Tabaquismo:

Estructura y función del cuerpo humano

La persona, hombre o mujer, de cualquier edad o condición, es un ser multidimensional integrado, único y singular, de necesidades características, y capaz de actuar deliberadamente para alcanzar las metas que se propone, asumir la responsabilidad de su propia vida y de su propio bienestar, y relacionarse consigo mismo y con su ambiente en la dirección que ha escogido.

La idea de ser multidimensional integrado incluye las dimensiones biológica, psicológica, social y espiritual, todas las cuales experimentan procesos de desarrollo, y se influencian mutuamente. Cada una de las dimensiones en que se describe a la persona se encuentra en relación permanente y simultánea con las otras, formando un todo en el cual ninguna de las cuatro se puede reducir o subordinar a otra, ni puede ser contemplada de forma aislada. Por consiguiente, ante cualquier situación, la persona responde como un todo con una afectación variable de sus cuatro dimensiones. Cada dimensión comporta una serie de procesos, algunos de los cuales son automáticos o inconscientes y otros, por el contrario, son controlados o intencionados.

Teniendo siempre en mente este concepto de persona, y sólo con fines didácticos, pueden estudiarse aisladamente las modificaciones o las alteraciones de algunos de los procesos de la dimensión biofisiológica (estructura y función del cuerpo humano) en diversas situaciones. En el caso del tabaquismo, los procesos más directamente afectados tienen relación con todos los sistemas.

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Tabaquismo en función de la situación de vida

1. Según la etapa del ciclo vital

El tabaco es una droga que afecta a la salud de la persona en todas las etapas de vida. Sin embargo, las consideraciones que deben tenerse cuenta en cada etapa de la vida son diferentes. No obstante, siempre deben promoverse hábitos saludables, entre los cuales cabe destacar la prevención del tabaquismo entre los no fumadores y el cese entre los fumadores.

1. El tabaquismo en la infancia

La experimentación del consumo del tabaco se produce en edades cada vez más tempranas. En España, se prueba por primera vez hacia los 13 años, pero hay niños que fuman su primer cigarrillo a los 9 años. Por este motivo, hay que hablar con los niños sobre el tabaquismo desde muy pequeños, y aumentar progresivamente la información en función del crecimiento y desarrollo.

Consejos para los padres y madres y educadores sobre cómo tratar el tabaquismo 
  • Hay que hablar directamente con los niños sobre los riesgos del tabaco. 
  • Es importante averiguar si los amigos fuman. Hay que mostrar a los niños las diferentes maneras para decir que no al tabaco. 
  • Deben comentarse las ventajas de los niños que no fuman: dientes blancos, buen olor corporal, ausencia de halitosis, mayor resistencia y capacidad para el deporte, etc.
  • Hay que hablar con los niños sobre la falsa imagen positiva del tabaco en los anuncios comerciales, en la calle, en las películas, etc. 
  • Si hay alguna persona próxima enferma a causa del tabaco, hay que hablar con el niño sobre la enfermedad y sobre la relación con el consumo de tabaco. 
  • Si el padre o la madre fuman, pueden influir a los niños sobre su imagen del tabaco. La mejor opción es dejar de fumar o, en todo caso, no fumar delante de los niños, ni dejar el tabaco en lugares donde puedan cogerlo. 
  • Deben evitarse los espacios cargados de humo de tabaco, como algunos restaurantes y bares. 
  • Es necesario que no haya humo ambiental de tabaco ni en casa ni en los centros educativos y de ocio que el niño frecuente.

Factores que favorecen el consumo de tabaco 
  • El ambiente familiar. Tiene mucha importancia el hecho que los padres o los hermanos mayores fumen. 
  • La presión de grupo de los compañeros. 
  • La publicidad y las imágenes que muestran los medios de comunicación sobre el tabaco.

Los niños fumadores pasivos

Los niños que conviven con fumadores o frecuentan sitios para fumadores son fumadores pasivos.

El humo ambiental del tabaco que un fumador pasivo respira tiene efectos sobre la salud. Con respecto a los niños, se ha relacionado con: 
  • Aumento de las enfermedades respiratorias. El 38 % de los hijos de padres fumadores tienen bronquitis y neumonía de los seis a los nueve meses de edad. Y los niños de más de cinco años tienen más probabilidades de sufrir estas enfermedades, además de faringitis y sinusitis. Inhalar pasivamente el humo de cinco cigarrillos aumenta el riesgo de enfermedades de las vías aéreas del 2,5 a 3,5 %. 
  • Aumento de las infecciones de oído. 
  • Asma y frecuentes recidivas de crisis. 
  • Aumento de los casos de muerte súbita. 
  • Cánceres, durante la infancia y la adultez.
 
Infancia

2. El tabaquismo en la adolescencia

En España, actualmente, el número de jóvenes que fuma disminuye tanto en mujeres como en hombres. En torno al 35-40% de los jóvenes de 15 a 24 años son fumadores, diarios u ocasionales. Sin embargo, las tasas de adolescentes fumadores todavía son más altas que las de los adultos.

Cada día más de 4.000 adolescentes prueban su primer cigarrillo y 2.000 se convierten en fumadores habituales. La mayoría de los jóvenes empiezan a fumar antes de los 18 años, y, en España, la media está en torno a los 13 años. Estos nuevos fumadores son los que la industria tabacalera llama fumadores de reemplazo, porque sustituyen los que desaparecen, o bien porque han muerto o bien porque han abandonado el consumo.

La mayoría de jóvenes que fuman regularmente son adictos a la nicotina y sufren la misma adición que los fumadores adultos. A la mayoría, les gustaría dejar de fumar pero continúan consumiendo tabaco durante más tiempo del que desearían. 

