Existen diversos factores que favorecen el desarrollo físico, mental y social del niño, y además lo protegen de problemas de salud.
Una de las primeras defensas frente a enfermedades y problemas alérgicos es la lactancia materna. También consolida la interacción madre-hijo, ya que da la seguridad y confianza que el bebé precisa para iniciar las bases de unas correctas relaciones.
Un entorno familiar afectivo y seguro, donde el niño se sienta valorado y pueda expresar sus sentimientos, aunque se deban corregir las conductas erróneas, ayuda a prevenir posibles trastornos de conducta (alimentación, relaciones, fracaso escolar, etc.), además de potenciar su autoestima, y también ayuda a evitar problemas que aparecen en la etapa escolar y adolescente.
Unas rutinas encaminadas a instaurar hábitos saludables (dieta equilibrada, ejercicio físico, ocio, sueño, etc.) previenen futuros problemas como caries, colesterol, hipertensión, adicciones, etc.).
Otros factores de protección son: 1. Higiene, 2. Vacunas y 3. Protección solar.
1. Higiene
La generalización de la higiene permite mantener la salud y el bienestar del niño y evitar, además, muchas enfermedades de origen contagioso. Por tanto, la importancia de la higiene diaria va más allá del cuidado personal. Es una cuestión de mantener la salud y prevenir enfermedades.
Cuando hablamos de higiene nos referimos en primer lugar a la limpieza del cuerpo, pero sin olvidar que este concepto debe extenderse a los diferentes ámbitos de la vida, como la limpieza de los utensilios para la alimentación, la ropa, las condiciones de la vivienda o la protección de la piel del niño.
1.1 Higiene del recién nacido lactante
1.1.1 El baño
La piel del recién nacido suele ser seca porque no segrega suficiente grasa, y esto provoca que sea más vulnerable a agentes externos como el frío, la calefacción o el exceso de humedad. Por ello se aconseja utilizar jabones líquidos de pH neutro y la aplicación de lociones hidratantes que ayuden a paliar la sequedad.
Desde los primeros días puede iniciarse el baño, pero es más aconsejable esperar a la caída del cordón umbilical y la cicatrización del ombligo para evitar una infección. Si es necesario, puede efectuarse el baño teniendo la precaución de secar cuidadosamente la base del ombligo (son útiles los bastoncillos de algodón) y posteriormente aplicar el antiséptico.
Los primeros baños no deben superar los diez minutos. Pueden ser diarios si no hay contraindicación médica, sobre todo en los meses cálidos, se tiene que elegir un momento tranquilo del día o bien cuando al bebé le resulte más relajante, y se tiene que adecuar a las costumbres y los horarios de cada familia. No existe una hora más apropiada que otra, se aconseja por la tarde simplemente porque su efecto relajante suele favorecer el sueño.
A medida que el niño crece, puede dedicarse más tiempo al baño, dejándole jugar si él quiere, y así favorecer que se convierta en una actividad placentera tanto para el bebé como para los padres.
Durante los primeros meses de vida, las bañeras–cambiador que existen en el mercado son muy útiles, ya que están a una altura cómoda que facilita el manejo del bebé. En caso de no disponer de bañeras específicas, es aconsejable utilizar un recipiente amplio, ya que la bañera normal dificulta los movimientos de la persona que realiza el baño y es demasiado grande, y por eso da sensación de inseguridad al niño.
Es necesario llenar con agua sólo una cuarta parte de la bañera; no debe llenarse más. La temperatura del agua ha de ser agradable, de 37-38 ºC (pueden utilizarse termómetros específicos para comprobarlo). La temperatura ambiente ideal es entre los 22-24 ºC, sin corrientes de aire para que el bebé no tenga frío al sacarle del agua.
Antes de iniciar el baño, es importante tener todo el material necesario a mano, para evitar tener al niño mojado mucho tiempo y prevenir accidentes.
Audiovisual Higiene en el Recién nacido
Técnica
La técnica adecuada es pasar una mano por debajo de la axila del bebé y sostener su cabeza apoyada en el antebrazo, y limpiarlo con la mano libre. Para la limpieza de la espalda, bastará con girar al pequeño sosteniéndole con una mano por debajo de la barriga y con su cabeza descansando en el brazo.
Para favorecer que el bebé encuentre el baño placentero, se pueden efectuar movimientos lentos y suaves, meciéndole, evitando que le caiga agua en la cara y hablándole suavemente.
