. Es importante ocupar el tiempo con actividades que relajen, distraigan y faciliten la relación con los demás. Por ejemplo, clubes sociales, que programen talleres y actividades variadas (salidas de fin de semana, equipo deportivo, etc.).
  • Activismo, con el fin de promover, proteger y defender los derechos y los intereses de las personas con trastornos mentales. Estos derechos incluyen asuntos legales, éticos, médicos y laborales.
  • Voluntariado. Hay asociaciones y entidades que ofrecen apoyo a través de personas voluntarias.

 

7. Considerar los posibles beneficios de las terapias complementarias, que pueden ser una ayuda para la mejora y el control de la salud, tanto para las personas con un trastorno mental, como es la esquizofrenia, como para sus familias. Las terapias complementarias no curan la esquizofrenia, sino que ayudan a aliviar o reducir los efectos secundarios de la enfermedad o de los tratamientos. Es importante consultar al equipo terapéutico de salud mental y resolver las dudas sobre el uso de estas terapias (Link a Ficha terapias complementarias / en la promoción, el mantenimiento y la recuperación de la salud) conjuntamente con los tratamientos pautados.

 

8. Gestionar los certificados de disminución y minusvalidez.

Las personas con alguna enfermedad crónica pueden presentar una disminución de la capacidad para hacer las actividades de la vida diaria. El certificado de disminución, que en España concede el departamento de servicios sociales de cada comunidad autónoma, es un documento que expresa en tantos por ciento el grado de limitación o disminución que tiene cada persona para desarrollar cualquier actividad de la vida diaria. Se valoran la discapacidad que tiene la persona y también los factores sociales complementarios, como el entorno familiar o la situación laboral, educativa y cultural, que si no son los adecuados pueden dificultar la integración de la persona. A partir de un grado de disminución igual o superior a un 33 %, la administración pone a disposición de la persona un conjunto de recursos dirigidos a mejorar su calidad de vida. Como ejemplo de recursos, están las deducciones en la declaración de la renta, los beneficios para las empresas que contraten personas con un certificado de disminución o las ayudas para la adquisición de viviendas de protección oficial. Para más información o para la gestión del certificado de disminución, hay que dirigirse al profesional de trabajo social del centro sanitario, que es quien puede orientar mejor la gestión a seguir; otro posible recurso es el departamento de servicios sociales del ayuntamiento correspondiente al lugar de residencia.

 

9. Las prestacioneseconómicas.

Existen varias prestaciones por incapacidad y prestaciones a favor de familiares.

 

Los diferentes tipos de incapacidad y las prestaciones relacionadas son:

  • Incapacidad permanente parcial para la profesión habitual: Ocasiona al trabajador una disminución igual o superior al 33 % en su rendimiento, sin impedir que pueda hacer las tareas fundamentales de su profesión habitual.
  • Incapacidad permanente total para la profesión habitual: Inhabilita al trabajador para el desarrollo de todas las tareas, o de las fundamentales, de la profesión habitual; el trabajador, sin embargo, puede hacer otro trabajo.
  • Incapacidad permanente absoluta para todo tipo de trabajo: Inhabilita completamente al trabajador para cualquier profesión. Equivale al 100 % de la base reguladora.
  • Gran invalidez: El trabajador presenta una incapacidad permanente y, como consecuencia de pérdidas anatómicas o funcionales, necesita la asistencia de otra persona para las actividades más esenciales de la vida diaria, como vestirse, desplazarse o comer. Permite una prestación del 100 % de la base reguladora, incrementada en un 50 % destinado a remunerar a la persona cuidadora.
  • Pensión no contributiva de invalidez: Prestación para personas que no pueden acogerse al sistema contributivo de pensiones (las anteriormente descritas). Se dirige a personas de entre 18 y 65 años con un reconocimiento de disminución permanente igual o superior al 65 % de carácter físico, psíquico o sensorial, sin recursos económicos suficientes. Cuando la persona tiene un grado de discapacidad igual o superior al 75 % y se le reconoce la ayuda de una tercera persona, la prestación se incrementa en un 50 %.