Adolescencia

3. El tabaquismo en la adultez

En Cataluña, fuma el 29,4 % de la población de más de 15 años y un 34,1 % de las personas de 15 a 64 años. Estos datos demuestran una disminución progresiva del consumo de tabaco desde principios de los años 80, en los que la prevalencia (número de casos activos de una condición, situación o patología determinadas) era del 37,9 %; actualmente, el consumo ha bajado unos 3,8 puntos. Por sexos, los hombres catalanes de 15 a 64 años, en los últimos 24 años, han reducido el consumo de tabaco y, hoy día, fuma el 37,9 % de los hombres, cuando en 1982 lo hacía el 58,3 %. Con respecto a las mujeres, el consumo ha aumentado y actualmente el 30,1 % de las mujeres catalanas de 15 a 64 años fuma, cuando en 1982 fumaba el 20%. Según el grupo social, actualmente los grupos que presentan un índice de tabaquismo más alto son los hombres de clase trabajadora y las mujeres de clase media-alta.

Entre los adultos, aumenta el número de personas que desean dejar de fumar y que lo consiguen. Actualmente el 19,7 % de la población de más de 15 años es exfumadora y el 50,9 %, no fumadora.

La mayoría de los fumadores adultos empezó a fumar diariamente a los 17 años aproximadamente y consumen unos 15 cigarrillos diarios, los hombres, y 12, las mujeres. Aproximadamente, el 70% de los fumadores se ha planteado dejar de fumar alguna vez. 

Adultez 

4. El tabaquismo en la vejez
 
La prevalencia de fumadores entre los mayores de 65 años es menor que entre los adultos y los jóvenes. Según datos de la Agencia de Salud Pública de Barcelona, el año 2000, fumaba el 23,3 % de los hombres y el 2,2, % de las mujeres de más de 65 años.

Entre la gente mayor, hay una diferencia importante entre hombres y mujeres con respecto al consumo por sexos. El motivo es que en el momento de iniciación al consumo, la adolescencia, fumaban muy pocas mujeres.

Más de la mitad de los hombres de más de 65 años han sido fumadores diarios, pero muchos han abandonado el consumo a lo largo de su trayectoria vital.

Las personas que hace muchos años que fuman quizás piensen que no vale la pena abandonar el hábito, porque ya no obtendrán ningún beneficio. Pero dejar de fumar, en personas de edad avanzada, sanas o con patología, tiene muchos beneficios: 
  • Aumenta la circulación sanguínea, principalmente en las extremidades inferiores. 
  • Aumenta la capacidad pulmonar, lo que incrementa el rendimiento físico. En consecuencia, la persona se cansa menos, sobre todo cuándo realiza pequeños esfuerzos (subir escaleras, pasear, etc.). 
  • Es un buen ejemplo para los jóvenes (hijos, nietos, etc.). 
  • Disminuyen los riesgos de sufrir accidentes, principalmente, incendios domésticos (en la cama o en el sofá), accidentes de tráfico, etc. 
  • Aumenta la libertad, porque ya no se depende de una sustancia. 
  • Se ahorra dinero, que se puede destinar a otras cosas.

Nunca es demasiado tarde para dejar de fumar. No hay ningún consumo seguro de tabaco, por muy reducido que sea. 

Vejez
2. El tabaquismo en el embarazoLas mujeres fumadoras al inicio del embarazo son un problema de salud pública de primera instancia, especialmente en el sur de Europa. Si no se llevan a cabo intervenciones específicas, el 60 % de las mujeres embarazadas fumadoras no abandonan el consumo de tabaco y, en consecuencia, el 23,9 % de las mujeres continúan fumando hasta el final del embarazo.

Un número elevado de estudios han demostrado, de forma contundente, la relación entre el tabaco y una serie de problemas durante la gestación, entre los cuales destacan: 
  • Embarazos extrauterinos (embarazos que se forman fuera del útero) y abortos espontáneos durante el primer semestre. 
  • Parto prematuro. 
  • Riesgo de complicaciones durante el parto.

Fumar durante el embarazo también tiene efectos en la salud del feto: 
  • Aumenta tres veces la probabilidad de bajo peso al nacer (menos de 2.500 g). 
  • Aumenta las probabilidades de parto prematuro (antes de la semana 32). 
  • Aumenta el riesgo de malformaciones fetales. 
  • Provoca cambios en algunos cromosomas fetales.

Además, fumar también afecta a la salud del bebé: 
  • Provoca retrasos en la maduración y el crecimiento neonatal. 
  • Los bebés de madres fumadoras durante el embarazo tienen más probabilidades de morir durante el primer mes de vida. 
  • Los bebés de madres fumadoras durante el embarazo tienen más probabilidades de sufrir el síndrome de la muerte súbita durante el primer año de vida. 
  • Los bebés de madres fumadoras tienen más probabilidades de desarrollar asma y disfunciones pulmonares, así como más probabilidades de tener comportamientos hipercinéticos.

Para las mujeres, la gestación es un momento especial, y acostumbran a estar sensibles y motivadas para dejar de fumar, ya que no sólo están preocupadas por su salud, sino también por la salud del feto.

Debe tenerse en cuenta que: 
  • Dejar de fumar durante las primeras 16 semanas de embarazo equipara la salud de los bebés de madres fumadoras y de los bebés de madres no fumadoras. 
  • Dejar de fumar durante el segundo y tercer trimestre disminuye el riesgo de bajo peso y prematuridad. 
  • Disminuir el consumo de tabaco o fumar cigarrillos bajos en nicotina y alquitrán no tiene efectos beneficiosos sobre la salud de la embarazada, del feto y del bebé.

