Los objetivos del tratamiento son principalmente mantener la remisión de la enfermedad (evitar brotes), disminuir el número, la intensidad y la severidad de los brotes, evitar posibles complicaciones y conseguir que la persona mantenga una vida lo más normalizada posible de acuerdo con sus circunstancias concretas.
El tratamiento de la enfermedad se basa fundamentalmente en la medicación y la dieta, que en general son similares en la enfermedad de Crohn y en la colitis ulcerosa.
En la actualidad cabe destacar la terapia con células madre (autotrasplante de médula ósea) para curar la enfermedad de Crohn, indicada en aquellas personas que no responden al tratamiento convencional ni a la cirugía o casos más graves. En España el Hospital Clínico de Barcelona ha sido pionero (febrero de 2009) en este tipo de tratamiento.
- Tratamiento farmacológico y dietético: (1. Fase de remisión o mantenimiento, 2. En fase de brote, 3. En fase de remisión y en fase de brote).
- El Tratamiento quirúrgico
Actualmente (2011) cabe destacar algunos proyectos de investigación que se están llevando a cabo en hospitales españoles. En el Hospital Clínico de Barcelona debe destacarse la terapia con células madre (autotrasplante de médula ósea) para intentar frenar la enfermedad de Crohn, indicada exclusivamente en aquellas personas que no responden al tratamiento convencional ni a la cirugía o en casos más graves, dados los elevados riesgos que conlleva. En el Hospital Universitario Vall d’Hebron de Barcelona es destacable la participación en el proyecto europeo METAHIT (metagenómica del tracto intestinal humano). En una fase del proyecto los investigadores descubrieron que el intestino humano está poblado por unos 10 millones de bacterias. Pertenecen a más de 1.000 especies diferentes, y la presencia o ausencia de algunas de estas especies se correlaciona con las enfermedades intestinales. Otra de les líneas que desarrolla este proyecto es el trasplante de flora intestinal. Como si de un bosque a repoblar se tratara, el trasplante de flora intestinal permitiría reintroducir las especies ausentes.
No obstante, para que la persona afectada por una enfermedad inflamatoria intestinal lleve una vida lo más normal posible y alcance un nivel óptimo de independencia en sus propios cuidados, es imprescindible que asuma la responsabilidad de su situación de salud y se implique activamente en el control y el manejo de la misma.
1. Tratamiento farmacológico y dietéticoEs muy importante que antes de comenzar a tomar cualquier fármaco, su equipo de salud le explique con detenimiento los posibles efectos adversos y las contraindicaciones de forma personalizada.
1. Fase de remisión o mantenimiento
En fase de remisión, es decir, en momentos en los que la enfermedad está inactiva (no hay síntomas), la persona puede hacer una vida activa y prácticamente normal. Los ejes del tratamiento para mantener un buen estado de salud y reducir el número y la severidad de los brotes de la enfermedad son por orden de importancia:
1.1 Tratamiento farmacológico
Habitualmente, y aunque no haya ninguna manifestación de la enfermedad, se recomienda un tratamiento farmacológico de mantenimiento que de forma general se basa en:
- Fármacos de acción antiinflamatoria, tipo aminosalicilatos (5-ASA), entre los que destacan, por ser los más utilizados, la sulfasalazina y la mesalazina, disponible, ésta última, para administrarla por vía oral (por la boca, en forma de pastillas o de bolsita con microgránulos) y rectal (por el ano, en forma de supositorios, de enema y de espuma). La forma de administración elegida dependerá de las características de cada brote y de la zona de afectación de la enfermedad de cada persona. Estos fármacos ayudan a mantener la enfermedad en fase de remisión. Es importante diferenciar estos fármacos, con efecto antiinflamatorio, de los llamados antiinflamatorios no esteroides (AINE, como el ácido acetilsalicílico o el ibuprofeno), que se relacionan con el desarrollo de brotes de la enfermedad.
- Fármacos de acción antiinflamatoria, tipo corticosteroides, como la prednisona y la metilprednisolona, la beclometasona o la budesónida, disponibles para administrarlos por vía oral, rectal y parenteral. La forma de administración elegida dependerá de las características de cada brote y de la zona de afectación de la enfermedad de cada persona. Estos fármacos se utilizan habitualmente en fase de brote, pero en algunas ocasiones en dosis bajas son necesarios temporalmente para mantener la remisión de la enfermedad. Es importante diferenciar estos fármacos, con efecto antiinflamatorio, de los conocidos como antiinflamatorios no esteroides (AINE, como el ácido acetilsalicílico o el ibuprofeno), que se relacionan con el desarrollo de brotes de la enfermedad.
- Fármacos inmunomoduladores: El más utilizado es la azatioprina, seguido de la 6-MP (6-mercaptopurina), el metotrexato, el micofenolato y el tacrolimús. Se pueden administrar por vía oral, intramuscular o subcutánea. Estos fármacos regulan la respuesta inmunitaria y ayudan a mantener la enfermedad en fase de remisión y a recortar y eliminar en muchas ocasiones la dosis de corticoides.