 

Las prestaciones a favor de familiares:

  • Prestación por hijo a cargo: Asignación económica que se entrega para cubrir una situación de necesidad o de exceso de gastos debida a tener que hacerse cargo de una persona con incapacidad.

 

Para más información, se puede consultar el apartado de Bienestar Social y Familia del sitio web de la Generalitat de Catalunya:


Seguridad social. Pensiones

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Esquizofrenia en las etapas del ciclo vital

1. La esquizofrenia en la infancia, 2. La esquizofrenia en la adolescencia, 3. La esquizofrenia en la adultez, 4. La esquizofrenia en la vejez.

 

1. La esquizofrenia en la infancia:

Durante la infancia es muy difícil el diagnóstico de la esquizofrenia, ya que antes de los 5 años la esquizofrenia tiene rasgos comunes con el autismo, cosa que hace difícil hacer un diagnóstico diferencial entre ambos trastornos. Los síntomas que pueden detectarse en esta etapa tienen que ver con la relación que el pequeño tiene con el exterior (inhibición y aislamiento, el niño se encuentra en su propio mundo) y sólo con el paso del tiempo serán más claros los signos y síntomas específicos de la esquizofrenia, que no difieren mucho de los de la esquizofrenia en el adulto.

 

La aparición de una enfermedad como la esquizofrenia en un niño o una niña provoca en los padres un estado emocional que acostumbra a manifestarse siguiendo las etapas típicas del duelo, es decir, negación, enojo, regateo, aflicción y aceptación final. Es muy importante que lleguen a la etapa final y que acepten la enfermedad del hijo como una cosa que formará parte de su vida y, por lo tanto, que necesitan informarse y adquirir los conocimientos necesarios para ayudar al pequeño a convivir con ello y a llegar a tener el máximo de autonomía posible. En Cataluña, toda esta información, ayuda y apoyo se pueden recibir en los centros de salud mental infantil y juvenil (CSMIJ) de referencia.

 

Además de las necesidades específicas generadas por la esquizofrenia, cabe siempre tener en cuenta las características específicas de los niños, y las demandas y los requerimientos de salud propios de esta etapa del ciclo vital.

 

Infancia, consejos de salud

 

2. La esquizofrenia en la adolescencia:

La adolescencia es la etapa de la vida en que hay una mayor incidencia en la aparición de la esquizofrenia, sobre todo en los últimos años de este período, a causa de los diversos factores típicos de esta etapa, como los cambios hormonales, neurológicos e inmunitarios, que, añadidos a los cambios psicológicos y sociales, hacen que el adolescente sea especialmente vulnerable.

 

Entre los 16 y los 25 años acostumbran a presentarse los primeros signos de la enfermedad (etapa prodrómica) y aparecen los primeros cambios:

  • En la conducta, como aislamiento, deterioro escolar o laboral, abandono de la higiene personal.
  • En el estado de ánimo, como irritabilidad o depresión.
  • En los procesos de pensamiento, como dificultad en la atención y la concentración, confusión o suspicacia.
  • Físicos, como alteraciones del sueño, del apetito, disminución de la energía o interés sorprendente por temas esotéricos o extraños, que no habían interesado en épocas anteriores.

 

Estos cambios se producen generalmente de forma gradual y, por lo tanto, difícil de identificar, tanto para el muchacho o la muchacha como para los que les rodean.

 

En este período, en el que el adolescente pasa la mayor parte del tiempo en la escuela o el instituto, es importante que los padres y los familiares más cercanos mantengan una especial atención y contacto con el centro (entrevistas y seguimientos con el tutor), con el fin de captar lo más pronto posible la aparición de cualquier señal de alerta.

 

El uso descontrolado en los adolescentes de las nuevas tecnologías (ordenadores, Internet, videojuegos, etc.) puede ser un elemento desestabilizador, ya que favorecen la desconexión del mundo real y propician el aislamiento. Por ello, es muy recomendable que la familia y la escuela trabajen conjuntamente para promocionar el uso saludable de Internet, las redes sociales y, en general, de todas las tecnologías de la información y la comunicación (TIC).