Se recomienda abandonar el consumo del tabaco antes de planear tener un hijo. Si la mujer ya está embarazada, es recomendable que abandone el consumo lo antes posible, ya que no hay un consumo mínimo seguro para la mujer y el bebé. Se recomienda consultar con la enfermera o la comadrona el consumo de tabaco y planear una estrategia para abandonar el hábito, teniendo en cuenta todos los factores implicados (como la medicación, si se consideran los efectos derivados de la terapia sustitutiva de la nicotina). 

Embarazo
3. Tener un problema de salud crónico Las personas fumadoras que tienen enfermedades como la diabetes, la hipercolesterolemia, enfermedades cardiovasculares (angina de pecho, hipertensión arterial, trombosis, arritmias), enfermedades del sistema respiratorio (enfermedad obstructiva crónica, enfisema, bronquitis, asma) o cualquier tipo de cáncer, tienen más motivos para dejar de fumar, porque su control, la recuperación y el cuidado están estrechamente relacionados con el consumo de tabaco.

Cuando la persona presenta un problema de salud crónico, a menudo el equipo de salud recomienda explícitamente dejar de fumar. Estas situaciones deben aprovecharse para abandonar definitivamente el consumo de tabaco.
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Tabaquismo y problemas de salud relacionados

El consumo de tabaco es el principal problema de salud pública de los países desarrollados. El tabaquismo está relacionado con más de veinticinco enfermedades. Muchos estudios científicos han puesto en evidencia los efectos nocivos del tabaco y la mortalidad que provoca.

En España cada año mueren unas 54.200 personas; el 15,5 % de la mortalidad anual se debe al consumo del tabaco.
1. Enfermedades asociadas directamente al tabaquismoCáncer. Principalmente, se relacionan con el tabaquismo el cáncer de pulmón, de laringe, de orofaringe, de esófago, de estómago, de páncreas, de hígado, de colon, de riñón, de vejiga, de mama, del aparato genital y del sistema linfático.

El 90% de los casos de cáncer de pulmón están relacionados con el tabaco. Además, se ha observado que hay una relación entre el riesgo de sufrir la enfermedad y el número de cigarrillos fumados. También se ha observado que dejar de fumar desciende, de forma progresiva, el riesgo de desarrollar un cáncer de pulmón, de manera que, 15 años después de haber abandonado el hábito, el riesgo se reduce en un 80-90 %.

El cáncer de laringe también está muy relacionado con el tabaco, el 83% de las neoplasias de este tipo están relacionadas directamente con el tabaquismo.

Enfermedad cardiovascular. El 20 % de muertes secundarias a enfermedad cardiovascular se pueden atribuir al tabaco. Fumar dobla el riesgo de sufrir una enfermedad coronaria y multiplica por cuatro el riesgo de sufrir una enfermedad cerebrovascular. Las sustancias del humo del cigarrillo que presentan efectos adversos son la nicotina y el monóxido de carbono.

La nicotina tiene un potente efecto vasoconstrictor, es decir, reduce el diámetro de los vasos y, por tanto, la cantidad de sangre que circula y que debe llegar a los tejidos del cuerpo. Por otra parte, la hemoglobina, responsable de conducir el oxígeno hasta las células, tiene más afinidad con el monóxido de carbono que con el oxígeno. Así, pues, no sólo llega menos sangre a las células del organismo, sino que la sangre que llega contiene menos oxígeno.

Enfermedades respiratorias no tumorales. El humo del cigarrillo es el principal causante de la sintomatología respiratoria, ya que altera la estructura pulmonar de las vías aéreas, de los alvéolos y de los capilares. Además, afecta a los mecanismos de defensa pulmonar, ya que deteriora su funcionamiento, y produce un aumento de las secreciones respiratorias. Todos estos cambios producen síntomas respiratorios inespecíficos como la tos, la expectoración, la disnea y las sibilancias (ruido agudo que se produce al respirar).

La Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC) es la que tiene mayor prevalencia e impacto socioeconómico de todas las enfermedades respiratorias. Se caracteriza por la obstrucción crónica y poco reversible del flujo aéreo, causada, principalmente, por una reacción inflamatoria al humo del tabaco. Otras enfermedades respiratorias relacionadas son las infecciones virales y bacterianas, la tuberculosis, la hemorragia pulmonar, el neumotórax espontáneo, etc.

La apnea del sueño también está relacionada con el tabaquismo; es la interrupción de la respiración durante el periodo del sueño. Hay una relación entre el número de cigarrillos fumados y la gravedad de la enfermedad.

Enfermedades dentales y periodontales. En el fumador son habituales los cambios en la coloración de los dientes y la halitosis. Muchos estudios han demostrado que los fumadores tienen más caries, infecciones bacterianas y de hongos bucales, como la candidiasis.

