Alimentación en la infancia y en la adolescencia:

Descripción

Los alimentos proporcionan los nutrientes que permiten cubrir las necesidades del organismo.

Existen seis clases de nutrientes que el cuerpo necesita: los carbohidratos, las proteínas, las grasas, las vitaminas, los minerales y el agua. Es importante consumir diariamente esos seis nutrientes para construir y mantener una función corporal saludable. En el caso de los niños y los adolescentes, es imprescindible mantener una alimentación adecuada a las necesidades específicas de cada etapa de su desarrollo, para facilitar un óptimo crecimiento físico y mental, evitar que tengan carencias o desequilibrios nutricionales e iniciar la prevención de problemas de salud crónicos asociados a la alimentación en su vida adulta.

Ahora bien, el acto de comer, además de ser un proceso nutritivo, tiene importantes connotaciones de convivencia, proporciona placer, fomenta las relaciones afectivas y la identificación social, cultural y religiosa, y a la larga configura el comportamiento alimentario que puede repercutir en el estado de salud. De aquí la importancia de enseñar a los niños no sólo a comer, sino a comer de forma saludable.

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Evolución y breve historia

La historia de la alimentación está estrechamente relacionada con la evolución del hombre. Todos los seres vivos necesitan alimentarse para vivir. Los hábitos alimentarios del ser humano han ido variando para poder adaptarse al medio en el que se encontraba. El tipo de alimentos que el hombre ha tenido que comer para sobrevivir ha cambiado a lo largo del tiempo, porque se ha visto obligado a comer aquellos que tenía más próximos y eran más fáciles de conseguir con las pocas herramientas que tenía.

La enorme capacidad de adaptación del ser humano al medio y a las circunstancias hace que aparezcan diferentes modos de alimentarse en las distintas sociedades. Además, esto hace que los hábitos alimentarios de una población no sean estáticos sino adaptables a las lógicas variaciones de su entorno vital.

Del siglo XV a principios de XIX es cuando se fijan las principales costumbres alimentarias de la mayoría de los países europeos, costumbres que actualmente se conocen como cocina tradicional.

En estos siglos la alimentación era prácticamente la misma en España, Alemania, Inglaterra o Francia. El 60 % de la ración calórica de todos los europeos de clases bajas era la misma: pan y harinas de cereales. El pan se comía acompañado con muy poca cantidad de tocino, salazón, cebolla, ajo, aceite o cualquier otro producto que le diera un complemento de sabor o que disminuyera su sequedad. El pan que consumía el pueblo era siempre de aspecto negro o moreno, ya que para elaborarlo no se utilizaba trigo, sino otros cereales. Sin embargo, las clases aristocráticas tomaban el pan blanco de trigo.

El plato por excelencia de la mayor parte de las familias de la clase popular era la sopa y su acompañamiento: el cocido. Esta comida fue casi el único plato de la alimentación diaria desde la Edad Media hasta mediados del siglo XVIII.

El pueblo comía muy poca carne, generalmente sólo en fiestas señaladas o celebraciones familiares. La carne que más se utilizaba era la de ave o caza menor, seguida por la de cerdo, que era la preferida por la facilidad para conservarla.

Complementaban la dieta con el vino, la cerveza y, en algunas regiones europeas, la hidromiel (bebida alcohólica fermentada a base de miel y agua) y la sidra.

Los productos de huerta se consumían solamente en la estación en que se producían, y generalmente eran poco valorados.

A diferencia del pueblo, las clases altas basaban su alimentación en el consumo de carnes, cocinadas de diversas formas, y en la repostería. Durante el período que va desde el siglo XV hasta inicios del XIX, se produjeron importantes transformaciones en la mesa de las clases acomodadas, algunas de las cuales han pervivido hasta la actualidad. Los cambios que pueden considerarse más significativos son un refinamiento en la preparación y la presentación de los alimentos, la aparición de la mantequilla como grasa fundamental en la cocina de países del centro y el norte de Europa y, por último, la progresiva desaparición de las especias, tan presentes en la Edad Media, y su sustitución por nuevas formas de sazonar y salsear los alimentos.
Alimentación en la época actual en el Primer MundoA menudo se afirma que ha habido mayores cambios sociales y, en particular, mayores cambios en el modo de alimentarse de un país en los últimos 50 años que en todos los siglos anteriores.

Los avances socioeconómicos y los cambios técnicos que ha habido en todos los puntos de la cadena de producción de alimentos (agricultura, ganadería, producción, almacenamiento, venta…) han difundido y puesto al alcance de todos aparatos eléctricos, productos y modos de consumo impensables hace simplemente dos décadas. Sobre todo debido a la creciente mecanización.