 

Esta es una etapa del ciclo vital en la que las habilidades sociales están en pleno proceso de desarrollo, en la que se busca la inmediatez en el bienestar y en la resolución de conflictos, y en la que se buscan ayudas y apoyos externos, muy a menudo en el grupo de iguales. Todas estas circunstancias constituyen también factores de riesgo, ya que este contexto favorece el uso de drogas y sustancias estimuladoras o desinhibidoras, como el alcohol, la cocaína, las anfetaminas y el cannabis (elementos todos ellos que pueden desequilibrar el estado mental).

 

Además de las necesidades especificas generadas por la esquizofrenia, siempre se han de tener en cuenta las características específicas de los adolescentes, y las demandas y los requerimientos de salud propios de esta etapa del ciclo vital.

 

Adolescencia, consejos de salud

 

3. La esquizofrenia en la adultez:

En la adultez las posibilidades de que se desarrolle una esquizofrenia son menores que en la etapa de la adolescencia, pero no es imposible. En esta etapa del ciclo vital, las rupturas, los cambios en los roles sociales (separaciones, muerte de familiares, etc.) o los cambios en el entorno laboral pueden propiciar y generar un mayor estrés, cosa que puede provocar, en personas vulnerables, que se desarrolle la enfermedad también en esta etapa de la vida.

 

El uso o el abuso de sustancias psicoactivas y drogas (alcohol, cannabis, cocaína, etc.) pueden ser desencadenantes de un proceso de psicosis en cualquier época de la vida y, por lo tanto, también de la esquizofrenia.

 

En el caso de que la persona haga años que la sufre, generalmente en la adultez la esquizofrenia tiene un mejor manejo, porque tanto la persona afectada como la familia han aprendido a convivir con la sintomatología negativa y a identificar la fase prodrómica.

 

Es en esta etapa de la vida en la que la persona desarrolla su vida social y familiar, y asume la mayor parte de sus responsabilidades y roles. Sufrir esquizofrenia puede hacer que estos roles y responsabilidades no se ejerzan con normalidad, al mismo tiempo que se pueden ver reducidas las posibilidades de proseguir el desarrollo personal, social y profesional propios de esta época de la vida. Todo esto hace que el apoyo que la persona adulta puede recibir en los sitios de atención específicos pueda serle muy útil para que desarrolle al máximo sus habilidades sociales.

 

Además de las necesidades especificas generadas por la esquizofrenia, siempre se han de tener en cuenta las características específicas de la adultez, y las demandas y los requerimientos de salud propios de esta etapa del ciclo vital.

 

Adultez, consejos de salud

 

4. La esquizofrenia en la vejez:

El desarrollo de una esquizofrenia en la vejez es bastante improbable. La situación más habitual en esta etapa vital es que la enfermedad haya estado un proceso que ha acompañado la trayectoria de la vida de la persona desde hace años y que, por este motivo, se pueda encontrar ahora más aislada o, incluso, sola. Los familiares que más de cerca siguen el acompañamiento en otras etapas del ciclo vital suelen ser los padres, que en esta época ya no están. Es un momento en que cobra gran importancia la vinculación social, al vecindario, al centro de salud y en que se han de potenciar los recursos de la red social de su entorno.

 

En la vejez se debe mantener la atención en los puntos que hacen referencia al seguimiento del tratamiento, con especial atención al mantenimiento de los hábitos personales de higiene, de alimentación y de vigilancia de la salud. El riesgo de sufrir enfermedades e incapacidades que acompaña esta etapa vital se incrementa con la vulnerabilidad añadida que supone un mal control de la esquizofrenia.

 

Por otro lado, en esta etapa de la vida suelen aparecer los déficits cognitivos, que se manifiestan con pérdida de memoria, dificultad de concentración, etc. Si, además, la persona mayor sufre esquizofrenia, es muy necesario, para poder garantizar su vinculación al sistema de salud, poder contar con el recurso del plan de servicio individualizado (PSI).

 

Además de las necesidades especificas generadas por la esquizofrenia, siempre se han de tener en cuenta las características específicas de la vejez, y las demandas y los requerimientos de salud propios de esta etapa del ciclo vital.