Enfermedades específicas de la mujer. El tabaquismo produce en las mujeres un aumento de las probabilidades de cáncer de mama y cáncer de cérvix. Hay estudios que han relacionado el consumo de tabaco con la menopausia temprana y la osteoporosis, que debilita los huesos y aumenta el riesgo de fracturas después de la menopausia. Además, las mujeres fumadoras que utilizan contraceptivos orales presentan un mayor riesgo de sufrir una enfermedad cardiovascular.
2. Efectos nocivos del humo ambiental del tabaco (HAT)El humo ambiental del tabaco (HAT) provoca enfermedades graves a las personas no fumadoras que involuntariamente respiran este aire. Se ha estimado que no hay un nivel mínimo seguro de HAD y que ningún sistema de ventilación lo elimina. La única medida eficaz para no perjudicar a los no fumadores es no fumar en su presencia. Hay casos de personas no fumadoras que han convivido o trabajado con fumadores y que han sufrido un cáncer de pulmón. También se ha demostrado que los hijos de padres fumadores tienen más problemas respiratorios (sobre todo asma y bronquitis) e infecciones en la oreja media que los hijos de los no fumadores. Por otra parte, la influencia familiar es otro factor que predispone a los niños a iniciarse en el consumo de tabaco; así, los niños con padres o hermanos mayores fumadores tienen más probabilidades de fumar. Por eso, es necesario respetar los espacios libres de humo y proveer a los no fumadores de un ambiente de trabajo, de ocio o social sin tabaco.
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Dejar de fumar

Dejar de fumar es posible y cada año miles de personas lo consiguen con diferentes métodos y estrategias.

Dejar de fumar es más fácil para las personas que hace menos tiempo que fuman, parar las personas que fuman pocos cigarrillos o para las que tienen muchas ganas de hacerlo.
1. Consideraciones generalesLas personas fumadoras a menudo se plantean su consumo y comparan los motivos que las movieron a empezar a fumar y los motivos que las mueven ahora, y, normalmente, no son los mismos.

Estas diferencias acostumbran a ser uno de los desencadenantes del planteamiento del hábito de consumo.

Los motivos que argumentan las personas que quieren dejar de fumar suelen ser los siguientes:
  • Para mejorar la salud: para respirar mejor, para fatigarse menos, para dejar de toser, para vivir mejor, para reducir el riesgo de sufrir un infarto, una embolia o un cáncer, y para respetar el derecho a la salud de las personas con quien se convive .
  • Para mejorar la calidad de vida: para eliminar la halitosis, para no ensuciar la ropa y el pelo con el olor del tabaco, para poder dar besos que no huelan a cenicero, para disfrutar de aire fresco en casa y en el coche, para gastar el dinero en otras cosas más gratificantes, para no tener que pintar a menudo las paredes de casa, etc. 
  • Para la autoestima y para la gente del entorno: para liberarse del hecho de llevar tabaco y fuego a todas partes, para evitar el envejecimiento de la piel, para recuperar el aspecto del cutis y para ser un buen ejemplo para los otros.

Aparte de los motivos personales, sociales y económicos por los cuales cada fumador mantiene o no el consumo, hay argumentos relacionados con la salud que demuestran que hay beneficios para la persona, a corto y a largo plazo, si se deja de fumar.

Dejar de fumar es una decisión personal que hay que madurar personalmente y que requiere valorar los motivos por los cuales una persona desea dejar el tabaco o quiere mantener el consumo. Sin embargo, hay circunstancias vitales que favorecen el cambio, por ejemplo: 
  • Estar enfermo o haber estado enfermo. 
  • Tener diabetes. 
  • Haber estado ingresado en un hospital. 
  • Estar embarazada o esperar un hijo. 
  • Tener hijos y querer que ellos no fumen.

Las personas que planifican cómo dejar el tabaco o buscan ayuda terapéutica tienen más éxito. Hoy día, hay diferentes terapias psicoconductuales y farmacológicas que ayudan a los fumadores a abandonar el tabaco.
2. Beneficios de dejar de fumar
  • A los veinte minutos. Disminuye la frecuencia cardiaca, la tensión arterial y la vasoconstricción sanguínea, de manera que las manos y los pies están más oxigenados y con una mejor temperatura. 
  • A las ocho horas. Se normaliza el nivel de monóxido de carbono. 
  • A las 24-72 horas. Mejora la capacidad de percibir olores y sabores. Respirar es más fácil y aumenta el nivel de energía. 
  • A las dos o tres semanas. Mejora la circulación de la sangre. 
  • A los ocho o nueve meses. Mejoran los problemas relacionados con la tos, las dificultades respiratorias y la ronquera. 
  • Al año. El riesgo de sufrir un ataque cardiaco se reduce a la mitad. 
  • A los cinco años. Disminuye el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares hasta índices de personas no fumadoras. 
  • A los diez o quince años. El riesgo de sufrir cáncer de pulmón es similar al de cualquier persona que nunca haya fumado. 
  • Desde el momento en que se deja de fumar, hay menos resfriados y molestias en la garganta. 
  • Disminuye el riesgo de trombosis o embolias cerebrales y hay menos probabilidades de sufrir un cáncer.

3. Iniciar el proceso de dejar de fumar
Antes de dejar de fumar, es recomendable diseñar un plan que permita anticipar estrategias para afrontar las posibles dificultades. Entre las primeras acciones que hay que hacer antes de dejar de fumar destacan: 

  1. Explorar qué proporciona el consumo de tabaco y qué aspectos del día a día se relacionan con él. Con el fin de descubrir-lo se puede hacer una lista de atributos positivos y negativos de lo que el tabaco proporciona, mirando que haya el mismo número de cualidades en cada columna. 
  2. Evaluar personalmente qué se gana y qué se pierde si se deja de fumar. Se puede detectar haciendo una lista de pros y contras. 
  3. Saber en qué consiste la dependencia individual al tabaco. Para ello se dispone de un test de la dependencia a la nicotina (Fagerström), que indica si la dependencia a la sustancia es alta, media o baja