Las sociedades modernas del Primer Mundo se caracterizan por la posesión, en sectores mayoritarios de la población, de más alimentos de los que pueden consumir, la generalización del consumo de sustancias químicamente puras, una mayor longevidad junto a una disminución de la mortalidad infantil, y el aumento de la mecanización, con la consiguiente disminución del trabajo físico y de las necesidades energéticas.

La forma de alimentarse en España ha variado sustancialmente. El hecho de disponer de una mayor oferta de alimentos, aunque mucho más transformados y procesados, en detrimento de los productos frescos sin elaborar, ha contribuido a este cambio, además de un mayor poder adquisitivo y de las transformaciones sociales. En conjunto se podría decir que la sociedad española consume en la actualidad gran cantidad de proteínas, ha disminuido el consumo de hidratos de carbono y ha aumentado de forma importante la ingesta de grasas.
Alimentación infantil Hasta los siglos XVIII y XIX, son muy escasas las referencias relacionadas con la alimentación de los niños. Cuanto más se retrocede en el pasado, más bajo es el nivel de un cuidado y una alimentación específicos para la infancia. Los niños estaban expuestos a una muerte violenta, el abandono, las enfermedades y la malnutrición. Hay muchos interrogantes sobre la evolución de la infancia en los diferentes países, culturas, clases sociales y familias. Sin embargo, se conocen los cambios de valores y comportamientos en cuanto a como se han criado los niños en la historia del mundo occidental.

Los primeros hechos objetivos datan de los períodos egipcio y grecorromano, en los que la base de la alimentación de los niños pequeños era la lactancia materna, proporcionada por la madre –como era común en las clases pobres– o por una nodriza –como era frecuente en las familias de clases sociales altas–. En estos casos el pequeño vivía en casa de la nodriza, quien también se encargaba de su educación hasta la pubertad, momento en el que volvía con su familia y pasaba a ser educado por un pedagogo.

En los casos en que no era posible la alimentación con leche humana, se recurría a la leche de vaca; las de cabra u oveja se reservaban para la preparación de remedios y medicamentos.

Tras la lactancia o en caso de que el destete fuese temprano, en las familias ricas se alimentaba a los niños con pan mojado en caldo de carne, o con papillas de harina, manteca y leche diluida. Sin las adecuadas condiciones higiénicas y de conservación, utilizar leche de vaca tenía más riesgos que ventajas, y más teniendo en cuenta que la leche no se hervía, ya que se pensaba que se destruían sus propiedades nutritivas, por eso las enfermedades digestivas eran frecuentes.

En el caso de las familias pobres, la alimentación de los niños incluía legumbres, queso, frutas y, en pocas ocasiones, leche, por lo que el riesgo de tener problemas digestivos era menor; sin embargo, tanto en uno como en otro caso la nutrición de los niños era deficiente, con la consecuencia de una elevada tasa de mortalidad neonatal e infantil.

Estas costumbres están presentes hasta finales del siglo XVIII y principios del XIX, cuando los poderes públicos comienzan a ocuparse de la infancia. Se reconocen las necesidades especiales de los niños, lo que hace evidente que no son adultos pequeños sino seres vulnerables en proceso de crecimiento y maduración. Se inicia una tendencia a la lactancia mixta, utilizando biberones de metal y más tarde de vidrio, ya que consideraban que la alimentación con leche materna exclusiva provocaba la pérdida de peso fisiológica del recién nacido en sus primeros días de vida, temían una sobrealimentación, ya que no se sabia la cantidad de leche ingerida cada vez que se mamaba, y consideraban que el destete era más fácil, porque el pequeño ya estaba acostumbrado al biberón.

En cuanto a la alimentación de los niños a partir de los dos años o de los adolescentes, no hay constancia de referencias específicas. Cuando acababa el período de lactancia y el pequeño podía masticar, su alimentación era igual a la de los adultos.

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Objetivos

La alimentación juega un papel muy importante durante la infancia y la adolescencia, no sólo para el crecimiento, la maduración y el mantenimiento del estado de salud adecuado, sino porque es cuando hay que establecer unos hábitos alimentarios correctos que permanecerán toda la vida. Por tanto, la alimentación en estas etapas debe responder a cuatro objetivos: 
  • Aporte adecuado de energía y nutrientes para un crecimiento y desarrollo óptimos. 
  • Evitar desequilibrios entre los distintos nutrientes. 
  • Fomentar hábitos alimentarios saludables. 
  • Prevenir patologías del adulto con base nutricional.
  