 

Vejez, consejos de salud

 

 

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Situaciones de vida relacionadas

Situaciones de vida relacionadas:

  1. Viajar 
  2. Embarazo 
  3. Actividad laboral

 

1. Viajar

Igual que sucede con las personas con otros problemas de salud, la persona con esquizofrenia puede viajar cuando esté en fase de recuperación, siempre que, igual que en cualquier otra situación de la enfermedad, tome las precauciones necesarias.
 
En primer lugar, hay que asegurarse de que se dispone del botiquín necesario. Si el viaje es de corta duración, se ha de preparar el tratamiento farmacológico indicado para los días que perdure el viaje, con tal de garantizar que se tendrá medicación suficiente. Es aconsejable llevar siempre medicación para algunos días más de los previstos, en previsión de retrasos en el viaje de regreso, aunque también puede haber problemas para entrar en otro país si la cantidad de medicación es excesiva o si no se tiene la receta correspondiente. Según el acuerdo vigente en los países europeos, una persona está autorizada a llevar medicamentos para tres meses.
 
Los medicamentos se han de llevar en el equipaje de mano y no en las maletas que se tenga que facturar, y deben ir siempre en sus envases originales, donde estarán mejor protegidos de la humedad y de la luz. No obstante, si se llevan varios envases del mismo medicamento, es prudente repartirlos entre el equipaje de mano y el facturado. Se han de evitar los pastilleros, ya que, a diferencia de los envases originales, no llevan el número ni el prospecto de los medicamentos que contienen y no son idóneos para conservarlos en buen estado. Además, provocan muchas suspicacias en los funcionarios de aduanas y se puede dar el caso de que sean requisados con todo su contenido.
 
Si el viaje es de larga duración, es preferible evitar llevar un exceso de medicación: se ha de preparar un botiquín tal como se indica para viajes cortos y después, si es posible, conseguir la medicación necesaria en el lugar de destinación. Para ello, será necesario obtener una receta reglada del centro de salud donde conste toda la medicación prescrita, los datos identificativos de la persona que la toma, y las del centro especializado y el facultativo prescriptor. Esto ayudará a aclarar cualquier duda en el caso de que se tenga que acudir a un centro de salud o a las farmacias expendedoras del lugar de destino.
 
Toda persona que tenga un problema de salud crónico, como es el caso de la esquizofrenia, es importante que siga un conjunto de medidas para viajar de forma segura y saludable.

Viajar y tener un problema de salud crónico

 

2. Embarazo

Para cualquier mujer, quedarse embarazada en un momento adecuado es primordial. Por este motivo, es muy importante que las mujeres con esquizofrenia y con vida sexual activa, primero, usen el método anticonceptivo más adecuado a sus características y, segundo, siempre de acuerdo con su equipo de salud, verifiquen las ventajas y los inconvenientes de un embarazo, así como el momento más propicio para este embarazo.

 

Si la mujer con esquizofrenia plantea el deseo de quedarse embarazada es imprescindible que el equipo terapéutico y los profesionales, en colaboración con la persona afectada, diseñen las estrategias más apropiadas para ella y para el futuro bebé, y aseguren un seguimiento personalizado.

 

En el caso de un posible embarazo, se ha de tener en cuenta que es muy importante, tanto para la madre como para el feto, llevar un buen control terapéutico antes y durante el embarazo, y después del parto. Esto quiere decir que el equipo terapéutico deberá valorar la relación riesgo-beneficio de dejar o hacer cambios en la medicación antipsicótica. Los cambios en la medicación no controlados por los profesionales incrementan el riesgo de que el hijo sufra esquizofrenia, dato que forma parte de la información que el equipo terapéutico tendrá que dar a la mujer para que pueda tomar una decisión informada.

 

El período de riesgo máximo para la mujer es el puerperio. Durante el embarazo, disminuyen los síntomas de enfermedades como la esquizofrenia, pero se agravan en el puerperio, de manera que aumenta el riesgo de sufrir depresión puerperal. Por ello, es esencial intensificar el control y el seguimiento de la gestante con esquizofrenia, por lo que es importante que haya una comunicación fluida entre el equipo obstétrico y el equipo de salud mental, que puede evitar descompensaciones de la enfermedad y que favorecerá un buen control de la situación de salud.