    Ver tabla: test Fagerström 

         
  4. Evaluar los momentos y el contexto en que se consume el tabaco. Para hacerlo, se puede apuntar en una libreta durante dos o tres días cada cigarrillo que se fuma y consignar el momento del día, lo que se está haciendo en aquel momento y si era muy o poco necesario. De esta manera se averiguará cuándo y para qué se fuman muchos cigarrillos. 
  5. Saber cómo se puede superar la dependencia. Las personas que empiezan a fumar van incorporando el tabaco en los hábitos diarios, y la adquisición de fumar se consolida como una rutina más de la vida. Eso, junto con el poder adictivo de la nicotina, hace que el fumador genere dependencia en el tabaco. Si se fuman más de 20 cigarrillos al día o se ha intentado dejar de fumar previamente, se pueden consultar los recursos sanitarios más próximos, como la enfermera del centro de atención primaria o el teléfono de Sanitat Respon, y valorar el uso de alguna ayuda farmacológica (sustitutos de nicotina y otros fármacos para dejar de fumar). 
  6. Planificar cómo librarse de la dependencia al tabaco, empezando antes del día D o día escogido para dejar de fumar.
        1. Antes del día D 
            1. Fijar, con un mes de antelación, el día para dejar de fumar. Éste será el día D. Conviene escoger un día de la semana con poca tensión y procurar que no coincida con acontecimientos extraordinarios. Este día debe considerarse inaplazable ante cualquier circunstancia. Es importante comunicar al entorno familiar, social, etc., que a partir de esta fecha se ha decidido dejar de fumar, y pedir apoyo. 
            2. Desmitificar el tabaco. Si se han identificado los motivos por los cuales se continúa fumando, hay que valorar qué supone (una carga, una adición, etc.). 
            3. Planificar cambios en la rutina. A menudo, el fumador integra los cigarrillos en su conducta diaria. Los fumadores suelen encender un cigarrillo hablando por teléfono, tomando un café, mirando la televisión, conduciendo, etc. Para conseguir ser un no fumador es necesario que se planifiquen con tiempo las nuevas conductas que se adoptarán en las situaciones concretas en las cuales se acostumbraba a fumar, porque se convertirán en un peligro cuando se haya dejado este hábito. 
            4. Evaluar las causas de un anterior fracaso. Si se ha intentado sin éxito dejar de fumar seriamente en otra ocasión, debe evaluarse la recaída (en qué situación se produjo y cómo podría haberse evitado) e intentar prever qué se haría, sin cigarrillos, en las mismas circunstancias. Se recomienda pedir a las personas próximas (familia, amigos y compañeros de trabajo) que, a partir del día D, no ofrezcan tabaco si son fumadores, que eviten fumar en presencia del exfumador y que no le dejen fumar. 
            5. Valorar la posibilidad de combinar un plan personalizado con la ayuda farmacológica eficaz para conseguir el propósito de dejar el tabaco. 
            6. Recompensarse con alguna compra o concediéndose algún capricho (un masaje, un viaje, una cena... ) cuándo se haya conseguido un hito que se preveía muy difícil, como pasar un día, una semana, un mes, tres meses o seis meses sin fumar. 
            7. Quince días previos al día D, se recomienda: 
              1. No fumar automáticamente. Antes de encender un cigarrillo, conviene reflexionar un instante y pensar si de veras es necesario en aquel momento o si se puede prescindir. 
              2. Registrar todos los cigarrillos que se fuman durante tres días, y anotar en qué circunstancias y con qué grado de motivación. 
              3. Alejar posibles tentaciones, evitando tener tabaco cerca, tirando ceniceros, mecheros o cualquier objeto relacionado con el tabaco. 
              4. Reducir el consumo del tabaco. 
              5. Cambiar de marca y de tipo de tabaco. 
              6. Disminuir el consumo de alcohol y de café. 
              7. Identificar situaciones de riesgo y buscar alternativas. 
              8. Llevar en un papel la lista de razones para dejar de fumar con el fin de tenerlo siempre a mano. Leerlas puede ayudar en momentos de tentación. 
              9. Planear un día D tranquilo, sin saturar la agenda, e incluyendo alguna actividad agradable (tomar un baño, hacer deporte, hacer una cena diferente...).
                  
        2. El día D
            1. Levantarse más temprano y pensar que se pasará el día sin fumar. 
            2. Cambiar la rutina por unos días: 
              1. andar o conducir por un recorrido diferente; 
              2. llenar el tiempo libre con alguna afición: es un buen momento para empezar un proyecto o un hobby nuevo, o para recuperar alguno que se había abandonado; 
              3. hacer inspiraciones profundas de aire fresco. 
            3. Empezar el día utilizando los pulmones. Hacer un poco de deporte, realizando inspiraciones profundas. 
            4. Ducharse con agua caliente y acabar con agua fría. Eso ayuda a relajarse. 
            5. Evitar, durante un tiempo, las bebidas alcohólicas, el café y cualquier otra bebida asociada al consumo de tabaco. 
            6. Lavarse los dientes enseguida después de comer y hacer alguna actividad. Es un buen momento para empezar a practicar un nuevo deporte. 
            7. Procurar evitar los sitios o las situaciones en que se acostumbraba a fumar o comprar cigarrillos.
               
        3. Los días posteriores al día D
            1. Marcar en un calendario o en una agenda personal cada día que se pasa sin fumar. Mirarlo cada mañana y decidir empezar otro día sin tabaco. Concederse un premio por una jornada más libre de cigarrillos. 
            2. Controlar las situaciones potencialmente peligrosas. Un único cigarrillo puede tirar por el suelo el trabajo de mucho tiempo y provocar una recaída. En este sentido, deben evitarse o controlar situaciones como fiestas o celebraciones, reuniones sociales o comidas fuera de casa, y bebidas como el alcohol, el café y cualquier otra que se acostumbraba a acompañar con tabaco. Si el deseo de fumar es muy fuerte, deben planificarse estrategias que permitan afrontar la urgencia de fumar, como: 
              1. relajarse haciendo inspiraciones profundas; 
              2. mirar el reloj y esperar que pase medio minuto; 
              3. beber un vaso de agua o de un zumo de fruta; 
              4. picar alguna cosa, si puede ser, de pocas calorías, para tener en la boca o para masticar; 
              5. pensar que los momentos malos serán cada vez menos intensos y se presentarán más espaciadamente.