Es importante efectuar una correcta limpieza de los pliegues de brazos, piernas y cuello, ya que es donde más sudor y suciedad se acumula, de esta forma también se previenen las irritaciones.
En las niñas, la zona genitoanal se limpia de delante hacia atrás, para evitar una contaminación (por las heces) y una posterior infección.
Tras el baño, el secado ha de ser minucioso sin frotar, sólo presionando con suavidad, vigilando de nuevo los pliegues cutáneos.
Puede efectuarse un masaje suave con aceite corporal o loción hidratante. Además de nutrir la piel, estimula la circulación, tonifica los músculos, favorece la liberación de gases, ayuda a aliviar los cólicos y suele resultar relajante para el niño. Si el bebé tiene frío puede mantenérsele arropado con una manta ligera para proporcionarle calor y sensación de seguridad. El masaje se efectúa aplicando una suave presión con las yemas de los dedos, deslizándolos sobre la piel del niño, sin tirar de ella. Es aconsejable mantener una mano sobre el cuerpo del bebé mientras se da el masaje, así el pequeño se siente más seguro y lo acepta mejor.
Si el bebé empieza a llorar o agitarse, debe interrumpirse hasta que esté calmado.
Algunos niños presentan costra láctea.
Para ablandarla y eliminarla, se aplica antes del baño un poco de aceite o vaselina en la zona de la costra. De esta forma es más fácil que se desprenda con el baño.
No es aconsejable utilizar polvos de talco, ya que el niño inhala las partículas en suspensión.
Tampoco es adecuado aplicar colonias directamente sobre la piel del niño, es más aconsejable poner unas gotas en la ropa.
a) Limpieza de los oídos
Debe lavarse sólo la parte externa visible. No es aconsejable intentar la limpieza de la cera del conducto auditivo. Si se empuja hacia el interior del oído se favorece la aparición de tapones y aumenta el riesgo de provocar lesiones leves si se introduce mucho el bastoncillo o el niño efectúa algún movimiento súbito. Tan sólo debe limpiarse la cera y la suciedad del pabellón auricular suavemente, y a continuación secar cuidadosamente. Son útiles los bastoncillos que tienen un soporte más ancho que la punta, ya que evitan una introducción accidental a demasiada profundidad.
b) Uñas
Los recién nacidos tienen uñas finas con las que pueden provocarse arañazos fácilmente. En los primeros días pueden limarse con una lima suave. Más adelante (a partir de los veinte días) se cortan con tijeras de punta roma (un buen momento es cuando el bebé está dormido). Las uñas de los pies siempre deben cortarse rectas, es aconsejable no cortarlas al límite de la piel para evitar que al crecer se claven en el dedo. En las manos debe evitarse dejar picos que causen arañazos.
c) Ojos y nariz
Para retirar las secreciones de los ojos se utiliza suero fisiológico o en su defecto agua tibia, se seca con una gasa o un paño suave, siempre desde el lagrimal hacia el exterior.
Las mucosidades de la nariz también se limpian con suero (puede utilizarse una pequeña jeringa para instilar 1 cm3 de suero en cada fosa nasal). Los aspiradores nasales son útiles, pero debe efectuarse la aspiración suavemente para evitar pequeñas lesiones en la mucosa nasal.
1.1.2 Vestido
La ropa del niño ha de adaptarse a las condiciones ambientales, el bebé no debe pasar frío pero tampoco un exceso de calor.
Es aconsejable utilizar ropa de fibras naturales (algodón o hilo) siempre que sea posible, ya que permiten transpirar mejor que las fibras sintéticas, así como escoger ropas holgadas para que el niño tenga mayor movilidad.
Lo más indicado para lavar las prendas del bebé es el jabón neutro, es importante efectuar un buen aclarado con abundante agua para retirar todos los restos de jabón.
Para prevenir accidentes, deben evitarse imperdibles, cadenas, prendedores o pulseras. Los pendientes de las niñas deberían ser pequeños, es mejor evitar aretes, ya que podrían engancharse y provocar heridas.
1.2 Higiene del preescolar y el escolar
El objetivo a estas edades, además de la limpieza en sí, es instaurar hábitos de higiene saludables.
A partir de los doce meses el niño empieza a ser más activo y autónomo, y, lógicamente, se ensucia más, ya que es habitual que juegue en el suelo, manipule tierra, intente comer solo, etc. Estos juegos lo ayudan a desarrollarse, por lo que no se debe impedir que los practique para evitar que se ensucie.