 

Se recomienda tener en cuenta y ajustar a las necesidades de salud de cada persona los consejos para un embarazo y parto saludables.

 

Embarazo, consejos de salud

Parto, consejos de salud

 

3. Actividad laboral

Es importante, en la medida de lo se pueda, que las personas con esquizofrenia, una vez superada la fase de agudización o de recaída, continúen con una vida normal lo más pronto posible. En muchos casos pueden continuar haciendo su trabajo habitual, dependiendo del tipo de tratamiento farmacológico que reciban y del tipo de trabajo que hagan; por lo tanto, si esto es posible, continuar con la actividad laboral es la mejor opción para la recuperación de la persona que sufre este trastorno.

 

Podría darse el caso de que, por el tipo de trabajo previo, se haga necesario disminuir el ritmo de exigencia laboral, reducir la jornada o solicitar un cambio de lugar de trabajo. Si estas opciones no fueran posibles, la persona afectada podría buscar, dentro de la red de atención a la salud mental, equipos que trabajen la rehabilitación psicosocial y hagan apoyo a la inserción laboral.

 

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Problemas de salud relacionados

Las personas afectadas por una esquizofrenia tienen un mayor riesgo de tener otros problemas de salud, algunos de los cuales relacionados con el tratamiento y otros debidos a los estilos de vida no saludables, como los hábitos alimentarios inadecuados, el sedentarismo o el consumo de sustancias como el alcohol y el tabaco.

 

Por lo tanto, se ha de ser consciente de que determinados tratamientos farmacológicos contribuyen, con sus efectos no deseados, a incrementar los problemas de salud, como es el caso del desarrollo del síndrome metabólico asociado a los neurolépticos atípicos, que provoca: 1. Obesidad, 2. Diabetes tipo II, 3. Dislipemia (incremento del colesterol LDL, también llamado colesterol malo, y del nivel de triglicéridos en la sangre) y 4. Hipertensión.

 

Además, algunos de los signos y síntomas del síndrome descrito se pueden desarrollar o agravar por la existencia de hábitos de vida no saludables.

 

1. Obesidad.

Además de poder formar parte del síndrome metabólico (posible efecto adverso del tratamiento farmacológico con neurolépticos), la obesidad también puede ser consecuencia de una alimentación poco equilibrada. Tanto en un caso como en el otro es esencial seguir:

 

2. Diabetes tipo II.

Además de poder formar parte del síndrome metabólico (posible efecto adverso del tratamiento farmacológico con neurolépticos), la diabetes tipo II puede verse favorecida por la presencia de obesidad. En este sentido, es esencial seguir las recomendaciones para las personas con diabetes.

 

3. Dislipemia.

La dislipemia se manifiesta por el incremento del colesterol LDL o colesterol malo y del nivel de triglicéridos en la sangre. Además de poder formar parte del síndrome metabólico (posible efecto adverso del tratamiento farmacológico con neurolépticos), la dislipemia puede ser consecuencia, totalmente o parcialmente, de la obesidad y de una alimentación poco saludable. Se recomienda seguir las pautas para una alimentación saludable.

 

4. Enfermedades cardiovasculares.

Los estudios recientes indican que la incidencia de las enfermedades cardiovasculares en las personas que tienen esquizofrenia es el doble que en la población general. Este incremento se puede relacionar, por un lado, con el síndrome metabólico asociado a los neurolépticos atípicos y, por el otro, también puede ser una consecuencia de hábitos no saludables, como una mala alimentación, la falta de ejercicio físico y el tabaquismo (adicción crónica al tabaco), fuertemente implantado en estas personas.

 

En este sentido es esencial seguir:

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Factores y conductes de protección

Es muy importante fomentar los factores y las conductas de protección y, siempre con la participación activa de la persona afectada y de su entorno familiar y social, promocionar su autonomía y su responsabilidad ante de la situación de salud.

 

Factores y conductas de protección relacionados con: 1. La aparición de la enfermedad; 2. El control de complicaciones o problemas de salud; 3. La evolución y el tratamiento de la enfermedad.