4. Controlar el síndrome de abstinencia a la nicotina Una de las razones por las cuales las personas vuelven a fumar es porque no saben qué hacer cuando aparecen los síntomas de abstinencia en la nicotina. La persona que deja de fumar se encuentra diferente sin los efectos de la nicotina y sin la compañía del cigarrillo. Esta debe superarse con la determinación y la fuerza de voluntad. Si se presenta el síndrome de abstinencia, tanto físico como mental, puede servir de ayuda revisar las razones iniciales para dejar de fumar.

Los síntomas desagradables de la abstinencia de la nicotina son temporales. Durante los tres primeros días son más intensos, pero acostumbran a desaparecer en las primeras semanas. Es importante tener en cuenta que una de las manifestaciones principales del síndrome de abstinencia es el aumento de la irritabilidad. El cuadro siguiente recoge los síntomas que conviene conocer. No obstante, hay que tener en cuenta que, como cada fumador es diferente, presenta una sintomatología diferente.

Ver tabla: síndrome de abstinencia en la nicotina


Las personas que piden consejo y recurren a alguna terapia para dejar de fumar tienen menos malestar y consiguen más fácilmente dejar el tabaco.


1. Terapia para dejar de fumar


Hay tratamientos farmacológicos que ayudan a mitigar el síndrome de abstinencia de los fumadores en proceso de deshabituación, pero ningún fármaco es eficiente si no hay voluntad y determinación para abandonar el tabaco. Los fármacos actúan contra los síntomas físicos de la abstinencia, de manera que ayudan a concentrarse a romper los hábitos sociales y psicológicos relacionados con el consumo de tabaco. Hay dos tipos de fármacos: los que son sustitutivos de la nicotina y los que no son sustitutivos de la nicotina.

Los sustitutivos de la nicotina

Según estudios científicos, la terapia de sustitución de nicotina (TSN) representa, para las personas que quieren dejar el tabaco, doblar las perspectivas de éxito. La TSN se puede encontrar en diversos formatos, ninguno de los cuales se ha podido demostrar más eficaz que los otros. Estas terapias pueden ayudar a dejar de fumar, pero no tienen un efecto milagroso. Reducen el síndrome de abstinencia de la nicotina mientras se reconstruye una nueva vida sin fumar. Representan el mejor aliado, pero será la fuerza de voluntad la que determine el éxito.

Las TSN, aunque se valgan de productos que desprenden nicotina, lo hacen de una manera más segura y menos adictiva que los cigarrillos. Al contrario que el humo del tabaco, éstos sustitutivos no contienen alquitrán ni monóxido de carbono: sólo llevan nicotina, que, por sí sola, no causa cáncer ni otras enfermedades asociadas al tabaquismo. A no ser que no estén contraindicadas específicamente, las TSN pueden ser utilizadas por todos los fumadores mayores de 18 años.

La elección del producto de TSN es una opción personal y práctica. El parche de nicotina es el más discreto, pero hay otros que permiten más control personal sobre la dosis y el tiempo que la sustancia tarda a desprenderse. Todas las TSN se pueden adquirir en la farmacia sin prescripción médica. Sin embargo, es recomendable consultar a la enfermera experta. 

  • El parche de nicotina se pone en la piel cada día. Se presenta en formatos para 16 o 24 horas. Se pone en una zona lisa del cuerpo, con poco vello. Se recomienda no aplicarlo sobre la misma zona hasta después de cinco días para evitar erupciones cutáneas. Se recomienda utilizarlo durante 12 semanas. Si se consumían más de 10 cigarrillos al día, harán falta los parches de dosis altas durante las ocho primeras semanas y los de dosis más bajas las cuatro semanas siguientes. 
  • Los chicles de nicotina se venden en dosis de 2 mg o 4 mg. Son recomendables para fumadores con dependencia entre alta y severa a la nicotina que fuman más de 25 cigarrillos al día. Para que tengan el efecto deseado, estos chicles tienen que masticarse muy suavemente hasta que aparezca un cierto sabor de pimienta; después, hay que dejar diluir lentamente la nicotina de manera que la absorba bien toda la mucosa oral. Conviene masticar suavemente durante 30 minutos, hasta que aparezca el sabor y los efectos de la nicotina. Se puede utilizar un chicle de 2 mg o 4 mg cada una o dos horas durante un periodo de uno a tres meses.


Los no sustitutivos de la nicotina 

  • El hidrocoloide de bupropión
     
     
    Otro tratamiento para los fumadores es el bupropión, una terapia no nicotínica que ha demostrado controlar efectivamente el síndrome de abstinencia a la nicotina y, en especial, el deseo o craving (las ganas de fumar). Este tratamiento, que se presenta en pastillas, tiene la capacidad de bloquear la recaudación neuronal de dopamina y/o norepinefrina. Para muchos fumadores puede ser una forma diferente de superar la adicción al tabaco.