A partir de los 24 meses se puede dejar que el niño inicie su higiene personal bajo la supervisión de los padres. Esta edad es un buen momento para empezar a inculcarle las primeras nociones de hábitos higiénicos: lavarse las manos antes y después de ir al retrete y antes de comer, iniciar la higiene dental, etc. Las pautas se introducen paulatinamente y se adecuan a la edad del niño. En cualquier caso, lo más efectivo será el buen ejemplo de los padres, ya que el niño imitará sus acciones.
2. VacunasLas defensas proporcionadas por la madre durante el embarazo y la lactancia materna empiezan a agotarse a los dos meses; a partir de entonces el lactante debe fabricarlas por sí mismo. De esta manera, las vacunas se convierten en la mejor protección frente a enfermedades específicas de los primeros años de vida.
Cuando vacunamos a un niño, no sólo le protegemos a él, sino también a los que le rodean. Si no se vacuna, el bebé queda expuesto al riesgo de contraer enfermedades infecciosas, para muchas de las cuales no existe un verdadero tratamiento eficaz. Así pues, la importancia de las vacunas no reside sólo en el hecho de que el pequeño no enferme, sino en que evita que transmita la enfermedad a otros niños, ya que la mayoría de estos virus o bacterias son muy contagiosos.
El momento adecuado para administrar cada vacuna depende del tipo de enfermedad que se quiera prevenir y la edad del niño. Por eso existen los calendarios de vacunaciones, que son los listados de recomendaciones de las distintas comunidades autónomas, basados en un calendario oficial elaborado por el Ministerio de Sanidad y Consumo (España). Cada comunidad, y cada país, tiene libertad para administrar ciertas vacunas. Así, puede pasar que en España unas vacunas se administren en una comunidad y en otra no.
Además de estos calendarios autonómicos, la Asociación Española de Pediatría (AEP), como órgano científico, elabora su propio calendario, que recomienda vacunas que aún hoy no se administran en algunas regiones españolas. Esta diferencia se acentúa cuando hablamos de los calendarios de vacunación de otros países (por ejemplo, en muchos lugares se administra la vacuna de la tuberculosis, en otros la de la fiebre amarilla, etc.).
Vacunas sistemáticas: son aquellas que están indicadas para toda la población a partir de la edad infantil. Se aplican según los calendarios de vacunación específicos de cada comunidad.
Vacunas no sistemáticas: son las vacunas que indica la AEP sólo en determinados grupos de población o en situaciones concretas de riesgo sanitario.
En los centros de asistencia primaria se facilita información y se administran las vacunas según la edad en las diferentes revisiones. También se pueden modificar las pautas, añadir o eliminar alguna vacuna específica según las características y necesidades concretas que pueda tener el niño (viaje al extranjero, alergias, problemas inmunitarios, asma, etc.).
Si se olvida alguna dosis, no hay que reiniciar la vacunación, basta con continuar administrando las dosis que faltan (dosis puesta, dosis válida).
La administración de las vacunas corresponde a las enfermeras en los centros de atención primaria (CAP) o en las consultas particulares de los pediatras. En los hospitales sólo se vacuna a los grupos de riesgo (p. ej., prematuros). En algunas comunidades autónomas, la enfermera acude a los centros escolares para administrar determinadas vacunas, a fin de inmunizar a una mayor cantidad de niños.
Tras cada administración, la enfermera anota en el carné de vacunas de cada niño toda la información relativa a la vacuna: fecha, marca y lote. Esta documentación es importante para que tanto los padres como los médicos sepan que se ha cumplido correctamente el calendario de vacunación. De todas formas, existen diferentes calendarios de vacunación, adaptados a las necesidades específicas de cada comunidad, por lo cual, unido a que puede variar de un año a otro (según factores epidemiológicos), es aconsejable pedir información sobre las recomendaciones y las pautas de vacunación en el centro de salud. Están indicadas en:
Las vacunas de la Asociación Española de Pediatría
A pesar de que en España la mayoría de las enfermedades de la infancia están controladas, hay que tener en cuenta que vivimos en una sociedad en movimiento, donde las distancias entre un país y otro son cada vez menores, por lo que deberíamos permanecer vigilantes ante el posible resurgimiento de una enfermedad, de aquí la importancia de vacunar correctamente a los niños.