 

1. Relacionados con la aparición de la enfermedad

Al margen de los factores genéticos ligados al desarrollo de la esquizofrenia, que son inevitables e inmodificables, hay una serie de conductas protectoras encaminadas a trabajar sobre los factores desencadenantes (como el consumo de drogas o los factores estresantes) de la enfermedad y que evitan o retrasan su aparición.

 

Estas conductas tienen que ver con la prevención del uso indiscriminado de las técnicas de la información y la comunicación (TIC), y del uso de sustancias tóxicas como el cannabis, el alcohol, etc., así como con un buen entrenamiento para la gestión de las situaciones de estrés y de trabajo para aumentar la resiliencia.

 

En el desarrollo de estos factores protectores, tienen un papel esencial la familia y la escuela, en el caso de los niños y adolescentes. Ante una situación de sospecha de riesgo, es aconsejable y apropiada una consulta con el equipo de salud de atención primaria (médico o enfermera), que podrá explorar y valorar con más profundidad la situación e intervenir de forma precoz.

 

2. Relacionados con el control de complicaciones o problemas de salud

Entre los factores y conductas de protección relacionados con el control de complicaciones o problemas de salud, es importante:

  • Estar en contacto con el equipo de salud primaria para programar periódicamente analíticas de sangre con el fin de de controlar la glucemia, el colesterol o bien si hay alguna alteración hormonal por ejemplo, en la prolactina.
  • Controlar regularmente la presión arterial y el peso para prevenir la aparición de enfermedades cardiovasculares.
  • Hacerse un electrocardiograma (ECG) cada año.
  • Hacer revisiones odontológicas, oftalmológicas y ginecológicas anualmente.
  • Disponer de una red de recursos estable e identificada, es decir, tener un equipo de salud de confianza y cercano al que poder consultar dudas o problemas que surjan en el día a día. Esto aumenta la confianza de la persona con enfermedad mental y la promoción en el autocuidado.
  • Tener un entorno familiar, escolar y laboral estable que dé apoyo a la persona, que aumente su confianza, su autonomía y su responsabilidad en el control de la enfermedad.
  • Utilizar fuentes de información y conocimiento acreditadas y disponibles que permitan tomar decisiones adaptadas a las necesidades de cada persona, controlar la enfermedad y mejorar la calidad de vida.

 

3. Relacionados con la evolución y el tratamiento de la enfermedad

El elemento protector más destacado es, sin duda, la implicación familiar en el tratamiento y el control de la situación de salud del enfermo. El conocimiento adecuado de la enfermedad y su apoyo a la persona afectada son fundamentales para un buen curso de la enfermedad. Por ello es importante la incorporación y la asistencia de la familia a los espacios terapéuticos destinados a ellos (grupos familiares), sin olvidar la necesidad de la participación activa de esta familia en el plan terapéutico.

 

En este sentido, la OMS aconseja:

  • Seguir las indicaciones terapéuticas e informar al equipo de salud de aquellas modificaciones que puedan generar alerta.
  • Tener la máxima información posible sobre la enfermedad y no quedarse con dudas, ni sobre la enfermedad ni sobre los tratamientos aplicados.
  • Fijarse objetivos modestos y realistas con la persona que tiene la enfermedad. Es preferible que cumpla con una tarea pequeña a que no haga nada.
  • Potenciar o favorecer el diálogo con la persona sobre lo que le preocupa.

 

Los profesionales pueden ayudar a la familia a no poner la esperanza en “curaciones” o “tratamientos” unilaterales milagrosos sino en la continuidad de la atención y en su participación. La vinculación y la participación cercana de la familia facilitan que sus miembros acepten mejor los efectos negativos de la enfermedad.

 

Un buen seguimiento del plan terapéutico también es un factor que disminuye considerablemente la posibilidad de recaídas.

 

También son elementos protectores todos los relacionados con el control de la situación de salud y, en especial, el mantenimiento de unos espacios de relación social (asociaciones lúdicas, del entorno, o asociaciones de enfermos como FECAFAMM), que tratan de evitar el aislamiento de la persona afectada por la esquizofrenia.