    El bupropión tiene un riesgo bajo de ataque cardiaco, estimado en menos de 1 de cada 1000. Puede tener otros efectos secundarios (en más de 1 de cada 100) como sequedad de boca, problemas gastrointestinales, insomnio, temblor, dolor de cabeza o sensibilidad en la piel. Este fármaco está contraindicado en personas con hipersensibilidad al bupropión, bulimia o anorexia, cirrosis hepática, desórdenes bipolares o para los usuarios de los inhibidores de monoaminooxidasa (IMAO). Además, no es recomendable para mujeres embarazadas o lactantes.

    El bupropión debe tomarse una semana antes del día D. El primer y el tercer día se tomarán 150 mg (1 comprimido) al levantarse; el cuarto y el séptimo día, 150 mg (2 comprimidos) al levantarse y 150 mg más ocho horas después. Se seguirá el tratamiento durante un periodo de siete a nueve semanas. Debe tomarse por prescripción médica y tiene que hacerse un seguimiento profesional. 
     
  • Vareniclina
     
    La vareniclina es un fármaco que disminuye el síndrome de abstinencia. Se administra por vía oral y debe tomarse una semana antes del día D. El primer y el tercer día, se tomarán 0,5 mg (1 comprimido) al levantarse; el cuarto y el séptimo día, 1 mg (2 comprimidos) al levantarse y otro ocho horas después. A partir del octavo día ya no se puede fumar. El tratamiento dura entre 12 y 14 semanas. Algunos efectos secundarios son náuseas y vómitos (por lo cual se recomienda tomar el fármaco después de las comidas), dolor de cabeza, flatulencias e insomnio. Debe tomarse por prescripción médica y tiene que hacerse un seguimiento profesional.
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Factores y conductas de protección en el tabaquismo

La mejor decisión es no empezar a fumar. Hay muchos motivos para rehuir el tabaco de entrada: 
  • el tabaco puede afectar negativamente al rendimiento físico a la hora de hacer deporte; 
  • el tabaco es caro; 
  • si no se fuma, la piel se conserva mejor, los dientes se mantienen más blancos y el aliento, más fresco; 
  • los no fumadores tienen menos resfriados, menos tos y menos mucosidad y, evidentemente, menos posibilidades de sufrir enfermedades en un futuro.

  
Si ya se ha empezado a fumar, conviene abandonar el tabaco cuanto antes mejor, porque es más fácil cuanto menos tiempo hace que se fuma.

1. Antes de empezar a fumar
Para evitar iniciarse en el consumo de tabaco, pueden ser útiles algunas estrategias, como por ejemplo:

  • saber decir que no se quiere fumar: la aceptación de los amigos y de los compañeros no depende de si se es fumador o no; 
  • buscar a un grupo de compañeros que no fume; 
  • practicar un deporte o una actividad física para soltar la tensión o el estrés; 
  • vivir en un ambiente no fumador.

2. En el proceso hacia dejar de fumarCuando la persona ya consume tabaco de manera regular, puede plantearse a menudo dejar de fumar. Entre los factores más habituales que explican que el individuo se proponga abandonar el tabaco hay:

  • La asunción de la relación entre tabaco y salud. 
  • La aparición y el afrontamiento eficaz de los síntomas de abstinencia (ansiedad, nerviosismo, hambre, etc.). 
  • La percepción de los beneficios de dejar de fumar (respirar mejor, cansarse menos, sufrir menos resfriados, etc.). 
  • El incremento de la autoestima cuando se deja de fumar: la creencia en los propios recursos para conseguirlo. 
  • Las normas sociales (el permiso o no para fumar en el puesto de trabajo, la imagen social). 
  • Haber intentado dejar de fumar alguna otra vez.

  
También hay una serie de factores que hacen más fácil el proceso de dejar de fumar:

  • Tener habilidades para afrontar el estrés. 
  • Planificar conductas alternativas. 
  • Contar con apoyo social. 
  • Mantener un estilo de vida saludable. 
  • Hacer ejercicio físico moderado y adecuado a las necesidades de la persona.
  • Descansar y dormir bien.
  • Adoptar hábitos dietéticos saludables: 
    • limitar o evitar el café o las bebidas estimulantes; 
    • limitar o evitar las bebidas alcohólicas; 
    • beber ocho vasos de agua diaria para hidratar el organismo; 
    • si se tiene hambre entre comidas, comer frutas u hortalizas crudas o productos bajos en calorías. 

      Alimentación saludable / los grupos de alimentos

3. Después de dejar de fumar Existen algunas conductas que evitan recaídas y que pueden asegurar el éxito, como:

  • Identificar las situaciones de riesgo y planificar estrategias para superarlas. Encontrar alternativas si las que se han previsto no funcionan. 
  • Replantear las propias estrategias antes de llevarlas a cabo. Eso será útil para afrontar posibles recaídas. 
  • Revisar los motivos para dejar de fumar. 
  • Tener pensamientos protectores. 
  • Superar la urgencia de fumar:
    • recordando que la tentación de fumar dura muy pocos minutos; 
    • intentando distraerse; 
    • sentándose durante un momento y haciendo tres inspiraciones largas y profundas; 
    • bebiendo un vaso de agua muy despacio; 
    • llamando a alguien.
  • Recordar que un solo cigarrillo puede hacer que todo el esfuerzo hecho hasta entonces resulte inútil. 
  • No pensar mucho en el día siguiente o la próxima semana: luchar día a día. 
  • Eludir los lugares donde se fume y preferir los que están libres del humo del tabaco. 
  • Evitar la compañía de las personas fumadoras o, en todo caso, pedirles que no le ofrezcan cigarrillos y que no fumen delante suyo. 
  • Evitar todo aquello que se asocie con el tabaco (ceniceros, mecheros, el café o el alcohol).