- Fármacos biológicos: Son productos biotecnológicos con un efecto antiinflamatorio potente, ya que provoca la apoptosis (muerte celular) de las células inflamatorias e inhibe la señalización del TNF (o la liberación de sustancias químicas que intervienen en la inflamación). El infliximab se administra a través de una perfusión intravenosa i el adalimumab (Humira) por medio de una inyección subcutánea.
Estos fármacos ayudan a inducir y mantener la remisión de la enfermedad. Los criterios de aplicación son muy selectivos; son especialmente indicados para el tratamiento de la enfermedad de moderada a grave, refractaria a corticoesteroides e inmunomoduladores y para el tratamiento de las fístulas, una de las complicaciones mas frecuentes en la enfermedad de Crohn.
- Hay otros tratamientos alternativos, como la homeopatía, la acupuntura, la medicina “natural”, entre otros, cuya eficacia no se ha confirmado científicamente. Algunos tratamientos, por ejemplo las hierbas medicinales, pueden incluso tener efectos tóxicos en el organismo. Tampoco hay evidencia científica sobre la eficacia de los probióticos en el mantenimiento de la remisión de la enfermedad. Por otro lado, los ácidos grasos omega-3 de pescado tienen propiedades antiinflamatorias pero su eficacia en la enfermedad es controvertida.
1.2 Dieta / alimentación
En general, en la época en que no hay actividad de la enfermedad, se recomienda una dieta equilibrada y saludable. Puede haber factores personales que condicionen matices y diferencias en la dieta. Por ejemplo, aunque no haya ninguna razón para prohibir ninguna verdura, puede ser que a alguien no le siente bien una verdura en concreto, razón por la que deberá eliminarla de su dieta, pero no de la dieta de todas las personas que comparten el diagnostico de la enfermedad.
Las recomendaciones que hay que seguir son:
Alimentación y EII en la fase de remisión de la enfermedad
2. En fase de brote
En la fase de brote, es decir, cuando la enfermedad está activa, las pautas de tratamiento dependerán de la sintomatología y la intensidad del brote, e influirá de manera fundamental la experiencia y el grado de independencia que cada persona tenga en el manejo de su situación de salud. Por ejemplo, en general, cuando empieza la primera sintomatología de brote de la enfermedad, lo primero que se aconseja son medidas dietéticas, básicamente reducir el contenido de fibras o residuos y evitar los productos lácteos, así como un cierto reposo físico y emocional, mientras se consulta –de forma más o menos urgente y en función de la severidad del brote– con el equipo de salud para modificar el tratamiento farmacológico. Cabe destacar que, a menudo, la aplicación de estas medidas dietéticas de forma temprana, junto con una disminución del ritmo de actividad del día a día, facilitan el reposo intestinal y son clave para el control de los brotes leves y la mejora en los casos de brotes más severos.
2.1 Tratamiento farmacológico
El tratamiento farmacológico para el control del brote de la enfermedad se basa de forma general en:
- Fármacos de acción antiinflamatoria: Corticosteroides, como la prednisona y la metilprednisolona, la beclometasona o la budesónida disponibles para la administración oral, rectal y parenteral. La forma de administración elegida dependerá de las características de cada brote y de la zona de afectación de la enfermedad de cada persona. Estos fármacos se utilizan para el control del brote y habitualmente se administran junto con el tratamiento base que esté tomando la persona, ya sean aminosalicilatos (5-ASA) o inmunomoduladores (azatioprina, 6-MP o metotrexato). Es importante diferenciar estos fármacos, con efecto antiinflamatorio, de los conocidos como antiinflamatorios no esteroides (AINE, como el ácido acetilsalicílico o el ibuprofeno), que se relacionan con el desarrollo de brotes de la enfermedad.
- Fármacos inmunomoduladores: Como la ciclosporina A, disponible para administrarla por vía endovenosa (por vena) y oral. Indicado para el control de los brotes severos de la enfermedad; se administra habitualmente junto con otros fármacos como los corticosteroides, y es sustituido a los tres meses aproximadamente por otros fármacos inmunosupresores (habitualmente la azatioprina) más adecuados para el tratamiento de larga duración.
- Fármacos biológicos: Son productos biotecnológicos con un efecto antiinflamatorio potente, ya que provoca la apoptosis (muerte celular) de las células inflamatorias e inhibe la señalización del TNF (o la liberación de sustancias químicas que intervienen en la inflamación). El infliximab se administra a través de una perfusión intravenosa i el adalimumab (Humira) por medio de una inyección subcutánea.
Estos fármacos ayudan a inducir y mantener la remisión de la enfermedad. Los criterios de aplicación son muy selectivos; son especialmente indicados para el tratamiento de la enfermedad de moderada a grave, refractaria a corticoesteroides e inmunomoduladores y para el tratamiento de las fístulas, una de las complicaciones mas frecuentes en la enfermedad de Crohn.
