Cuando las personas viven una pérdida, sea a causa de la muerte de una persona significativa o por cualquier otra causa, se desencadena un proceso de elaboración de la pérdida que se llama proceso de duelo, y que no es nada más que el modo que tienen el cuerpo y la mente para adaptarse a la pérdida. Es importante entender que se trata de un proceso normal y evolutivo.
El proceso de duelo se inicia con la toma de conciencia de la posible pérdida. Este hecho moviliza las emociones, que, a su vez, preparan al cuerpo para la acción, es decir, para expresar los sentimientos (de tristeza, rabia, impotencia, el llanto, etc.). La manifestación de los sentimientos es una acción necesaria para tener plena conciencia de la ausencia, de lo que ya no está. Y esta toma de conciencia de la ausencia, el contacto con la temida ausencia, es lo que permite finalizar el proceso: aceptar la nueva realidad.
Diferentes autores reconocidos internacionalmente por sus trabajos sobre las pérdidas y el duelo han descrito como se pueden sentir las personas, cuáles son las diferentes reacciones y sentimientos que manifiestan ante una pérdida significativa y cómo se evoluciona a través de la elaboración del proceso de duelo antes de la aceptación de la pérdida.
Olga Herrero y Concepción Poch (2003), psicólogas clínicas y psicoterapeutas, describen las siguientes características del proceso de duelo:
Es un proceso:
El duelo es un proceso que evoluciona a través del tiempo y del espacio, aunque cuando una persona vive una pérdida tiene la sensación de que el mundo se paraliza y que siempre se quedará así.
Es normal:
El proceso de duelo es algo que todo el mundo vive a lo largo de su vida como reacción a una pérdida significativa, aunque la forma de afrontarla puede ser diferente.
Es dinámico:
La persona experimenta y cambia a lo largo del tiempo con oscilaciones en el cambio de humor, en la sensación de malestar o bienestar. Esto implica que la persona que vive un proceso de duelo entra en situaciones que no son nada estables, sin que ello suponga que se hace un retroceso o que no se avanza en el proceso de duelo.
Depende del reconocimiento social:
Cuando una persona vive una pérdida, tanto ella como su entorno son los que reciben el impacto. La persona inicia un proceso individual pero también colectivo. Este proceso colectivo requiere el reconocimiento social explícito de la pérdida para poder elaborar el proceso de duelo con normalidad.
Es íntimo:
El componente individual que se desencadena en la situación de pérdida posibilita desarrollar reacciones propias y diferentes de las de otra persona que ha vivido una situación parecida, de manera que lo que se ha aprendido a lo largo de la vida y las propias creencias ante la muerte u otra pérdida influyen directamente en la elaboración del proceso.
Es social:
El proceso de duelo, a la vez, es social para poder compartir lo que es íntimo. Las pérdidas se manifiestan socialmente a través de los rituales establecidos en cada cultura. Sentirse acompañado en estos actos es una forma de recibir de los otros el soporte y la estima, lo cual ayuda en la elaboración del duelo.
Es activo:
La persona tiene y ha de tener un papel muy activo en la elaboración de la pérdida porque ha de tomar las decisiones que le permiten otorgar el significado de pérdida con todo lo que ello implica: la renuncia para ir reconduciendo el vacío que ha dejado la pérdida y poder seguir viviendo.
El objetivo principal en todo proceso de duelo es elaborar y resituar la pérdida en un tiempo razonable, de una manera adaptativa para prevenir o detectar, lo más pronto posible, un proceso de duelo complicado o disfuncional. Esto implica aceptar la pérdida, sufrir la pena y el dolor emocional y adaptarse al medio sin el objeto del duelo y reconducir la energía hacia otras relaciones u objetos significativos.
La duración de un proceso de duelo es variable y depende de cada persona y de su situación. Los expertos en el tema coinciden en situar la elaboración del duelo en un periodo comprendido entre uno y dos años cuando la pérdida es de una persona significativa, y en un periodo menor cuando el objeto del duelo es otro tipo de pérdida.