 
Evitar el estrés; puede ayudar disminuir las tareas cotidianas y buscar momentos de relajación.

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Factores y conductas de riesgo en el tabaquismo

1. Factores generales de riesgoA pesar de la complejidad del proceso por el que una persona se inicia y persiste en el consumo de tabaco, pueden distinguirse una serie de factores implicados: 
  • los efectos adictivos de la nicotina, que crean en el organismo la necesidad de esta sustancia; 
  • la necesidad de evitar los síntomas que aparecen en abstinencia, es decir, la sintomatología negativa que se genera cuando no se fuma, llamada, también, de abstinencia; 
  • las asociaciones psicológicas vinculadas al fumar (es decir, las asociaciones o los atributos postivos que la persona fumadora da al hecho de fumar), como por ejemplo estar contento, relajado, nervioso, entre otros ; 
  • la minimización o la negación de los efectos del consumo de tabaco; 
  • la utilización del tabaco como recurso psicológico contra el estrés o para controlar el peso; 
  • la aceptación, la facilitación y la potenciación del consumo de tabaco en la sociedad en que vive la persona.

2. Factores que favorecen la iniciación al tabaquismo Hay factores de riesgo que predisponen a la persona (normalmente, en la infancia o la juventud) a consumir tabaco o a experimentarlo. Algunos de estos factores dependen de la persona y otros, de su contexto.

Los principales factores implicados son:

1. Factores de predisposición individuales 
  • La edad y el sexo. 
  • Las normas y los valores de la familia sobre el fumar y las creencias personales sobre el tabaco y la salud, así como la inclinación del joven a adoptar conductas de riesgo. Si el joven está expuesto a un ambiente fumador, es más probable que fume, ya que cree que el tabaco es bueno y no piensa en sus consecuencias. 
  • Factores cognitivos y expectativas personales que genera el tabaco. 
  • Carencia de estrategias adecuadas para decir que no al tabaco, para emprender actividades contra el aburrimiento o para controlar el estado de ánimo. 
  • Los efectos de la nicotina en la persona.

2. Factores que dependen del contexto 
  • Las características sociodemográficas como la clase social, la ocupación o los estudios. 
  • El precio del tabaco: cuanto más barato, más fácil es su acceso, sobre todo por parte de colectivos con bajo nivel económico. 
  • La publicidad y la presión social para consumir tabaco. Los anuncios que relacionan tabaco con diversión, sexo y éxito influencian a los jóvenes.

Cuando ya se ha probado el tabaco una vez y empieza a consumirse de modo regular, se pasa en poco tiempo a adquirir una dependencia. El hábito de fumar es, pues, una conducta que se aprende y que se inicia con la experimentación, se regulariza y se mantiene hasta que la persona decide y consigue abandonarla.

3. Factores que favorecen el mantenimiento del tabaquismoAunque los riesgos asociados al consumo de tabaco son sobradamente conocidos, muchas personas empiezan a fumar o no dejan de hacerlo. Fumar provoca cáncer y enfermedades cardiovasculares y respiratorias que pueden disminuir la calidad de vida y causar muerte prematura. Además, las personas fumadoras experimentan cansancio, sensación de ahogo al hacer ejercicio, tos, esputos matinales, ronquera, mal olor corporal o de boca. Muchas personas, aunque se plantean dejar de fumar, continúan consumiendo tabaco por los efectos de la nicotina. Además de la adicción a la nicotina, los fumadores pueden continuar fumando por automatismo, por aburrimiento, por placer, para relajarse, para mitigar estados negativos, etc.

Estos motivos que mantienen el consumo de tabaco y llevan a consumir tabaco más allá de la voluntad del fumador están relacionados con tres factores propios del tabaquismo: 
  • Factor físico o farmacológico. La gran capacidad adictiva de la nicotina hace que después de un breve consumo esporádico el organismo se habitúe rápidamente a un nivel de nicotina que necesita para encontrarse bien (tolerancia). La necesidad de evitar los síntomas desagradables (síndrome de abstinencia) que aparecen cuando falta la nicotina es, pues, uno de los principales motivos para seguir fumando. 
  • Factor psicológico. Encender un cigarrillo es una acción que llega a automatizarse y se convierte en un acto inconsciente relacionado con las diferentes situaciones y actividades cotidianas, como tomar un café, la sobremesa, llamar por teléfono, etc. Interrumpir este hábito es más difícil cuanto más tiempo se lleve fumando. 
  • Factores psicosociales. Las personas empiezan a fumar principalmente por razones sociales: ganar la aprobación de los amigos, mostrarse independientes o rebeldes, parecer mayores o sofisticados. Además, normalmente se empieza a fumar en grupo, en compañía de amigos, de modo que fumar se convierte en una actitud decididamente integradora y sociabilizadora. Por otra parte, el fumador aprende a relacionar las emociones y los pensamientos con las respuestas de placer obtenidas del efecto farmacológico de la nicotina. Así, las situaciones que pueden afectar al estado de ánimo, como el estrés, la presión laboral y profesional, los problemas familiares y la soledad, entre otros, son, para el fumador, condicionantes idóneos para encender otro cigarrillo.

4. Factores que favorecen la recidiva en el consumo de tabaco Los factores más habituales que explican la recaída en el hábito de fumar son los siguientes: 
  • Mal control de los síntomas de abstinencia
  • Mal afrontamiento del estrés. 
  • Poca planificación de las etapas que hay que seguir para dejar de fumar
  • Falta de apoyo social. 
  • Falta de autoestima y de autoeficacia.
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Última modificación: 21/05/2012
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