3. Protección solarUn poco de sol es beneficioso porque favorece la formación de vitamina D, que es básica para la absorción del calcio en los huesos. Previene el raquitismo y ayuda a mejorar algunos problemas en la piel (psoriasis, acné). Pero demasiado sol es perjudicial.
El bronceado en una piel sana es la respuesta biológica de defensa frente a la agresión que supone la radiación solar.
Una excesiva exposición solar puede causar:
- Enrojecimiento (eritema) y quemaduras.
- Envejecimiento prematuro de la piel.
- Aparición de lesiones y cáncer de piel.
Las radiaciones ultravioletas del tipo B (UV-B) son las principales responsables del eritema solar.
Las radiaciones ultravioletas del tipo A (UV-A) son las causantes de la mayoría de los efectos nocivos a largo plazo.
Las células de la piel tienen una memoria que almacena todas las horas de sol a las que se ha estado expuesto, por ello es importante proteger al niño desde pequeño para evitar futuras complicaciones dermatológicas. Los signos de envejecimiento aparecen tarde, pero el deterioro se inicia en la primera exposición al sol.
La piel infantil tiene una menor capacidad de protección frente al sol, debido a una inmadurez del sistema inmunitario cutáneo, ya que la capa de grasa es más fina y poco resistente.
Los niños desarrollan mucha actividad al aire libre, con un elevado tiempo de exposición solar y sudoración, por ello es aconsejable utilizar fotoprotectores resistentes.
Existe un índice de fotoprotección adecuado para cada tipo de piel y circunstancias, pero hay que tener en cuenta ciertos factores que modifican la intensidad de la radiación y pueden hacer variar las necesidades de protección:
- La hora del día. La intensidad es máxima entre las 12.00 h y las 16.00 h (con la modificación horaria).
- La altitud. El riesgo de eritema o quemadura se incrementa con la altitud. Cada 300 metros aumenta un 4 % el poder eritemático de las radiaciones UV.
- El lugar. La radiación es más intensa cerca del Ecuador (los rayos inciden de forma perpendicular sobre la Tierra).
- La estación del año. En verano, la radiación llega con toda su energía. A pesar de ello, debe protegerse la piel también el resto del año.
- El tiempo. En días nublados continúa existiendo el riesgo de quemaduras, dado que el 90 % de los rayos UV pueden traspasar las nubes.
- Con agua, nieve o arena. Estos elementos reflejan los rayos solares, y se suman a la radiación que incide directamente sobre la piel (nieve, 80 %; arena, 25 %). El agua actúa como una lente de aumento.
Cómo elegir el factor de protección solar
El factor de protección es el índice que indica el tiempo de exposición al sol sin riesgo de quemadura. Cuanto más alto sea el factor, más alta será la protección.
- Cada persona tiene unas necesidades diferentes según su tipo de piel, por lo que el índice de protección variará.
- Piel con trastornos, traumatizada o alterada por medicación sensibilizante: factor de protección total.
- Piel muy sensible al sol (siempre se enrojece intensamente y no se pigmenta): factor de protección muy alto (30 o más).
- Piel sensible (se quema fácilmente y no se pigmenta mucho): factor de protección alto (15-25).
- Piel normal (se enrojece moderadamente y se pigmenta de forma gradual): factor de protección medio (8-12).
P. ej.: Si podemos estar 20 minutos al sol sin quemarnos, con un factor de protección solar 8 tenemos una protección 8 veces superior.
Recomendaciones para la exposición solar en los niños durante el verano
- No exponer al sol a los niños menores de seis meses.
- Iniciar la exposición de manera progresiva en la temporada primavera-verano, con filtro del 25-30. Posteriormente, en pieles normales, puede pasarse al 15.
- Procurar evitar las horas de máxima irradiación solar (cuando la sombra que proyectamos es menor que nuestra altura).
- Utilizar gorra y camisetas.
- Evitar las colonias antes de la exposición solar, ya que pueden aparecer manchas en la piel.
- La nuca, las orejas, la nariz y los labios son zonas muy vulnerables. Si es necesario pueden utilizarse protectores labiales de factor elevado.
- Ante cualquier lesión de la piel que se desencadene a causa de la acción solar es aconsejable consultar con el médico.
- Aplicar el factor de protección en casa, de forma generosa, con la piel limpia y seca, 30 minutos antes de la exposición solar. Repetir cada 2 h.
- Ofrecer agua antes, durante y después de la exposición solar.
- Utilizar una loción hidratante tras la exposición solar.