Si se quiere que los niños y adolescentes, al llegar a la edad adulta, tengan hábitos alimentarios saludables, propios de su cultura e influidos por sus propios gustos, se les debe ofrecer todo tipo de alimentos. En la infancia y la adolescencia se conocen los alimentos y sus diferentes combinaciones a través de la gastronomía que se practica en la familia y las experiencias sociales (comidas con amigos, comedor escolar, etc.), de forma que el niño irá mostrando sus preferencias. Es difícil que un niño aprenda a comer bien si no ha entrado en contacto con una gran variedad de productos. Por eso, igual que se transmiten pautas de higiene personal, debe educarse al niño en alimentación y nutrición.

Alimentación saludable / recomendaciones
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Recomendaciones generales

Para proporcionar una alimentación correcta desde los primeros años y sentar unas bases nutricionales saludables para el resto de la vida del niño, se recomienda:

  • Proporcionar una alimentación suficiente. El niño debe comer la cantidad adecuada para cubrir sus necesidades de acuerdo con su edad biológica y su actividad física. Se aconseja repartir el consumo de alimentos en cinco comidas al día: tres comidas principales (desayuno, almuerzo y cena) y una o dos ligeras (a media mañana y en la merienda). En estas últimas deben darse pequeñas cantidades, aprovechando para ofrecer frutas y lácteos, de forma que el pequeño no pierda el apetito para la comida o la cena.
       
  • La alimentación debe ser variada. La mejor prevención de déficits o excesos nutricionales es ofrecer alimentos de todos los grupos básicos. Es aconsejable enseñar al niño a comer de todo sin abusar de nada, de esta forma se asegura una correcta nutrición y se educa el paladar del pequeño, quien aceptará mejor los alimentos nuevos.
     
  • Favorecer el consumo de productos lácteos (leche, queso, yogur, etc.), para cubrir las necesidades de calcio, favorecer la mineralización ósea y ayudar a evitar la osteoporosis en la vida adulta.
     
  • Fomentar el consumo de verduras, frutas, hortalizas, pan, cereales y legumbres. En conjunto, estos alimentos aportan pocas calorías, son ricos en micronutrientes y proporcionan fibra, que regula el tránsito intestinal y previene problemas de estreñimiento.
     
  • Evitar el consumo excesivo de alimentos grasos. Hay que desgrasar las salsas y los caldos, retirar la piel del pollo o la grasa visible de las carnes, consumir más pescado que carne, sustituir la bollería industrial por otros productos de elaboración casera y limitar el consumo de huevos a tres por semana. Es aconsejable ofrecer los alimentos preparados a la plancha, al vapor o asados, y reducir los fritos y empanados, que elevan la cantidad de grasas y añaden carbohidratos al plato. Las grasas recomendadas son las de origen vegetal, aceite de oliva (preferible), de maíz o girasol, y hay que limitar las grasas de origen animal como mantequilla o manteca.
     
  • Limitar los alimentos con exceso de azúcar o sal (dulces, chucherías, snacks, etc.), que tienen un alto contenido calórico pero poco valor nutritivo, por lo que restringirlos no supone una carencia nutricional. No es aconsejable ofrecerlos en sustitución del desayuno o la merienda porque suelen provocar saciedad, cosa que provoca que el pequeño no coma correctamente en las comidas principales.
     
  • Evitar consumir en exceso alimentos precocinados, salsas industriales o comida rápida. Es aconsejable acostumbrar al niño a sabores naturales, utilizando productos de temporada, en especial en cuanto a frutas y verduras. Se recomienda potenciar los guisos de cuchara como primer plato para que los productos vegetales tengan una presencia determinante en la dieta habitual.
     
  • Alimentación regular. Es necesario que el niño siga un orden en el horario de sus comidas para evitar que caiga en el hábito de picar entre horas. Es importante evitar que se salte alguna de las comidas principales (por ejemplo, la cena).
     
  • Las bebidas recomendadas son el agua, los zumos naturales y la leche. Deben limitarse los refrescos, las bebidas gaseosas y los zumos comerciales por su alto contenido en azúcares y aditivos. El alcohol está absolutamente desaconsejado.
     
  • Es importante dar ejemplo, porque los niños imitan lo que ven. Es un error forzar al pequeño a comer alimentos que a los padres no les gustan o no forman parte de su alimentación habitual, porque el pequeño no los aceptará. La planificación de las comidas debe hacerse en función de los hábitos dietéticos, las costumbres y la organización de la familia. Es importante realizar alguna de las comidas principales en familia, de forma que el pequeño asocie la comida con un ambiente relajado y agradable, donde compartir las experiencias diarias con los suyos.

 

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Última modificación: 16/12/2009
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