La mejor decisión es no empezar a fumar. Hay muchos motivos para rehuir el tabaco de entrada:
- el tabaco puede afectar negativamente al rendimiento físico a la hora de hacer deporte;
- el tabaco es caro;
- si no se fuma, la piel se conserva mejor, los dientes se mantienen más blancos y el aliento, más fresco;
- los no fumadores tienen menos resfriados, menos tos y menos mucosidad y, evidentemente, menos posibilidades de sufrir enfermedades en un futuro.
Si ya se ha empezado a fumar, conviene abandonar el tabaco cuanto antes mejor, porque es más fácil cuanto menos tiempo hace que se fuma.
1. Antes de empezar a fumar
Para evitar iniciarse en el consumo de tabaco, pueden ser útiles algunas estrategias, como por ejemplo:
- saber decir que no se quiere fumar: la aceptación de los amigos y de los compañeros no depende de si se es fumador o no;
- buscar a un grupo de compañeros que no fume;
- practicar un deporte o una actividad física para soltar la tensión o el estrés;
- vivir en un ambiente no fumador.
2. En el proceso hacia dejar de fumarCuando la persona ya consume tabaco de manera regular, puede plantearse a menudo dejar de fumar. Entre los factores más habituales que explican que el individuo se proponga abandonar el tabaco hay:
- La asunción de la relación entre tabaco y salud.
- La aparición y el afrontamiento eficaz de los síntomas de abstinencia (ansiedad, nerviosismo, hambre, etc.).
- La percepción de los beneficios de dejar de fumar (respirar mejor, cansarse menos, sufrir menos resfriados, etc.).
- El incremento de la autoestima cuando se deja de fumar: la creencia en los propios recursos para conseguirlo.
- Las normas sociales (el permiso o no para fumar en el puesto de trabajo, la imagen social).
- Haber intentado dejar de fumar alguna otra vez.
También hay una serie de factores que hacen más fácil el proceso de dejar de fumar:
- Tener habilidades para afrontar el estrés.
- Planificar conductas alternativas.
- Contar con apoyo social.
- Mantener un estilo de vida saludable.
- Hacer ejercicio físico moderado y adecuado a las necesidades de la persona.
- Descansar y dormir bien.
- Adoptar hábitos dietéticos saludables:
- limitar o evitar el café o las bebidas estimulantes;
- limitar o evitar las bebidas alcohólicas;
- beber ocho vasos de agua diaria para hidratar el organismo;
- si se tiene hambre entre comidas, comer frutas u hortalizas crudas o productos bajos en calorías.
Alimentación saludable / los grupos de alimentos
3. Después de dejar de fumar Existen algunas conductas que evitan recaídas y que pueden asegurar el éxito, como:
- Identificar las situaciones de riesgo y planificar estrategias para superarlas. Encontrar alternativas si las que se han previsto no funcionan.
- Replantear las propias estrategias antes de llevarlas a cabo. Eso será útil para afrontar posibles recaídas.
- Revisar los motivos para dejar de fumar.
- Tener pensamientos protectores.
- Superar la urgencia de fumar:
- recordando que la tentación de fumar dura muy pocos minutos;
- intentando distraerse;
- sentándose durante un momento y haciendo tres inspiraciones largas y profundas;
- bebiendo un vaso de agua muy despacio;
- llamando a alguien.
- Recordar que un solo cigarrillo puede hacer que todo el esfuerzo hecho hasta entonces resulte inútil.
- No pensar mucho en el día siguiente o la próxima semana: luchar día a día.
- Eludir los lugares donde se fume y preferir los que están libres del humo del tabaco.
- Evitar la compañía de las personas fumadoras o, en todo caso, pedirles que no le ofrezcan cigarrillos y que no fumen delante suyo.
- Evitar todo aquello que se asocie con el tabaco (ceniceros, mecheros, el café o el alcohol).
Evitar el estrés; puede ayudar disminuir las tareas cotidianas y buscar momentos de relajación.