- Hay otros tratamientos alternativos, como la homeopatía, la acupuntura, la medicina “natural”, entre otros, cuya eficacia no se ha confirmado científicamente. Algunos tratamientos, por ejemplo las hierbas medicinales, pueden incluso tener efectos tóxicos en el organismo. Tampoco hay evidencia científica sobre la eficacia de los probióticos en el mantenimiento de la remisión de la enfermedad. Por otro lado, los ácidos grasos omega-3 de pescado tienen propiedades antiinflamatorias pero su eficacia en la enfermedad es controvertida.
Cabe destacar que día a día aparecen nuevos tratamientos que se suman al tratamiento convencional.
2.2 Dieta / alimentación
Con frecuencia los cambios en la dieta son lo primero que la persona puede hacer cuando aparecen los primeros indicios de actividad de la enfermedad. A menudo, estos cambios en la dieta deben acompañarse, de forma inmediata o no, de un tratamiento farmacológico según la severidad del brote.
Las recomendaciones a seguir son:
Alimentación y EII en la fase de activa de la enfermedad
Alimentación y EII / en las manifestaciones extraintestinales
2.3 Reposo físico y emocional
Cuando aparece un brote de la enfermedad se recomienda disminuir la actividad física y emocional, ya que el descanso y el reposo físico general favorecen el reposo intestinal y por lo tanto el control de la inflamación. De nuevo, la intensidad del brote y las circunstancias de vida de cada persona condicionaran las medidas que habrá que adoptar, entre las que se destaca el control del estrés (a mayor estrés diario, mayor incrementos en los síntomas) y la ansiedad. Es una medida que se puede planificar rápidamente junto al tratamiento dietético ante los primeros indicios de brote de la enfermedad.
3. En fase de remisión y en fase de brote
Hay otros grupos de medicamentos que se utilizan habitualmente para tratar otros síntomas relacionados con la enfermedad inflamatoria intestinal. Entre los más comunes se encuentran:
- Antibióticos
Actualmente es tiene en cuenta el uso de los antibióticos si existen complicaciones sépticas (infecciosas), síntomas atribuibles al sobrecrecimiento de bacterias o enfermedad perianal o fístulosa. Los antibióticos más utilizados son el ciprofloxacino (BaycipR, SeptociproR) y el metronidazol (FlagylR).
- Fármacos antianémicos
En la enfermedad de Crohn que afecta el íleon puede existir un déficit en la absorción de vitamina B12, déficit que también puede darse en las personas con enfermedad de Crohn intervenidas quirúrgicamente por afectación ileal. En estos casos es necesario un tratamiento de reposición vitamínica para evitar posibles complicaciones derivadas del déficit. Habitualmente se suele emplear una dosis intramuscular mensual de vitamina B12.
Otro síntoma que puede aparecer en la enfermedad inflamatoria intestinal es la anemia por falta de hierro debido a las pérdidas sanguíneas o por el propio proceso inflamatorio. En estos casos se recomienda el tratamiento con hierro oral, aunque si la falta de hierro es muy severa, también se puede administrar por vía intramuscular o endovenosa.
- Fármacos relacionados con el calcio
La afectación inflamatoria del intestino delgado proximal (primera parte del intestino delgado) condiciona niveles sanguíneos de calcio bajos (hipocalcemia) que pueden empeorar en los casos en que se asocia un déficit de vitamina D, y requiere la administración de suplementos de calcio, preferiblemente por vía oral, fundamentalmente en niños, jóvenes y personas mayores.
Ambos déficits (de vitamina D y calcio) predisponen a la aparición de osteoporosis, por eso es importante detectarlos y controlarlos.
2. El tratamiento quirúrgico Si bien la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa comparten algunos aspectos epidemiológicos y clínicos, entre ambas enfermedades existen claras diferencias en otros aspectos, como la localización de las lesiones, la afectación del espesor de la pared intestinal, y la frecuencia y el tipo de aparición de las distintas complicaciones locales. Estas diferencias obligan a una actitud quirúrgica diferente para cada enfermedad.
El papel de la cirugía en el tratamiento de la enfermedad inflamatoria intestinal está cada vez mejor delimitado. En general las principales indicaciones del tratamiento quirúrgico tanto en la colitis ulcerosa como en la enfermedad de Crohn son:
- Aparición de complicaciones que no se pueden resolver con el tratamiento farmacológico (abscesos o acúmulos de pus abdominales, hemorragias severas, estenosis o estrechamiento de la luz intestinal, etc.).
- Falta de una buena respuesta al tratamiento farmacológico en los brotes severos de la enfermedad.
En ocasiones la cirugía conlleva la colocación de una ostomía, habitualmente de forma temporal. En todos los casos es importante firmar el consentimiento informado.