El dolor produce inseguridad tanto en la persona como en la familia por el propio sufrimiento que genera, por los efectos de la respuesta de estrés sostenida si no se alivia y, en muchas ocasiones, cuando no se consigue un buen control del mismo, por la incertidumbre y el desconcierto de no saber a quién dirigirse en busca de ayuda.
Para reducir el sufrimiento es recomendable:
- Respetar la dosis de analgesia prescrita y las indicaciones del equipo de salud: cada dolor es único y el tratamiento ha de ser personalizado.
- Participar en la medida de lo posible en la toma de decisiones sobre el propio tratamiento para mantener la autoestima.
- Tener en cuenta las precauciones y los cuidados tanto por lo que respecta al fármaco como a las diferentes vías de administración de la analgesia y los tratamientos.
- Pedir toda la información relacionada con el dolor: en qué momento se encuentra, qué puede pasar en un futuro o cualquier duda sobre la medicación, los efectos secundarios, etc.
- Pedir información sobre los recursos que tiene al alcance: el equipo de salud o el asistente social le pueden proporcionar teléfonos de contacto, donde dirigirse a cada momento, los diferentes centros que hay a su disposición, las asociaciones, etc.
En el caso de que haya confusión o somnolencia es recomendable:
- Mantener un ambiente tranquilo y evitar estímulos extremos (ruidos, muchas visitas, conversaciones diferentes) para no alterar a la persona.
- Resituar y ubicar en todo momento a la persona: recordándola, si es preciso, dónde está, que día y hora es y quienes son las personas que la rodean.
- No utilizar las sujeciones físicas o soportes a menos que sea absolutamente necesario y siempre durante el mínimo tiempo posible. Ligar o sujetar a la persona cuando está muy confusa a menudo aumenta todavía más la agitación y los temores. Si se trata de una situación de confusión leve conviene preparar el entorno para evitar lesiones, como poner barandillas en la cama o cerrar puertas para evitar fugas.
- Procurar compañía y supervisión continua mientras haya un estado de confusión o somnolencia: no dejar a la persona sola para evitar caídas, toma incontrolada de medicamentos o autolesiones.
- Mantener un entorno seguro para evitar caídas y traumatismos: no cambiar los muebles de lugar, evitar las alfombras o fijarlas, quitar los muebles que dificulten o impidan el paso, etc.
- Disponer de los teléfonos de contactos del equipo de salud para hacer consultas e informar de los cambios.
- Controlar el nivel de consciencia, y consultar con el equipo de salud cualquier comportamiento diferente al habitual o el hecho que se duerma excesivamente.
- Consultar con el equipo de salud la posibilidad de tratamiento para la confusión.
Para los trastornos psicológicos como la depresión y la ansiedad es aconsejable:
- Dirigirse a los profesionales que puedan ayudar a entender por qué se cambia el carácter, y a afrontar los momentos de ansiedad y depresión. Psicólogos, grupos de ayuda o asociaciones pueden ser de gran ayuda para intentar llevar mejor todo lo que supone sufrir un dolor, sobre todo crónico o oncológico.
- Consultar la posibilidad de tomar medicación para la ansiedad y depresión.
En cuanto a la familia o la persona cuidadora es aconsejable:
- Participar en la estrategia terapéutica junto con la persona afectada y el equipo de salud.
- Dirigirse a otros profesionales o asociaciones: convivir con personas con dolor no es fácil, y psicólogos, trabajadores sociales o grupos de ayuda mutua pueden ser de gran utilidad.
- Prestar atención a la satisfacción de las propias necesidades, no sólo en lo que respecta a la alimentación, la higiene, etc., sino que es especialmente importante dedicar regularmente un tiempo al descanso y a la distracción.
- control de la situación de salud
Se recomienda tener en cuenta todos los consejos generales, que permitirán adoptar medidas saludables en relación con la actividad de la vida diaria de:
Evitar peligros y prevenir riesgos