 

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Factores y conductas de riesgo

Para evitar y controlar todos estos factores y conductas de riesgo asociados a la esquizofrenia, es necesario hacer un seguimiento y un control periódicos de la situación de salud de cada persona, fomentar los factores y conductas de protección y, siempre con la participación activa de la persona afectada y de su entorno familiar y social, promocionar su autonomía y su responsabilidad ante la situación de salud.

 

Factores y conductas de riesgo relacionados con: 1. La aparición de la enfermedad; 2. La aparición de complicaciones o problemas de salud; 3. La evolución de la enfermedad; 4. Los hábitos de vida no saludables; 5. Los signos y los síntomas negativos de la propia enfermedad; 6. Los signos y síntomas positivos de la propia enfermedad.

 

1. Relacionados con la aparición de la enfermedad

La aparición de la esquizofrenia puede tener diversas causas que se pueden ver favorecidas por unas conductas o factores desencadenantes; por lo tanto, si se pudieran disminuir estas conductas, se conseguiría minimizar el riesgo de aparición de la enfermedad. Los dos factores desencadenantes modificables son el consumo de drogas legales e ilegales, y las situaciones de estrés importante.

 

2. Relacionados con la aparición de complicaciones o problemas de salud

Las personas que sufren esquizofrenia tienen un mayor riesgo de tener otros problemas de salud asociados. Algunos de estos problemas de salud son efectos secundarios de la medicación y otros son consecuencia de los estilos de vida poco saludables, como los hábitos alimentarios inadecuados, el sedentarismo y el abuso del tabaco, del alcohol y de las drogas ilegales, que además de perjudicar la salud en general pueden desencadenar nuevos episodios graves de la enfermedad.

 

3. Relacionados con la evolución de la enfermedad

Las conductas de riesgo que pueden afectar el control de la enfermedad y de la sintomatología tienen que ver fundamentalmente con el no seguimiento del plan terapéutico  acordado con los profesionales especialistas. Aunque hay que tener muy presente el efecto de cualquier droga ilegal y del alcohol, que por tanto hay que evitar.

  • Irregularidades en el seguimiento terapéutico

    Cualquier irregularidad en el seguimiento del plan terapéutico puede favorecer una reagudización de la enfermedad, o un empeoramiento en el estado de salud, ya que el plan terapéutico pactado entre el equipo de salud mental y la persona afectada está diseñado de forma individual y sólo conseguirá evitar las descompensaciones si se sigue cuidadosamente.
     
  • Irregularidades en el seguimiento farmacológico

    De la misma manera que las irregularidades en el seguimiento del plan terapéutico, la interrupción o la irregularidad en el seguimiento farmacológico están altamente asociadas a la aparición de recaídas; por lo tanto, es fundamental ser muy consciente de la necesidad de este seguimiento.

 

4. Relacionados con los hábitos de vida no saludable

La irregularidad en los horarios para comer y descansar es un elemento que, además de afectar a la salud en general, no favorece la consecución de parámetros regulares, que son tan necesarios en personas afectadas de esquizofrenia.

 

El sobrepeso, la obesidad, las enfermedades respiratorias, la hipertensión y las alteraciones del nivel de colesterol en la sangre son problemas de salud relacionados también con hábitos no saludables que suelen acompañar a los enfermos de esquizofrenia, problemas que muy a menudo pueden reducir sus expectativas de vida.

 

5. Relacionados con los signos y los síntomas negativos de la propia enfermedad

Hay una serie de factores y conductas de riesgo asociados a la sintomatología negativa de la esquizofrenia que pueden ser perjudiciales para la salud de la persona afectada, como pueden ser la inactividad y el sedentarismo, así como la desvinculación de ámbitos sociales (asociaciones o grupos de amigos con intereses comunes, deportivos, lúdicos, etc.) o el abandono de otras actividades relacionales. Son factores y conductas que facilitan el aislamiento y que se consideran de riesgo para la persona afectada por la esquizofrenia.

 

6. Relacionados con los signos y síntomas positivos de la propia enfermedad

Hay una serie de factores y conductas de riesgo asociados a la sintomatología positiva que son los más importantes que pueden aparecer en el contexto de la recaída y, por lo tanto, cuando hay alucinaciones y delirios. Son las conductas agresivas y/o violentas y el suicidio.

 

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